31.3.08
El poema del narrador
Copio el inicio del poema y dispongo el Link donde se puede leer el poema entero.
PADRE HOMERO
No sabemos si era uno o muchos
Ni siquiera sabemos si existió o lo inventamos para dar un dueño y una leyenda a los poemas que fundaron el mundo en que vivimos.
24.3.08
La Divina Comedia: una lectura en tres días
Tres días le dediqué, los últimos transcurridos, para leerlo en conformidad con el rito que Rafael Argullol nos recomendara el jueves pasado — expuesto alguna vez por el mismo Dante y sugerido en parte en el verso 113 del Canto 22 del Infierno; a saber, que la lectura ideal de este Poema teológico fundacional, debería acometerse, simbólicamente, y de ser posible, en estas fechas y en el siguiente orden:
Viernes Santo = Infierno
Sábado de Gloria = Purgatorio
Domingo de Resurección = Paradiso
Así lo he hecho: este feriado de Semana Santa de 2008, por tanto, en al menos dos sentidos, me es ya inolvidable: ha sido el primer viaje “last minut” de mi vida sin salir de casa ni gastarme un peso; y, lo que importa, la lectura, que es en sí exigente, por haber sido realizada en las fechas sugeridas por el toscano y vueltas actuales por el barcelonés, he de volver a recordarla (si no se me triza antes el hielo bajo los pies) cada vez que el calendario vuelva a discurrir por estas fechas.
Infierno, viernes 21
Saltándome las páginas introductorias de la edición que manejo (Obras completas de Dante Alighieri, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1980) pero sin descuidar las explicaciones de su traductor, Nicolás Gonzáles Ruiz, ese día muy por la mañana, a paso enjundioso, ingresé en el Infierno:
Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi ritrovai per una selva oscura,
ché la diritta via era smarrita.
(o, en nuestros términos: A la mitad del camino de nuestra vida me encontré en una selva obscura, porque había perdido la buena senda. …)
Al verso 134 del Canto 34, que es con el que termina el Inferno, llegué a las 23.51 de ese día, a tiempo con el plan, agotado, sin sobresaltos espirituales pero, eso sí, admirado por la arquitectura de la obra, y la vivacidad con la que nos deslizamos por sus páginas.
El día se me fue volando —que no volado—, descendiendo de círculo en círculo, de uno malo, por estar repleto de malos, a otro peor y exelente, por mostrarse más vistoso e imaginativo, entreviendo por la ruta, constantemente, espíritus de mala laya, que en vida, por lo general y sobre todo, por los cargos, aspiraciones, ropas y maneras que portaban, apenas habrían parecido serlo. Guíado por la voz de Dante, y Dante y el lector por los pasos de Virgilio, nos introducimos en la alta noche que nunca deja de bajar, deambulando por entre sus sombras como si fuesen calles de una ciudad nocturna, golpenado puertas de mala muerte o de trato reservado, negociando, tranzando el paso con sus porteros y cerberos (como con los amigos lo hacíamos a las puertas de la Seseribo, el Son Candela o el del Gato Son en el Quito de los ochentas y noventas y luego, con amainado ímpetu, en ciudades otras de otros lares y lenguas confusas) para que nos permitieran el descenso sin tener que reñir. Mucho hay que ver en ese camino, pero mucho más que escuchar, pues en ese discurrir el lector, siendo el tercer protagonista en este descenso por los infiernos, es todo el tiempo ese que ve, calla y escucha hablar a Dante, o a él y Virgilio, o a los dos con desconocidos condenados y descreídos, con creídos arrepentidos y antiguos soberbios que viven ahora maltrechos su mala eternidad; no les niegan los bardos atención a los avaros e impulsivos, a los abusivos y aprovechadores de bienes y confianza ajenas que, a su paso por la tierra que conocemos, no perdieron oportunidad para hacer de las suyas con su prójimo, almas incautas las más, a las que mataron sin peso alguno de conciencia o llenaron de escarnio público no merecido.
Los criminales, llamados entonces pecadores, los hay en este trecho en diversidad tanta que no es exageración si ajustamos a ese sujeto el adjetivo posmoderno (por eso de lo multi tuti); sin embargo, muchos de los condenados allí presentados provienen de la política y vienen sobre todo de un sitio, Florencia, la patria de Dante (el primer Estado moderno, según Jacob Burkhardt), la mala madre que le envío al destierro y a la que el poeta, sin negarle el respeto y el cariño, no deja de ajustarle las cuentas y encararle los nombres de sus “mal paridos” que ya en ese entonces jugaban a capricho con la cosa pública como juegan hoy muchos como si fuese patrimonio de su propiedad. Muy comprometido con sus días el Dante de aquel tiempo (casi, casi, si no es un exabrupto decirlo, como un Vargas Llosa en un sentido, o un Eduardo Galeano en otro).
Imposible el descenso sin tender puentes paralelos con el año en curso, la década, el siglo. Me parecía a ratos estar viendo el noticiero; con las palabras del poeta, cuando refiere la infamia de algunos de sus contemporáneos, tomaron forma algunos rostros públicos habituales en los noticieros televisivos y los reportes de prensa.
Purgatorio, sábado 22
Son las siete y, levantado ya, mientras desayuno, dejando de lado la prensa de ese día, empiezo a repasar la lectura de la noche anterior y las anotaciones sacadas en su decurso. Hecho esto, con paso leve, me introduzco en el Purgatorio, ese “segundo reino donde se purifica el espíritu santo para hacerse digno de subir al cielo”.
Los colores del decorado son otros. La atmósfera un poco más benigna, nos presenta al dolor de otra forma, menos dramático y expresivo que en la esfera de abajo, donde el ojo ve y el oido escucha con asombro, parecería que acá el exceso destinado al sentido auditivo suspendiera manifiesto para centrar la atención del paseante en los detalles silenciosos de lo visible, donde las fronteras de los colores suaves est¿an casi casi borradas: van, vienen fantasmas en silencio con sus penas a cuestas; los aquí confinados son también malos, mejor dicho, lo fueron, como los de abajo, pero a diferencia de ellos, estos de acá, se arrepintieron de sus malas acciones en el último momento.
Ciertamente, el potencila fílmico de esta esfera es menor que la anterior; sin embargo, si de buscarle una analogía se tratase, me pareció, por el estado espiritual con el que deambulan las almas allí confinadas, ser esta copia fiel de la atmósfera que acompaña a los candidatos políticos en sus campañas pre-electorales; no hacen otra cosa las almas esperadas, sino aguardar resos y oraciones de los que en ellos aún creen e imploran por su salvación en la tierra — o elección para subir al cielo respectivo.
Una reflexión de Dante, puesta casi al final del Canto 33, a partir del verso 136 del Purgatorio, es necesario repetir para no perder vista la percepción que él tenía de su oficio. Dice el Poeta:
“Si tuviera, lector, más espacio para escribir, contaría en parte la dulce bebida que nunca me habría saciado, pero, por estar llenas todas las hojas preparadas para esta segunda parte, no me permite más el freno de la construcción artística.” …
Llegué al verso 145, que concluye esta esfera, a las 24.28 horas de ese día.
Paraíso, domingo 23
Como todo cielo, también este me resulto arduo, más arduo en todo caso que los territorios ambulados los dos días anteriores. No sólo por su transpariencia, más difícil de imaginar pero más fácil para extraviarse — o para que nos demos de bruces con sus cristales. No pude leerlo acostado, que es cómo más me gusta leer; ni sentado, como lo hago para descansar la espalda y sacar notas con agilidad. Esta vez tuve que leer muchos tramos del libro de pie, para concentrarme mejor, junto a la ventana que da a nuestro jardín, de frente a la mañana y la tarde que dejaron caer, con intermitencia nieve lenta y borrascosa.
Pero esta vez llegué a verso último del libro un poco más temprano, a las 20.57 de la noche, “libre y risueño”, según la anotación hecha al pie de la lectura en ese momento; y ”sin palabras”, según esa misma referencia.
Vano es este momento insistir en la arquitectura de las palabras allí dispuestas, pensadas, proyectadas y asentadas con firmeza para que la memoria de los hombres vaya y vuelva a por ellas y sobre ellas, enriqueciéndose con las lecturas que cada tiempo proporciona. Legendaria y numerosa es la saga interpretativa que cobija y rodea a “la Divina Comedia”; no pocas palabras sabias encontramos en sus páginas, enmarcadas en situaciones que entonces reinaron y hoy nada nos dicen pero que sin embargo no impiden que las palabras resplandezcan y sigan trasmitiendo un espíritu.
Como todo libro que nos intraquiliza más de la cuenta, nunca termina su lectura tras cerrar su última página. A otras pesquizas nos impele su misterio para mejor empaparnos de su arte y de la vida de quien lo realizó. Llego aquí con ese ánimo, sereno en parte, pero a la vez aguijoneado para seguir, desde ahora ese otro capítulo firmado por el toscano “La vida nueva”. Voy en esa ruta pero ahora, por suerte, sin rito ni calendario que me apuren.
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Vida de Dante Alighieri
Adriana Hernández: El papel de la Divina Comedia en la consolidación del imaginario
occidental en la literatura
P.S. Rabanal como Dante, una entrevista
20.3.08
Dante en Pascua
Con este cambio de estación coincide el feriado de Semana Santa. Acá empezó hace unas horas —trabajamos hasta las cuatro. Mucha gente, los que aún no se fueron por la mañana, saldran de viaje para el sur mañana temprano, en auto, tren o avión. Nosotros nos quedamos en casa, se supone, para poner en orden las cosas pendientes y pastar el tiempo querido con lo que mejor nos gusta hacer a cada uno. No me faltan lecturas postergadas ni deseadas; tampoco ganas de conversar con mis amigos, escribir correos y borronear textos. Sin embargo, estos planes generales con territorios no delimitados han debido esfumarse, de un rato a otro, a consecuencia de la lectura de un artículo de periódico leído por la tarde. No se trata de un escrito recriminatorio, alarmista o cosa por el estilo: sí de una sugerencia gentil, que es también una mini-guía y que, en lo que a mi concierne, me llega en el momento oportuno. Lo firma Rafael Argullol y lo publica El País de España en la edición de este día. Se titula “Un viaje de Semana Santa” y tiene que ver con Dante Alighieri.
Inicia así:
Entre las múltiples propuestas viajeras que se ofrecen por Semana Santa, tan exóticas muchas que parecen agotar toda posibilidad de la imaginación, hay una que nunca se plantea pese a ser la más prodigiosa y económica. Es un viaje que dura tres días -rememoración de otro viaje que también duró tres días- con la particularidad de que no hace falta salir de casa ni sufrir las aglomeraciones tan inevitables en ese periodo. Se lo cuento porque un año yo realicé este viaje del que volví muy satisfecho, lo cual quizá anime a alguno.
Se trata de imitar a Dante, de la única forma en que es posible imitarlo: leyéndolo. ...
La lectura de este escrito me recordó una entrevista que diera Carlos Fuentes hace cosa de cinco años en la que el autor mexicano, hablando de eso que quienes leen literatura suelen ignorar con mucha solvencia, hacía cuenta de los libros imprescindibles que aún no había leído. Uno de ellos, el más importante de esa lista, era La Divina Commedia de Dante Alighieri (imagino con gusto que lo habrá leído finalmente pues, según recuerdo, comentaba en esa entrevista que quería hacer esa lectura, a como de lugar, y en todo caso antes de que se agotase su tiempo terrenal).
(Dante pintado por Sandro Botticelli)Yo tampoco he leído ese libro. Lo he intentado varias veces, de frente y de costado, transversalmente, de la mano de autores que me son caros y dan cuenta a su manera de ese viaje por el Inferno, el Purgatorio y el Paradiso. Recuerdo haber descendido con Virgilio y Dante hasta el quinto círculo del Inferno y luego, insensiblemente, por alguna razón por mi desconocida, vuelto a la superficie y quedado allí, sin peso de conciencia, en compañía de otras gracias y tormentos cuyo trato sentí entonces más acogedores.
He pescado el artículo de Rafel Argullol en el momento oportuno. Como él nos lo cuenta, por recomendación del mismo Dante, el tiempo ideal para acometer la lectura de ese libro es en este tiempo: durante tres días seguidos, a poder ser Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Resurrección.
Por si alguien más se anima, vale la pena revisar la guía mínima que nos hace el escritor catalán para este feriado.
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10.3.08
La filosofía en el tocador
Hay sin embargo un detalle que la autora nos lo cuenta pero que Letras Libres, por el concepto gráfico que maneja, no puede reproducir y es muy importante por el revuelo que produjo no sólo en Francia y el entorno de su lengua, sino en los sitios todos a los que llega la influencia de de Beauvoir: la foto de la joven Simone desnuda, tomada en Chicago en 1950, por un amigo de su amante Nelson Algren y que publicase en portada, como exclusiva, el semanario Le Nouvel Observateur para la conmemoración.

Ustedes tienen la palabra. Sólo una cosa más: Gallimard, el editor de sus libros, publicará en este marzo sus Cahier de jeunesse (1926-1930). Me entero de este dato repasando Le Monde des livres del 11 de enero. El suplemento adelanta unos fragmento de esos diarios, entre los que cuenta la escritora cómo y cuándo, René Maheau (el 13 de junio de 1929) le pusiera el sobrenombre de Castor: “usted es un castor” me dice al entrar a B.N.; el argumento lo encuentra en mi nombre: Beaver = Beauvoir y de mi espírtu constructor...
El texto empieza antes y concluye despiués, pero ello es ya otra historia.
27.2.08
Las benévolas - Die Wohlgesinnten
Las Erinias (1862), de William Adolphe Bouguereau[Las Erinias (grch.: Ἐρīνύς, Pl.: Ἐρινύες), conocidas por los griegos también como Maniai (las terribles o violentas o Furias en latín) y luego como Euménides, es decir, bondadosas -o benévolas, que es como lo propone María Teresa Gallego Urrutia en su traducción de la novela de Littell- son en la mitología griega la personificación femenina de la venganza. Nos lo cuenta con claridad Wikipedia o Jordi Guzmán]
A buen tranco, es decir, a una media de 30 páginas de lectura por hora, hacen falta, con germánica exactitud, 33 horas, 1980 minutos de fugaz vida para hacerse con el contenido de las 990 páginas que tiene la edición castellana de la novela de Jonathan Littell. Me he procurado de ese tiempo, aprovechando mis vacaciones de invierno retirado en un pueblo de montaña, y lo he dedicado a la lectura de la narración de momento más comentada en el entorno de lengua alemana.
24.2.08
Alain Robbe-Grillet est mort

Estuvo en Zúrich en enero de 2002. Entonces habló de un tema que parecé haber perdido fuerza "La transgresión ahora". Pero no sólo eso: presentó también la versión alemana de su entonces última novela, La reanudación, y, algo en verdad inolvidable, destacó con su presencia la exposición que entonces realizará el Kunsthaus de Zúrich "Sade Surreal".
Repasando la prensa de este día acabo de dar en Página12 con un texto suyo que le hace homenaje. Lo transcribo a continuación
Me gusta, no me gusta
Me gusta la vida. No me gusta la muerte.
Sin embargo, me gusta bastante lo que se mantiene inmóvil (me gustan los gatos, no me gustan los perros).
Me gusta la sensación de eternidad, las viejas casas de provincia con decorado inmutable.
No me gusta el teléfono. No me gustan los autos. Me gustan los largos viajes: París-Bucarest, Nueva York-Los Angeles, Estambul-Teherán.
Me gusta también caminar, en las calles o en el campo. Me gustan los otoños húmedos y dulces, las hojas negras relucientes de lluvia, sobre las espesas y esponjosas alfombras de los caminos.
No me gusta el ruido. No me gusta la agitación.
Me gustan las voces lindas. Detesto los gritos.
Me gustan las multitudes alegres. No me gusta lo que les gusta a las multitudes.
Me gustan los días en que me siento más inteligente, más agudo. Me gusta aprender. Me gusta enseñar.
No me gusta dar una conferencia después de una buena comida. Me gusta el vino tinto. No me gusta el whisky. Me gusta el idioma francés.
Me gusta la vida. Me gusta la literatura.
No me gusta... No me gusta pensar en lo que no me gusta.
Me gustaba la voz de Roland Barthes.Me gusta lo lindo. No me gusta demasiado la moda de lo feo.
Me gusta decir lo que pienso, sobre todo si no se dice. No me gustan los militantes, cualquiera sea su tendencia.Me gusta conocer la regla. No me gusta respetarla.
Me gusta lo que es chico. Me gustan las calles de Nueva York, los grandes paisajes del oeste estadounidense. No me gustan las grandes palabras.
Me gusta comprender. Me gusta analizar las cosas. Me gusta conocer las teorías, literarias o científicas.Me gusta la libertad. No me gusta el derroche. No me gusta la ensalada periodística.
Amo a mi papá y a mi mamá. Desconfío de los psicoanalistas.
Me gusta mucho irritar a la gente, pero no me gusta que me jodan.
El escritor y cineasta Alain Robbe-Grillet, autor de Las gomas (1953), En el laberinto (1959) y Por una nueva novela (1963), entre muchas otras obras, murió el lunes pasado de una crisis cardíaca. Este texto inédito, escrito en 1981, fue publicado en la revista Magazine Littéraire Nº 402, octubre de 2001.
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Wikipedia sobre Robbe-Grillet
18.2.08
Murakami, el corredor de fondo
Es a propósito de una entrevista que Maik Grossekathöfer, redactor del semanario alemán Der Spiegel, hace al escritor japonés en la edición última (18.02). El mitivo es gratísimo: la inminente aparición en alemán de su último libro —primera en una lengua europea — "De que hablo cuando hablo de correr" (DuMond Verlag, 2008).
Como la mayoría de sus lectores sabrá, Murakami no es sólo un especialista en jazz sino también un corredor de fondo: escucha, corre y escribe -¿o corre, se escucha y escribe luego? En varias entrevistas hace referencia a esta práctica deportiva ardua, de solitarios ciertamente, pues no hace falta un equipo para practicarla ni de un contrincante al que haya que enfrentarse como en el tenis. Correr tiene que ver con la sola voluntad del corredor: su contirncante está dentro de él mismo. No miente la figura que vemos, o ejecutamos cuando nos alejamos por el camino que nos lleva por el bosque o la cinta que ciñe al campo de fútbol; o la que nos atrae cuando miramos por televisión, o en vivo, correr una carrera de 10, 21 0 42 kilómetros: precipitados, esforzados pasos de personas agolpadas a un inicio, luego dispersas por obra del cansancio, por la resistencia de unos pocos que " se disparan del grupo" y empiezan a individualizarse ante el público y se alejan por una larga avenida como un, digamos, Rolando Vera, o —en esa otra forma de deslizamiento solitario, la caminata— a un Jefferson Pérez. Práctica para solitarios que insisten en probarse a sí mismos o, si se quiere, de ensimismados que ponen a prueba una voluntad, o algún otro resorte íntimo que intimida y exige ser dominado.
No es nada difícil imaginar a Murakami corriendo por el bosque, la playa o la avenida, por una pista siempre variable en todo caso; con las horas y sobre ellas, en silencio. Es grato saber que esta vez el autor japones centra su discurso en esa práctica que, como lo comprobaran al leer algunos de los fragmentos que he traducido, no es más que la otra cara de esa medalla que sus lectores conocemos, la de su escritura.

El sueño de una cerveza helada
Spiegel: Herr Murakami, ¿Qué es más fatigoso, escribir una novela o correr un maratón?
Murakami: Las más de las veces escribir es un placer. Cada día escribo cuatro horas. Luego corro. Normalmente diez kilometros, sin demasiado esfuerzo. Pero correr de un tirón una distancia de 42, 195 kilómetros es bastante duro, sin embargo es exactamente esa dureza lo que busco. Es una tortura inevitable que acepto concientemente. Para mi es esa la faceta más importante de un maratón.
Spiegel: ¿Y qué le es más hermosoo, terminar un libro o cruzar la meta de un maratón?
Murakami: Poner el punto final a una historia se parece al nacimiento de un niño. Un escritor féliz puede a lo mejor escribir unas doce novelas y yo no sé cuántos libros tengo aún en mí, ¿Cuatro? ¿Cinco? En cambio, cuando corro no siento límite algunop. Cada cuatro años más o menos publico una novela pero cada año participo en una carrera de diez kilómetros, un semi-maratón y un maratón. Hasta ahora he corrido 27 maratones, el último el pasado enero, y naturalmente van a seguirles el maratón número 28, 29 y 30.
Spiegel: En su nuevo libro, que aparece en alemán el próximo lunes (25.02), describe su carrera como la de un corredor de fondo ¿Por qué ha escrito usted ese texto?
Murakami: Desde hace que 25 años, en el otoño de 1982, que fue cuando corrí mi primera carrera, me he preguntado por qué me decidí exactamente por este deporte. ¿Por qué mi vida como escritor en serio comienza con aquel día en que corrí por primera vez? Tiendo a entender las cosas sólo cuando las anoto. Y he constatado que escribo sobre mí cuando escribo sobre el correr.
Spiegel: ¿Qué fue lo que le llevó a correr?
Murakami: Quería adelgazar. En mis primeros años como autor fumé mucho, 60 cigarrillos al día, para concentrarme mejor. Tenía amarillos los dientes, los dedos y uñas. Cuando a los 33 años de edad decidí dejar de fumar, me creció la barriga. Entonces empecé a correr: correr me pareció lo más practicable.
Spiegel: ¿En qué medida?
Murakami: El deporte en equipo no es para mí, me es un poco más cómodo si me ejercito según mi propio tempo. Y para correr no se reuiere de compañero, de un sitio determinado como en el tenis, sólo de un par de zapatillas de deporte. Tampoco el judo me queda bien: no soy un luchador. Correr largas distancias no tiene que ver con vencer a otro, el unico competidor es uno mismo. Tu reseuelves un conflicto interno: ¿soy mejor que la última vez? Darse uno mismo hasta el limite, una y otra vez, es el espíritu del correr. Correr es doloroso, pero los dolores no me abandonan, yo puedo tener cuidado de ellos. Eso corresponde a mi mentalidad.
. . .
Spiegel: ¿Cuál es su mejor tiempo registrado en una maratón?
Murakami: 3:27 hohas, cronometradas por yo mismo, en New York en 1991. Eso son cinco kilómetros por minuto. De ello me siento orgulloso, el último tramo de la carrera a través del Central Park es duro. He probado un par de veces mejorar ese tiempo pero cada vez soy menos joven. Entre tanto no me interesa más registrar el mejor tiempo alcanzado.
Spiegel: ¿Hay un mantra que usted recita mientras corre?
Murakami: No. No pienso en nada
Spiegel: ¿Se puede eso: pensar en nada?
Murakami: Cuando corro se me vacía el espíritu. Los pensamientos que se me introducen cuando corro son como un viento ligero - aparecen de pronto, desaparecen de nuevo y no alteran nada.
. . .
(La entrevista continua; la iré traduciendo en los próximos días y transcribiéndola).
Spiegel: ¿ Escucha música mientras corre?
Murakami: Sólo en los entrenamientos. Preferentemente a Manic Street Preachers. Cuando, excepcionalmente, corro en las manana, prefiero Credence Clearwater Revival porque las canciones tienen un ritmo simple.
Spiegel: ¿Cómo consigue motivarse cada día?
Murakami: A veces es demasiado caliente o demasiado frío, O el día está muy nublado. Sin embargo corro. Si no lo hiciera, haría una pausa también al siguiente día. No corresponde al ser humano asumir un peso innecesario, el cuerpo se deshabitúa. Eso sin sin embargo no debe el mío. Al escribir sucede exactamente lo mismo. Escribo cada día para no desacostumbrar a mi espíritu. De esta manera puedo suscesivamente elevar el listón literario, así como los músculos siempre se fortalecen al correr constantemente.
Spiegel: Usted creció como hijo único, escribir es una tarea solitaria y usted corre siempre solo ¿hay en esto alguna relación?
Murakami: Con seguridad. Me siento a gusto solo. Al contrario de mi esposa, no me gusta la vida social. Estoy casado desde hace 37 años, es con frecuencia una lucha. En mi anterior trabajo laboraba hasta la madrugada, ahora voy a la cama entre las nueve y las diez.
. . .
Spiegel: ¿Conoce el libro "La soledad de los corredores de fondo" de Allan Sillitoe?
Murakami: El relato es aburrido. Se nota que Sillitoe no corría. Sin embargo una idea esacertada: corriendo el heroe de la historia se encuentra a si mismo, enuentra la libertad interior.
Spiegel: ¿Qué le ha enseñado el correr?
Murakami: La certidumbre de que puedo alcanzar la meta. Del correr he aprendido a confiar en mis capacidades; he aprendido en que medida debo exigirme, cuando necesito hacer una pausa y desde cuando una pausa es demasiado larga.
Spiegel: ¿Escribe usted mejor porque corre?
Murakami: Con toda seguridad. Mientras mis músculos se volvían más fuertes más claro se volvía mi espíritu. Estoy convencido que los artistas que llevan una vida no saludable se consumen rápido. Jimi Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin fueron los heroes de mi juventud - murieron jóvenes a pesar de no haberselo ganado. A la muerte temprana se la ganan sólo los genios como Mozard o Puschkin. Jimi Hendrix era bueno pero no muy listo porque tomó drogas. La creación artística no es saludable, para compensar los artistas deberían vivir saludablemente.
Spiegel: ¿Puede usted aclarar eso?
Murakami: Cuando un escritor desarrolla una historia, se confronta a un veneno que está metido en él. Si tu no tienes ese veneno tu historia no tiene inspiración. Es como con el Fugu, el pez globo (llamado en español el puercoespín del mar), que es exepcionalmente sabroso, una maravilla, pero sus huevas, el higado y los intestinos pueden causar la muerte por envenenamiento. Mis historias se encuentran en mi conciencia, en un sitio obscuro, peligroso, yo siento el veneno en mi cuerpo pero puedo soportar una fuerte dosis porque poseo una un cuerpo fuerte. Cuando se es joven se tiene la fuerza suficiente para derrotar al veneno sin entrenamiento. Con 40 las fuerzas retroceden, tú no puedes entonces sobreponerte al veneno si vives insano.
Spiegel: J.D. Salinger tenía 32 años de edad cuando publico su única novela El guardian en el centeno ¿Era él muy débil para su veneno?
Murakami: Traduje el libro al japonés. Es muy bueno pero incompleto. La historia se vuelve cada vez más obscura y el protagonista no encuentra el camino para salir de ese mundo obscuro. Pienso que el mismo Salinger tampoco lo ha encontrado ¿si el deporte lo habría salvado? no lo sé.
...
(Viene aquí un fragmento que lo iré traduciendo en los próximos días)
Spiegel: Usted tiene 59 años de edad ¿cuantos años más quiere correr maratones?
Murakami: Hasta que mis pies me transporten ¿Sabe qué debe constar en la lápida de mi tumba?
Spiegel: Cuéntenoslo
Murakami: Por lo menos nunca fue a paso lento (o camino, contrapuesto al correr: Zumindest ist er nie gegangen)
Spiegel: Herr Murakami, le agradecemos mucho por esta conversación.
Maik Grossekathöfer, el entrevistador, graduado en literatura alemana y ciencias políticas, es redactor de la sección deportiva del semanrio Der Spiegel.
21.1.08
Robert Indiana

Un comentario publicado en el Frankfurter Allgemeine Zeitung el pasado septiembre, ilustrado con una foto inconfundible de su legendario número 6, me trajo a mientes su fantasma y el recuerdo de algunas de sus obras ojeadas en revistas y catálogos por el camino. Hasta antes de leer ese comentario, por la premura de empeños otros, las veces anteriores había relegado mi interés por esos trabajos para un día futuro que, como suele suceder con las lecturas pendientes, me llegó el rato menos pensado, justamente con esa nota de prensa aparecida en el FAZ que leí con gusto y desempolvó mi entusiasmo extraviado.
El motivo que provocaron esas palabras del periódico era obvio: una exposición de la obra de Indiana en el Museum Kurhaus Kleve, ubicado en esta ciudad alemana cercana a la frontera holandesa (del 26 de agosto 2007 al 6 de enero de 2008). Una muestra en verdad pequeña —resaltaba la nota—, en todo caso suficiente para alertar la atención de quienes devanan su interés alrededor del Pop Art, y repasan gustosamente esa estación artística modernísima que, por lo que se puede ver e intuir, se resiste a quedarse en los museos como reliquia y gusta dejarse apreciar de cuando en vez por las calles, como si nada, como seña o señuelo, refiriendo a capricho y autorefiriéndose sin pena, copiando, haciendo guiños, reproduciendo a mansalva y reproduciéndose sin vergüenza alguna por desportillar el aura de "la obra de arte" como lo hicieran en los sesentas y setentas sus creadores, con las referencias y los alegres planteamientos de entonces, o lo hacen hoy, con las referencias de esos años y de hoy, conectados a su lógica pero con instrumentos más fríos y escurridizos, más veloces y precisos, pulsos más jóvenes.
No sabía el septiembre pasado que era ese el inicio de una temporada cuyo centro iba a ser la obra de Robert Indiana. Desde el 20 de noviembre pasado esta abierta en Zúrich, en la Galerie Gmurzynka, una retrospectiva de sus trabajos (que prolonga esta misma galería en sus sucursales de Zug y St. Moritz), y desde este mismo día, una paleta de trabajos mucho más numerosos, pueden visitarlos el público, hasta el 20 de mayo 2008, en el Museum Wiesbaden, en Hessen, Alemania.
¿Qué me gusta de Indiana? su visión de las palabras en colores, la condensación de unas pocas en imágenes felices que se reproducen y copian sin perder valor y han terminado convirtiéndose en símbolos. Mucho dicen de la historia norteamericana del último medio siglo, pero, por esa fuerza condensatoria atrapada en sus motivos, dice más a quienes entablan diálogo con ese arte y escudriñan en las fuentes de su expresividad.
LOVE (pero también AMOR o su equivalente en chino mandarín) es una de sus palabras más reproducidas: desplegada sobre el lienzo o el papel, trenzada por dos o tres colores, o dispuesta como escultura en volúmenes y tamaños varios se dejan ver o leer en muchísimos sitios del planeta. Entre los muchos caminos que ha tomado el vocablo de cuatro letras (Bodoni Fond para cartel, según mis indagaciones) en su camino reproductivo es el de haber sido usada como símbolo por los movimientos pacifistas de los años sesenta, como estapilla de correos norteamericana o símbolo reciente de la Skateboard culture.
Desde el pasado noviembre me la encuentro a menudo, en al menos dos de sus formas: con luces, tras una ventana, alumbrando la noche temprana de quienes tomamos el tranvía en la Parade Platz, que es dónde está ubicada la galeria que exibe su obra; o, a doscientos metros de allí, en los jardines del Hotel Baur au Lac, donde se deja ver explendorosa como una fresca manzana, desde la calle que recorre el tranvía No. 5 que uso con frecuencia o la vereda que camino cuando prefiero ir a pie por el borde de la avenida paralela a esos jardines.
Pero en casa me ha servido de inspiración: desde la noche de Navidad, imbuido por su sencillez, empecé a pintarla y la ando regalando en versiones diminutas a mis amigos y parientes. Alejado de las lecturas gratas por otras igualmente interesantes pero nada literarias, resintiose mi tiempo libre y me abandonaron las ganas de escribir. La grave pabrita me salió al paso, para pintarla primero, y hoy, al menos de paso, para comentarla y exorcizar mi mutismo.
Esta tarde visité finalmente la Galerie Gmurzyska de Zúrich y me quedé allí largo tiempo mirando los trabajos de Indiana, los de los sesenta y los más recientes, que parten de los caracteres chinos o motivos propios de la cultura asiática (ya en los 60s Indiana hablaba de un Pop Art Asiático). Fui el único visitante en la galería ubicada en el centro financiero zuriqués. Repasando el catálogo doy con una foto del artista, anciano, irreconocible al compararlo con las imágenes que lo muestran en su apogeo. Sé que el artista asistió a la inaguración de la muestra (como también lo hicieran Michelle Pfeiffer y David Carradine, a quien la prensa local hizo una simpática entrevista, acompañada de una foto en la que el hombre apenas dejaba ver la energía que sus palabras mostraban; la impresión que me provocó es igual a que la que Indiana me da mientras contemplo una foto suya reciente tomada en su estudio de Maine) y que ello fue un acto de excepción, pues el artista no había regresado a Europa desde hace algunas décadas.

Robert Clarc, que es el nombre con el que Indiana fue bautizado al nacer el 13 de septiembre de 1928, en New Castle, Indiana, vive en la isla de Minalhaven, en Maine, y goza de buena salud. No lo ha dicho ello su médico, nos lo confirma sus coloridos vocablos, cifras y signos caligráficos chinos recientes.
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Wikipedia sobre Robert Indiana
24.12.07
Un abrazo desde la nieve

La foto la hizo Thomas Flechtner, un fotografo suizo nacido en Winterthur (no muy lejos de Zúrich) en 1961. En 2001 publicó un libro de fotografías bastante especial, por expectral y mágico, "Snow"; allí las imágenes muestran su lado insospechado, el que quizá lo vislumbramos sólo en sueños. Esa publicación dio el campanazo a la carrera internacional de este artista radicado en la Suiza-francesa. De esa serie de fotografías, realizadas en La chaux de Fonds entre 1996 y 2000, tomo esta que marca y remarca mi saludo de navidad y mis buenos deseos para el año que en pronto echará a desgranar sus días. Va un abrazo. Que el hielo no se trice bajo los pies y las cosas salgan de la mejor forma posible.
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Más fotos de Thomas Flechtner
17.12.07
Oveja negra (Schwarzes Schaf)
Algo notorio, pues de común, el pequeño país alpino, salvaguardado en política de los exabruptos comunes que tenzan y muchas veces degradan peligrosamente ese campo (sirve por ello como referente a otros países), llamó la atención de muchos medios internacionales por un hecho que contradecía su tradición y poseía justamente eso, una perturbada dimención política.
Uno de sus partidos, el SVP (algo así como partido popular suizo), ubicable por los intereses económicos de sus directivos y la manera de ver el mundo de sus miembros en la parte derecha más alejada del centro político —no comparable en todo caso con sus equivalentes de Francia, Austria, Italia o España—, optó como caballo de campaña por uno de sus temas favoritos, el que más preocupación causa entre sus seguidores y los que no lo son: los extranjeros delincuentes ¿Qué hacer con ellos? ¿Qué hacer con esos visitantes indeseables que se quedan ilegalmente en el país y ven en las regulaciones y leyes suizas un paraiso para delinquir con soltura e impunidad inimaginables en sus países de origen?
Los hechos y sus versiones difundidas por los medios privados más las estadísticas oficiales confirmaban esa alarma: son de procedencia extranjera con marcada mayoría las personas que han matado, robado, violado y violentado a otras personas e intereses privados al interior del país. El probema existía y existe pero para entenderlo como es debido hay que tomar en cuenta motivos no tan visibles, al menos en una campaña política. El problema, para controlarlo en la medida de lo posible, ya que no habrá como solucionarlo, exigía y exige objetividad, sensibilidad ante el tema y confianza en los fundamentos que erigen su sistema político-social. Sin embargo, como en campaña todo vale, y el miedo produce rendimientos electorales que no da el entendimiento, el SVP vió allí una buena oportunidad para encender las alarmas y cosechar por esa vía para sus candidatos los votos necesarios para elegirlos.
La diferencia entre “delincuente extranjero” y “extranjero”, vista desde el miedo es casi nula. Del “casi” en todo caso se encargaron de borrarlo con agilidad los medios. Y los publicistas del SVP, más creativos que los de sus contrincantes políticos supieron entender mejor que nadie esa salvable distancia y, consecuentemente, obviarla con mucho arte. El extranjero entonces — del tipo que sea — pasó a ser la oveja negra, literal y visualmente. Un hermosa caricatura de ovejitas expresó, con la elocuencia que los discursos no alcanzarón, lo que el SVP quería trasladar — justamente eso que andaba rodando desde hace algún tiempo en el inconciente colectivo de una parte de la sociedad pero nadie se atrevía a nombrar por temor a equivocar las palabras en situación tan pantanosa, a saber ¿Qué hacer con una parte de nosotros, los extranjeros malcriados y quizá malnacidos? ¡Echarlos fuera!

Los días siguieron su rumbo. En noviembre tuvimos elecciones en Zúrich y algunos otros cantones, cuyos resultados influían en la composición del parlamento elejido en octubre. Y sí, en esas votaciones, el SVP sufrió una perdida que para muchos fue inesperada pero no para todos. El electorado suizo volvió esta vez a dar muestras de su prudencia al frenar con su voto al triunfalista partido de derecha que apoyará con fervor hace apenas tres semanas atrás. La prensa extranjera, como era de esperarse, por ser demasiado local ese hecho, omitió su noticia.
(Y los días siguieron su curso. A puertas de diciembre, como sucede en todos los sitios, algunos medios empiezan a realizar sus balances anuales. Así lo hace cada año la revista BILANZ, equivalente helvético de la norteamericana Forbes. Antes de que aparecierá su número especial de noviembre-diciembre, en el que trae la lista de las 300 personas más adineradas que viven en Suiza —sus fortunas juntas suman 529 billones de francos—, empezó a publicitar el número en periódicos y revistas: a página entera podía contemplar el lector las ovejitas entre tanto famosas, fuera y dentro de la confederación, con una leve variación. Con humor negro exquisito —y rentable— el dibujo recordaba a todo el mundo que de las 300 fortunas más fuertes asentadas en este país, más de la mitad pertenecen a extranjeros, a ovejitas negro-doradas que entodo caso nada tienen que ver con las blancas-indígenas —: a la lectura parcial de la realidad oponen una lectura simbólica mucho más elocuente: extranjero = extranjero delincuente = extranjero millonario = extranjero. Pues sí, el humor ayuda a poner las cosas en su sitio.)

Pero los días no dejan de pasar. Llegamos al miércoles 13, día en el que el parlamento suizo, cumpliendo con el rito que celebra cada cuatro años, debe confirmar a su ejecutivo, siete ministros que rotan anualmente sus carteras de gobierno. Si no hay sobresaltos, siguiendo la tradición, se les confirma en sus cargos a los siete personeros de la política ejecutiva suiza. Pero esta vez no sucede así, lo inesperado acaba de darse y nadie sale de su asombro: el parlamento, cuya fracción mayoritaria está compuesta por la derecha suiza, acaban de echar de su cargo al ministro Christoph Blocher, la estrella política del SVP, de quien el octubre pasado comentaran los periódicos del mundo con la alarma y ponderación, el peligro que él simbolizaba para la política y loq ue podría pasar en el resto de países europeos.
He revisado en estos días las ediciones de los principales diarios que el octubre pasado impulsaron la difusión de la caricatura de las ovejas y la hiciera famosa tanto como a Suiza, de la noche a la mañana, racista.

Pero las horas no dejan de pasar, y para el caso, los minutos: el día 14, a las 8.00 horas dió el juramento ante el parlamento la nueva ministra Eveline Widmer-Schlumpf; quince minutos después, llegó a mi dirección de correo una nueva versión de la caricatura, ya no de humor negro exquisito, sino más bien agrio - digánlo mejor ustedes).
2.10.07
Ferreira Gullar
Se podría pensar que el cuadro está completo. Que las imágenes de los abuelos cuyas palabras han irrigado, indagado y re-creado la memoria del continente en la segunda mitad del siglo XX, es ese que nos muestra el asentimiento general de la crítica: allí vemos a los fallecidos hace años o recientemente como Neruda, Borges, Drummond de Andrade, Enrique Molina, Octavio Paz, Haroldo de Campos o Jorge Eduardo Eielson, poetas con perfiles reconocibles en cualquier punto del continente; vemos en ese cuadro a los que viven y siguen publicando: Juan Gelman, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, J.E. Adoum, Alvaro Mutis. Hay muchos más nombres desde luego, que al sólo pronunciarlos se los reconoce y con razón nadie dudaría en ubicarlos dentro de este grupo —como sería el caso, para nombrar a unos pocos que me vienen a mientes, de Carrera Andrade o Jaime Sabines entre los fallecidos o el de Carlos Germán Belli o Mario Benedetti entre los vivos. Hay un poeta sin embargo que no calza en este cuadro de lente dolorosamente parcial, pues poco o nada dice su nombre a nuestra memoria hispana, y ello ciertamente la empobrece.
Me refiero al de Ferreira Gullar, el poeta brasileño vivo más leído —al menos dentro de las fronteras brasileñas— que viene de festejar hace pocos días su septuagésimo séptimo aniversario. Su obra, de expresión diversa y tonalidades multiples, dibuja en su transcurso

no sólo las etapas, en las idas y venidas explorativas con las formas, signos y símbolos que artísticamente la han vuelto referencial sino que también, cosa no tan extraña en los poetas de su generación, muestra al lector una visión en movimiento de su sociedad y los puntos críticos por la que ha debido atravezar.
Ferreira Gullar nació en la ciudad de São Luís, capital de Maranhão, el 10 de septiembre de 1930. Es el cuarto hijo de los once que tuvieron sus padres, Newton Ferreira y Alzira Goulart Ferreira. Del nombre que sus progenitores le otorgaran y heredaran, José de Ribamar Ferreira, el poeta se desprende ya al inicio de su carrera.
Hay una razón para ello, literaria ciertamente. La ha contado y descrito el poeta en múltiples ocaciones en distintos sitios. La ha vuelto a relatar hace poco, al Malpensante, en una entrevista concedida en julio de 2006 a John Galán Casanova: El Gullar proviene de uno de los apellidos de mi madre. Ella se llamaba Alzira Goulart Ferreira. Cuando resolví cambiar de nombre tomé el Goulart de ella, que es francés, y adopté la grafía Gullar, que es como se escribiría en portugués. Lo hice porque mi nombre de pila, José Ribamar Ferreira, es muy común en Maranhão, donde nací. Teníamos muchos escritores con ese nombre: había un Ribamar Pereira, un Ribamar Galiza y un Ribamar Silva. Ribamar Pereira era un poeta flojo, muy académico, sin voz. Un día apareció publicado un poema suyo con mi nombre; en vez de poner Ribamar Pereira pusieron Ribamar Ferreira, que era el nombre con el que yo firmaba. Ahí decidí cambiarme el nombre, para evitar que me atribuyeran poemas que nunca hubiera querido escribir.
Vinicius de Moraes calificó a Ferreira Gullar como "el último gran poeta brasileño". Pero esta sentencia, que es un alto halago y a lo mejor muy cierta, no se ha dejado escuchar fuera del entorno de su lengua. Sus vecinos, los latinoamericanos que hablamos castellano y compartimos con Brasil una historia en sus rasgos generales bastante parecida, apenas nos hemos percatado de la presencia de su voz — ya en 1966, en uno de los textos que conforman Puertas al campo, Octavio Paz recriminaba la actitud hispanoamericana con la lusobrasileña: vivimos de espaldas a una cultura que nos complementa, anotaba el mexicano.
Es vasta y diversa la obra del poeta brasileño y a ella debe el sitial que ocupa en las letras lusobrasileñas. Sin embargo su prestigio, diseminado no sólo en sitios de estudios especializados en su país u otros fuera de él caracterizados por su atención, gravita en un poema: el Poema sujo (Poema sucio, Dirty Poem, Schmutziges Gedicht, Le Poème sale, Het vuile gedicht, ...), un extenso mecanismo de 90 páginas que mueven, conmueven y, lo más importante, no deja de escucharse y leerse desde 1975 y 1976 respectivamente.
Ferreira Gullar lo escribió entre mayo y octubre de 1975, en Buenos Aires, donde el poeta habita parte de su destierro político iniciado en 1971 —que lo llevaría primero a Moscú, luego a Santiago de Chile, Lima y finalmente a la Argentina, donde vive hasta 1977, año en el que le es permitido regresar a Río de Janeiro, su ciudad de adopción.
Es legendaria la manera "cómo" los versos del Poema sucio llegaron a los primeros oídos: Vinicius de Moraes, a su paso por la capital argentina, organiza en noviembre de ese mismo año en casa de Augusto Boal una reunión en la que el poeta lee por primera vez su poema. Vinicius, encandilado por los versos allí trenzados solicita una copia al autor para hacerla circular entre los conocidos que permanecen sobre todo en Río de Janeiro. Por precaución ante los controles ejercidos entonces por la dictadura militar, esa copia, para despistar a sus pesquizas, se la hace en registro de voz, en una cassette. Vinicius, de vuelta en su tierra, y según lo convenido, pone a circular ese material entre los amigos comunes — intelectuales, periodistas y artistas. Uno de ellos, Ênio Silveira, editor, solicita una copia para editarla como libro. Se pone en marcha el proyecto de edición (que toma forma al año siguiente, en 1976), mientras tanto por la ciudad de Río circulan varias copias de la cassetta gravada en Buenos Aires. Para escuchar esos versos se traman entonces sesiones auditivas, fechadas y, como no podía ser de otra manera, fuera de la ley.
La obra de Ferreira Gullar está marcada por la poesía, guiada por ella pero no siempre expresada en sus formas. Es numerosa y múltiple la prosa que ha escrito aparejada a su lírica (de los cincuenta tomos que hasta el momento lleva publicados, 29 son de prosa). La crónica ocupa un lugar especial en este conjunto; ella marca su inició como escritor: las escribe entonces para el Diário de São Luís, en su tierra natal, luego, en Río de Janeiro —llega allí con 21 años— las seguiría redactando para distintos periódicos y revistas prestigiosas también de São Paulo. Con el ensayo su relación es igualmente fecunda y, para el afincamiento de las artes contemporáneas brasileñas, incluso decisiva (un dato elemental: colabora en la proclama del movimiento neoconcretista: su Teoría del no-objeto data de 1959); escribe teatro (cuatro obras entre 1966 y 1978), ficción (dos volúmenes de cuento, una novela), una biografía (la de Nise da Silveira, 1996), un libro de memorias, guiones para televisión y tiene en su haber varios tomos de traducciones hechas desde el francés y el español a su lengua (el Ubu rey de Alfred Jarry (1972), el Don Quijote de Cervantes (2002), El paraiso de Cézanne de Philippe Sollers (2003), entre otros).
El Poema Sujo es referencial ciertamente, y si lo analizamos tomando en consideración las circunstancias en las que se escribe y lo que él despliega en su escritura y las formas que ella allí asume (la de una partitura según el poeta Jaime Siles) sólo podremos aseverar dicha conclusión. Sin embargo, la calidades de ese poema no deben distraernos de su obra restante. Hay más y de calidades similares a las del Poema sucio. En este empeño, vale seguir una recomendación del autor, dejar de lado su primer libro Un poco encima del suelo (1949), parnasiano a más no poder, pero sobre todo poco legible. Es con su segundo libro La lucha corporal (1954) que la escritura de Ferreira Gullar se tensa y trenza en sí esos dos elementos que fluyen por su discurso poético: la pendencia y disyuntiva estética del artista cobijada por los vaivenes poíticos de su país en las cinco décadas anteriores. Muitas vozes (1999) es su último libro de poemas
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De lo que he podido ver en la red, del poeta brasileño se ha publicado en nuestra lengua hasta el presente los siguientes títulos:
- La lucha corporal y otros incendios (A luta corporal e outros incêncidos), Caracas, 1977
- Hombre comun y otros poemas (Homem comum e outros poemas), Buenos Aires, 197
- Poesía (Antologia poética), Universidad de Cuenca, Ecuador, 1982
- Poemas, Lima, 1987 - En el vértigo del dia (Na vertigem do dia), México, 1998
- Poema sucio (Poema sujo), Visor Editores, Madrid, 1998
Para esta nota he trabajado con los siguientes libros:
- Ferreira Gullar, Coleção Melhores Crõnicas, Seleção de Augusto Sérgio Bastos, São Paulo : Global Editora, 2004
- Ferreira Gullar, Coleção Mehlores Poemas, Seleção de Alfredo Bosi, São Paulo : Global Editora, 2004
- Relâmpagos [dizer o ver], Ferreira Gullar, São Paulo : Cosac & Naify, 2003
- Der Grüne Glanz der Tage, Ferreira Gullar, ausgewählt von Curt Meyer-Clason und Inés Koebel, Serie Piper : München, 1991
- Cultura posta em questão : vanguarda e subdesenvolvimento : ensaios sobre arte, Ferreira Gullar, Rio de Janeiro: Olympio, 2002
- Muitas vozes : poemas, Ferreira Gullar. 3a ed.. Rio de Janeiro : José Olympio, 1999
- Y desde luego, las páginas webs cuyos enlaces quedan dispuestos
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La primera referencia: Debe haber sido hacia 1995. Caminábamos por una calle de Berna o Zúrich. Mi amigo, el poeta Paco Benavides, iba leyéndome de lo más encantado su traducción del Poema sucio. Sin conocimientos gramáticales
de la lengua lusa pero hechizado por el contenido y la forma del poema -más una intuición sólo comparable a su oído- se metió de lleno en él, para reproducirlo en nuestra lengua (luego repetiría la tarea con Galaxias de Haroldo de Campos). Trabajó con la versión bilingüe del poema, la portuguesa-alemana (Schmutziges Gedicht, Suhrkamp Verlag, 1985). La versión definitiva la hizo a mano, para sí, pues sabía que no había probabilidad alguna de publicarla en el Ecuador, nuestra matriz, pues entonces como ahora, nadie la habría publicado - es un poema con demasiadas páginas. No sé dónde habrá ido a parar esa versión-transcreación; no sé si el amigo la perdió definitivamente, al regalarla a alguna persona amiga o si la extravió en alguna estación o algún tren. En todo caso, no me han sido posible recuperar esas cuartillas de traslado que escuché leer a Paco una mañana hace años ya en una calle de Berna o Zúrich. A su muerte no dejó indicación alguna. Y en su biblioteca no hay huella que nos refiera algo de Ferreira Gullar._____________________
Página oficial del poeta
Wikipedia sobre FG
En Babelia sobre FG
Alforja, revista de poesía, especial dedicado a FG
26.9.07
La Crónica: una revisión
Hoy estaba por acá de paso, y estaba a punto de irme, pero no puedo hacerlo, no al menos con tranquilidad. Las circunstancias me lo obligan. No todos los días da uno de bruces con la claridad, con palabras despejadas y oportunas que vale la pena multiplicarlas. Se tratan de estas:
“A menudo me pregunto por qué los editores de diarios y periódicos latinoamericanos se empeñan en despreciar a sus lectores. O, mejor, en tratar de deshacerlos: en su desesperación por pelearles espacio a la radio y a la televisión, los editores latinoamericanos suelen pensar medios gráficos para una rara especie que ellos se inventaron: el lector que no lee. Es un problema: un lector se define por leer -y un lector que no lee es un ente confuso. Sin embargo nuestros bravos editores no tremulan ante la aparente contradicción: siguen adelante con sus páginas llenas de fotos, recuadros, infografías, dibujitos. Los carcome el miedo a la palabra escrita -y creen que es mejor pelear contra la tele con las armas de la tele, en lugar de usar las únicas armas que un texto no comparte: la escritura. Por eso, en general, les va como les va; por eso, en general, a nosotros también.”
“Una primera definición: la crónica es eso que nuestros periódicos hacen cada vez menos.”
...
Estas palabras las escribe Martín Caparrós en el prólogo de su libro “La Argentina crónica. Historias reales de un país al límite” — Catorce textos que, además de trazar el mapa urgente de un país "al límite", delimitan una nueva forma de entender el periodísmo desde una mirada despierta, valiente y comprometida, y una lectura de los hechos de la realidad que va mucho más allá de lo inmediato, anota su editor.
Y Caparrós continúa así:
“Me gusta la palabra crónica. Me gusta, para empezar, que en la palabra crónica aceche cronos, el tiempo. Siempre que alguien escribe escribe sobre el tiempo, pero la crónica -muy en particular- es un intento siempre fracasado de atrapar el tiempo en que uno vive. Su fracaso es una garantía: permite intentarlo una y otra vez -y fracasar e intentarlo de nuevo, y otra vez.”
Pues sí, este libro de crónicas y sobre la crónica, por lo que se lee en el prólogo —dispuesto aquí en su totalidad— apunta a un problema que aqueja a los periódicos del continente sudamericano, hechos de letras y discursos pero reacios a profundizarlos y difundir el género que mejor les representaría. Las razones para ello las plantea Caparrós en esta introducción. Y con ella la necesidad de hacernos cuanto antes de un ejemplar (por si les interesa, el quiosko está aquí).
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Otro modo de contar la realidad, de Maximiliano Tomas
Sobre Martín Caparros, por Alan Pauls
16.9.07
El ritmo es lo más importante...
14.9.07
Macedonio a Borges
Querido Jorge Luis:
Iré esta tarde y me quedaré a cenar si hay inconvenientes y estamos con ganas de trabajar. (Advertirás que las ganas de cenar las tengo aún con inconvenientes y sólo falta asegurarme las otras).
Tienes que disculparme no haber ido anoche. Soy tan distraído que iba para allá y en el camino me acuerdo de que me había quedado en casa. Estas distracciones frecuentes son una vergüenza y me olvido de avergonzarme también.
Estoy preocupado con la carta que ayer concluí y estampillé para vos; como te encontré antes de echarla al buzón tuve el aturdimiento de romperle el sobre y ponértela en el bolsillo: otra carta que por falta de dirección se habrá extraviado. Muchas de mis cartas no llegan, porque omito el sobre o las señas o el texto. Esto me tiene tan fastidiado que rogaría que se viniera a leer mi correspondencia en casa.
Su objeto es explicarle que si anoche vos y Pérez Ruiz en busca de Galíndez no dieron con la calle Coronda, debe ser creo, porque la han puesto presa para concluir con los asaltos que en ella se distribuían de continuo. A un español le robaron hasta la zeta, que tanto la necesitan para pronunciar la ese y aún para toser. Además, los asaltantes que prefieren esa calle por comodidad, quejáronse de que se la mantenía tan oscuro que escaseaba la luz para su trabajo y se veían forzados a asaltar de día, cuando debían descansar y dormir.
De modo que la calle Coronda antes era ésa y frecuentaba ese paraje, pero ahora es otra; creo que atiende al público de 10 a 4, seis horas. Lo más del tiempo lo pasa cruzada de veredas en algunas de las casas; quizá anoche estaba metida en lo de Galíndez: ese día le tocó a él vivir en la calle.
Es por turnos y éste es el de que yo me calle.
Macedonio Fernández
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MF en Wikipeidia
macedonio.net
2.9.07
Volver a los 39
Como les habrá sucedido a muchos hasta antes de este encuentro, no todos los nombres de los escritores que allí acudieron me eran desconocidos. Había leído a unos pocos, con atención y admiración a cuatro de ellos; con curiosidad, gusto y ninguna sorpresa, a otros tantos. La mayoría de los convidados por tanto me era desconocida. No me será posible ponerme al día con sus escritos puesto que al juntarlos hacen todos un corpus al que habría que deicarle mucho tiempo, algo que no poseo. Por ello la valía del escrito-informe tejido por la Señora Valencia; de él saco un nombre que lo había escuchado -o leído- en otros entornos y vuelve a sonar de nuevo en esta oportunidad con encomio: el de Alejandro Zambra (Chile 1975), autor de amplia y variada producción con títulos como, Bonsái y La vida privada de los árboles, cuyos méritos la crítica ha sabido destacar.
19.8.07
Desnudar el hielo
Si, se trata de un proyecto de Spencer Tunick, el artista norteamericano (nacido el 1 de enero de 1967) que desde 1992 viene fotografiando cuerpos humanos desnudos y vivos en espacios públicos de todo el mundo - en nuestro continente ha estado en locaciones de México, Venezuela, Chile y Brasil (en Pereira, ciudad colombiana, le falló el público el junio pasado: sólo tuvo a su disposición 24 personas, de ellas sólo tres mujeres).Tunick estuvo ayer en Suiza y fotografió sobre los glaciares de los Alpes a seisientas personas. La manifestación artística estuvo esta vez impulsada por Greenpeace, como parte de una campaña a nivel mundial que lucha contra el calentamiento global. En Suiza es este un tema de constante preocupación pues sus glaciares no sólo que están amenazados sino que cada año, literalmente, “hacen agua”. Hasta 150 metros por año es el paso al que se derriten.
Mucho hay en la web sobre este arista. He tomado como muestra unos fragmentos (y editado) la entrevista que le hiciera años atras Clemente Bernard cuando el artista relizara uno de sus proyectos en el País Vasco.
¿Cómo se considera usted?
Soy un artista que realiza instalaciones y documenta la instalación con fotografía y vídeo. El resultado final es fotografía y proyección de vídeo.
¿Qué criterios de selección sigue para escoger un lugar?
En el 90% de los casos la elección de la ciudad responde a una invitación por parte de un Museo de Arte Contemporáneo. Cuando meinvitan a una ciudad y yo acepto la invitación, ya una vez en esa ciudad yo escojo las localizaciones que quiero.
¿Toma en consideración las diferencias culturales entre los lugares donde realiza sus fotografías para poder hacer diferentes retratos?
El trabajo ya crea en sí mismo una igualdad entre el cuerpo en diferentes países; por supuesto que tengo muy claras las diferencias pero separamos lo que es el cuerpo, el espacio y las formas, no entre países porque en la escultura que estoy realizando ya hay diferentes tonalidades de piel, distintos colores de cabello; en mi corazón la gente es toda igual, es la bondad que muestran en su participación. Todos somos humanos.
¿Qué intenta proyectar con su trabajo?
Bueno, lo bueno de ser un artista visual es que trabajas con lo visual, no eres un escritor y no te expresas a través de la palabra sino que te expresas mediante presentaciones visuales, de modo que cada imagen evoca determinados sentimientos, algunos pueden ser sobre el medio que nos rodea, otros sobre la condición humana, la humanidad, otros pueden tener un trasfondo social o un trasfondo político, pero principalmente no es político, casi siempre se refiere al resto de lo que anteriormente he mencionado: humanidad, etc...
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Fotos, textos y links a la obra Tunick
9 fotos sobre el glaciar alpino en el Tagesanzeiger
11 fotos sobre el glaciar alpino en la web de Greenpeace
22.7.07
Foto de viaje: JF Velasco
Me fui sin avisar, ruego me pasen por alto esa manera abrupta de marcharse - y también esta de volver como si nada hubiese pasado.
He hecho muchas fotos en este viaje. Una de ellas, que la subí al blog el 22 de julio pero la deje colgada en la trastienda por falta de texto (por ello la fecha equívoca de esta entrada), la tomé en Manhattan, en el dédalo de Times Square.
Me llamó la atención encontrame entre la tumultuosa oferta publicitaria que literalemnte baña de imágenes gigantes las paredes de ese entorno newyorkino, una que alertaba de la presencia del cantante quiteño Juan Fernando Velasco para el día 11 de agosto (para ayer noche; en la foto queda un 1 fuera de mi lente).No sé cómo habrá resultado su concierto. En todo caso me alegró saber que no sólo son ecuatorianas las personas que valoran su trabajo interpretativo y creativo.
Tengo otras fotos de viaje provistas por el azar. Pero debo aún revisarlas antes de compartirlas.
11.7.07
Gómez de la Serna y los ecuatorianos
¿Cuándo es que leímos por primera vez a Gómez de la Serna? ¿Qué fue lo qué leímos? ¿Por qué? A lo mejor fue La Nardo, en la edición de bolsillo de Bruguera, o un par de dispersas Greguerías alojadas en alguna revista, o la biografía breve de Oscar Wilde o la de Baudelaire, la del Greco, la de Lope de Vega o la de Rubén Darío que me la regaló y dedicó un amigo querido que ya no está más entre los vivos. La memoria confunde esas referencias esparcidas por el camino, esas lecturas instintivas, conversadas con los amigos, distorsionadas por la pasión y el abuso de los vocablos, ordenadas luego de a poco por la admiración (por la propia y la ajena).
Pero no se las olvida, e incluso si uno no trabaja activamente con esas lecturas, creo que de alguna manera el inconciente no deja de proyectar su sombra en las labores que nos ocupa en el presente.
No hace mucho, por casualidad, mientras buscaba en mi biblioteca un tomo de Lichtenberg, me salió al paso la edición Total de Greguerías publicadas por Aguilar hacia 1962 (no es mera coincidencia que en busca del alemán haya dado con el español; los dos son, como se diría, del mismo barrio). Repasé entonces, con ese suave júbilo que uno siente al coincidir luego de años con un viejo amigo, esa colección y fusión de metáforas que podrían ser disparatadas si no se detuvieran matemáticamente antes de dar el paso en falso y volverse fatuos absurdos. Pero uno nunca sabe. Gómez de la Serna, al menos en un punto, nos autoriza a no saberlo: "Nunca se sabe qué cosa es greguería..." nos lo rememora, o quizá define, curandose de paso en sano.
Y recuerda:
Si te conoces demasiado a ti mismo, dejarás de saludarte.
Golf: juego para ratones que se han vuelto ricos.
Cuando por los altavoces anuncian que se ha perdido un niño, siempre pienso que ese niño soy yo.
Los tornillos son clavos peinados con la raya al medio.
Me he detenido en este autor por una razón. Hace un par de semans recibí referencias de una revista que editán periódicamente los “Ramonianos” de Madrid —en papel y byts. Entre los trabajos varios que contiene el “Boletín Ramón” Nr. 13, consta un trabajo de Gustavo Salazar sobre Benjamín Carrión y el escritor español. El artículo no se detiene en la relación amistosa de estos dos escritores: indaga la época y restituye los contextos y materiales que fueron afincando esa relación amistosa, recuerda además, para placer nuestro, a los personajes que coinciden entonces en sus preocupaciones literarias con los dos personajes, o se sienten atraídos por su influencia: Gonzalo Escudero, Jorge Carrera Andrade, el dadaísta ecuatoriano Hugo Mayo (¿o fue surrealista?), los autores Jorge Fernández, Humberto Salvador, Pablo Palacio. Hay una valiosa inclusión, central en el artículo, la de César E. Arroyo, una figura que a muchos nada dice pero que sin embargo, por lo que el autor me comentaba hace dos años en Madrid y hace poco al teléfono, es mucho más importante de lo que podría suponerse.
Dispongo el Link respectivo al Boletín Ramón N. 13 . Allí habrá que ir a la página 48.
Gustavo Salazar, quiteño, es investigador literario, el bibliógrafo por exelencia, literalmente, un ratón de biblioteca; es quien puso en orden la biblioteca del Centro Cultural Benjamín Carrión, y no por casualidad es quiza el especialista más destacado en la obra de autor lojano (de Loja del Ecuador) y el que más ha escrito al respecto. Sus libros, los publicados en el Ecuador y México, sin que apenas nadie se diese cuenta, consta desde hace años ya en los catálogos de la British Library y The Library of Congress. Los resultados de sus pesquizas literarias, que se despliegan en territorios completamente olvidados por la crítica, estan exaustivamente documentadas y tienen una extraña virtud, poco frecuente en trabajos de ese tipo: alterar los mapas literarios vigentes, las rutas de estudio establecidas.
Lucerna, retorno a Carmina Burana
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Nací en Estambul en 1985, en una ciudad que respiraba historia mientras se transformaba en metrópolis digital. Desde niño, me fascinó ese di...