Ratzinger visto por una mujer
“Die Weltwoche” es un semanario en lengua alemana que se imprime en Zürich y circula también por Alemania y Austria. Es un periódico-revista en cuyas secciones el lector encuentra una oferta de lectura siempre interesante. Sus temas, a caballo entre el ensayo y la crónica, van de lo local a lo universal y son seleccionados con una agilidad sólo comparable a las maneras varias como abordan esos mismos temas, siempre desde distintos puntos de vista, siempre desde algún punto insospechado.
Con la elección del nuevo Papa, por la naturaleza de su rango y la significacncia de la misma institución, en todo lado se ha dicho y escrito mucho. Todos lo han hecho. Die Weltwoche lo ha hecho a su manera, como siempre, de agradecer; de las 98 páginas que tiene la revista, el ejemplar último (del 21 de abril) ha dedicado 16 a Benedikt XVI. En una de estas páginas destaca la entrevista hecha a Uta Ranke-Heinemann (77 años), entre teólogas católicas, la hereje por excelencia. No sé cómo se lean sus libros en otras tradiciones, pero en alemán —copio de la revista en marras— su libro “Eunucos para el reino de los cielos” tiene hasta la fecha 24 ediciones.
Las opiniones de la señora Ranke-Heinemann llaman la atención por dos hechos bastante singulares:
1) fue la primera mujer en el mundo en recibirse como teologa católica.
2) su compañero de estudios de teología en München fue Joseph Ratzinger
Les alcanzo la entrevista hecha por Julian Schütt; transitan por aquí términos no necesariamente teológicos —sí bastante coloridos, bastante humanos, en todo caso.
Señora Ranke-Heinemann, uno de sus colegas de estudios fue Joseph Razinger. ¿Pudo usted resistirlo?
Estudiamos teología en Munchen en 1953/54. Allí nos licenciamos. Era la estrella entre los estudiantes varones. Ya desde entonces carecía él de algún tipo de atractivo erótico. Pero bueno, eso me daba igual pues yo estaba comprometida.
Causaba él más efecto entre los hombres?
Mire, la iglesia católica es una institución en alto grado homoerótica. Allí, como mujer no se puede esperar ninguna cosa. Pero para responder a su pregunta. No creo que Ratzinger haya tenido una propensión homosexual. Desde mi modo de ver, a él le faltaba el toque erótico.
¿No lo quiere usted tan bien que digamos?
Personalmente si. Nos une un comportamiento cuidadoso de parte y parte. En todo caso yo le deseo mucha suerte en el santo sillón. De todos modos, el no está afectado por ese vicio en el que han incurrido tantos obispos y Papas: el no es un ignorante. Ratzinger me considera también como una persona inteligente, a pesar de que soy una mujer.
Sin embargo le fue retitado en 1987 el permiso de enseñanza eclesiástica.
Sé que no fue él el que quiso desarcerse de mí. Si hubiese dependido de Ratzinger, me habría mantenido en esas funciones. Yo continué trabajando luego en una cátedra independiente de la iglesia, enseñando en la universidad de Essen historia de la religión.
Dijo alguna vez que usted sería una mejor cristiana que el Papa. ¿Qué podría hacer usted mejor?
La iglesia católica es notoriamente una empresa (uni)personal. Allí arriba uno fija una tarifa y abajo la repiten. Lo que Jesus en verdad dijo y realizó, al interior de este sistema apenas se podría reconocer. Su mensaje dice por ejemplo: “ama a tu enemigo”.
¿Qué será lo que cambiará con el nuevo Papa?
No tengo idea. Desde hace tiempo yo no espero nada de un Papa, se llame este Juan Pablo II o Benedikt XVI. La fé en la infalibilidad está tan marcada que 2000 años de vejación eclesiástica a la mujer han dejado de ser retrógrados. Pero esto ya no me perturba más.
¿En otras palabras, para el Papa el tema de la mujer no estará en primer plano?
En el Vaticano se piensa así: todos los pastores son hombres. Todas las mujeres son ovejas. Con ello está todo dicho.
¿No sabía usted esto cuando fue colega de Ratzinger?
Ah, yo misma era entonces una ovejita piadosa hasta el exceso que se creía todo. Entonces no tenía ninguna duda sobre la Institución de la Iglesia.
Poco antes de iniciar sus estudios de teología se convirtió usted al catolicismo y se recibió luego como la primera teologa católica en el mundo.
Yo quería casarme con mi novio católico y tenía que convencer a mi padre, un protestante extremo, que en la Biblia misma está escrito que mezclarse —entre credos— era prohibido. Entre tanto sé una cosa: tanto los católicos como los protestantes son intolerantes.
¿Por qué entonces no ha abandonado la religión?
Eso les gustaría tanto a los hombres. Pero ese favor yo no se los hago.
