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18.2.08

Murakami, el corredor de fondo

Desde que tomamos contacto con su escritura hace ya algunos años, no dejan de sernos indiferentes cuantas cosas digan de sus libros y su persona sus lectores especializados o no —rumores incluidos. En esta ventana nos hemos ocupado de él un par de ocaciones y, puesto que vuelve a hablarse de su nombre en los medios, volvemos a referirlo.

Es a propósito de una entrevista que Maik Grossekathöfer, redactor del semanario alemán Der Spiegel, hace al escritor japonés en la edición última (18.02). El mitivo es gratísimo: la inminente aparición en alemán de su último libro —primera en una lengua europea — "De que hablo cuando hablo de correr" (DuMond Verlag, 2008).

Como la mayoría de sus lectores sabrá, Murakami no es sólo un especialista en jazz sino también un corredor de fondo: escucha, corre y escribe -¿o corre, se escucha y escribe luego? En varias entrevistas hace referencia a esta práctica deportiva ardua, de solitarios ciertamente, pues no hace falta un equipo para practicarla ni de un contrincante al que haya que enfrentarse como en el tenis. Correr tiene que ver con la sola voluntad del corredor: su contirncante está dentro de él mismo. No miente la figura que vemos, o ejecutamos cuando nos alejamos por el camino que nos lleva por el bosque o la cinta que ciñe al campo de fútbol; o la que nos atrae cuando miramos por televisión, o en vivo, correr una carrera de 10, 21 0 42 kilómetros: precipitados, esforzados pasos de personas agolpadas a un inicio, luego dispersas por obra del cansancio, por la resistencia de unos pocos que " se disparan del grupo" y empiezan a individualizarse ante el público y se alejan por una larga avenida como un, digamos, Rolando Vera, o —en esa otra forma de deslizamiento solitario, la caminata— a un Jefferson Pérez. Práctica para solitarios que insisten en probarse a sí mismos o, si se quiere, de ensimismados que ponen a prueba una voluntad, o algún otro resorte íntimo que intimida y exige ser dominado.

No es nada difícil imaginar a Murakami corriendo por el bosque, la playa o la avenida, por una pista siempre variable en todo caso; con las horas y sobre ellas, en silencio. Es grato saber que esta vez el autor japones centra su discurso en esa práctica que, como lo comprobaran al leer algunos de los fragmentos que he traducido, no es más que la otra cara de esa medalla que sus lectores conocemos, la de su escritura.



El sueño de una cerveza helada

Spiegel: Herr Murakami, ¿Qué es más fatigoso, escribir una novela o correr un maratón?
Murakami: Las más de las veces escribir es un placer. Cada día escribo cuatro horas. Luego corro. Normalmente diez kilometros, sin demasiado esfuerzo. Pero correr de un tirón una distancia de 42, 195 kilómetros es bastante duro, sin embargo es exactamente esa dureza lo que busco. Es una tortura inevitable que acepto concientemente. Para mi es esa la faceta más importante de un maratón.

Spiegel: ¿Y qué le es más hermosoo, terminar un libro o cruzar la meta de un maratón?
Murakami: Poner el punto final a una historia se parece al nacimiento de un niño. Un escritor féliz puede a lo mejor escribir unas doce novelas y yo no sé cuántos libros tengo aún en mí, ¿Cuatro? ¿Cinco? En cambio, cuando corro no siento límite algunop. Cada cuatro años más o menos publico una novela pero cada año participo en una carrera de diez kilómetros, un semi-maratón y un maratón. Hasta ahora he corrido 27 maratones, el último el pasado enero, y naturalmente van a seguirles el maratón número 28, 29 y 30.

Spiegel: En su nuevo libro, que aparece en alemán el próximo lunes (25.02), describe su carrera como la de un corredor de fondo ¿Por qué ha escrito usted ese texto?
Murakami: Desde hace que 25 años, en el otoño de 1982, que fue cuando corrí mi primera carrera, me he preguntado por qué me decidí exactamente por este deporte. ¿Por qué mi vida como escritor en serio comienza con aquel día en que corrí por primera vez? Tiendo a entender las cosas sólo cuando las anoto. Y he constatado que escribo sobre mí cuando escribo sobre el correr.

Spiegel: ¿Qué fue lo que le llevó a correr?
Murakami: Quería adelgazar. En mis primeros años como autor fumé mucho, 60 cigarrillos al día, para concentrarme mejor. Tenía amarillos los dientes, los dedos y uñas. Cuando a los 33 años de edad decidí dejar de fumar, me creció la barriga. Entonces empecé a correr: correr me pareció lo más practicable.

Spiegel: ¿En qué medida?
Murakami: El deporte en equipo no es para mí, me es un poco más cómodo si me ejercito según mi propio tempo. Y para correr no se reuiere de compañero, de un sitio determinado como en el tenis, sólo de un par de zapatillas de deporte. Tampoco el judo me queda bien: no soy un luchador. Correr largas distancias no tiene que ver con vencer a otro, el unico competidor es uno mismo. Tu reseuelves un conflicto interno: ¿soy mejor que la última vez? Darse uno mismo hasta el limite, una y otra vez, es el espíritu del correr. Correr es doloroso, pero los dolores no me abandonan, yo puedo tener cuidado de ellos. Eso corresponde a mi mentalidad.
. . .
Spiegel: ¿Cuál es su mejor tiempo registrado en una maratón?
Murakami: 3:27 hohas, cronometradas por yo mismo, en New York en 1991. Eso son cinco kilómetros por minuto. De ello me siento orgulloso, el último tramo de la carrera a través del Central Park es duro. He probado un par de veces mejorar ese tiempo pero cada vez soy menos joven. Entre tanto no me interesa más registrar el mejor tiempo alcanzado.

Spiegel: ¿Hay un mantra que usted recita mientras corre?
Murakami: No. No pienso en nada

Spiegel: ¿Se puede eso: pensar en nada?
Murakami: Cuando corro se me vacía el espíritu. Los pensamientos que se me introducen cuando corro son como un viento ligero - aparecen de pronto, desaparecen de nuevo y no alteran nada.
. . .
(La entrevista continua; la iré traduciendo en los próximos días y transcribiéndola).

Spiegel: ¿ Escucha música mientras corre?
Murakami: Sólo en los entrenamientos. Preferentemente a Manic Street Preachers. Cuando, excepcionalmente, corro en las manana, prefiero Credence Clearwater Revival porque las canciones tienen un ritmo simple.


Spiegel: ¿Cómo consigue motivarse cada día?
Murakami: A veces es demasiado caliente o demasiado frío, O el día está muy nublado. Sin embargo corro. Si no lo hiciera, haría una pausa también al siguiente día. No corresponde al ser humano asumir un peso innecesario, el cuerpo se deshabitúa. Eso sin sin embargo no debe el mío. Al escribir sucede exactamente lo mismo. Escribo cada día para no desacostumbrar a mi espíritu. De esta manera puedo suscesivamente elevar el listón literario, así como los músculos siempre se fortalecen al correr constantemente.

Spiegel: Usted creció como hijo único, escribir es una tarea solitaria y usted corre siempre solo ¿hay en esto alguna relación?
Murakami: Con seguridad. Me siento a gusto solo. Al contrario de mi esposa, no me gusta la vida social. Estoy casado desde hace 37 años, es con frecuencia una lucha. En mi anterior trabajo laboraba hasta la madrugada, ahora voy a la cama entre las nueve y las diez.
. . .

Spiegel: ¿Conoce el libro "La soledad de los corredores de fondo" de Allan Sillitoe?
Murakami: El relato es aburrido. Se nota que Sillitoe no corría. Sin embargo una idea esacertada: corriendo el heroe de la historia se encuentra a si mismo, enuentra la libertad interior.

Spiegel: ¿Qué le ha enseñado el correr?
Murakami: La certidumbre de que puedo alcanzar la meta. Del correr he aprendido a confiar en mis capacidades; he aprendido en que medida debo exigirme, cuando necesito hacer una pausa y desde cuando una pausa es demasiado larga.

Spiegel: ¿Escribe usted mejor porque corre?
Murakami: Con toda seguridad. Mientras mis músculos se volvían más fuertes más claro se volvía mi espíritu. Estoy convencido que los artistas que llevan una vida no saludable se consumen rápido. Jimi Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin fueron los heroes de mi juventud - murieron jóvenes a pesar de no haberselo ganado. A la muerte temprana se la ganan sólo los genios como Mozard o Puschkin. Jimi Hendrix era bueno pero no muy listo porque tomó drogas. La creación artística no es saludable, para compensar los artistas deberían vivir saludablemente.

Spiegel: ¿Puede usted aclarar eso?
Murakami: Cuando un escritor desarrolla una historia, se confronta a un veneno que está metido en él. Si tu no tienes ese veneno tu historia no tiene inspiración. Es como con el Fugu, el pez globo (llamado en español el puercoespín del mar), que es exepcionalmente sabroso, una maravilla, pero sus huevas, el higado y los intestinos pueden causar la muerte por envenenamiento. Mis historias se encuentran en mi conciencia, en un sitio obscuro, peligroso, yo siento el veneno en mi cuerpo pero puedo soportar una fuerte dosis porque poseo una un cuerpo fuerte. Cuando se es joven se tiene la fuerza suficiente para derrotar al veneno sin entrenamiento. Con 40 las fuerzas retroceden, tú no puedes entonces sobreponerte al veneno si vives insano.


Spiegel: J.D. Salinger tenía 32 años de edad cuando publico su única novela El guardian en el centeno ¿Era él muy débil para su veneno?
Murakami: Traduje el libro al japonés. Es muy bueno pero incompleto. La historia se vuelve cada vez más obscura y el protagonista no encuentra el camino para salir de ese mundo obscuro. Pienso que el mismo Salinger tampoco lo ha encontrado ¿si el deporte lo habría salvado? no lo sé.
...

(Viene aquí un fragmento que lo iré traduciendo en los próximos días)


Spiegel: Usted tiene 59 años de edad ¿cuantos años más quiere correr maratones?
Murakami: Hasta que mis pies me transporten ¿Sabe qué debe constar en la lápida de mi tumba?

Spiegel: Cuéntenoslo
Murakami: Por lo menos nunca fue a paso lento (o camino, contrapuesto al correr: Zumindest ist er nie gegangen)

Spiegel: Herr Murakami, le agradecemos mucho por esta conversación.



Maik Grossekathöfer, el entrevistador, graduado en literatura alemana y ciencias políticas, es redactor de la sección deportiva del semanrio Der Spiegel.


16.9.07

El ritmo es lo más importante...

Juana Libedinsk de la Nación entrevista a Haruki Murakami. En verdad nada nuevo trae ese texto sobre el escritor japonés pero vale la pena leer los comentarios que los lectores argentinos han hecho a ese texto y las versiones españolas de los libros del mago nipón.

26.2.07

Vuelta de músico




Para ser exactos con las fechas, el personaje debió haber sido Víctor Hugo o, para no remontar siglos y quedarnos bajo la nube que vemos pasar, Bobby Cruz o Michel Houllebecq tres personajes que celebran en este día su aniversario de nacimiento —el músico boricua cumple 66; el escritor francés 49—. Sin embargo, puesto que estos tres personajes no tienen novedad alguna bajo el brazo, los recordamos sólo “al vuelo” y pasamos de largo. También los periódicos hacen lo mismo — con una excepción: El País de España, que nos trae en su edición de este día una nota y entrevista breve al escritor japonés Haruki Murakami, a propósito de su cumpleaños (que lo celebró, sin embargo, el 12 de enero pasado).

Aniversarios aparte, hay una razón más convincente que impulsa la nota de prensa sobre Murakami: el pasado noviembre, Tusquets publicó Kafka en la orilla, (aparecida en japonés en 2002, en alemán en 2004, en inglés en 2005), y, por lo que la nota nos cuenta, en este corto tiempo sus lectores no dejan de multiplicarse —de alguna manera, parece repetir el camino que Tokio blues, aparecida en 2005, recorriera luego de su publicación que, dos años después llega a la undécima edición.

Los libros que el mago japonés ha publicado hasta la fecha son trece (incluído un libro de ensayos y una colección amplia de relatos). En nuestra lengua, vamos ya por el sexto.

Extrañas cosas de los libros y el mercado: es sólo en los últimos cinco años que Murakami ha despertado la atención entre los lectores españoles, a partir de la edición (ladrillo) de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (2001), que Tusquets introdujó en el mercado. Sin embargo, ya en 1992 Anagrama publicó La caza del carnero salvaje, el primer intento —fracasado— para introducir a este novelista en nuestras preocupaciones. Ahora, luego de unas vueltas en el tiempo, parece ser que finalmente nos sumamos a los numerosos admiradores de este artista que, con un lenguaje que podría parecer elemental y una capacidad de deslizamiento asombrosa, que va del sueño a la realidad y de allí a terra incognita, logra no sólo entretenernos sino dar forma a pulsiones que que nos habitan o las sentimos cerca pero no alcanzamos a nombrarlas o tememos racionalizarlas (nuestra responsabilidad empieza en los sueños es una frase que persigue a Kafka Tamura, el personaje de Kafka en la orilla).

En hora buena que el mercado del libro nos asegure con su demanda suscesivos libros de Murakami. Ellos iran apareciendo de a poco; no estará demás, sin embargo, a los que hemos seguido su pista, seguir también la de su música. Navegando por la red, encuentro un mapa con los textos y canciones que apasionan y guían la prosa del japones en este orden: jazz, música popular, música clásica. Aquí.

Foto: BRIGITTE FRIEDRICH

P.S. Les debo una disculpa. Me fui sin dejar noticia alguna. No pensé que durase la ausencia tanto, pero duró. Ha sido el tiempo, los intereses cruzados, los cuatro paquetes de DVDs de "24", Raich-Ranitzki, Rolf Dobelli, los periódicos, la familia y, como no, la perereza.

Como se daran cuenta, este texto es apenas un pretexto para retomar camino.

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Sobre Kafka en la orilla

Pagina 12, Leonardo Moledo

Babelia, Rodrigo Fresan

Un texto mío de enero de 2006

17.3.06

Premio Franz Kafka

En diario El Comercio (EC) de este día (y también en notas de agencias de otros diarios) encuentro la siguiente noticia referida a nuestro estimado escritor japones:

Haruki Murakami recibe Premio Franz Kafka
Praga, DPA
El autor japonés de bestsellers Haruki Murakami fue distinguido hoy con el Premio Franz Kafka de Literatura, dotado con 10 000 dólares (unos 8 000 euros).
La distinción le será entregada a fines de octubre en la capital checa, comunicó la Asociación Franz Kafka. El jurado internacional eligió a Murakami, de 57 años, entre veinte candidatos.Murakami es autor de "Hear the Wind Sing" (1979), "Pinball 1973" (1979), "La caza del carnero salvaje" (1982), "Baila Baila Baila" (1988), "The Elephant Vanishes" (1993) y "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo" (1995), entre otras.
El año pasado, este premio fue para el dramaturgo británico Harold Pinter.
El premio lleva el nombre del escritor checo de habla alemana Franz Kafka (1883-1924), autor de "La metamorfosis".

No es esta una noticia que sorprenda pues, si se quiere, diríamos que distinciones de esa naturaleza le seguiran llegando; sin embargo, agrada saberla. Sus libros, best sellers por exelencia en la multiplicidad de lenguas asiáticas, y en Occidente, también en inglés y alemán, no se confunden con los que normalmente traen este calificativo, que por lo general son relatos gratos y olvidables. A las historias de Haruki Murakami les mueven también otros resortes, más artísticos, muy de su manera al imaginar en ellas un orden invisible de la modernidad que a lo mejor ayuda a explicarla, en el que la vida interior de sus personajes, por azar o porque les llegó la hora, siguiendo alguna ley antigua que contradice a lo visible, a la forma de deslizarse por las horas, se revelan sin que apenas ese orden externo se de por aludido. No hay drama, sin embargo lo que sucede es dramático. Todo pasa en algún sitio del ser, en algún punto que tiene la cualidad de volver al estoicismo trivial y a la memoria una sospecha, un peso.

El último libro publicado por Murakami es Kafka on the Shore, la historia de un adolescente que el día de su décimo quinto aniversario se va de casa. En el camino decide llamarse Kafka; es otro y es el mismo, comienza allí el viaje hacia sí mismo de este joven, que es un deliberado homenaje a Salinger y a su El guardian en el centeno. Como lo habíamos comentado en otro post anterior, esta novela estuvo en la lista de las diez mejores de NYT del pasado año.

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Pagina oficial de Haruki Murakami

12.1.06

Haruki Murakami

Por estos lados, hace ya unas horas que cayó la noche. En unas pocas más, concluirá el día, el día doce. En uno como este, en Kyoto, pero hacia 1949 nació un escritor cuyas historias leo con placer, Haruki Murakami. He empezado hace poco la lectura de Kafka am Strand (Kafka on the Shore, novela que el NY Times, por cierto, la pone en su lista de los diez mejores de 2005), hasta el momento, su última novela escrita —publicada en japonés en 2002, en alemán en 2004, en inglés en 2005—.

En cuestión de traducciones, y cuando de libros de importancia literaria o literaria-comercial se trata, el inglés da la pauta. Con las obras últimas de Murakami, como para confirmar la regla, esta práctica se ha alterado, pues ahora ellas aparecen antés en alemán. Resulta que por los lares donde campea la lengua de Thomas Bernhard y Robert Walser, el autor japonés es bastante conocido (para hacernos una idea, digamos que igual o más que Javier Marías, autor español, que de Corazón tan blanco ha vendido hasta la fecha en este mercado alrededor de un millón doscientos mil ejeplares).

Hay una razón por la que Murakami se hizo famoso en lengua germana (por cierto, la misma que hizo famoso a Javier Marías en este entorno), la televisión, concretamente, el programa Das Literarische Quartet, el cuarteto literario —espacio que ya no existe más—, donde comentaban novelas en directo cuatro personalidades de letras. El programa del 30 de junio de 2000, fue, es en la escena literaria (o literario-mediática) alemana, si no inolvidable, si al menos referencial. Aquella noche, capitaneada por Reich-Ranicki, el pope de la crítica alemana, se habló de la novela Gefährliche Geliebte de un escritor japonés entonces poco conocido (en español la tradujeron como “Al sur de la frontera, al oeste del sol “, y por lo que sé, circulan ejemplares también en el Ecuador). Reich-Ranicki elogió la novela en ponderados términos pero no así su contertulia, la crítica Sigrid Löffler que la señaló en cambio como un Fastfood literario adobado con escenas de amor pornográficas y sexistas. El público percibió que en ese desacuerdo había algo más personal que la apreciación de la novela de Murakami. Los siguientes días, los periódicos de Alemania, Austria y Suiza hicieron su trabajo mejor que nunca, comentaron el percance y la causa generosamente; en poco, el autor japonés andaba en boca de todo mundo.

Pero de esta desaveniencia nació no sólo la fama alemana de Murakami sino también Literaturen, la revista que la señora Löffler empezara a publicar unos meses después; como era de esperarse, luego de ese percance, ella renunció a seguir formando parte del Cuarteto literario (como alguna vez ya lo dije, Literaturen es la equivalente en alemán de lo que es Letras Libres en lengua hispana).

He comentado la obra de Murakami en otros espacios; esta vez, al paso, para retener algo del día, he traducido unas pocas frases que el autor pronunciara en una conferencia dada en Berkeley, la University of California, en febrero de 1992. Dicen algo, dejan ver algo, me parece.

(Para ubicarnos: tres aspecto que impregnan el estilo de este autor son el humor, la llaneza de su prosa y, lo que primero se nota, el ritmo) Entonces, dice él:

Mi estilo se resuelve en lo siguiente: primero, jamás pongo en una frase más significación que la estrictamente necesaria. Segundo, las frases tienen que tener un ritmo. Esto lo aprendí de la música, especialmente del jazz. En el jazz sobre todo, es posible derivar de un ritmo estupendo a una estupenda improvisación. Todo tiene que ver con el movimiento de los pies. Cuando se quiere conservar ese ritmo, no se debe incorporar a él ninguna carga superflua. Esto no significa que, de ninguna manera, no se deba añadir una carga. Sólo ninguna que no sea absolutamente necesaria. Tu tienes que arrancar la grasa.

(La carrera de Murakami como novelista inicia en 1978. Tiene su manera muy particular: no es el inicio típico de un escritor que durante su juventud se ha forjado entre lecturas, intentos, disciplina con las palabras. Es otra cosa. En esta conferencia —no publicada aún como libro—nos adelanta esos comienzos)

Tenía 29 cuando escribí mi primera novela Escucha al viento. En aquel tiempo administraba un pequeño Club de Jazz en Tokio. Luego de terminar mis estudios, no tenía ningunas ganas de emplearme en una empresa; entonces solicité un crédito al banco y abrí ese Club. Ya como estudiante había tenido un deseo indeterminado de escribir alguna cosa, sin embrago, no seguí ese deseo de la manera correcta y, cuando abrí el Club, había dejado de pensar más en ello, puesto que estaba muy ocupado de la mañana a la noche en ecuchar jazz y preparar coctails y sandwichs. Cada día tenía que picar una funda entera de cebollas. Gracias a esa experiencia puedo aún picar cebolla sin derramar una sóla lágrima. En aquel tiempo, casi todos mis amigos eran músicos de jazz, no escritores. Sin embargo, un día de abril de 1978, me llegó de pronto el placer para escribir una novela. Me acuerdo claramente de ese día…

(El texto sigue de largo, pero por ahora lo dejamos aquí)


P.S.1. Estas citas las he encontrado en el libro de su traductor al inglés, Jay Rubin, Haruki Murakami and the Music of Words (2002).

P.S.2. Al paso, he encontrado un magnífico texto del argentino Juan Forn sobre una novela importantísima del japonés (de normal, el murakamiano gaucho por exelencia, se supone que es Rodrigo Fresan, pero este texto de Forn es estupendo). De él entresaco estas palabras:

"Si la construcción de un estilo es la combinación de múltiples influencias que terminan dando como resultado una voz propia, Murakami ha sabido entretejer con endiablada habilidad su fascinación por Kafka, Lewis Carroll, Camus, Chandler y Pynchon (para citar sólo unas pocas de las influencias que resuenan en sus libros) con sus propias obsesiones. Autoproponiéndose como un puente entre Oriente y Occidente, su obra es igualmente excéntrica para ambos mundos: si la voz que narra sus historias suena al oído japonés como traducida de otra lengua, las reacciones de los personajes que pueblan sus ficciones son invariablemente sorprendentes para el lector no japonés. Curiosamente, lo que el lector occidental ve como contención, el lector japonés ve como transgresión: sea el tratamiento del sexo, los pasos de comedia imperturbable, la expiación de la culpa (colectiva e íntima) o el afán de un destino individual. Hay un detalle más que termina de explicar la paradoja de que un éxito “juvenil” en Japón despierte tan “seria” atención en Occidente: la rarísima limpidez de la voz de Murakami muestra siempre un mundo por descubrir, y descifrar, hermanando así a lectores novatos y experimentados en un hipnótico rito de iniciación (para unos, hacia la vida; para los otros, hacia el corazón literario del Japón actual)".

31.12.05

Vuelta de hoja

Afuera hace un clima de “a perro” (ayer cayó un nevada de ensueño y fue el día más frío del año, algunas regiones no muy lejanas de Zürich registraron 15°ó 20° grados bajo cero). Ahora, mientras cometo estas letras, con la noche sobre los relojes —escapado por unos momentos del grupo—, en alegre espera, aguardamos con mi multiplicada familia la hora en la que chocaremos copas y confundiremos abrazos. Por las calles campea la expectante noche —a causa de la nieve que todo lo cobija, la obscuridad tiene esta vez un resplandor de una belleza poco frecuente —dispuesta a la vera del tiempo, a la espera de alguien capaz de obviar su frío.

No he querido dejar este día sin escribir, al menos como símbolo, una notita que de cuenta del año que fenece. Los temas que me han acompañado hasta ahora ponen en movimiento sus órbitas y apenas me dejan posibilad para discriminarlos entre sí: hay libros que he leído, libros que quise leer y no pude; personas, films, tramas, weblogs, muestras, instalaciones, creaciones que me han posibilitado fijar, fundir y confundir, mi atención con la de otras personas en una serie de imágenes, ideas, puntos, contrapuntos o corrientes. Como pretextos, esos envites varios —como le sucederá a cada uno— podrían desarrollarse, ... a lo mejor se desarrollan, pero, desde luego, en otro momento.

Hoy sólo tres cosas:

1) Una lectura cometida en septiembre sobre la que volveré en 2006: El chulla Romero y Flores, de Jorge Icaza. Noto que en varias de las novelas leídas a lo largo de los últimos cuatro o cinco años, a pesar del vivo interés que me acompañó mientras surcaba sus páginas, pasado un tiempo, sus recuerdos cristalizan en mí más como información que como experiencia —formal, textual, energizante y mítica, que es a lo que más se me acerca este tráfico con las narraciones—. Con la novela del quiteño, sin embargo, quizá por su(s) personaje(s) y el tema, el paisaje y los sitios que la novela recrea, o la lengua pringada de esa patina que los no ecuatorianos, entendiéndola, a duras penas podran degustarla, volví a experimentar esa crispación de lector que, sin reparar en ella, había echado en falta (¿sabían que en el Ecuador los niños no juegan a los vaqueros sino "a los chullitas"?).

2) Me esforcé hasta hace unas horas para concluir la lectura de una novela que, como me sucedió con la de Icaza, apenas me dio tiempo en los tres días últimos para realizar mis otras cosas: Tokio Blues (en japones y en inglés se llama Norwegian Wood, en alemán Naoko’s Lächeln), de Haruki Murakami (1949), que de a poco ha empezado a despertar la atención de los lectorers hispano-americanos (es él en las otras lenguas una entidad comparable sólo a la que en la nuestra representan Martin Amis, McEwan, Kundera, Philiph Roth, Lobo Antunes, Tabuchi, Boyle, Houellebecq y otros tantos de primera fila en el ahora mismo). Es la sexta novela de Murakami que leo y, de estas, con la que más me he sentido compenetrado (otra vez la historia, los personajes, la develación y propuesta de maneras). Tenemos que volver sobre su pista pero ello será sólo posible al virar la página.

3) Algo muy importante: a cada uno de ustedes les hago llegar un abrazo de buen año ¡Que tengan un magnifico 2006!

P.S. La edición de este día de Pagina 12 trae una lista de relecturas recomendadas. Seis autores nos suguieren títulos que re-leyeron en este año y consideran entrañables. Hemos tomado de esa lista el texto de Juan Forn y seguido la pista a su recomendado, un autor ruso del que hasta ahora mismo, nada sabía. El texto no es largo —los enlaces requeridos quedan activados:

El alma rusa

Juan Forn

Boris Pilniak había sido uno de los jóvenes dorados de la literatura rusa desde la aparición, en 1922, de El año desnudo, una novela que relataba con extraordinaria vividez y modernidad de recursos el efecto de la Revolución de Octubre en una ciudad de la estepa, durante los doce meses inaugurales del bolchevismo. Como Babel, como Maiacovski, Pilniak habría de sufrir durante los años siguientes el derrumbe de sus sueños, con el advenimiento de Stalin, hasta que fue a dar con sus huesos en la Lubjanka, donde fue ejecutado en algún momento entre 1931 y 1940. El comienzo de su caída en desgracia había tenido lugar en 1926 cuando publicó, a la vuelta de un viaje por Japón, un testimonio que no condecía con la línea del partido en cuanto a las relaciones ruso-niponas. Aun así, en 1929 dio a imprenta el más perfecto de sus libros, Caoba, un conjunto de cinco relatos que le ganó instantáneamente la prohibición de publicar, a causa de su “desviacionismo ideológico”. El primero de esos relatos insistía en el tema ruso-japonés con un atrevimiento sólo comparable a su destreza estilística. Se titula “Un cuento sobre cómo se escriben los cuentos” y, a la manera de las muñecas rusas, contiene una historia dentro de otra dentro de otra más, la última de las cuales anticipa en forma inequívoca el fin que Pilniak sabía que le esperaba.
En el consulado soviético de una ciudad portuaria japonesa, Pilniak descubre el legajo de una ciudadana rusa que pide la repatriación. Sofia Vassilievna, la dama en cuestión, conoció a un oficial japonés que revistaba en el ejército de ocupación nipón repelido por las fuerzas bolcheviques en el año ‘20. Antes de la retirada, y aun sabiendo de la prohibición de casarse con extranjeras, el oficial (amante de la literatura rusa) le pide a Sofia que se reúna con él en Japón y le deja dinero para costear el viaje. Sofia llega, es interrogada por las autoridades hasta que confiesa el nombre de su prometido. Tagaki es expulsado del ejército y desterrado a su aldea natal, donde debe esperar dos años hasta poder unirse con Sofia. Los amantes soportan la prueba y logran por fin su anhelo. Viven en feliz soledad hasta que comienzan a visitarlos periodistas y fotógrafos: Tagaki ha publicado una novela con enorme éxito y la prensa quiere retratar al autor junto a su esposa rusa, ambos en kimono de fiesta, contra el paisaje de fondo que contribuyó a su felicidad. Tagaki ama en Sofia a la literatura rusa, como si la encarnara en estado bruto. Sofia es como una Bovary que no ha leído siquiera un folletín. Las jornadas de felicidad se suceden hasta el día en que Sofia descubre que el libro de su marido la ha retratado en la más desnuda de las intimidades. Sin decir palabra, procede entonces a abandonarlo, marcha hasta el consulado soviético más cercano y pide ser repatriada a Vladivostok.
Pilniak describe todas las atrocidades históricas entre rusos y japoneses que Sofia y Takashi debieron ignorar para estar juntos, opone a estos hechos la versión del alma rusa que da Tagaki y la versión paralela que da Sofia en el relato autobiográfico que conforma su legajo. Y entonces escribe la más famosa frase de ese cuento y quizá de su obra entera: “Que sean otros quienes juzguen, no yo. Mi trabajo se reduce a meditar sobre las cosas. En particular, cómo pueden convertirse en cuentos”. Fueron, efectivamente, otros quienes juzgaron, condenaron y ejecutaron a Pilniak por su trabajo: el de meditar sobre cómo las cosas pueden convertirse en cuentos.
Todavía pueden conseguirse ejemplares de la única edición de Caoba que publicó Anagrama en 1987. Para quienes no lo consigan, se puede bajar gratuitamente de Internet el texto completo de “Un cuento sobre cómo se escriben los cuentos”. La traducción del relato y del libro completo es del gran Sergio Pitol. Leer la una o la otra es, además de la gloria dedescubrir a Pilniak, una hermosa manera de empezar a conocer a ese escritor secreto hasta ayer nomás y tan merecidamente premiado con el Cervantes hace unas semanas.

El mundo al revés: Baselitz, Yaulema y la geografía del olvido

La noticia me llegó mientras trabajaba en el jardín. Hay noticias que irrumpen y noticias que se depositan; esta fue de las segundas. Estab...