22.3.07

Caudillismo ecuatoriano

(Diario El País dedica su editorial de este día a la política ecuatoriana presente. Dispongo el link y en la sección de comentarios dispongo la opinión de The economist publicada el pasado 15).

EDITORIAL
22/03/2007
El presidente de Ecuador tiene mucha prisa por controlar todos los resortes del poder. Pese a que lleva poco más de dos meses en el cargo, Rafael Correa no duda en utilizar y enfrentar a las instituciones relevantes del Estado como herramientas para sus fines. Eso no es difícil en un país desvertebrado y pobre que encadena las crisis y padece la endémica corrupción de su clase política. Los pasos que está dando Correa auguran para Ecuador el mismo rumbo incierto que arrastra desde los años noventa y han convertido al país andino en un paradigma de inestabilidad y éxodo.

Los antagonistas de esta batalla por el poder son el popular presidente y un desacreditado Congreso -elegidos ambos el año pasado- dominado por la oposición y donde Correa carece de representación. El pretexto, el referéndum que el 15 de abril debe dar vía libre a una asamblea constituyente que permita al jefe del Estado reescribir a su antojo la Constitución de 1998 y disolver la Asamblea Nacional. En la intrincada pelea se amontonan los actos ilegales por parte de jueces de alto rango, del Parlamento y de la presidencia de la República desde que el Tribunal Supremo Electoral decidiera hace dos semanas expulsar del Congreso a 57 diputados opositores que pedían la cabeza del presidente de esa corte por prescindir del Parlamento para convocar el referéndum.

El izquierdista Correa no ha vacilado en sacar el conflicto a la calle, en la estela de su admirado Hugo Chávez. Sus partidarios han asediado el Parlamento y agredido a diputados. Ha logrado con su golpe de mano ganar el pulso a sus divididos adversarios y poner de nuevo en marcha el paralizado Legislativo mediante el procedimiento de designar hasta ahora a 28 sustitutos segundones, teóricamente opositores, pero sin disciplina de partido, que han ido asumiendo el cargo en muchos casos contra las órdenes de sus jefes de filas.

La tentación del caudillismo nunca ha sido definitivamente derrotada en América Latina. El flagrante escarnio de la legalidad en Ecuador presumiblemente desembocará en la meta perseguida por su máximo dirigente. Pocos dudan de que en la consulta popular del mes próximo, Correa, sin partido propio pero con un incipiente movimiento denominado Alianza País y el amplio apoyo de una población desesperada que necesita creer en los milagros, obtendrá la victoria que le permitirá dotarse de un aparataje constitucional a su medida. Pero es imposible construir una democracia y el respeto por las leyes a partir de la demolición oportunista de los andamiajes institucionales anteriores. La estadística dice que durante la última década ningún presidente ha completado su mandato en Ecuador.

18.3.07

Luciérnagas en Campaña


El pasado 7 de marzo, Bruguera editorial convocó a los medios a una rueda de prensa en el CSIC, en Barcelona, para presentar Casa de las luciérnagas. Antología de poetas latinoamericanas de hoy, que junta los mejores poemas contemporáneos escritos por 34 mujeres de 11 países de habla hispana, seleccionados por el poeta ecuatoriano Mario Campaña.

El día ocho —día de la mujer— en el mismo centro, ocho de las poetas antologadas leyeron sus respectivos poemas: Jeannette Clariond (México), Magdalena Chocano (Perú), Piedad Bonnett (Colombia), María Fernanda Espinosa (Ecuador), Lila Calderón (Chile), Ana Becciú (Argentina), Cristina Peri Rossi (Uruguay).

En el boletín de prensa despachado por la editorial hay dos párrafos que nos ponen al tanto del libro: Casa de luciérnagas. Antología de poetas hispanoamericanas de hoy contiene la expresión artística más intensa, ágil y reflexiva de las mujeres hispanoamericanas de hoy: a veces con irreverencia, a veces con gravedad, siempre con pasión se expresan aquí, con el arte más elevado, mundos de gran variedad y riqueza, mundos como los nuestros.

El libro es fruto de una amplia investigación que comprendió todo el continente hispanoamericano y duró varios años. Es así mismo resultado de una rigurosa selección basada en criterios estéticos y literarios.

Poetas sin sexo

La edición de Babelia de ayer sábado 17, dedica su portada y dos páginas de interiores firmadas por Carles Geli a las Poetas latinoamericanas que constan y quedan fuera del libro. Si nos interesa el mapa de las voces que configuran el continente americano de habla hispana, es ésta una oportuna introducción, al texto y al libro que aparece en el momento oportuno. He aquí un fragmento del texto aparecido en el suplemento español:

El mapa

EN CASA de Luciérnagas, hay países que poéticamente no existen (Nicaragua, Honduras...) o casi (Bolivia, Guatemala...). "Chile, Argentina y Uruguay marcan un nivel. Y sólo el caso de la guatemalteca Isabel de los Ángeles Ruano lo aguanta en Centroamérica", justifica Mario Campaña.

En su opinión, la poesía latinoamericana se puede dividir en dos bloques. "Uno es el del Cono Sur, con Argentina, Uruguay, Chile, con una influencia de la alta cultura literaria europea; el otro es el del peso de la tradición andina, con México, Ecuador, Perú, Bolivia..., donde en su poesía hay una indagación, un pensar aquel mundo anterior", apunta el antologuista. Para Cristina Peri Rossi es "inevitable" que hayan surgido, sobre todo en Argentina y Uruguay, grandes poetas que han ocultado a sus homólogas del subcontinente. "Son países con educación laica y gratuita y una discriminación positiva entre hombre y mujer que viene de lejos", puntualiza.

En cualquier caso, la apuesta de Campaña pasa por la siguiente selección: Argentina: Diana Bellessi, Ana Becciú, Irene Gruss, Mirta Rosenberg, Susana Villalba. Bolivia: Blanca Wiethüchter. Chile: Elvira Hernández, Verónica Zondek, Lila Calderón, Marina Arrate. Colombia: María Mercedes Carranza, Piedad Bonnett. Cuba: Lina de Feria, Reina María Rodríguez, Wendy Guerra. Ecuador: Sonia Manzano, María Fernanda Espinosa. Guatemala: Isabel de los Ángeles Ruano. México: Gloria Gervitz, Elsa Cross, Jeannette L. Clariond, Coral Bracho, Pura López Colomé, Carmen Boullosa, Tedi López Mills. Perú: Carmen Ollé, Magdalena Chocano. Uruguay: Cristina Peri Rossi, Tatiana Oroño, Cristina Carneiro, Silvia Guerra. Venezuela: Hanni Ossot, Yolanda Pantin, María Auxiliadora Álvarez.


Voces que abrieron camino: Gabriela Mistral, Alfonsina Astori, Marosa di Giorgio, Alejandra Pizarnik, Olga Orozco, Ida Vitale, Claribel Alegría, Blanca Varela

La luz de las mujeres luciérnaga





17.3.07

Manifiesto ecuatoriano:

POR UN ESPACIO COMÚN PARA RESOLVER LOS CONFLICTOS Y VIVIR CON DIGNIDAD

Ante los alarmantes signos de nuevos procesos de violencia política y social, nosotros, ciudadanos sin filiación partidaria, exhortamos al gobierno y a la oposición, a las cámaras de comercio y producción, a los industriales y banqueros, a los sindicatos, a las federaciones, al congreso, a los medios de comunicación, a todos los ecuatorianos a buscar urgentemente mecanismos y acuerdos básicos que propicien la paz y, en esa atmósfera, a emprender la búsqueda de condiciones sociales, económicas, políticas y jurídicas que la sustenten y aseguren. Sólo la ceguera interesada puede dejar de ver que no habrá estabilidad ni paz sin la mejora sustancial de las condiciones generales de vida de los ecuatorianos. Ello es evidente incluso en ámbitos especializados pero ajenos a nuestra vida. Hablando sobre América Latina, el director nacional de Inteligencia de los Estados Unidos, Michael McConnell, ha informado ante el Comité de Asuntos Militares del Senado de ese país que los buenos resultados "de candidatos presidenciales con ideología de izquierda populista…habla de la creciente impaciencia entre el electorado por la incapacidad de sus Gobiernos para mejorar los niveles de vida de la población. La insatisfacción popular con la democracia es especialmente inquietante en los Andes, particularmente en Ecuador y Perú".

Después de todos estos años de tragedia nacional y empobrecimiento cada vez mayor, hay muchas posiciones que nos separan a unos de otros, y pocas en las que podemos ponernos de acuerdo y mantenernos unidos. Frente a ello, llamamos a todos a procurar condiciones que permitan razonar las discordias, que nos provean de una base mínima o espacio común que haga materialmente posible que éstas se resuelvan progresivamente. Llamamos a la búsqueda de objetivos que sirvan de referentes para que cualquier confrontación pueda ser razonada. Ese consenso, ese diálogo en torno a metas en las que racionalmente todos deberíamos o podríamos coincidir se puede traducir en “pactos mínimos", tal vez la única vía para sobrevivir como país, para alejar el peligro de una conmoción general, de desintegración nacional o guerra civil. Antes de la confrontación física, debemos avocarnos a la búsqueda de pactos o acuerdos mínimos como los siguientes, en los que nos debemos comprometer todos:

1. POR LOS DERECHOS HUMANOS

El primero y más urgente acuerdo debe ser sacar a las mayorías de la situación de extrema pobreza y desamparo sanitario en que se encuentran. Todos tenemos derecho a una vida digna. En el estado límite en que vivimos, que amenaza con llevarnos a la hecatombe, pocas alternativas van quedando para quienes hoy ya ni pueden salir del país ni sobrevivir en él. En una sociedad democrática la protección de las personas, especialmente en lo relativo a la salud, debería ser función primordial del estado, que somos todos; la beneficencia sólo puede ser subsidiaria.

2. POR LA INSTITUCIONALIDAD.

Las instituciones han perdido o están en trance de perder toda legitimidad y respeto. Se impone la construcción creativa de verdaderos sistemas sociales, políticos, administrativos, jurídicos y económicos encarnados en instituciones legitimadas no por la tradición o por la pura formalidad sino por su accionar, por sus procedimientos y finalidades, por su observación de la racionalidad institucional y política y por su compromiso en beneficio de los ciudadanos. Los sistemas, el tejido institucional, cívico y popular son más eficaces para el éxito de los proyectos que el carácter personalista de los líderes. El marco institucional implica también el respeto a los legítimos representantes y directivos.

3. POR LA CIUDADANÍA

Es decir, reconocer el mismo trato, la misma dignidad y derechos públicos y privados a todos los ecuatorianos, sin distinción de sexo, región, etnia, color de piel, ocupación laboral, orientación política, ideológica o sexual, condición física, social o económica. El concepto de ciudadanía debe regir irrestrictamente nuestra vida y trascender el favoritismo de grupos, el racismo y clasismo que afecta a todo el país. En una sociedad sana, una persona es en primer lugar un prójimo y un ciudadano, no un consumidor ni un cliente, no un rival ni un ‘terrorista’, no un ‘bandolero’ ni un ‘bestia’, no un ‘cholo’ ni un ‘mono’ ni un ‘longo’ ni un ‘indio’, ni un ‘negro’, ni un ‘montubio’. Todas esas formas de agravio y de segregación profundizan las grietas sociales.

4. POR LA EDUCACION PÚBLICA.

El pobre nivel de calidad del sistema educativo público, uno de los más bajos de América, reconocido en informes oficiales, aumenta la desigualdad. El pacto por la educación pública debe procurar su universalidad, la erradicación del analfabetismo real y funcional, la escolarización subsidiada, su carácter inclusivo, integrador, la formación rigurosa y continua del profesorado, la alta calidad de la enseñanza, la implantación de principios cívicos y morales para la formación de nuevos ciudadanos. Exhortamos al Ministerio de Educación para que procure que los principios que fundamenten estos pactos se incorporen a los programas obligatorios de estudio.

5. POR LA CULTURA NACIONAL.

Fomentar una cultura vinculante, que contribuya a que renazca la ilusión de formar parte de una comunidad diversa, pluricultural y multiétnica pero con pasado y futuro común; que asegure que no somos un mero conglomerado sin vínculos entre sí; que Ecuador no es sólo un membrete, es clave para el futuro.

Exhortamos a la oposición a respetar la voluntad de los ciudadanos, que se pronunció en las urnas en el mes de noviembre por un presidente y unos planteamientos para el futuro del país. La exhortamos también, así como a la empresa privada, al gobierno y a las asociaciones de todo tipo, a suscribir los pactos de convivencia digna aquí expuestos; y al presidente del país a tomar la iniciativa, convocando una vez más a la oposición y a las instituciones autónomas representativas, a su suscripción.

Deponer provisionalmente nuestras diferencias a favor de estos pactos es a la vez una condición mínima de salvación.

Gina Portaluppi, Educadora.

Marcela Santos, Educadora

Martha Ycaza, Educadora

Mercedes Ramirez, Educadora

Elena Sper, Psicoanalista

Sandra Mendoza, Trabajadora Social

Judi Hasing, Arquitecta

Francisco Valdivieso, Arquitecto.

Marcela Mendoza , Licenciada en Comunicación

Piedad de Iturralde, Decoradora

Raúl Maruri, Ingeniero civil

Cristóbal Zapata, Escritor

Ricardo Maruri, Escritor

Wilfredo Corral, Crítico literario

Edwin Madrid, Escritor

Víctor Vallejo, Economista

Mario Campaña, Escritor

Patricia Serrano, Odontóloga

Eliana Bohorquez, Educadora

Gustavo Erazo, Biólogo


P.S.

Las personas que estén de acuerdo con el manifiesto, ruego dejen sus señas en la casilla de comentarios para que pueda sumarlo a la lista anterior

10.3.07

100 años de Mircea Eliade

Repasando la prensa de este día encuentro un artículo en el Feuilleton del Frankfurter Allgemeine cuyo tema veo que los otros diarios en los que me fijo han dejado escapar: los cien años del nacimiento de Mircea Eliade, filósofo, historiador de las religiones y novelista nacido en Bucarest hace cien años y fallecido en Chicago en 1986.

Da la casualidad que, sin habermelo propuesto para nada, le he rendido homenaje en estos días leyendo un tomo de entrevistas que el estudioso rumano concediera a Claude-Henri Rocquet hacia 1978 tituladas como “La prueba del laberinto” (entre lo mucho que aquí encuentro me entero en estas páginas de su admiración por Ortega y Gasset, Eugenio d’Ors y Unamuno).

Los escritos de Eliade tienen esa característica reservada a los clásicos: se desplazan por el tiempo sin llamar la atención. Sus libros no son novedad sin embargo nunca dejaran de faltar en una librería que se precie como tal. Títulos como “Lo sagrado y lo profano”, “Imágenes y símbolos” o su “Historia de las religiones” nos muestran perspectivas que no dejan de ser interesantes. A su figura intelecutal le acecha sin embargo una sombra, que muchas veces interfiere con la percepción de sus trabajos literarios y científicos: la de su acercamiento al fascismo de extrema derecha en los anõs treinta.

Por la información que la prensa proporciona tangencialmente, suponemos que los libros de Eliade se haran en este año algo más conocidos. Pero esto gracias al cine. El pasado febrero, en la Berlinale 2007, Francis Ford Coppola presentó su nuevo film “Youth without Youth”, una historia basada en un relato de Eliade (que no sé cómo se llama en español pero cuyo argumento no deja de llamar la atención: un profesor de 70 años es alcanzado por un rayo; no muere pero su vida altera su fluir natural; a partir de entonces, el anciano, en vez de seguir siendolo más cada minuto empieza a rejuvenecer. Puestos al tanto de este fenómeno los servicios secretos se interesan en el caso. El viejo profesor debe entonces huir...!).

El reparto de la película lo conforman Tim Roth, Marcel Iures, Bruno Ganz y Annamaria Lara.

Una aclaración de fechas. Compruebo que la fecha de nacimiento de Eliade que muestran varios documentos no coinciden. Donde me informo de su nacimiento señala el día diez, en otras el 13. En el libro que leo, dice Eliade en un fragmento: nací el 9 de marzo de 1907, un mes espantoso en la historia de Rumania.


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Perfíl de Eliade y títulos en español

Página de los traductores de Eliade al español

Información amplia sobre Eliade

Circulo Eranos del que Eliade formó parte

Antología de citas


4.3.07

El orden de los grandes libros

¿Cuales son los libros que debería leer una persona joven para hacerse con un visión de las cosas lo más libre posible en un mundo plagado de prejuicios, fanatismo político, religioso, económico, de pragmatismo desmemoriado, de olvido irredento, en el que la capacidad de análisis, y la fuentes en el que este se apoya se vuelven turbias, incompletas o racionalmente parciales, eficaces pero imprecisas? ¿Qué características debería tener esa visión de las cosas en los jóvenes?¿En qué condiciones se deberían llevar a cabo esas lecturas?

Preguntas como las anteriores, o en todo caso cercanas al problema que ellas plantean, la educación intelectual de los jóvenes en un mundo fragmentado en el que las vidas se mueven a ritmo trepidante, rondan y han rondado entre mis inquietudes, intermitentemente, en mis diferentes edades. Con algunos amigos, sobre todo con los que son ahora padres de familia, hemos discurrido por el tema, y seguido por algunas de las muchas direcciones posibles, siempre, eso sí, de chanzas y en juego, que es como el aficionado se acerca a lo que no conoce de fondo y es como, para tranqulizarse, coloca puertas al campo.

He recordado esas tentativas en estos días, pues, revisando la NZZ Folio (la revista de temas mensual del diario zuriques NZZ) de diciembre pasado “¿Cuanta libertad soporta el ser humano?”, en el que se aborda este tema desde diferentes puntos de vista, niveles y contextos (ilustrados con fotos de Win Wenders), doy con un artículo firmado por Steffan Heuer que he leído gratamente y vuelto a leer con interrogación: El orden de los grandes libros.

No sabía hasta esta lectura que existe un centro de formación en el que los jóvenes aprenden exclusivamente a ser libres y responsables en el mundo siguiendo un plan de lo más sencillo: la lectura, es decir, el leer, discernir, argumentar y discutir con sus colegas alrededor de una lista determinada de libros, de cien títulos, que juntan lo mejor de occidente en su carrera por los siglos: desde Herodoto, Euclides, Aristóteles, Virgilio, Plutarco, Tomás de Aquino, Dante, Chaucer, Lutero, Rabelais, Bacon, Schakespeare, Galileo, Newton, Rousseau, Adam Smith, Kant, Mozart, Darwin, Hegel, Carlos Marx, Tolstoi, ..., otros más, hasta los últimos de la lista, los más jóvenes, dos del siglo pasado, Heidegger y Conrad.

La institución que forma a estos jóvenes con tan extraño método es el St. John’s College, ubicado en Santa Fe, New Mexico. Fue fundado en 1784 y, luego de sobreponerse a la crisis de 1929 en los USA, refundado en 1937. Desde entonces hasta la fecha, el programa de estudios, salvo mínimos cambios, es el mismo, la lectura reconcentrada de los cien títulos, viviendo en condiciones monacales, a lo largo de cuatro años, que es el tiempo que duran los estudios en este centro.

En el College los estudiantes no tiene acceso a internet, no deben seguir especialización alguna ni tienen que rendir exámenes y pruebas de revisión o finalización de carrera; en el centro no existe jerarquía académica ni se organizan en cursos sino en grupos de ocho estudiantes coordinados por un tutor. Cada año el college dispone de 900 plazas que siempre están copadas —a diferencia de otros centros de estudio de élite, como Harvard, donde son admitidos sólo el 11% de los solicitantes, el St. John’s College acepta al 85 %—. Los costos de un año de estudio ascienden a los 43.000 dólares.

Es simbólico el sello que caracteriza a la escuela: una corona que deja ver los siete libros de las artes liberales: gramática, retórica, lógica, aritmética, geometría, astronomía y música sobre los que se levanta una balanza que simboliza a la ciencia y una frase en latín que diría en nuestra lengua más o menos lo siguiente: Con ayuda de libros y ponderación hago de jóvenes ciudadanos libres.

Movido mi interés por la lista de los títulos que componen el programa de estudios del St. John’s College he consultado en mi biblioteca la que nos propone Harold Bloom en “El canon occidental” que publicara hacia 1994. Muchos de los libros que nos propone el crítico newyorkino están ya en la lista del St. John.


Como sucede con muchas cosas —que su realidad depende del cristal con que uno las mira—, sucede también con el Canón de Bloom y el catálogo del St.John: siendo estos tan exigentes, de agradecer y felicitarnos por el mero hecho de que existen, son sin embargo para un latinoamericano andino incompletos; uno hecha en falta en ellos visiones antiguas e indispensables para entender nuestra mirada del mundo, nuestro afan de libertad en el mundo (se me ocurren algunos nombres: Guamán Poma de Ayala, Bartolome de las Casas, Cieza de León, ... . Que les parece si me ayudan a esbozar un catálogo de alcance al de los arriba mencionados).


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Página del St. John's College
Lista de lecturas

26.2.07

Vuelta de músico




Para ser exactos con las fechas, el personaje debió haber sido Víctor Hugo o, para no remontar siglos y quedarnos bajo la nube que vemos pasar, Bobby Cruz o Michel Houllebecq tres personajes que celebran en este día su aniversario de nacimiento —el músico boricua cumple 66; el escritor francés 49—. Sin embargo, puesto que estos tres personajes no tienen novedad alguna bajo el brazo, los recordamos sólo “al vuelo” y pasamos de largo. También los periódicos hacen lo mismo — con una excepción: El País de España, que nos trae en su edición de este día una nota y entrevista breve al escritor japonés Haruki Murakami, a propósito de su cumpleaños (que lo celebró, sin embargo, el 12 de enero pasado).

Aniversarios aparte, hay una razón más convincente que impulsa la nota de prensa sobre Murakami: el pasado noviembre, Tusquets publicó Kafka en la orilla, (aparecida en japonés en 2002, en alemán en 2004, en inglés en 2005), y, por lo que la nota nos cuenta, en este corto tiempo sus lectores no dejan de multiplicarse —de alguna manera, parece repetir el camino que Tokio blues, aparecida en 2005, recorriera luego de su publicación que, dos años después llega a la undécima edición.

Los libros que el mago japonés ha publicado hasta la fecha son trece (incluído un libro de ensayos y una colección amplia de relatos). En nuestra lengua, vamos ya por el sexto.

Extrañas cosas de los libros y el mercado: es sólo en los últimos cinco años que Murakami ha despertado la atención entre los lectores españoles, a partir de la edición (ladrillo) de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (2001), que Tusquets introdujó en el mercado. Sin embargo, ya en 1992 Anagrama publicó La caza del carnero salvaje, el primer intento —fracasado— para introducir a este novelista en nuestras preocupaciones. Ahora, luego de unas vueltas en el tiempo, parece ser que finalmente nos sumamos a los numerosos admiradores de este artista que, con un lenguaje que podría parecer elemental y una capacidad de deslizamiento asombrosa, que va del sueño a la realidad y de allí a terra incognita, logra no sólo entretenernos sino dar forma a pulsiones que que nos habitan o las sentimos cerca pero no alcanzamos a nombrarlas o tememos racionalizarlas (nuestra responsabilidad empieza en los sueños es una frase que persigue a Kafka Tamura, el personaje de Kafka en la orilla).

En hora buena que el mercado del libro nos asegure con su demanda suscesivos libros de Murakami. Ellos iran apareciendo de a poco; no estará demás, sin embargo, a los que hemos seguido su pista, seguir también la de su música. Navegando por la red, encuentro un mapa con los textos y canciones que apasionan y guían la prosa del japones en este orden: jazz, música popular, música clásica. Aquí.

Foto: BRIGITTE FRIEDRICH

P.S. Les debo una disculpa. Me fui sin dejar noticia alguna. No pensé que durase la ausencia tanto, pero duró. Ha sido el tiempo, los intereses cruzados, los cuatro paquetes de DVDs de "24", Raich-Ranitzki, Rolf Dobelli, los periódicos, la familia y, como no, la perereza.

Como se daran cuenta, este texto es apenas un pretexto para retomar camino.

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Sobre Kafka en la orilla

Pagina 12, Leonardo Moledo

Babelia, Rodrigo Fresan

Un texto mío de enero de 2006

16.12.06

Susan Sontag y sus diarios

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El 28 de diciembre de 2004 moría Susan Sontag en New York; en 2003 se le diagnosticó leucemia, el cáncer a la sangre que terminaría con su vida aquel día de diciembre.

Cinco lustros atrás intimó ya con la enfermedad, entonces fue un cáncer al pecho, del que finalmente salió con vida y un conjunto de observaciones sobre ese estado de “no salud” que plasmaría en su libro “La enfermedad y sus metáforas” (1978).

Esta vez no tuvo salida. Murió y la noticia de su fallecimiento se esparció rapidamente por todo el mundo; y desde los distintos puntos del mundo donde sus libros fueron leídos, comentadas sus ideas y admirado sus posiciones ante los distintos tipos de poder ciego que ciñen nuestra cuotidianidad, se hizó sentir el pesar por su desaparición. Desde luego, en la forma mejor que la admiración tiene para estos casos, haciéndo memoria, rememorando su vida y su obra tejida a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, un periplo vital en el que, si ponemos atención a cada uno de sus escritos, jamás dudó en formular y formularse las preguntas que más hicieron falta a su sociedad en momentos difíciles (Vietnam, Sarajevo, el 11 de septiembre de 2001 en New York, Irak y las fotos de las torturas cometidas allí, entre los más relevantes), o de recordar a creadores y críticos (de las artes plásticas y cinematográficas, de la literatura y el ensayo) la necesidad de replantearlas continuamente.

Escritora, filósofa, ensayista, novelista, dramaturga, teórica de arte, periodista, provocadora, son, si queremos definirla por sus obras, los calificativos que le calzan. Y no la contradicen.

Nació en New York el 16 de enero de 1933; a los 14 años tuvo el privilegio de tomar el té con Tomas Mann —la adolescente Susan Rosenblatt (este fue su nombre hasta los seis años) ya a esa edad era una especialista en Edgar Allan Poe—; a los 16 inició sus estudios de literatura y filosofía en la Univeridad de Chicago y luego en Berkeley; con 17 contrajó matrimonio, a los 19 dio a luz a su único hijo, David Rieff. Tres años más tarde se separó de su esposo y nunca más volvió a casarse. En 1982 inicia una relación afectiva con la fotografa Annie Leibovitz de la que nunca haría referencia sino sólo desde 2000, a partir de la publicación de un artículo suyo aparecido en The Guardian en el que hace pública su bisexualidad.

Bordeando la veintena se doctoró en Harvard con una tesis sobre Paul Tillich, se fue por un año para París y a su regreso inició a dictar clases en la universidad de Columbia, en New York. Con su esposo, el sociólogo Philipp Rief, publica entonces un trabajo sobre Freud y la cultura moderna. En 1963, aparecé “El benefactor”, primera novela de la joven académica que entre tanto había empezado a llamar la atención en los círculos intelectuales newyorkinos. En 1992 publicara su segunda novela “El amante del volcán” libro que llegaría a ser un bestseller; sin embargo, su prestigio estará siempre relacionado a los numerosos y variados ensayos publicados desde los años sesenta. Contra la interpretación (1966), Estilos radicales (1969), Sobre la fotografía (1977), Bajo el signo de Saturno (1980), El SIDA y sus metáforas (1987) entre otros.

En 1993, en Sarajevo, a donde se trasladaría (como Juan Goytisolo) para testimoniar sobre la guerra que se estaba llevando a cabo entonces, pondría en escena “Esperando a Godot”. De sus trabajos aparecidos antes de su muerte se recuerda aún su ensayo de marzo de 2003 “Regarding the Pain of Others”, a propósito de la guerra en Irak y el restringido material fotográfico proporcionado hasta entonces por el gobierno norteamericano.


Antigua es mi relación con los escritos de Susan Sontag. Por los frentes que aborda, la perpicacia y valentía de sus análisis ellos nuca dejan de ser oportunos y enriquecedores. Este año que en poco se nos va la he pensado y leído en varios tramos pero sólo en dos oportunidades estuve tentado a escribir sobre su memoria: la primera a mediados de septiembre, que fue cuando leí un manojo interesante de notas inéditas suyas escritas en sus diarios y publicadas como primicia en el New York Times del 10 de septiembre.

La otra en octubre, al enterarme de la muestra que Annie Leibovitz, la célebre fotografa con la que Susan Sontag vivió desde 1982, hacía en el Brookling Museum con materiales publicados en medios de prensa conocidos y una cantidad de fotografías privadas que se mostraban por primera vez. En ellas había muchas hechas a Susan Sontag, tomadas en diferentes sitios del planeta -en ciudades, en el desierto, en el hogar, en la cotidianidad más íntima (como la foto que he colgado al inicio: Susan at the House on Hedges Lane, 1988) o una muy imprecionante, en la que se la ve en su lecho de muerte, instantes despues de haber expirado.

Repasando la versión española de Letras Libres de diciembre, acabo de dar con la traducción de los fragmentos de los diarios de Susan Sontag aparecidos en el NYT el pasado septiembre. Allí encontramos declaraciones como esta escrita en diciembre de 1961:

El escritor debe ser cuatro personas:

1) el loco, el obsédé.

2) el tarado

3) el estilista

4) el crítico


1) suministra el material

2) permite que se exponga

3) es gusto

4) es inteligencia

Un gran escritor es las cuatro, pero puedes ser aún una buena escritora con 1) y 2) solamente; son muy importantes.

o esta otra de julio de 1964:

Arte = un modo de ponerse en contacto con la propia locura.

o esta otra:

El mayor crimen: juzgar.

La mayor carencia: falta de entusiasmo.

a la que sigue esta muy auto exigente:

Mis faltas:

—censurar a otros por mis propios vicios*

—convertir mis amistades en aventuras

—pedir que el amor incluya (y excluya) todo

*pero esto es quizá más frenético y evidente –alcanza un clímax, cuando lo que llevo dentro se está deteriorando, cediendo, desplomándose– como: mi indignación contra la delicadeza física de Susan [Taube] y de Eva [Kollisch]

NB: mi ostentoso apetito –verdadera necesidad– de comer platos exóticos y “asquerosos” = la necesidad de exponer mi rechazo a la delicadeza. Una afirmación contraria.

Se cierra esta selección con un fragmento de finales de 1967:

mi formación intelectual:

a) Knopf + la M[odern] L[ibrary]
b) P[artisan] R[eview]
(Trilling, Rahv, Fiedler, Chase)
c) Universidad de Chicago, P[latón] & A[ristóteles] gracias a Schwab-Mckeon Burke
d) “Sociología” centroeuropea. Los intelectuales judíoalemanes refugiados
Strauss, Arendt, Scholem, Marcuse, Gourevitch, [Jacob] Taubes, etc. (Marx, Freud, Spengler, Nietzsche, Weber, Dilthey, Simmel, Mannheim, Adorno etc.)
e) Harvard Wittgenstein
f) Los franceses: Artaud, Barthes, Cioran, Sartre
g) Más historia de la religión
h) I; mailer, el anti-intelectualismo
i) Arte, historia del arte
Jasper [Johns]
Cage
Burroughs

Resultado final: ¿francojudía cagesiana?


Extrañamente esta traducción hecha por Aurelio Major no trae explicación alguna de estos diarios que nos permita contextualizarlos.

Para hacernos una idea de ellos copio un par de referencias publicadas en el NYT: el período en el que inicia Susan Sontag su diario, del que Letras Libres ha tomado fragmentos, es hacia finales de 1958, cuando la autora está a punto de cumplir los 26. Su matrimonio le causa entonces muchas preocupaciones, ha obtenido una beca de estudios que piensa aplicarla en Oxford, Inglaterra - pero finalmente terminaría aterrizando en París.

Los diarios apareceran sólo en 2008 o 2009, en Farrar, Straus & Giroux, su editor de siempre.

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Fragmentos de los diarios de S. Sontag en Letras Libres

Varios autores a propósito de muerte de S. Sontag

Brooklyn Museum, con la muestra de Annie Leibovitz

1.12.06

Durs Grünbein

¿El tobillo, el empeine, el pie verde por el golpe? La parte baja del empeine del pie izquierdo; no verde, más bien un confuso morado, entre azulino y rojizo sobre el tobillo interno. No es nada grave, apenas un golpe, apenas una molestia, si la recuerdo. La razón: una patada perdida en medio de un partido de fútbol de salón.

Lo juego cada jueves con mis compañeros de trabajo. Lo hago desde hace cuatro años, sobre el medio día, en la pausa del almuerzo, entre la una y las dos. Ese día dejo mi oficina a las 11.45 y regreso dos horas después, a las 13.45 o a las dos, fresco como una lechuga la mayoría de veces o, como ayer, de buen ánimo pero algo magullado. Este percance deportivo, sin ser en absoluto preocupate, cambió sin embargo mis planes previstos para ayer para la noche del jueves (para este viernes en la uni).

El hombre

Desde 1995, que es cuando dí por primera vez con su nombre en la prensa, a propósito de la concesión que se le hizo del George Büchner-Preis de ese año (uno de los más importantes en lengua alemana), sigo con atención los desplazamientos que comete Durs Grünbein libro a libro.

“Grauzone morgens. Gedichte”, un tomo de poemas publicado por Suhrkamp inicialmente en 1988 es para mí el referente más intenso que tengo de este poeta nacido en 1962 en Dresden, en la entonces Alemania del este (como Mi ciudad de porcelana, la distingue el poeta en un texto publicado en 2005, a propósito de los 60 años transcurridos desde el bombardeo a que fuera sometida por los aliados al final de la segunda guerra mundial).

Me hice con este librito en 1995 y, con más entusiasmo que conocimiento, me puse a traducir unos cuantos poemas que supuse aquella vez haber captado bien (dos textos que hacían referencia a dos poetas de nuestra lengua, Vallejo y García Lorca, me resultaron interesatísimos). Los poemas de este libro hablan de la ciudad y sus habitantes convertidos en anónimos cargados de madrugada y asombro, de rutina y energía obscura, que en algún momento de tan no poder asirse a sí misma ésta se vuelve resplandeciente. El libro que era un canto juvenil a la vida espectada y vivida, sugería de paso el trasfondo de una voz con preocupaciones otras, casi en desface con el vuelo que suponemos planea sobre la lírica contemporánea, buena y trabajada ciertamente, pero más preocupada en tender hilos con el presente y la memoria inmediata que con la antigüedad o las duras referencias de la modernidad. Grünbein ha asumido ese rol, se hizo cargo de esa mirada y desde entonces ha empezado a remontar la tradición de occidente con sus bordes tensos, sus puntos de fuego y fuga dispersos a lo largo de la historia y recreadas posteriormente por el poeta en libros siempre diversos con formas y tratamientos siempre otros.

Su último título es Antike Dispositionen (2005), un tomo con ensayos y textos cortos que hablan de las vidas de Heiner Müller y Nietzsche, de Seneca y Juvenal o un concurso de belleza en Caracas entre otras cosas y otras vidas. Su trepidante inquietud nos deja ver eleocuentemente su penúltima publicación, Berenice (2004) un libreto de opera, escrito a partir de textos de Edgar Allan Poe, para una composición de Johannes Maria Staudt que fuera puesta en escena en ese mismo año. Y poemas no faltan entre sus últimos trabajos, a decir verdad, epitafios, 33, Die Teuren Toten (los muertos caros), publicados en 2003. Y sigue la lista, sobre todo de colecciones de poemas.


Las señas

En 1995 conocí en Zurich al poeta y traductor español Jaime Siles. Una amiga común nos puso en contacto; nos hablamos por teléfono -el poeta residía entonces en Sant Gallen, en cuya universidad impartía clases- y quedamos de acuerdo para hacerle una entrevista que se publicó posteriormente en Eskeletra, en 1996. Cuando nos encontramos y despachamos la entrevista de marras, en un restaurant de la estación central de Zurich, conversamos luego, como siempre que se dan esas situaciones, de lo que gusta a cada uno —entonces era Tabucci la novedad, y la recurrencia Pessoa, su obra y las traducciones hechas al español por su amigo Ángel Crespo. Conversamos de Grünbein —a quien no conocía—, de Heiner Müller —a quien sí conocía— y de su teatro que lo llevaría alguna vez hasta los Andes ecuatorianos (La máquina Hamlet).
De vuelta en Quito, en 1997, leyendo Letra internacional, dí con un manojo de poemas de Durs Grünbein traducidos por Jaime Siles. Me alegró leer sus traducciones pues el poeta valenciano, filólogo y traductor de poesía posee una base de conocimientos lingüísticos en cinco lenguas poco común. Un mes más tarde recibí una carta del poeta agradeciéndome por haberle sugerido leer la obra del alemán a quien había empezado a leer con deslumbramiento y a traducirlo con no pocas dificultades. En todo caso, me dije mientras leía la carta, nada comparables con las que me salieron a mi al paso mientras intentaba descifrar los sentidos paralelos posibles que tiene cada poema del poeta alemán.

La cita perdida

El municipio de la ciudad de Zurich y el departamento de Germanística de la Universidad suelen organizar las Zürcher Poetikvorlesungen (lecciones poéticas zuriquesas) al inicio de cada semestre de invierno. A estas clases, para el público en general y para estudiantes en especial, que se dan una vez cada siete días, por tres semanas seguidas, suelen venir invitados poetas y escritores de prestigio en lengua alemana (en el 99 estuvo por ejemplo W. G. Sebald). Suelen organizarse alrededor de temas propuestos por los mismos autores. Las de este año, tuvieron como invitado a Dürs Grünbein quien no sólo puso un título y un subtítulo al ciclo poético sino también a cada una de las lecciones. Así, y en ese orden, el ciclo: Alegre edad de hielo (tres meditaciones cartesianas). La del jueves 9 de noviembre en el museo de literatura (y el viernes en la universidad) trató el tema: Sin un yo puro (o si se quiere, No hay un yo puro); la del 23 (y al siguiente día en la uni), La escuela del mirar; y la del 30 (hoy en la uni): Tema para un cerebro obediente.

Asistí sólo a la clase del viernes 10 de noviembre, en la uni, cuyo horario cuadró con mi agenda. No pude asistir a la del 23 ni a la del 24. Tenía planeado ir ayer por la noche pero, después de un golpe en el tobillo interno del pie izquierdo, cartesianamente, decidí no ir y aprovechar ese tiempo para quedarme en casa y leer en tranquilidad a Grünbein (literalmente, pie verde).

Como sucede con no pocos autores de enjundia y alcance universal que en sus lenguas respectivas, consecuentemente, son objeto de admiración y estudio pero se los desconoce en otras por ser poco propicios para la difusión o quiza por falta de atención, sucede con la obra de Grünbein, cuyos libros, de manera casi inexplicable apenas son percibidos fuera de su entorno germano. Si no el destino, puede que sea ese el ritmo de los poetas, de las obras de los poetas que por la vía lactea transcurren a paso de tortuga. A paso firme en todo caso -a pesar de tener un pie verde en el nombre.

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Un texto de D. Grünbein sobre Berlin
Poemas de D. Grünbein en español

18.11.06

Los benévolos

Jonathan Littell es noticia en Francia desde hace tres meses; no sólo porque el éxito fulminante de su novela Les bienveillantes lo haya vuelto repentinamente un célebre autor joven (la crítica y la admiración de sus crecientes lectores no dejan de confirmarlo; el premio Goncourt y el de la Academia Francesa acaban de serle concedidos) sino también porque, con necedad impensable en autor contemporáneo alguno —dejemos de lado a J.D Salinger, Thomas Pynchon y al austriaco Patrick Süskind que en pronto será de nuevo noticia en español—, ha negado la cara a los medios, rehusado mediatizarse y dar explicaciones sobre sus libros, su “formidable novela” y su persona.

No a todos los medios, ciertamente. Le Monde des Livres del 31 de agosto traía ya una entrevista al entonces —hacen apenas dos meses y medio— apenas conocido autor. Este mismo suplemento, en su versión publicada ayer 17, trae una amplia entrevista que reproduce en español El País.

De ella copio el siguiente fragmento:

P. Desde su aparición, Les bienveillantes se ha visto cubierto de superlativos y comparaciones elogiosas. ¿Se siente halagado o aterrado?

R. Ni lo uno ni lo otro. Tomemos la comparación de mi novela con Guerra y paz. La gente que afirma esto me ha leído mal, y además, ha leído mal a Tolstoi. No es en absoluto el mismo tipo de literatura. En Guerra y paz, para empezar, hay paz. En mi novela, sólo hay guerra. En la novela de Tolstoi existe otro nivel de complejidad. Un ir y venir infinitamente superior entre la vida normal y la guerra. El objeto de Les bienveillantes es mucho más limitado. Es el genocidio durante cuatro años, con algunas escapadas aquí y allá. Lo que se ambiciona no es lo mismo. Hablando en un plano más profundo, nos encontramos con esa noción de espacio literario elaborada por Maurice Blanchot. Cuando se está dentro, nunca se sabe si realmente se está. Se puede estar convencido de estar haciendo literatura y permanecer de hecho fuera, del mismo modo que se puede estar atormentado por las dudas, cuando la literatura está ahí desde hace mucho tiempo. El texto de un enfermo mental puede resultar literatura y el de un gran escritor no serlo por razones ambiguas y difícilmente explicables. De todas formas, siempre se está en la duda. No se sabe. Yo creo que Tolstoi o Vassili Grossman tenían dudas. En el caso de Grossman, es evidente. Su ambición declarada era hacerlo tan bien como Tolstoi, pero seguro que tuvo que decirse al acabar su libro que no le llegaba a Tolstoi a la suela de los zapatos. La noción de espacio literario elimina la noción de calidad. Un texto muy mal escrito puede resultar ser gran literatura, mientras que otro muy bien escrito puede no ser gran literatura. Hay que juzgar cada libro en función de sus objetivos y sus propias exigencias, y no en relación con otros libros. Ésta es la razón por la que no me gustan los premios literarios. Tienden naturalmente a enfrentar unos libros con otros. Yo le he enviado una carta a Gallimard en la que le explico que no estoy contra los demás autores. Mi libro está contra él mismo, trabaja contra su propia exigencia, que, desde luego, no alcanzará nunca.

La entrevista completa aquí.

10.11.06

"La puta literatura"

Leí la semana pasada un artículo que inicia así:


“En pocos sitios pueden hallarse tantas putas reunidas como en una Biblioteca”
.


Con semejante cabecera es poco probable que uno obvie el cuerpo del artículo, y huya hasta otro en busca de lecturas mejor dispuestas. No, este arículo atrapó mi atención; quedé en él por entero. A la frase primera sigue esta otra:


“Orientales, europeas, latinoamericanas, todas reciben en los libros su bautismo según la época y la situación: geishas, fáciles, livianas, de la vida, de la calle, cortesanas, de compañía, visitadoras, jineteras”


A quien inquiete las novelas y las putas, la lectura de este artículo le dejará agradecido.


La metáfora más vieja del mundo, su título, es una reflexión tejida por Liliana Viola sobre este tema en el que cruzan caminos putas y novelistas, escritura y deseo, a propósito de la puesta en circulación en el mercado de lengua castellana de dos libros que alumbran esta ardua senda del placer, del mercado del placer sexual, para no confundirnos. Uno está escrito desde fuera, desde la mera observación; otro desde la experiencia
propia.


De éste último “O doce veneno do scorpião” el semanario suizo-alemán Weltwoche, hizó en el pasado septiembre un interesante recuento pues en Brasil, que es donde se imprimió primero, el libro es un fenómeno de ventas. Y no en vano pues en él se juntan muchos cabos sueltos de la modernidad, mechas inflamables a decir verdad.


Raquel Pacheco su autora y protagonista es una mujer de 21 años que acaba de colgar los guantes. Con diecisiete se fue de casa, se hizo “de la vida” y de paso blogger —Bruna Surfistinha no es sólo su nombre de combate sino también su nick name.

Durante tres años, Raquel, o Bruna, conoció de todo, los disfrutó sin peso de conciencia alguno y, entre polvo y polvo, se dio el tiempo necesario para escribirlo y publicarlo en su weblog -todito, con pelos y señales. Son esos textos apuntalados con la ayuda de un periodista los que conforman el libro que ha convertido a su autora en la presa mediática predilecta.

El éxito alcanzado por “El dulce veneno del escorpión” marca de paso para su autora el abandono de su profesión primera. Un periodista europeo, intrigado por los contenidos del libro, en el que el placer deja atrás a la anécdota , inquiere a la blogger ¿Por qué dejar la profesión de lado si su ejercicio, por lo que Bruna describe, le procuraba un placer tan intenso? Por cansancio, responde Pacheco, por cansacio físico y espirirual tras tres años de ejercicio continuo en el que en algunas jornadas tuvo que fornicar hasta diez veces con diez tipos distintos (una vez sin embargo, con ocho individuos, a la vez).

¿Que habría pasado si no hubiese tropezado con el internet que fue el paso primero para la publicación posterior de su contenido en forma de libro? Muy probablemente estaría ejerciéndo todavía la prostitución, responde Raquel.

Como diría en feliz frase hace algunos años el ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti, el pasado ya no es lo que era. El sitio web de Bruna Surfistinha sigue activo pero, eso que fue “ya no es lo que era”: en esa ventana electrónica que llegó a ser la más visitada de Brasil ya no se postea más sobre cuerpos y peregrinaciones sexuales sino sólo sobre la resonancia mediática que la autora va cosechando día a día -entrevistas con la prensa, la televisión y las citas con su público lector.

A una compatriota de Bruna, la profesora de literatura y estética Eliane Roberto Moraes, laboriosa en estos temas no deja de llamar la atención este fenómeno. No duda tampoco al calificarlo, ni deja pasar la oportunidad para matar dos pájaros de un tiro:

“Paulo Coello banaliza el misticismo, Pacheco el erotismo”

3.11.06

Whitman de Francisco Alexander

El sábado 21 de octubre no llegó al quiosco de mi barrio, donde lo tengo reservado, El País de ese día —que es el que trae Babelia, el suplemento de libros. No suele pasar ello por lo general, pero esta vez sucedió. Me perdí la prensa española de aquel día, y la habría olvidado del todo si no fuera por un comentario sobre tradución que leo días después en el mismo diario, en el que se alude a un artículo publicado ese sábado 21.

Lo acabo de revisar en la versión electrónica, se titula El primer poeta norteamericano y está firmado por L.A. DE V., es decir, Luis Antonio de Villena, él, también y más que todo, poeta.

“Una rareza jubilosa”

Sucede que Visor, la casa editora de poesía, acaba de sacar al mercado, en edición bilingüe, Hojas de Hierba, de Walt Whitman, un tomo de 1.136 páginas con los 389 poemas escritos por el bardo americano y traslados a lengua española por el ecuatoriano Francisco Alexander (1910-1988). Es la única versión completa en nuestra lengua y es esta la segunda vez que se la edita; la primera se lo hizo en 1953 — se la reimprimió en 1956—, en los talleres de la Casa de la Cultura Ecuatoriana de Quito.

No tengo a mano el tomo de Visor, pero por lo que De Villena destaca, la edición está bien documentada, trae un estudio introductorio, una bibliografía actualizada y reproduce el prólogo que el quiteño escribiera para la versión principe. Tengo a mano la selección de poemas de Whitman traducidos por Jorge Luis Borges -con ilustraciones de Antonio Berni; en un tramo del prólogo firmado en en 1969, anota lo siguiente “..., no me atreveré a declarar que mi traducción aventaje a las otras. No las he descuidado, por lo demás; he consultado con provecho la de Francisco Alexander (Quito, 1956) que sigue pareciéndome la mejor, aunque suele incurrir en execesos de literalidad, que podemos atribuir a la reverencia o tal vez a un abuso del diccionario inglés-español”.

Una rareza triste

Debió haber sido en el 90. El recorte de periódico me lo dio Jairo Valbuena —él lo había encontrado en la sección de clasificados de El Comercio. No hacía falta llamar por teléfono para confirmar la visita, sencillamente había que pasar por allí entre las diez y las doce del día. La dirección me quedaba cerca, a un salto de la Universidad Central de Quito, frente al Hospital del seguro social, a pocas cuadras de mi facultad.

Timbré: era el apartameto de la segunda planta. Me abrió una señora de unos cuarenta años de edad cuyos rasgos he olvidado por completo. Le mostré el recorte y me hizo pasar al vestíbulo; mientras yo buscaba en el piso un sitio para depositar mi maleta de cuadernos la señora me instruyó grosso modo sobre precios y contenidos (era yo todo ojos, apenas podía creermelo y peor imaginado al dueño de esa hermosa biblioteca con tan exasperante variedad de títulos en ingles y español sólo comparable a las numerosas parituras que asomaban por doquier): salvo los de pasta dura, los folletos, cuadrenillos y algún otro ejemplar que dejase suponer su naturaleza especiales, tenían todos el mismo precio. No recuerdo a cuantos sucres de entonces ascendía ese monto pero supongo que al equivalente actual daría como unos tres o cuatro dólares (probablemente una equivalencia más cercana sería esta: dos libros = un almuerzo); las partituras valían un poco más pero no me interesaban. Salí esa vez apenas con tres libros pues no tenía más dinero. Uno de los títulos fue “Dios trajo la sombra”, dedicado por su autor, Jorge Enrique Adoum, con admiración al maestro Francisco Alexander.

Volví dos veces más por esa vivienda. Las dos en compañía de Paco Benavides que adquirió, con gran sorpresa, entre los títulos que recuerdo, los Cantos y The imaginary letters de Pound, el Ulises de Joyce en "pastas azules", y una abultada lista de títulos en los dos idiomas. No fue grato constatar como se iba vaciando esa biblioteca.

Una velada jubilosa

Esa noche, la del 13 de octubre de 2004, eramos los únicos clientes en el Palomar del Café Gijón de Madrid. Bebíamos martinis, contando y comentando, alegres y felices puesto que estabamos de festejo: veníamos de la Casa de América donde una hora antes entregarón a Edwin Madrid el Premio de esa institución por su libro Mordiendo el frío. Ana María Rodríguez, la presidenta del premio, Luis García Montero, jurado, Jesus García —o Chus Visor, que es como se lo conoce—, el editor, Almudena Grandes, Aleyda Quevedo, Edwin Madrid y yo (que fui quien tomó la foto).

Habría sido difícil no detenernos a conversar esa noche sobre Francisco Alexander. Chus Visor era todo oídos y todo preguntas mientras nuestras elucubraciones remontaban hipótesis sobre el traductor y sus versiones españolas de autores de lengua inglesa, o de literaruras remotas que desenvocaron en el inglés y luego Alexander, por mero gusto, transportara al español. Es el caso de Tu bata flotante de seda roja y oro (50 poemas asiáticos de amor) que Edwin recuperara en 2002 en Ediciones de la Línea Imaginaria.

Pero el tema central de esa noche fue Hojas de Hierba. Sobre la mesa reposaba en ese momento un ejemplar publicado en 1953 que los amigos españoles jamás habían visto y empezaron a admirar de inmediato. Me alegra mucho enterarme que en esa noche de octubre, en la que comentamos con énfasis sobre el extraño destino que corren algunos libros, haya quiza provocado el renacimiento de ese que Alexander elaborara con amor y paciencia a lo largo de muchos años y al que hasta ahora han tenido acceso sólo unos pocos lectores.

25.10.06

Javier Vásconez on line

Doy por sentado que los lectores que leyeron el post anterior se habran tomado su tiempo para volver a los libros de Javier Vásconez o, de no haberlos conocido antes, haberse hecho al menos con uno de sus títulos y puesto en contacto con su escritura y los mundos por los que se mueven los personajes del narrador quiteño.

Si este no ha sido el caso, sé que entre tanto —estoy seguro de ello— habrán visitado la página del autor y repasado la rica información que ella brinda acerca de su vida y su obra.

En el transcurso de este “cruce de preguntas y respuestas escritas” que iniciamos ahora —y durará una semana— iremos abordando los aspectos varios que caracterizan su obra (concentrada en cinco tomos de cuentos y tres novelas en las que, para nombrar al paso uno de sus aspectos, Quito es el escenario por exelencia en el que sus personajes —como el médico checo Josef Kronz de El viajero de Praga— pasean sus vidas, ensimismadas, ricas en subjetividad, sitiadas por ausencias de naturaleza varia —de lugar, tiempo, o un algo imaginario que no se alcanza a distinguir); desde luego que también nos intersa acercarnos a las consideraciones del autor sobre el arte de narrar, así como su singular lectura de otras literaturas y personajes literarios y, como no, de su labor como editor de las obras completas de varios poetas y narradores clásicos ecuatorianos.

Para información de nuestros lectores: el cruce de preguntas, respuestas y anotaciones lo llevamos a cabo en la sección de comentarios.
¡Vamos entonces a a leer los comments!

P.S. 1.

Dos sugerencias de lectura:
Texto de Christopher Domínguez Michel, en la presentación de "Invitados de honor".

Texto de Eduardo Becerra sobre "El retorno de las moscas".



20.10.06

Mesa virtual con Javier Vásconez

Estimados amigos,

Tengo que comunicarles dos noticias:
Una es buena; la otra, buenísima.

La primera: desde el miércoles próximo vamos a cometer en esta ventana un experimento comunicativo cuyos resultados dependerán en gran medida del interés que ustedes muestren por participar en él.

La segunda: este experimento vamos a llevarlo a cabo en compañía de Javier Vásconez, el narrador ecuatoriano al que nos hemos referido ya en veces anteriores.

Les cuento. Desde el miércoles 25 de octubre al miércoles 1 de noviembre, Javier Vásconez, desde Quito, y quien esto escribe, en Zurich, mantendran intermitente una “charla escrita” que ganará mucho en interés si también toman ustedes parte en ella.

Durante esos días nuestro invitado de honor revisará cada mañana, de nueve a diez -en hora ecuatoriana-, el buzón de comentarios de esta página para responder a las preguntas que ustedes, nuestros contertulios virtuales, formulen allí desde el continente y país en el que se encuentren.

Javier Vásconez es quizá el narrador ecuatoriano vivo más destacado dentro y fuera del Ecuador. Su obra literaria está compuesta hasta la fecha de cinco libros de relatos y tres novelas —publicadas las tres por Alfaguara y dos de ellas también en Punto de lectura, las ediciones de bolsillo). Ciudad lejana, su primer libro, un tomo de relatos, se publicó en 1982. El retorno de las moscas, novela, es su libro último, publicado a inicios de 2006.

Para quienes no hayan tenido hasta ahora noticias de Javier Vásconez, dispongo a continuación algunos links con información y comentarios sobre el narrador quiteño.

Un extraño en el puerto, cuento
El Baúl de Lowell, publicado en Letras Libres

La sombra del apostador, comentada por Adolfo Castañón (Letras libres)
El viajero de Quito, cometario de Rafael Conte sobre JV en el País de España

11.10.06

Nuestro hombre en El País

No somos pocos los lectores latinoamericanos que visitamos asiduamente las páginas impresas o virtuales del diario El País de España. Soy uno de sus agradecidos lectores desde hace más de una década (desde antes que las revoluciones propiciadas por la internet cambiaran su aspecto —y el de los medios impresos en general—, sus estructurarse financieras y, bueno, nos lo volvieran asequible para casi todo el mundo, desde cualquier parte del mundo).

Ha cambiado mucho el periódico en la última década. Por ejemplo, desde hace más o menos un lustro no es más "el periódico en sí" que era, ese medio "entero" que nació como tal el 4 de mayo de 1976, impulsado por el afan democrático de un grupo de jóvenes talentosos que no podían imaginar una España deseosa de ponerse a punto con el ritmo de Occidente sin un diario que la confrontará con su realidad de entonces, de sociedad en transición política, de país europeo fuera de la Comunidad Económica Europea.

Empresarialmente, El País no es no es más ese periódico solo de sus inicios; en la actualidad es parte del Grupo Prisa, nombre de una estructura empresarial transnacional que junta a un conglomerado de firmas cuyas actividades se centran en los medios de comunicación y la industria editorial en lengua hispana (y por las acciones que posee de Le Monde, vale decir, también francesa).

Periodísticamente, a pesar de las relaciones endogámicas propiciadas por las fusiones empresariales —recuerdo que en sus mismas páginas, elocuentemente, lo denunciara en su momento Juan Goytisolo— el periódico ha sabido mantener las bases que hicieron de él lo que sigue siendo en la actualidad, el diario más internacional de España, y para Latinoamérica, un punto de vista referencial cuando se trata de mirar con distancia objetiva las realidades políticas, económicas y sociales de los distintos países del continente.

Por el afan informativo, esclarecedor e internacionalista que propicia el diario, no es raro que estemos acostumbrados a leer en sus páginas noticias, crónicas, opiniones o reportajes sobre Latinoamérica o cualquier parte del mundo redactadas, así mismo, por escritores, profesores y periodistas latinoamericanos (son estos en verdad un nutrido grupo). Leo a todos con gusto pero suelo fijarme con interés en los que vienen de mi país, el Ecuador.

Puede que hierre, sin embargo, no será con desproporción si afirmo que los dedos de una mano bastarían para contar a las personas ecuatorianas que escriben en sus páginas.

Bueno, la edición de este día de El País nos trae un artículo de tribuna firmado por Jorge Benavides Solís, arquitecto ecuatoriano, colaborador regular de este diario en su versión internacional o, como es el caso en este día, comunitaria (Andalucía).

A varias personas interesará este artículo sobre protección de centros históricos. Para los ecuatorianos, para los quiteños en especial, es este tema de mucho interés. La ciudad como materia de reflexión es una constante en la producción intelectual de Jorge Benavides Solís; y desde luego, en ella Quito, con su centro histórico, el más grande de Sudamérica —declarado por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad (1978)—, ocupa un lugar especial. Como también lo es Sevilla, la ciudad en lá que reside, y de la que ha escrito una historia de ella.

Buscando datos en la red sobre JBS acabo de descubrir su página electrónica; no está terminada pero podemos leer en ella varios de sus trabajos.

3.10.06

Los libros de Francfort y Kunkel

1 La feria

Empieza este día la Frankfurter Buchmesse, la feria que más atención despierta en el mundo (al menos de esa parte del mundo que rinde culto a los libros y no sólo al Libro). Esta celebración anual tiene en esta versión a la India como país invitado de honor, cuyas diferentes literaturas, tejidas en por lo menos 22 lenguas, seran el centro alrededor del cual se desarrollaran en estos días una parte significativa de los eventos programados. En buena hora por los lectores del mundo, pues de seguro que algunos de sus tantos autores se veran luego de esta cita traducidos a lenguas en las que, hasta hace poco a lo mejor no se tenía notica alguna de ellos.

En el entorno en el que vivo, el rumor de la feria empezó a sentirse ya a finales de septiembre; periódicos, suplementos y semanarios empezarón a recordarnos la importancia de este acontecimiento y, como no, a sugerirnos y descubrirnos los nombres de quienes se hablará en estos días de letras, o para ser más exactos, de letras de cambio.

Así lo ha hecho también el semanario alemán Der Spiegel, que en su edición de ayer 2 de octubre, trae un recuento de la agenda a desplegarse en la feria, de la India y sus autores (una entrevista a Kiran Nagarkar) y, de manera especial, su redacción de cultura presenta a los lectores una lista de quince títulos que, según sus códigos de valoración, serían los más importantes de este otoño en esta plataforma del libro que descubre y catapulta nombres, expande títulos por las lenguas del mundo y matiene viva la llama de una tradición erigida a su alrededor.

Para hacernos una idea de ese panorama cuya visión del mundo en los tiempos que corren, son o seran compartidos por un público lector nutrido, distribuido en múltiples lenguas, copio a continuación sus nombres. Todos —salvo uno alemán— son más o menos conocidos en nuestra lengua:

Christoph Ransmayr, Walter Kempowski, Wiglaf Droste/ Nikolaus Heidelbach/ Vincent Klink, David Foenkinos, Benjamin Kunkel, T.C. Boyle, Shobhaa De, Tahar Ben Jelloun, Rick Moody, Robert Harris, Joan Didion, Ali Smith, John Banville, Elisabeth Noelle-Neumann, Ernst Pöppel.

(La lista de nombres viene acompañada en el semanario a las versiones alemanas de los libros últimos que estos autores presentan en Frankfurt. Algunos de ellos aparecieron en su lengua original, o en otras, ya en 2005 o a inicios de este año. Una constatación: este catálogo está compuesta por cuator autores de lengua alemana, dos de francesa y los nueve restantes de inglesa)

2 Un nombre

No habría podido perderme de sus señas de ninguna manera. Desde hace un par de semanas es difícil no leer comentarios en medios escritos diversos que hablen de él, Benjamin Kunkel, y de su opera prima “Indecisión”, a propósito de la presentación en estos días de las versiones alemana y francesa. Aparecida en los USA en 2005, esta novela constituyó en su medio la sorpresa del año —y no sólo por las ventas realizadas. Calificada por el New York Times como uno de los libros más notables de esa temporada, empezó en poco a ser considerada obra de culto por unos cuantos miles de lectores, mayoritariamente jóvenes newyorkinos, que identifican en sus páginas la voz de una generación que finalmente ha logrado ser interpretada. No parece ser este un fenómeno solamente americano; por lo que he podido leer, la obra ha empezado a despertar similar admiración entre los lectores de estos lares. No sé si esta vez también se reproduce un fénomeno vivido hace poco por sus colegas Jonathan Franzen, Jonathan Safran Foer y Dave Eggers, celebrados en su país con unanimidad, y con unanimidad confirmados en otras tradiciones.

Indecisión, aborda la vida de Dwight Wilmerding, un tipo inteligente y desilucionado de 28 años que va por los días dando tumbos, entre un empleo interesante en una firma farmacéutica, antiguos compañeros de universidad y la realidad que suponemos actual, trenzada por mails, desplazamientos mentales, cinismo moderado, vacíos emocionales y altos rendimientos de trabajo sofisticado. Wilmerling padece de una indecisión crónica que sus compañeros de vivienda suguieren tratar con medicamentos (abulinix). Entre tanto inicia a pensar en en voz alta continuamente, como para tratarse a sí mismo. Es en esta colección de pensamientos sonoros estratéjicamente estructurados donde brilla el lenguaje y la visión que nos propone el novelista. Dos son los referentes geográficos por los que se desliza esta trama: Manhatan y la selva ecuatoriana (hay sin embargo un vistazo breve de Quito).

Kunkel leyó en Zürich el pasado lunes 25 de setiembre. Como anunciaron los periodistas que lo habían entrevistado antes de su lectura, es él un tipo de lo más natural, en la palabra, el trato y el vestido —acá en todo caso no iba disfrazado de naturalidad—. Buen conversador, de respuestas paradógicas y rápidas. Me dio gusto saludarlo y decirle que vengo de la tierra por la que su personaje pasea “su desubicación”. Me dio gusto así mismo, a propósito de su interesantísimo ensayo “Ojos bien abiertos” — un texto sobre el terrorismo en las artes hasta antes del 11 de septiembre de 2001 — acercarle una cita de Stockhausen que desconocía sobre el atentado de las torres gemelas: la mayor obra de arte de Lucifer, el ángel caído que encarna la destrucción.

Algo más: Benjamin Kunkel (1974) es el editor de la revista de crítica y cultura n+1, una revista semestral con un tiraje de cinco mil ejemplares, referencial en la escena intelectual de la costa este, en la que aparecen con regularidad sus ensayos. Kunkel publica regularmente en el New York Times, Dissent, The Nation, The New Yorker Review of Books y el The New Yorker.

P.S.
Una entrevista a Paul Virilio a propósito del atentado contra las torres que podría leerse como un contrapunto complementario al ensayo de Kunkel.



Schrödiger en Zúrich

Cada miércoles, la ciudad de Zúrich publica el Tagblatt , periódico municipal de distribución gratuita. En sus páginas uno se entera de los ...