31.3.17

Balseca y Campaña

No dejo pasar los días viernes sin leer los artículos de Fernando Balseca. Leer sus comentarios me pone a tono con aspectos de la realidad que me interesan. Son varios los motivos que sustentan este hábito. Su prosa en primer término, en la que rigor y generosidad se dan la mano. Ésta nos invita a descubrir y observar aspectos y fenómenos que van más allá de lo que parecen o, en caso de que los conozcamos y tengamos una opinión al respecto, a volverlos a revisar, para discutirlos e indagarlos desde otras perspectiva. El disentimiento es bien visto en esas líneas pero sólo a condición de ser pensado.

Por otra parte está su curiosidad, el afán del lector que, consciente de la magnitud de trabajos que le aguardan por leer, ha sabido hacerse con una técnica para distinguirlos en verdad admirable. Saber extraer de la vida que se vive y se observa, de la corriente de conocimientos siempre creciente los materiales que valen la pena comentar en ese contexto y tal momento es un mérito de pocas personas pues la dedicación que ello demanda sólo pocos están dispuestos a darla.

Esta vez Balseca comenta en su columna un libro cuyo tema me importa mucho: Una sociedad de señores: dominación moral y democracia (México, Jus, 2017), cuyo autor es el ecuatoriano Mario Campaña. Por lo leído, el texto propone una discusión que está suelta y no ha tenido aún la atención requerida entre quienes debieran haberla dado. He pensado de inmediato en Bourdieu, en su libro La distinción. En todo caso, hasta que me llegue el libro seguiré dando vueltas con su título.

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Fernando Balseca: El señor feudal sigue por allí

Ignacio Vidal-Folch: Contra el sufragio universal

1.5.16

Un espejo para Avelina

Sobre la doblez, sobre su capacidad de suplantación y destreza para el embauque, para intentar sorprendernos, se ha escrito copiosamente. Desde nuestro admirado novelista Vargas Llosa hasta nuestro amigo M. A. Rodríguez, se tensa un arco de opiniones que tienen por objetivo desenmascarar al “Arte Contemporáneo” y dejarlo en evidencia. Los argumentos suelen ser los mismos y la comparación su mejor instrumento. En esos textos se da por sentado que quien los escribe sabe qué cosa es arte y por ello está capacitado para juzgar y determinar lo que no lo es. Sin embargo, esas opiniones expuestas en buena prosa suelen ser impresionistas y arbitrarias. No iluminan el campo de discusión, el espacio en el que se ha gestado el nombre sino que, negándose la posibilidad de comprensión, confunden sus significados y lo clausuran sin más.
Al respecto, desde hace un par de años, de visita por portales que me son gratos, he dado una y otra vez con textos de la crítica de arte Avelina Lésper quien, en los tiempos que corren y por la manera cómo lo hace, es de momento (pero sólo en lengua castellana), me parece, su más visible denostadora. No comparto sus puntos de vista, sin embargo, desde mi primera lectura de sus comentarios no dejó de llamar mi atención, la enjundia que los teje y que, mal interpretada, multiplica la confusión ya existente ante el nombre arte contemporáneo.
Acabo de leer un texto calmo, breve y muy bien argumentado del crítico de arte colombiano Halim Badawi: Diatriba contra Avelina Lésper. Todo cuanto se pueda decir de las personas cultas que no logran concebir lo que es el “contemporary art” o que califican a las críticas de la señora Lésper de ”directas”, “radicales” y “valientes” cabe en esta breve diatriba que bien podría ser también un espejo.

27.2.16

Mustang




La pasan en la sala 3 del Houdini (pequeña, seis filas apenas). Entré allí como el niño despistado y curioso que quiere ser arrullado por la sorpresa. No sabía nada sobre del film. Me invitaron a verlo mujer e hijo (un halón de expontaneidad aupado por el mal clima). Con ellos discuto a gusto sobre ficciones y algunas realidades, una buena razón para meterme a ciegas en esa salita.

Llevado por el hábito, como quien consulta a las nubes, empecé a barajar las posibilidades que el nombre me sugería: Mustang me remitía sólo al auto americano que lleva ese nombre inspirado en los caballos salvajes que corretean por las praderas del oeste gringo y, también, por correspondencia, en la fascinación de quienes lo conducen­ - en films, carreteras y sobre todo por calles altamente expositivas.



Pero nada que ver con autos o caballos (o pueda, si lo tomamos como metáfora del ímpetu y la necesidad de liberarse y correr): vinieron imágenes de un jolgorio lleno de luz, colores y risas juveniles, algo que en principio nada tiene que ver con prados o Francia, de donde, ví entonces, venía gran parte de la financiación del film y, culturalmente, también su directora turco-francesa.  



Deniz Gamze Ergüven(1978) teje sobre cuadros luminosos y apacibles de la campiña turca  la historia de cinco muchachas huérfanas que viven bajo el cuidado de su abuela y su tío. La historia trata de su crecimiento en un entorno donde el ser femenino, determinado por costumbres severas, debe permanecer incólume si quiere alcanzar su realización (para mostrarse primero como humildes postulantes, luego como solicitas posibilidades y, finalmenmte, como esposas dependientes). Suceden varias cosas que alteran ese programa, suceden varias cosas paralelas al programa que enturbian cuanto debería resplandecer como el maravilloso sol que se posa en el jardín y entra a las habitaciones por entre el enrejado.


Una mirada que se muestra fresca, un relato meditado que aleja de sí la posibilidad enervante de una mala lectura. No es la religión, no es el Estado, al malo no hay como señalarlo con el dedo. La desavenencia entre la vida y el orden resignado y mudo engendra dolor, mata la posibilidad que somos. Esta Mustang va más allá de Turquía, sus praderas son la vida misma.
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Una entrevista a la directora (en alemán)




13.10.15

David Graeber de vuelta

Acabo de enterarme: Graeber ha publicado un nuevo libro: Burocracia.
Hace años, luego de leer un libro de Kundera, discutimos con los amigos sobre este gran ejercito del que, queramos o no, formamos parte, activa o pasiva, sin solución a vista.
Leo la noticia en el portal de Telerama (fr), pero veo que el original en inglés apareció el pasado enero. Aquí un acercamiento detenido a su contenido.


Bienal de las Fronteras (Biennial of the Frontiers)

Aquí el texto que da cuenta de este evento en el Museo de Arte Contemporáneo de Tamaulipas, en Matamoros, México. Lo firma Leslie Moody Castro e incluye esta foto que, por las alusiones y lecturas que, nuevamente renueva, lo dejo a mano. 



Verónica Meloni, Collage, 2014, Digital photograph printed on Harman Crystal Luster 260 g. Epson Ultra Chrome K3, 59” x 43.3.” Courtesy of the artist and Bienal de las Fronteras (Biennial of the Frontiers), 2015

7.10.15

Vuelve el hombre

Franzen esta de vuelta. Entre las tantas lecturas que aguardan, casi es una desconsideración presentarse con un tomo de 700, 800 páginas. Más aún, como si nada, casi, casi exigir leerlas –no directamente, no debe haber alarmas; sin embargo es eso, pues no hay otra posibilidad. No hay como dejar de hacerlo. Franzen tiene sobre sus hombros el peso de la tierra, lo bueno y lo malo que se puede pensar o imaginar que es o debe  ser la novela contemporánea actual.

A ver que dice en sus propias palabras, aquí.

6.10.15

Dos ensayos

De paso por el catálogo de Revista de Occidente, vuelvo a dar con un artículo dispuesto en la web cuyo contenido podrá interesar a más de uno: "El arte en tiempo desquiciado. Una nota sobre la urgencia y la crueldad contemporánea". Lo firma Fernando Castro Flores y es parte del número de febrero 2015 de la revista de marras.

Y en el número 412, de septiembre 2015, un artículo de Danilo Kis "Sobre lo irracional a través de las teorías literarias".

16.8.15

Jean Lacouture

Piedras, piedrecillas, pedazos de pan duro que dibujan una ruta caprichosa al paso por el bosque; una guía personal para no extraviar el camino de regreso, caso haya que retornar al punto de partida.

Los libros, algunos films, las personas siempre – la música es el fondo impreciso –, han hecho, son esos distintivos minúsculos que hemos ido echándolos como si nada a la vera de la caprichosa ruta. Las historias para el camino. Y cada una tiene otra a cuestas. Llego a ese libro por mera curiosidad, a ese autor por recomendación de un amigo, a esos de más allá porque están citados en la bibliografía de un tema que me llama la atención, porque la corriente de bytes nos los pone al frente todo el tiempo y cedo, porque le gustaba a ese director de cine cuyas historias me perturban. Llego a unos pocos por corazonada, a otros por asociación.

He comprado algunos libros sólo por su título. Este, Montaigne a cheval (Seuil, 1996), entenderán, no podía dejarme indiferente. No tenía la menor referencia de su autor, Jean Lacouture, sin embargo, ese título en sí es todo un programa, en cualquier caso, una buena oportunidad para regresar a la páginas de los "Ensayos" en agradecida compañía, en la de alguién que conoce su obra minuciosamente y ha seguido, reconstruido un relato aproximado de lo que pudo haber sido la vida de un vecino suyo de Burdeos .

Manías para la lectura; en el librero conviven los autores en vecindad insospechada, como un homenaje dispuesto por algo más potente que el gusto y las preferencias. Cuando se retoma a Montaigne, saben ustedes que no es fácil luego abandonarlo, su charla es tan amena y aleccionadora, uno se siente tan bien en su compañía que, la verdad, cuesta desprenderse de sus libros para cumplir con las exigencias y discurrir por entre los quehaceres habituales.

A las páginas de Montaigne vuelvo de cuando en vez, sin apuro. Hace unos años regresé a buscarlas acompañado del libro de Lacouture, a pasearme por ellas como lo hace el ensayista por sus temas, sin plan, abierto a las posibilidades que la lengua y los temas guardan entre sí bajo la superficie  Era una conversación con un desconocido simpático sobre su admiración al autor de los Ensayos. Horas gratas que hace unos día debí recordarlas al ver en la prensa una necrológica extensa que daba cuenta de ese desconocido con el que me puse a conversar hace unos años sobre Michael de Montaigne. Sí, Jean Lacouture, falleció el pasado 16 de julio. Tenía 94 años de edad, jamás lo habría imaginado y, tampoco, que fue un periodista excepcional cuya capacidad de trabajo apenas puedo imaginar, toda una institución en la tradición francesa.

Pues ni modo, sólo se trato de esto, me retiro a hojear los libros de estos dos señores cuyos libros seguirán allí, siempre a mano, dispuestos a conversar.

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Le Monde: Mort de Jean Lacouture



El mundo al revés: Baselitz, Yaulema y la geografía del olvido

La noticia me llegó mientras trabajaba en el jardín. Hay noticias que irrumpen y noticias que se depositan; esta fue de las segundas. Estab...