22.8.06

De vuelta

Una sentida disculpa a las personas que han pasado por esta ventana las semanas últimas y comprobado el olvido en el que ésta se encontraba y, claro, la forma nada gentil de su responsable de cerrar el quiosco y marcharse sin colgar antés en la vidriera alguna razón que explicase su ausencia (que fueron de trabajo, visitas, estudios y, finalmente, unas merecidas vacaciones). Espero en lo suscesivo proseguir esta conversación de manera más activa. Si los tiempos no me traen azares incómodos, dispondré en estos días de más tiempo para leer y conversar.

Tiento este reinicio con un tema que, intensificado en las semanas últimas, pero sin solución desde 1948, no deja de parir y esparcir a raudales dolor y muerte: el problema árabe-israelí que, como todos saben, tiene de momento como foco principal, el territorio sur del Libano.

He seguido el desarrollo de esta guerra última a través de diarios y revistas diversos. Como casi todos (al menos losl de mis alrededores), he visto con no poca indignación el desafortunado papel jugado por la política europea a la hora de utilizar su poder de influencia para frenar esta desproporcionada guerra y forzar a sus actores al diálogo que hace falta. Ciertamente que es aquí donde las cosas se complican, sin embargo, no hay ni habrá manera otra alguna para plantar allí o donde sea esa delicada planta llamada paz. El jardín del método violento es sólo de flores de plástico.

Es este tema territorio minado en el que, por las demasiadas pruebas puestas sobre el tapete, al parecer, a la Razón, y de parte y parte, se le presta apenas atención. Aquí se apuesta por la fuerza, por la capacidad que esta tiene para desaparecer, o por lo menos, someter al rival a sus razones. Los caminos interpretativos que se hacen, y pueden hacerse, de su utilización se bifurcan a partir de este punto. Ningún alma de buena voluntad que quiera introducirse en esos meandros de dolor para entenderlos en perspectiva humanista, aspirando a una neutralidad necesaria, y se atreva luego a dar su versión, saldrá jamás bien parado. Muchas pruebas de esto nos las alcazó en vida Edward Said (1935-2003), el palestino de la Universidad de Columbia en New York, quien, por su manera de alumbrar estos problemas, nunca dejó de ser objeto de feroces críticas tanto de palestinos como israelíes. Le ha sucedido algo parecido a nuestro estimado novelista Vargas Llosa, quien, en un artículo publicado en El País justamente dos días antes del ataque israelí a Libano, a propósito de palabras suyas bien plantadas sobre este asunto, le llovieron luego las críticas, como él nos cuenta, en la prensa israelí y cartas de lectores allí publicadas en las que le tildaron incluso de “comunista”.

Recuerdo haber leído hace cosa de uno o dos años un artículo de Timothy Garton Ash en el que el historiador inglés, a partir del estado de cosas de ese momento, aventuraba un pasisaje futuro del mundo hacia el 2025 (¿o era hacia el 2050?). Muchos de los aspectos, instituciones, tradiciones, modas, geografías las suponía completamente diferentes a las de su estado y forma actuales, en algunos casos, incluso irreconocibles al cotejarlos. Sólo uno, sin embargo, permanecía invariable en ese catálogo del futuro, constante en sus contenidos y sus formas expresivas: el conflicto palestino-israelí.

Me es es muy arduo adentrame en este territorio sin dejar de sentirme limitado ante la comprensión de los elementos descisivos que allí habitan. Sé en todo caso, que lo que allí sucede lo deciden apenas un puñado de fanáticos con poder de lado y lado en cuyas visiones y representaciones del mundo nunca tiene ni tendrá cabida el otro, cualquier otro cuyas razones difieran de las suyas.

He dado todo este ruedo para conectarles a un texto que lo considero de interés. Les cuento.
El pasado 14, en un café de Gran Carajal, un hermoso y apasible pueblito en Fuerteventura (que es donde he pasado estas dos semanas últimas con mi familia), leyendo la prensa española dí con una noticia que me dejó triste: uno de los misiles disparados por Hizbolá alcanzó a un carro de combate israelí y mató en el acto a sus ocupantes. Uno de ellos era Uri Grossman, hijo de nuestro admirado novelista David Grossman, hombre de paz, defensor de lo justo, a costa de no ser muy bien visto por sus compatriotas de fé extrema y razones absolutas.

La edición de ayer de El País, en la sección de Opinión, trae un texto firmado por David Grossman cuya lectura me llegó hasta los huesos. Es una carta que el padre escribe a su hijo muerto el pasado 12. No he leído hasta ahora, entre lo mucho y valioso que se publica al respecto, algo que exprese con dolorosa claridad las coordenadas de este conflicto del que ha sido desterrada la política para que la muerte haga su verano.

16.7.06

El Sancho americano de Barrera Valverde

Las demasiadas minucias esparcidas por los días, más unos pocos compromisos que aún debo despachar, han hecho que me aleje de esta ventana en las semanas últimas. No me reincorporo del todo, pues aún debo resolver otros asuntos que jalonan mi atención hacia otros lados. Sin embargo, para no quedar tan mal con las personas que suelen darse una vuelta por esta dirección, y se enuentran con el quiosco cerrado, lanzo con estas pocas palabras mis señales de humo. Me vale a este propósito un texto aparecido en Babelia el día de ayer: un comentario que se refiere al libro de Alfonso Barrera Valverde, Sancho Panza en América o la eternidad despedazada. No lo he leído, sin embargo, por si alguien tiene interés en el libro y quiere enterarse algo de él — o sencillamente tiene curiosidad por saber cómo se recepta su contenido en otras geografías, copio el comentario a continuación y, claro, dispongo el link de donde lo he copiado.

Jirones del 'Quijote' en ultramar
JAVIER APARICIO
BABELIA - 15-07-2006

De la Vida de Don Quijote y Sancho de Unamuno a Calvino, Auster o Barth se cuentan por docenas los autores que han destilado su narrativa en el alambique del Quijote. De un modo u otro, técnica y personajes de la obra maestra cervantina se han ido reencarnando una y otra vez en la literatura contemporánea. A esta larga lista habría ahora que añadirle la contribución del diplomático ecuatoriano Alfonso Barrera Valverde con Sancho Panza en América o la eternidad despedazada (Alfaguara Ecuador), que ha preferido alargarle la sombra a Sancho y no a su señor hidalgo. Barrera imagina las andanzas de Sancho en el Nuevo Mundo muchos años después, ante el pelotón de personajes que se le encaran por las callejuelas del casco antiguo de Quito. Sancho Panza en América no es una excusa para exhibir un dominio de la lengua áurea, ni el pretexto para una enésima reinterpretación, ni una reescritura ni un ejercicio de estilo sabiondo, ni siquiera un estallido de ingenio a propósito del Quijote, sino, como confesó en una entrevista su autor, "un ejercicio, en plan de juego, que realicé con un grupo de profesores de Literatura. Esta primera versión no pasaba de dos páginas, que ahora se han convertido en más de doscientas". El mencionado divertimento le da pie a Barrera a sumarse a los juegos cervantinos de la novela que ha inspirado su relato, la confusión libresca entre la realidad y la ficción, la travesura de travestir autores, narradores y editores de un manuscrito hallado , los anacronismos o el interés por redactar una 'Introducción' que dispone las cartas del texto sobre la mesa del lector. El autor disfruta asimismo con el ardid de sentar el Quijote a la mesa de la tradición junto a los autores contemporáneos que trae a colación, de Bryce Echenique a la Yourcenar o a Kundera, a los personajes de Rousseau y Voltaire que comparten con don Quijote veleidades viajeras, y a quienes comparten con Sancho la soledad, el analfabetismo, la inmortalidad o la cara grave de la vis cómica. Recorrerá el lector de este libro, de forma fragmentada y discontinua, como corresponde a la estructura con la que está compuesto, la historia de Ecuador desde el XVII y los modos y maneras del Siglo de Oro. Y recordará, sobre todo, que los textos nacen siempre de otros textos que los inspiran y que, para mal o para bien, como dejó dicho el maestro Ayala, en Cervantes y Quevedo, "en cierto modo, cuantos, después de Cervantes, han intentado novelas a lo largo de cuatro siglos y medio, han estado reescribiendo el Quijote". La manipulación cervantina que tenemos entre manos, Sancho Panza en América, es un juguete literario de altas miras y corto vuelo.

21.6.06

Ecuador

Se llama así el círculo perpendicular al eje de la Tierra en el cual los días tienen la misma duración que las noches durante todo el año. La palabra Ecuador proviene del latín aequus (igual) y éste del verbo aequare (igualar).
En latín, Aequator, -oris era el nombre de un aparato que se utilizaba para verificar el peso de las monedas, así como la calidad del metal de que estaban hechas.
También tomó este nombre el país del Pacífico sudamericano situado sobre esta línea, independizado de la Gran Colombia en 1830.


Esta definición, como la de otras palabras, la recibí este día en mi casilla electrónica. Si les interesa, pueden suscribirse a la palabra del día, un gratísimo servicio de la Página del idioma español

5.6.06

En Berlín con curadores

El pasado mayo, del 18 al 22, visité la capital alemana. Volví a ella a los dos años, pero esta vez con una agenda de actividades a llevar a cabo y no de grato mambo como las veces anteriores.

Perfilar una perspectiva in situ de la escena artística berlinesa fue el motivo que nos trasladó a esta ciudad a los que realizamos el posgrado de Curaduría en arte contemporaneo en la Scool of Art and Design Zürich.

Varios elementos sui generis articulan la escena berlinesa, en la que por igual y desde distintos flancos, escritores, músicos, cineastas, artistas plásticos y de toda la rama de contemporaneos, trabajan y discuten sus propuestas y las hacen públicas utilizando las más insospechadas maneras formales y alternativas. Ciudad prototipo, en verdad, un laboratorio de maquinaciones para la creación, producción, expresíon y difusión de obras de toda índole que danzan la danza de la creación y ejecución de proyectos. Habrá que añadir sin embargo una sospecha (con prejuicio, sin fundamentos): un laboratorio que quizá corre el riezgo de ser neutralizado —porque, como la luz, cuando es demasiada, no deja ver, aquí, la cantidad de artistas y creación impide que haya mentes que pueden abarcar en profundidad todo ese espectro creativo.

Nuestra visita de estudio tuvo varios capítulos.

I

En la noche del viernes 19 de mayo planeamos sobre un tema que habíamos tratado antes en clase desde distintos flancos, El arte en espacios comerciales. En el Atrium de los cines Arsenal —en Posdamerplatz, el símbolo arquitectónico de la nueva Berlín, ese hermoso y frío conjunto de cimetrías y cemento, de cristal salpicado de luces y logos de multinacionales—, Florian Zeyfang nos introdujo en las posibilidades que las actividades artísticas pueden emprender trabajando en asociación con capitales privados. No dejó de abordar los delicados límites a los que este tipo de relación puede conducir, o, en el otro sentido, la mala interpretación que a priori podría hacerse de ellos. Cómo puede imaginarse, es está una delicada sutura de intereses cuyos propósitos, no siempre apuntaran en la misma dirección. Se cerró la noche con un performance de Daria Martin trenzado por un film en 81/2, la lectura de unos textos que su abuela escribió mientras huía de los nazis, encontrados luego de su muerte, y los acordes suspensos de un acordeón: The wedding will not take place (2006, 24’).

II

A la mañana siguiente, en el Sparwasser HQ, en Berlín Mitte, un punto de encuentro de curadores y artistas que dirige una antigua profesora nuestra, Lisa Nellemann, que, por lo que he podido constatar, su presencia es vital entre artistas europeos. Allí, Alexander Koch, crítico y editor berlinés, nos hizo un detallado recuento de lo sucedido en la escena artística de la ciudad en la última década, del espacio citadino en sí luego de la caída del muro, los problemas económicos de la ciudad —literalmente en quiebra— y la parte positiva de esta sombra (es la ciudad más barata de Europa, y de Alemania, la más distendida), de las ramificaciones concebidas entre creadores y entre éstos y el mercado, de proyectos curatoriales, curadores, galeristas y galerías inventadas en este lapso, de los ciclos económicos en este mercado y de los clientes y coleccionistas de arte que en creciente número visitan esta ciudad en sus recorridos periódicos.

Este repaso fue un oportuno abrebocas a una interesantísima y extenuante jornada que, siempre bajo la guía de Alexander, nos llevaría a lo largo de ese día a visitar siete galerías cuyos modelos constitutivos, uno muy distinto de otro, nos serían expuestos y explicados por sus mismos propietarios o administradores. Al paso vale destacar, a pesar de que la idea no es nueva, esa figura organisativa creada para la creación y la venta de obras: La Galería de Productores, como es el caso de la Galerie AMERICA (a la que se le cayó del rótulo la A y la CA —quizá a propósito) creada por diez artistas, salidos todos de una misma universidad, para posicionar y vender su propia creación de forma directa, cosa que en los últimos seis años han conseguido pues gozan de momento de un nombre internacional al que con regularidad periódica asisten coleccionistas globalizados, sobre todo americanos, a hacerse de la obra que allí exponen únicamente estos diez cojurados. Amplio e interesante este tema en el que obras artísticas, posicionamiento, dinero y legitimización cruzan sus caminos. No es este el sitio para ahondar en tema tan interesante sin riezgo de perderme. Por ello, mejor me ciño a la agenda de recuento (que a estas alturas es ya de recuerdo).

III

El foco de nuestra visita a la capital alemana, tuvo lugar a la 16 horas, en la sede de la Cuarta Bienal de Arte Contemporaneo, el KW Institute for Contemporany Art, en el que Markus Müller, director de comunicación de la Bienal, nos hizo un recuento de las directrices seguidas por sus curadores en la organización del evento, las estratégias utilizadas para llegar al público y la recepción que el evento ha tenido entre la crítica y el público, provocativa esta vez por su polarización extrema: ha gustado y disgustado en partes iguales —para beneplácito de sus curadores y organizadores, digo yo, los reposados análisis de la indiferencia o el halago para referirse a este evento, han estado ausentes. Me detengo un poco en este evento.

Von Mäusen und Menschen / Of Mice and Men — De ratones y hombres, como el título de la novela que John Steinbeck publicará en 1937, es el que ha tomado esta Cuarta Bienal de Arte Contemporaneo de Berlín que cierra sus puertas este día cinco de junio.

¿Cuál ha sido esta vez el prósosito artístico de sus curadores?
Respondo con palabras del catálogo: “Mostrar la vida como una serie de traumas y al arte como un acertijo”.

¿Cuál ha sido la estrategia de la que se han valido para conseguir este propósito?
La de juntar obras de artistas que en gran parte reproducen atmósferas, o transparentan experiencias relacionadas al “miedo y (la) paranoya, la obscuridad impenetrable y un sentimiento amenazante de estar en suspenso”

Cierto, no hay que contradecir esta descripción hecha por sus tres curadores, Maurizio Cattelan, Massimiliano Gioni y Ali Subotnick que han juntado a setenta artistas hombres y mujeres y mostrado sus trabajos en doce sitios distintos ubicados todos a lo largo de una sóla calle, la Augustastrasse.

De estos doce puntos de exposición, la mayor parte podríamos considerar atípicos para exponer trabajos, instalaciones, videos, performances (¿cuáles serían los espacios títicos para mostrar obras de arte contemporaneo?). Así por ejemplo, la antigua escuela de muchachas judías, un descuidado bloque de cinco plantas en vistosas ruinas que en algunos casos, con su tremenda simbología, interfería más de la cuenta en la observación; o, a la inversa, han privilegiado de forma imponente la recepción de la algunos trabajos. O un container de lo más esencial dispuesto como un mini cine; una antigua caballeriza, una iglesia, un cementerio, un local llamado pomposamente Gagosian Gallery, Berlín, que parodia a la Gagosian de Nueva York, un símbolo comercial en el mercado del arte contemporaneo.

Estrafalario en un sentido, pero no con la lógica curatorial, ha sido la utilización de viviendas privadas —unas en la tercera o cuarta planta de antiguos edificios con apartamentos en los que la cuotidianidad ha desguido entre tanto su rumbo. Había que timbrar en el portal de la calle para acceder a estas viviendas—. ¿Pero qué se ha pretendido conseguir incorporando a los sitios de exibición estos emplazamientos no comunes? No lo sé, sin embrago puede que se haya querido reproducir la rutina de un artista en aprietos, una atmósfera de retiro, de apasible normalidad en la que se engendran proyectos artísticos “distintivos”, o transcurre la vida, en si misma distintiva, con la normalidad de un trolebus por las calles de Quito o las “aguas servidas” por las cañerías de cada ciudad. Puede que mi percepción, o mi apuro no me hayan hecho reparar en algún elemento clave posado en estos “apartamentos instalados” (no me pareció ésta una mala idea, sin embargo, allí algo no funcionó, o no fue pensado, por lo cual, como suele suceder con no pocas buenas ideas, aöl ser mal montadas, se trocan en guiño inconsecuentes, o bromas sin humor).

A Tino Sehgal no lo olvidarán con facilidad quienes vieron su performance en la Spiegelsaal, un antiguo y derruido salón de baile que deja ver aún su pasado esplendor: paredes altas semicubiertas con espejos incompletos y opacos, con flancos de colores sepias, obscuros de desidia y destiempo; en el techo, estucos con relieves resquebrajados, a su vera, casi en ángulo y lejanas al piso, unas vidrieras que dejan filtrar del exterior una tenue luz; en el medio de la sala, una pareja deja que sus cuerpos evolucionen movimientos sigilosos, calmos, que hablan con ese sitio y tensan en la memoria del espectador reminiscencias desconocidas, expandiendonos en el tiempo, involucrándonos en un tirual cuya naturaleza uno no alcanza a definir.

Podría detenerme en contemplaciones similares de obras y trabajos interesantes, desconcertantes o poco o nada cautivantes que se han mostrado en esta Bienal. Puesto que ya lo han hecho varios medios lo dejo de lado (dispongo para ello un par de links). Más interesante me resulta desempolvar un par de preguntas, rescartar otro de constatciones y, como las obras mismas que encadenadas al tiempo no dejan de interrogarlo, librar un par de hipótesis.

¿Cómo medir el éxito de un evento de esta naturaleza? Como en muchos otros, no hay manera de saberlo; o, no hay al menos parámetros fijos a partir de los cuales se pueda aplicar un juicio valorativo. Los elementos que entran en juego son varios y varían de ciudad en ciudad, como las obras que han hecho posible la atmósfera propuesta por sus curadores, lograda en este caso, gracias a los espacios dispuestos —imaginados antes, rescatados después—, en los que la interrogación que trae implicita la distinción de “ver arte”, al ser confrontada con tan fuerte simbología, se va rápidamente por los suelos.

De ratones y hombres” no me fascinó —lo cual me tranquiliza pues me dio tiempo para repasarla en calma—; me fascinaron algunos trabajos allí mostrados, otros “me dieron que pensar” o me sembraron de dudas. Pensar la disposición espacial me ha hecho sonreir con alegría: ha sido una satisfacción administrada a gotas, nacida del caminar por la Augustastrasse entre muestra y muestra pensando sin habermelo propuesto la historia de la ciudad, bordada por el esplendor y la tragedia. Caminándola, uno se da cuenta que no hay como olvidar sus demasiados pasados sin dejar de cotejarlos con sus presentes varios, sus espacios de convivencia y creación tejidos como un tapiz en el que numerosas culturas tejen la cotidianidad y perfilan el futuro.

Epílogo

No había estado las veces anteriores en dos sitios que me parecieron gratos, el uno para desayunar, el Café Nola en la Veteranenstrasse, el otro, para apurar copas de manera poco común y agradable, el Münzclub, un hermoso salón para socios hipotéticos que funciona fuera de la ley y es frecuentado por artistas y, como yo, admiradores de arte, en la Münzstrasse 23 (hay que timbrar en el portón para acceder a sus instalaciones).

Caminé en buena compañía muchas calles de Berlín Mitte y otras cercanas a la Prenzlauer Allee, que es donde está ubicado el atellier de Diego Gortaire, poeta y artista plástico quiteño afincado en Berlín desde hace más de un lustro —por varias razones, nuestro representante no oficial en esa ciudad: por ejemplo, en la colección de osos pintados por artistas del mundo del municipio de la ciudad, el que representa al Ecuador, lleva su firma; en otro sentido, es él regularmente el interlocutor ecuatoriano no oficial al que los medios de prensa alemana acuden cuando recavan opiniones que tengan que ver con el país. Por él me entero de algo que siempre he echado en falta en tierra helvética: un ciclo de cine ecuatoriano como el que se había llevado a cabo hasta la primera semana de mayo, al final de siete consecutivas —por cierto, con buena asistencia de compatriotas e indigenas berlineses o alemanes, en todo caso.

(p.s. este texto lo escribí el cinco, sin embargo, hasta ponerlo a punto he demorado seis, por ello lo hago público sólo ahora)

4.6.06

Los once del patíbulo

Un partido a muerte. Pero no es una metáfora. Se alude a la de veras, a la que quita la vida a nuestros cuerpos. Bueno, a los que nos gustan las historias, esta que trae Pagina12 el día de hoy, a propósito del reiterativo balón que calma nos quita, no dejará de sorprendernos. Les provoco la lectura con el inicio del texto que, en verdad, vale la pena leerlo

Para los que nos gusta el fútbol, todo partido tiene algo definitivo. Días antes del encuentro, no importa si lo esperamos como jugadores o como espectadores, la realidad empieza a precipitarse hacia el gran evento y cuando faltan pocas horas nada de lo que venga más tarde parece posible. Es una especie de fin de mundo, el momento del pitazo inicial, porque la pasión ordena que los partidos sean a muerte, que en todos uno deje las piernas, la garganta, la vida. Claro que los noventa minutos pasan, incluso los que deciden un campeonato internacional o un mundial, y la espera de siete días o cuatro años vuelve a tomar su curso. Pero esta búsqueda del partido absoluto, el partido que lo decidirá todo, no es simple expresión de una utopía inalcanzable, sino también una especie de tributo a un partido verdaderamente definitivo, un partido que fue literalmente a muerte, tal vez el más dramático de la historia.

Tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial, entre un combinado del ejército nazi y el Dynamo Kiev de Ucrania. ... la historia continúa en este link

2.6.06

Handke y el premio Heine

Hace una semana me apenó no poder reseñar la noticia de la concesión del Premio Heinrich Heine a Peter Handke, el autor austriaco cuya posición proserbia incomoda desde hace una década a políticos e intelectuales de distintas tendencias. Justamente, hace cosa de un mes en Francia, esta incomodidad tomó una desafortunada expresión: su obra teatral, El juego de las preguntas, cuya puesta en escena en la Comedie Francaise de París iba a llevarse a cabo en febrero de 2007, fue retirada de la programación. No se hizo esperar la solidaridad de algunos de sus colegas ante ese acto de censura —comenté entonces el hecho con puntualidad. No comenté, sin embargo, lo que pasó luego: una más robusta fracción de artistas e intelectuales franceses hizo pública su solidaridad con Marcel Bozonnet, el director del teatro que decidió la retirarada de la obra de Handke de la programación al enterarse que éste había asistido a los funerales del ex-presidente Milosevic (dictador, asesino o criminal de guerra, que es como lo identifica en la prensa). Un hecho poco feliz ciertamente, y, desde luego, pintoresco por lo que dejaba ver: una gran confusión entre juiciosas opiniones que hierran quitando valor a “una obra artística”, cuyo nivel e importancia están fuera de cuestionamiento, por la posición política “no correcta” de su creador. Fantasmas que parecían haberse esfumado hace tiempo ya, esos que juzgan una obra a partir de la moral o moralidad de su autor, volvían a la mesa de discusión con un impulso digno de mejor suerte. Y en París, habrá que tomarlo en cuenta.

No leí más al respecto, me fui de viaje. Transcurrió entre tanto una semana.

La fría mañana del 21 de mayo, a la vera de la Invalidenstrasse de Berlín, en el Volkspark am Weinbergsweg, me quede un largo rato observando el bronce que la ciudad dedica a Heinrich Heine. Dí con él de casualidad, mientras me dirigía a una cita con colegas curadores en un restaurant cuya terrasa colinda con este parque. Al bronce en el que un joven Heine sonríe a perpetuidad le acompaña una cita que me recordó una que me acompaña desde hace tiempo, de Heidegger: nosotros no vamos hacia los pensamientos; ellos vienen a nosotros. Una rosa invisible dedique a ese bronce (la lectura de Noches florentinas cometida hace tantos años me topó con murmullos). Y seguí mi ruta, alerta a los pensamientos que tardaban en llegar a mi cabeza.

De vuelta en Zürich, revisando en casa los periódicos que no pude hojear los días pasados, doy con una noticia feliz, esa que por premura no pude comentar la pasada semana: el 23 de mayo, la ciudad de Düsseldorf, otorgó a Peter Handke el prestigioso Premio Literario Heinrich Heine. El jurado que le adjudicó compuesto de doce personas, entre las cuales, profesionalmente, destacan Sigrid Löffler y Jean-Pierre Lefèbvre, argumenta que, "obstinado como Heine, Peter Handke persigue en su obra su camino hacia una verdad abierta. Handke orienta su visión poética hacia el mundo en contra de la opinión publica y sus rituales, sin la menor concesión". Pensé que este reconocimiento público le llegaba al austriaco en el mejor de los momentos. Las malas energías predispuestas en su contra desde hace tiempo, disparadas con insistencia unos pocos días antes, con ese premio iban a quedar sin piso, pensé. Pero pensé mal.

En el entorno alemán, no todos se han puesto contentos con esa noticia de distinción. Evidentemente, no sólo en Francia son numerosos los políticos e intelectuales que deploran la posición del autor austriaco. La noticia feliz de hace una semana, en estos pocos días ha inflamado voluntades y caracteres. Ha forzado a pensar límites de “entendimiento”, o quiza, el entendimiento de los límites.

Literatura y política otra vez contrapuestos. Los consejales de la ciudad de Düsseldorf, políticos que deben ratificar el premio y dar su visto bueno para extender el cheque de 50.000 euros que otorga el premio, se han pronunciado en contra de la decisión del jurado. No están de acuerdo en que éste sea entregado a un autor cuyas opiniones proserbias no comparten en punto alguno ni aceptan para nada. Handke, en una carta publicada hace dos días en el Süddeutsche Zeitung, sale al paso con palabras claras, calmas y precisas, que apenas han servido a la hora de evaluar esta incomoda situación en la que la libertad de expresión, la correción política, las palabras fugaces en los medios y de los medios, o el poder a secas, cruzan sus sables alrededor de una obra que por suerte, como el sonreido bronce que reproduce al joven Heine en el Volkspark de Berlín, permanece ya imperturbable.

Este día, en una carta extensa publicada en el Süddeutsche Zeitung, Sigrid Löffler (editora de Literaturen) y Jean-Pierre Lefèbvre (profesor de la École Normale Superieure de París), con palabras igualmente claras y precisas, hacen pública su dimisión como jurados de este afamado premio al que han prestado su contingente en las tres últimas entregas (éste se falla cada dos años; han sido premiados en las tres versiones por ellos precididas, W. G. Sebald, Elfriede Jelinek und Robert Gernhardt). Graves son las palabras que allí utilizan para signar el comportamiento de una parte de los jurados, no leídos, burocráticos, y sobre todo inmaduros para ejercer una función en la que las decisiones que se toman deben basarse en el conocimiento y ejercerse con confianza y respeto, no como ha sido el caso esta vez, en el que, a un autor, por su punto de vista disidente, se trata de callarlo y “aislarlo, humana y políticamente" y afectar su obra”. Casi al final de esta carta nos recuerdan los dos (ex) jurados: “Pero de una cosa no se puede discutir: Peter Handke es uno de los autores más importantes del presente. El programa de su vida es al mismo tiempo la ley de su escritura: el trabajo en un conciente cambio de visión del mundo. En sus textos sobre los Balcanes resalta esta aspiración a pensar y escribir sobre ello de una manera distinta a la del consenso formado por los periodistas, como se podría ver la guerra separatista jugoslava, como se podría juzgarla


Para finalizar este recuento de alteraciones traduzco las palabras con las que el pasado 31 de mayo, Handke comienza su carta publicada en el Süddeursche Zeitung:

Tengo que ser riguroso y responder con tranquilidad a las recriminaciones que se me vienen haciendo desde hace muchos años, y hoy nuevamente a partir de la adjudicación ( y de la tramada no-asiganación) del Premio Heinrich Heine. Lo tengo que hacer por los lectores, por los lectores leales –por lo demás una tautología, pues un lector desleal o prejuiciado nunca es un lector...

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Diario El País sobre Caso Handke

Se solidarizan con Handke, entre otros, Botho Strauss, Win Wenders, Elfriede Jelinek, ...

Contra Handke, el premio Nobel Gao Xinjang, Marcel Reich-Ranicki, Daniel Cohn-Bendit, gran parte del Partido Verde Alemán, ...




28.5.06

Baudelaire de Campaña

Babelia del sábado 27 de mayo está dedicado a la Feria del Libro de Madrid. Ciencias y letras son los hilos conductores de este evento en su 65ª- edición. Numerosos los libros científicos que destaca este suplemento. Numerosos también los de letras, por ello quizá reseñados apretadamente. Entre estos se suguiere uno que me gustaría leer. Puesto que el comentario no consta en la edición electrónica, lo copio a continuación.

Baudelaire
Juego sin triunfos
Mario Campaña 2006, Ed. Debate, 384 p.

Una biografía general que quiere evitar la hagiografía, la leyenda y el anecdotario. Así describe el poeta ecuatotiano Mario Campaña su libro sobre Baudelaire. Así lo describe y así es. Y además de ser una buena biografía del inventor de la poesía moderna, es decir, urbana, irónica, descreida, pegada a la vida y al margen del Dios, de la historia y de la naturaleza —este libro es un buen retrato de la primera mitad del siglo XIX, una época que nos ha hecho como somos.
Campaña se suma así a la cofradía de baudelarianos en lengua española, que no son pocos: ahí están, entre los vivos, Félix de Azúa —autor de un ensayo ya clásico—, Antonio Martínez Sarrión y José María Álvarez —traductores de sus poemas— o Pere Rovira —reciente traductor de la biografía que del poeta escribió su amigo Asselineau—.


No dice más la nota ni viene nombre alguno a su pie. La diagramación de la página, sin embargo, hace suponer que fue redactada por Miguel Á. Villena.

Por otra parte, en la prensa electrónica, al menos tres periódicos de Latinoamérica comentan este libro. La República de Lima, Mercurio de Chile y, el argentino Pagina 12, que el domingo 28 de mayo, en su sección libros, títula así:

El otro Baudelair

En una nueva biografía sobre Baudelaire, el traductor y poeta Mario Campaña trató de desarticular todos los tópicos que han etiquetado al enfant terrible de la poesía francesa. Que se jactaba de haber devorado los sesos de un chico y de descuartizar a su padre. O que tenía especial predilección por las prostitutas monstruosas, el opio y el ajenjo. Para Campaña, todo eso engrandece su leyenda de poeta maldito pero poco dice del hombre que sentó las bases de la poesía moderna desplazando al romanticismo francés. Tal vez por eso, el poeta y traductor Mario Campaña reconstruye en su biografía Juego sin triunfos la figura del poeta sin caer en el anecdotario ni en la leyenda negra. El autor mete mano en documentos que otros biógrafos no pudieron consultar, como su correspondencia privada, los manuscritos personales y la póstuma e inconclusa obra Pobre Bélgica. Y quiso concentrarse además en las posturas que tuvo Baudelaire con respecto a las tensiones entre el arte y el mercado. “Baudelaire creía que su literatura no iba a triunfar e hizo de su independencia una bandera”, añade Campaña. De hecho, el poeta disparó sus dardos contra “la literatura pedagógica de Victor Hugo”. “Baudelaire defendió con ímpetu la soberanía del arte frente al avance del mercado y en esa guerra su único aliado fue Poulet-Malassis, su editor de Las flores del mal”, concluyó el autor de la biografía.

Elocuente estas notas breves; pero también incompletas. Habrá que hacer una lectura detenida de esta biografía y comentarla in extenso; ello, sin olvidar la personalidad de su autor, Mario Campaña, que ya en 2004 publicara en la editorial española Bassarai, su traducción de las hasta entonces inéditas en nuestro idioma, Cartas de Charles Baudelaire.

15.5.06

Porchia y Aira

Hace un par de semanas, a propósito de un comentario de prensa, volví a repasar los pensamientos concisos de un escritor admirado a cuya obra, desde hace años ya, he vuelto con interminetencias, Antonio Porchia.

Como suele suceder con las reflexiones, con las constataciones concentradas en esplendor calmo, breves siempre y siempre sin prisa, no se dejan leer con facilidad cuando aparecen juntas en un libro. No al menos con esa que confunde concisión con ligereza. Estas proclamas autónomas frenan la susceción de la lectura, exigen a cambio, y continuamente, la interrupción, el salto hacia una página anterior, a una de otro libro, la equiparación con enunciados presentidos. O la suspensión del repaso hasta otro momento pues demandan ser caminadas.

Así es como he venido leyendo a Antonio Porchia en las diferentes publicaciones que me he procurado hasta ahora; fueron primero sus “Voces” (Alianza); despues “Voces nuevas”, y finalmente, hace un año, sus “Voces completas” —que incluyen “Voces diseminadas” y unas “Voces inéditas”. Porchia es lo que se llama un escritor tardío. Por otras razones, también atípico.

Hasta hace unas semanas era imposible encontrar en español una edición que juntara estos materiales completos. Por Babelia, me entero que Pre-textos acaba de sacar una al mercado. Hasta hace un año, estas existían sólo en una edición bilingüe hecha en Alemania, “Voces completas / Gesammelte Stimmen” (2005), de Tropen-Verlag, Berlín. Una hermosa edición que cierra con un ensayo de Laura Cerrato, un epílogo de sus editores y traductores, Juana y Tobías Burghardt, más un poema de Roberto Juarroz.

En el otoño de 2005, siguiendo la vena a un empeño, Alejandra Pizarnik (1936-1972), dí con una biografía y selección poética de la autora argentina hecha por César Aira (Ediciones Omega, serie Vidas literarias, Barcelona, 2001). Un librito de los más interesante en el que, indagando en las influencias que determinaron el estilo de esta poeta, consta esta parrafada imposible de obviar:

... (A Pizarnik le fue revelado su propio estilo en la obra de) Antonio Porchia. Conoció su obra en 1955 y casi de inmediato al poeta. Ya en 1956 escribió un artículo sobre él. Porchia era un viejo obrero jubilado (había nacido en 1886, murió en 1968), vivía muy alejado del mundo literario, y nadie se lo tomaba muy en serio, situación que ha persistido. Escribía lo que llamaba “Voces”; tal es el título de su único libro, ampliado en sucesivas ediciones hasta su muerte. Son algo así como aforismos (Pizarnik era muy estricta en llamarlos “poemas”) de aspecto sapiencial, lo que hizo su modesta popularidad entre un público no literario, y su correspondiente descrédito entre lectores más sofisticados. En realidad, las “Voces” no tienen nada de sapiencial sino que son pequeños mecanismos de lógica perversa. La mayoría se anula a sí mismo en un rizo lingüístico de intensa extrañeza. Como típica venganza argentina al descrédito local, las “Voces” de Porchia habían sido descubiertas por Roger Caillois en su paso por la Argentina en los años cuarenta, habían sido traducidas al francés, y André Breton terminó diciendo que era la mejor poesía de la que tenía conocimiento en lengua castellana”.

El discurso de Aira muestra en la suseción del texto la influencia de Porchia en Pizarnik y, como no, en Roberto Juarroz (todos sus libros se llaman Poesía Vertical, y van acompañados de un número — son catorce). Esto constituye sin embargo otra historia.

Cuando leí la categorización que hace Aira de las “Voces” de Porchia, pensé en la que yo he hecho a lo largo de los años, encantada y apenas provista para pinchar el bisturí en esas perfecciones concretas; sin duda soy parte de ese público que le brindó al autor “la modesta popularidad”; sin duda, poco he hecho para buscar razones que explicaran el entusiasmo que me movió a su lectura ¿cómo serán las razones que alejan a los lectores sofisticados de esta obra?. La intepretación que Aira hace de las “Voces”, al medir sus partes y desmontar el mecanismo que las mueve es una que no deja de llamar mi atención. No descarta su importancia. Hay un texto que Borges dedicó a las “Voces” de Porchia que alaga leerlo pero nada dice ante la lectura sofisticada de Aira.

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Los libros de A. Porchia
Roberto Juarroz sobre A. Porchia
Laura Cerrato sobre A. Porchia
Jorge Luis Borges sobre A. Porchia

10.5.06

Peter Handke en Pozarevac

Leí en la edición impresa del periódico suizo NZZ (Neue Zürcher Zeitung) del viernes 6 de abril una notita de agencia internacional que aludía a Peter Handke (1942), el prestigioso autor austriaco —admirador reverente de Julio Cortazar.

Dice la nota breve que la obra dramática “El juego de las preguntas o el viaje al país sonoro”(*), que iba a ser representada del 17 de enero al 24 de febrero de 2007, en el Théàtre du Vieux-Colombier (uno de los tres que conforman la Comédie-Française), de París, ha sido retirada del programa. La razón: no le cayó nada bien a Marcel Bozonnet, administrador general del teatro, enterarse, leyendo una nota en el Nouvel Observateur del 6 de abril, que Handke estuvo presente en Pozarevac en el entierro de Slobodan Milosevic, ex presidente de la república Serbia (o dictador, o criminal de guerra, calificativos que suelen también acompañarse a su nombre), el pasado 18 de marzo.

En la edición del sábado del diario español El País viene esta misma noticia, ampliada con los nombres de algunos colegas de Handke que no comparten los temores del administrador del Vieux-Colombier y se solidarizan con el autor ante este acto de “censura a su obra”. Sin embargo ese reporte no deja ver con claridad la posición del escritor austriaco.

Hoy por la mañana he podido leer finalmente la versión fuente de este affaire, publicada en detalle en la edición de Le Monde del jueves 4 de abril (una página entera en la que se aborda este asunto desde tres puntos de vista).

A los hechos referidos arriba, sus antecedentes, los puntos de vista contrastados, se añaden las palabras indiganadas que Elfriede Jelinek, Premio Nobel 2004, dirigiera a este periódico acusando la actitud del señor Bozonnet y solidarizandose con su compatriota, como lo hacen, en una carta reproducida dos páginas atrás en esa misma edición, la señora Anne Weber y cuarenta colegas suyos; y está también lo que aquí me trae, las palabras que Handke pronunciara en el entierro de Milosevic el 18 de marzo pasado, publicadas en la revista alemana Focus el 27 del mes pasado y que el diario español traduce apenas una línea. Dicen:

“No habría querido ser el único escritor aquí, en Pozarevac, habría querido estar a lado de otro escritor, por ejemplo de Harold Pinter. El habría necesitado palabras fuertes; yo requiero palabras débiles. Pero la debilidad, ahora, aquí, será justa. Este es un día para las palabras fuertes pero también para las palabras débiles. (a partir de este punto Handke empieza a hablar en serbo-croata). El mundo, el pretendido mundo dice todo sobre Yugoslavia, sobre Serbia. El mundo, el pretendido mundo dice todo sobre Slobodan Milosevic. El pretendido mundo dice la verdad. Es por ello que el pretendido mundo hoy está ausente, y no solamente ahora, y no solamente aquí. El pretendido mundo no es el mundo. Yo sé que nada sé. No sé la verdad. Pero observo. Entiendo. Siento. Me acuerdo. Pregunto. Es por esto que estoy presente ahora, cerca de la Yugoslavia, de la Serbia de Slobodan Milosevic.”

En su texto publicado en Focus, hace un recuento de las palabras utilizadas por periodistas y políticos al referirse a los serbios y a Milosevic en estos tres lustros, pero especialmente, en el año último. Concluye así:

“ Es (el uso de un) lenguaje semenjante el que mi incitó a pronunciar en Pozarevac este mini-discurso — en primer y en último lugar este lenguaje. (...) No por lealtad a Slobodan Milosevic, sino por lealtad a este otro lenguaje que no es ese de los periodistas, que no es el lenguaje dominante.
(...) El motivo principal de mi viaje fue el de ser testigo. Testigo, no en el sentido de la acusación, ni tampoco en el de la defensa. ¿Es que hoy en día no querer ser el testigo de la acusación significa estar de parte del acusado? “Indudablemente” ¿de conformidad con una de las mejores formulas del lenguaje dominante?”

Quiza valga la pena recordar que la acusación a Handke como pro-serbio inició en 1996, a propósito de la publicación seriada hecha en Süddeutsche Zeitung, de su libro Un viaje de invierno por el Danubio, el Save, el Moravia y el Rina o Justicia para serbia (**). Fue grande entonces la polémica que este libro causara en los círculos intelectuales y mediáticos. El hecho que un artista de la talla de Handke saliese en defensa de los entonces (y también ahora) criminales de guerra serbios causó mucha indignación entre sus lectores, más aún entre sus detractores que terminaron juzgándolo de “terrorista”. Sin embargo, el móbil que empujó al austriaco a meterse en tan complicada situación tenía otras razones, desde luego incómodas para la política, pero necesarias para quienes de verdad quisieran acercarse a una realidad mucho más compleja de la que los lectores apenas podíamos divisar en los reportes de prensa y las imágenes televisivas (bueno, también en los textos de Juan Goytisolo y Susan Sontag).

Hoy no se sabe cómo juzgar la actitud de este escritor cuya obra, como diría la señora Weber “felizmente, no tiene necesidad de defenderse; ella ignora la opinión; ella está allí, rica y calma, vasta y viva”. Por mi parte, identifico en la actitud de este autor una invitación a repensar las cosas de la política con otro lenguaje, a ser mucho más cuidadosos a la hora de enfrentarnos a los hechos duros y difíciles que nos indignan, provocan y sacan de nosotros palabras comprometedoras que luego, a lo mejor, haciendo gala del mejor humanismo, puedan no ser tan humanas en el campo de los hechos.

En una entrevista concedida a Le Monde des Livres la semana pasada, pues acaban de publicarse en francés sus “Carnets”, aborda en un tramo este delicado tema y concluye con estas palabras: “Yo estoy solo; y cuando se está solo, se tiene tendencia a sentirse culpable (esta es la tendencia Kafka) o magnífico. Estos son los dos peligros. Yo no soy culpable ni tampoco un heroe. Soy el tercer hombre”.


* Das Spiel vom Fragen oder Die Reise zum sonoren Land. Frankfurt/M.: Suhrkamp, 1989.
** Eine winterliche Reise zu den Flüssen Donau, Save, Morawa und Drina oder Gerechtigkeit für Serbien. Frankfurt/M.: Suhrkamp, 1996.

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Escribir es un viaje nocturno: entrevista a Peter Handke
Comentario a La perdida de la imagen o por la sierra de Gredos, novela de PH

1.5.06

¿Conocen a un tal Stein?

Me anticipo: yo, no. Y hasta hace una hora ni sabía que ese nombre iba a interesarme.

De visita por el barrio virtual, he dado con un texto firmado por Leopoldo Alas “Clarín” en 1894. Un texto en el que comenta de libros y buenas formas lingüísticas, de nombres y malentendidos "intercontinentales" dados en el ámbito de las letras de esos años. Un acápite del texto lo dedica a la Revista Literaria de Cuenca del Ecuador, y en él, a uno de sus redactores, o quizá editor, Stein.

No había escuchado hablar nunca de esa revista que se publicaba en Cuenca hace 112 años. Los estudiosos de la literatura ecuatoriana de seguro sabrán de su existencia y su rol en aquellos años en este país , o en la lengua, por lo que hace notar el autor español.

Esta mención que hace Leopoldo Alas “Clarín” de Stein en el contexto ecuatoriano, sin embargo, por lo que allí dice de él (el texto viene líneas abajo), me dejó intrigado. Me pusé a indagar datos suyos en la British Library, cuyo catálogo podríamos considerar una memoria viva y exhaustiva del mundo pero, lamentablemente, no encontré nada que lo refiriese. Por otras rutas, sin embargo, he dado con dos textos que, por ser coincidentes, me han inquietado más: un homónimo de esos años.

En antiQbook, una web de anticuarios que ofrecen libros, revistas y más publicaciones antiguas, se ofrece en venta la siguiente revista:

Gran Alamanaque de El Mosquito para 1880, con más de cien caricaturas y dibujos por Stein. REVISTA Alemania, Franz Wolf, 1979. Cardboars. 8vo 40 + V pp ills Very good. ¶ Contamos con ejemplares de una tirada especial de trescientos. USD 15.00
Offered by: Librería de Antaño. Members of I.L.A.B. - Book number: AA22B000026

Stein sigue llamándose Stein a secas. El Mosquito, deduzco que es una publicación argentina que apenas tiene algo que ver con Revista Literaria de Cuenca, puesto que sus intereses parecen ser otros, lejanos entre sí. Pero ni modo. Dada la casualidad provocada por la lectura, me place esta pesquiza breve que me ha hecho tropezar con dos "piedras" de interés: el Stein ecuatoriano, del que jamás había escuchado hablar nada hasta este momento; y el Stein afinacado por esos años en la Argentina, que por cierto, parece haberse llamado Henri (o Enrique) y, por lo que cuenta una página, había sido uno de los primeros en incursionar en el mundo del comic en Latinoamerica.

Pero veamos lo que dice el autor de La Regenta:


La sandez intercontinental

Leopoldo Alas


Las Novedades. Nueva York (EEUU), 1894.
22 de noviembre, 1894


En la Revista Literaria de Cuenca (Ecuador) leo una serie de artículos firmados Stein, en que se trata con buena forma y excelente juicio de corregir suavemente la deplorable tendencia de muchos escritores jóvenes de América a imitar de modo servil y con ridículas extravagancias las rarezas de cierta parte de la modernísima literatura parisiense. Aquí mismo y en otras muchas partes he escrito yo, con la mejor intención del mundo, en el mismo sentido que Stein, el cual, por cierto, me honra apoyándose en mi opinión y citando mis palabras. Mucho me alegro de que haya por allá quien piense en esto como yo; así se verá que no es absurdo desdén metropolitano lo que mueve mi pluma en tal dirección, sino el óptimo deseo de que no se pierdan en un callejón sin salida pasos que el ingenio americano da con generosa y espontánea animación para progresar en las cosas del ingenio.

Imitar, como en otro tiempo hacían por ahí los más de los poetas y prosistas toda una cultura secular como era el clasicismo, y aun seguir las huellas de la menos duradera pero enérgica y graciosa exaltación romántica podían ser empresas más materiales que gloriosas, pero con mucho eran superiores a esta de repetir las muecas y contorsiones de una evidente pero muy limitada decadencia. Porque no se olvide que no son las sólidas y sanas letras francesas las que agonizan en esas chocheces de muchachos, que tienen puerilidades de viejos; lo que agoniza es el inútil esfuerzo de la medianía que quiere darse aires de excepcional grandeza; el genio atormentado por complicaciones cerebrales y del gran simpático.

No quiera Dios que los americanos vuelvan a tener a Baralt por gran poeta ni a imitar opportune atque importune a Espronceda... pero se puede admirar sin gran entusiasmo El Niágara de Heredia... sin tomar por genios a Richepin, ni a Rallinat ni por ingenio siquiera a los inventores de diabluras efímeras e incoherentes.

Debo advertir, y no por pueril vanidad, que los artículos de Stein los copia, y por lo visto hace suyos, El Diario de Caracas; y por su parte La Estrella de Panamá, refiriéndose a lo que en Las Novedades he dicho, y a las mismas palabras mías que citaba Stein, abunda en mi sentir y tiene a bien y no a mala voluntad contra la literatura americana mis desinteresados consejos a la juventud española (sí, española) de esa hermosa tierra dueña del porvenir.

16.4.06

Interlunio y "moscas"

Como la mayoría de personas que trato cotidianamente, disfruto estos días de un feriado prolongado que por estas tierras va hasta el lunes. Sólo el martes regresaremos a nuesros sitios de trabajo —los niños y adolescentes, que asisten a escuelas y colegios, lo haran sin embargo el 2 de mayo; en el cantón de Zürich, las dos semanas que vienen corresponden a las vacaciones de primavera; por cierto, nada alegres esta vez pues, en los días últimos, anoche, o en este mismo momento, no deja la lluvia de recordarnos su presencia, a ratos insistente, de manera fugaz otros, a la mano, en todo caso cuando alzamos la vista y damos con un cielo plomizo—. Estas horas de clima poco amable nos disponen a permanecer en casa, relajadamente, donde las posibilidades de descanso y disipación, de entretenimiento, se muestran más generosas que si nos asomásemos a la intemperie. A mi, de buen agrado, me sirven para poner papeles en orden, rever cosas pendientes u olvidadas, clasificarlas, deshacerse de algunas; es decir, para aligerar el equipaje con el que vamos por los días. De cabeza en este afán doy con “recortes varios”, de prensa y revistas, pezcados aquí y allá, puestos en el portapapeles con alguna nota al margen y la promesa de ser tratados en serio y dedicado el tiempo que se merecen “más adelante”. Como es de suponer, ese “más adelante” se prolonga cada vez más, mientras la realidad trepida y pare sin pausa nuevos asuntos, por lo general, igual de interesantes que esos que empiezan a alejarse en el tiempo “y no fueron tratados con la calma y tiempo debido”. Uno de esos papelitos, a punto de caer en la papelera, acaba de romper mi afan ordenador y, puesto que me rodea la distención, empujarme hasta el escritorio —vamos a ver qué cosa sale de ello.

Pero antes de pasar a ese asunto pendiente, una notita, que a lo mejor interesa a alguién: el profesor Eduardo Becerra, catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Madrid, ha escrito un comentario a la novela última de Javier Vásconez, El retorno de las moscas, que vale la pena revisar.

11.4.06

San Martín y The Economist

Hace poco hice aquí una alusión al semanario británico The Economist, a propósito del comentario hecho en sus páginas del paro de labores impulsado por los movimientos indígenas ecuatorianos (una nota anterior daba cuenta de las características especiales de las rosas ecuatorianas, su producción y comercialización en los mercados internacionales). Como quedó dicho entonces, esta revista comenta de manera ejemplar los asuntos del mundo. En estos días, sin embargo, sucede lo contrario, el semanario es “el tema” entre los medios que trabajan con seriedad la información y los análisis de los suscesos que estructuran y amenazan el mundo. Hay una razón, su director, Bill Emmott, acaba de dejar el cargo. Se va, sin embargo, con los aplausos y la admiración de al menos un millón de personas, que sería el número de sus lectores si nos remitiésemos al tiraje de esta revista. No es de extrañar tanta distinción. En un mundo empapelado de diarios, semanarios, periódicos y publicaciones de todo tipo, dar con una que cultiva cualidades en baja, como es tener un punto de vista independiente y riguroso, no supeditado al poder —político, monetario, social, etc— y las tendencias de la naturaleza que sean, sube el ánimo de todo lector que tengan como valores a defender y seguir las libertad de los individuo y las sociedades.

Acabo de leer un artículo en ABC, de Eduardo San Martín quien define con amplitud y agradecimiento lo que este semanario le significa al mundo. Lo copio a continuación y, de paso, dispongo el link a un análisis que complementa esta visión, escrita hace un par de meses por Angel Arrece.
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A quien interese, he dispuesto en la sección comentarios la carta de despedida de Bill Emmott, A long goodbye (como el título de la hermosa novela de Raymond Chandler).


ABC, de España
Lunes 10 de abril de 2006
El mejor periodismo
Eduardo San Martín

«TRES cuartas partes de descripción de los hechos y una parte de opinión sólidamente construida y de análisis argumentado». Esta es la sencilla (¿o no lo es tanto?) fórmula que ha convertido a un venerable semanario liberal, originariamente nada preocupado por su difusión, en la publicación tal vez más influyente del mundo y, en todo caso, en una de las más respetadas. Desde 1843 hasta nuestros días, la historia de The Economist constituye el relato de una adhesión intransigente a esos principios. Y así la recuerda en su despedida el último director de la revista, Bill Emmott, que deja el cargo, en el ecuador de la cincuentena, después de una gestión de trece años en la que la revista ha experimentado una expansión que jamás podrían haber soñado sus fundadores, el escocés James Wilson, sombrerero y librecambista, y su yerno Walter Bagehot, auténtico inspirador del espíritu de la publicación.
Ciento sesenta años de perseverancia en unos principios y, como recompensa, el reconocimiento general. ¡Qué ejemplo para quienes, muy cerca de nosotros, tratan de conseguir apenas una brizna de esa misma influencia en el cortísimo plazo, utilizando en ese empeño el atajo de informaciones compuestas por tres cuartas partes de una opinión ramplona escasamente construida y plagada de argumentos ad personam desprovistos de toda piedad, y apenas una parte de hechos previamente filtrados a través del tamiz de sus propios juicios de intenciones!
No existen atajos en la conquista de la excelencia. Después de la Segunda Guerra Mundial, es decir, un siglo después de su fundación, The Economist seguía siendo una revista de minorías. Sólo entonces pasaría de los 18.000 a los 55.000 ejemplares, y no alcanzaría los 100.000 hasta 1970. Hoy, apenas 35 años más tarde, la revista vende un millón de ejemplares, cuenta con uno de los departamentos de publicaciones especializado en Economía y Política Internacional más prestigiosos del mundo y constituye la referencia obligada del pensamiento liberal contemporáneo.
Además de ese liberalismo intransigente que le ha llevado a ser la única publicación de su rango que viene defendiendo desde hace más de tres lustros la legalización controlada de las drogas, otras tres virtudes han contribuido a crear la aureola que envuelve al mito The Economist. La primera, la audacia. Reputada de manera muy simplista como publicación «conservadora», la revista se ha adelantado a su tiempo en asuntos que comportaban no pocos riesgos para un publicación del Reino Unido, desde la defensa de la introducción del sistema métrico hasta su matizado apoyo al euro, pasando por la propuesta de un referéndum sobre la corona británica, de la que el propio Emmott llegó a afirmar que se trataba de «una idea cuyo tiempo ha pasado».
El anonimato es la segunda. Estoy seguro de que la inmensa mayoría de los lectores del semanario nos hemos enterado de que Emmott era el director cuando hemos leído su Despedida la semana pasada, un raro privilegio —el de firmar públicamente un artículo— que casi sólo se concede a los directores salientes. Ninguna otra información se signa, con excepción de los dossiers especiales. Escritores anónimos pero no periodistas cualesquiera: el espía Kim Philby y tres políticos que llegarían a primeros ministros en su países —Asquith, FitzGerald y Einaudi— formaron parte de esa discretísima nómina.
Finalmente, la humildad. La que se manifiesta, frente al virus de la soberbia que infecta los periódicos de todo el mundo, en un permanente reconocimiento de los errores propios. O la que lleva a Emmott a explicar la posición de la revista favorable a la invasión de Irak con el gallardo argumento de que «incluso cuando se opta entre lo malo y lo peor, uno está obligado a elegir». La columna «Mrs. Moneypenny» del Financial Times le despedía así: «Aunque su modestia le llevará a rechazar la descripción, desde su puesto en The Economist debe de haber sido uno de los hombres más influyentes del mundo desarrollado y, posiblemente, también del que está en vías de desarrollo». Desde el anonimato y la humildad. Una lección.

7.4.06

Crónicas

Letras Libres de abril, en la columna Diábolos dedicada a Artes y medios, donde se comenta de manera suscinta películas y videos considerados destacables en el mes, trae un comentario poco encantado de Crónicas, del director ecuatoriano Sebastián Cordero. No habrá que poner en entredicho los calificativos de Mauricio Montiel Figuieras, el escritor que firma la nota, buen mirador de cine. Sin embargo, me habría gustado leer un texto más amplio, con una argumentación mejor dispuesta —pero ni modo, formatos son formatos. Para observar mejor el punto de vista y gustos del reseñista copio también uno de sus comentarios anteriores, el de diciembre 05 dedicado al film de Jarmusch.

Crónicas, de Sebastián Cordero
Por Mauricio Montiel Figueiras

Nacido en Quito en 1972, Cordero escribe y dirige su segundo largometraje –lo antecede Ratas, ratones, rateros– con el apoyo de Alfonso Cuarón y Jorge Vergara. Tibia crítica al poderío de la televisión, Crónicas cuenta con un reparto bilingüe (John Leguizamo y Alfred Molina, Leonor Watling y José María Yazpik) que nunca logra transmitir la fuerza del tema: la caza del Monstruo de Babahoyo, asesino en serie que funge como trasunto ecuatoriano de Andrei Chikatilo, el homicida ruso que cobró más de cincuenta víctimas jóvenes entre 1978 y 1990. Lo mejor del filme es Damián Alcázar, que encarna a un vendedor ambulante que puede o no ser el criminal; lo peor, que la duda se despeja demasiado pronto. ~


Flores rotas, de Jim Jarmusch

Como no es común que las almas gemelas coincidan en un mismo proyecto, sobre todo en el cine estadounidense contemporáneo, este filme, ganador del Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes, asombra y conmueve justo gracias al cruce de dos talentos hermanados por la contención dramática y la ironía melancólica. El dúo Jarmusch—Bill Murray ofrece una reinvención del mito de Don Juan en la que campean los elementos típicos tanto del director, que ha redefinido el minimalismo, como del actor, que ha relevado a Buster Keaton. Disfrazada de road movie, la película es en el fondo una triste reflexión sobre la pérdida y los afectos inconclusos, que merece desde ahora un sitio de honor en el panteón del siglo xxi. Inmejorables las cuatro actrices que dan vida a las ex amantes del seductor en decadencia. -

2.4.06

Milton Hatoum

Esta tarde he pasado leyendo y corrigiendo el comentario escrito de un amigo a la novela última de Milton Hatoum, Cinzas do norte (Companhia de Letras, São Paulo 2005). Bueno, en verdad no fue un texto sino que fueron dos: el original escrito por mi amigo en alemán, su lengua materna, y la versión en castellano traducida (o reescrita) por él mismo. Más allá de la admiración que me causó su destreza con una lengua ajena, pensé a ratos, en los tramos difíciles, que, antes que corregir ese comentario, habría sido mejor traducirlo del original directamente. Pero ni modo, hicé lo que debí y ahora el trabajo ha quedado hecho (acabo de remitirlo) y, pese a ello, o consecuentemente, me he puesto intranquilo pues me atraparon de pronto las ganas de leer cuanto antes la novela al que se refiere el comentario de marras.

Hace más de una década, un lunes a inicios de octubre, desayuné con Milton Hatoum (Manaos 1952) en un hotel del centro de Zürich. Quería entrevistarlo. Él estaba de paso por la ciudad, venía de Francfort, de presentar la versión alemana de su entonces primera novela, Relato de un cierto oriente, publicada por la prestigiosa editorial Suhrkamp. Entonces, apenas sabía yo algo de la literatura de Brasil. De los narradores, conocía a Machado de Asís, Guimaraes Rosa, Jorge Amado y ese duro y magnífico escritor de relatos, Ruben Fonseca, autor de Feliz cumpleaños y la novela El gran arte. De sus narradoras a Clarice Lispector y Nélida Piñon. Un puñado en verdad exiguo si uno quiere hacerse una idea de las realidades múltiples que conforman el vasto Brasil. Con la poesía me pasaba algo parecido: salvo los poemas de unos pocos de sus poetas, de Cabral de Melo Neto, de Ferreira Gullar, autor del legendario Poema sucio, y Haroldo de Campos (cuyo poema Galaxias lo tradujo a nuestra lengua el ecuatoriano Paco Benavides), nada sabía.

Durante ese desayuno hablamos de los autores del Boon latinoamericano, Rabelais y Rulfo, de Juan Montalvo y Euclides da Cunha, autor de ese clásico brasileño, Los Sertones, libro en el que se basó Vargas Llosa para escribir su Guerra del fin del mundo. Antes de despedirme de Milton, intercambiamos direcciones y le desee un buen viaje de retorno a su país. La entrevista planeada se transformó en diálogo y, a decir verdad, se malogró. Sin embargo, salí del hotel de buen ánimo, me perdí por las callecillas del casco viejo de la ciudad, repasando la conversación y la buena impresión que me causó este brasileño que estudió alguna vez arquitectura y literatura, primero en su país, luego en Madrid y París. Salí con vivas referencias de unos pocos nombres que luego me serían familiares, como el de Raduan Nassar, por ejemplo —el Rulfo brasileño, como lo llama Hatoum—, autor de Labor arcaica (1975), una novela breve (publicada hace más de dos decadas en la vieja Alfaguara, esa de portadas plomo-moradas) u Osman Lins, autor de Avalovara.

Con tres novelas hasta la fecha, Milton Hatoum es uno de los escritores brasileños vivos más importantes de su país. Pero, en otro sentido, es también uno de esos escritores cuyos libros corretean por lenguas diversas, con destinos incomparables entre sí; paradógicos, en verdad: pues, mientras en lengua germana, sin ser un best seller, es un autor de reconocido prestigio (su dos novelas anteriores, las publicó Suhrkamp Verlag, primero en pasta dura, luego en ediciones de bolsillo), como lo es en Francia —donde las ha publicado Seuil, conocida casa editorial—, un poco menos en el mundo de lengua inglesa (lo publica Bloomsbury), en nuestra lengua es apenas conocido; o peor aún, es un desconocido célebre a pesar de los esfuerzos hechos por Akal, su casa editora que ha publicado hasta ahora Relato de un cierto oriente e Historia de dos hermanos.

Es obvio que el tamaño que una casa editorial tiene en el mercado influye directamente en el conocimiento que puede procurar o no a sus lectores sobre una obra o un autor. Desde el punto de vista comercial, ello es irrebatible; sin embargo, sabemos también que este condicionante, cuando se trata de una buena obra, puede quebrase y dejar de ser un impedimento para llegar a oídos de algún lector atento. Quisiera pensar que es esto lo que sucede con la obra de Hatoum en lengua hispana, y que en cualquier momento, ésta llegará a un par de críticos solventes cuya voz se deja escuchar mejor en el ámbito de nuestra lengua y nos persuade con buenas armas. Quisiera pensar esto último, pero me viene a mientes una frase de Octavio Paz escrita hace más de tres décadas, en Puertas al campo: en Latinoamerica, la lengua castellana da las espaldas a sus vecinos brasileños; vivimos de espaldas a una realidad que también nos contiene. A la inversa no.

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Textos de Milton Hatoum
El continente de la literatura brasileña
La travesía del lenguaje, Pasión y delirio en Clarice Lispector

26.3.06

Clarice Lispector

Un relato de la autora brasileña:
Amor
fracmentos de:
La hora de la estrella
y un poema:
Estrela perigosa

Eslavoj Zizek, finalmente

Han transcurrido un par de años desde que leí en Schnitt, esa exaustiva y múltiple revista de cine alemana, una triada de textos muy sugestivos sobre Matrix, el film que fascina por igual a niños, adolecentes, cinéfilos, aburridos y personas otras que se preguntan sobre el tiempo y el espacio desde diferentes disciplinas y experiencias de vida. Más que interesante me resultó la lectura de esos tres textos —que al citarlos este momento, su recuerdo se abre paso con asombrosa facilidad por entre una maraña de impresiones y vivencias que conforman mi yo hasta este punto. Estos textos fueron, son, La ironía cibernética, de Peter Sloterdijk; Filmar la filosofía, de Boris Groys; y Las dos caras de la perversión, de Slavoj Zizek, nombre éste último que nada me decía entonces pero que en esa lectura, por la manera de apropiarse del tema, o si se quiere, de irrumpir en él, con un lenguaje y una argumentación que de normal no se usa en esos campos, llamó fuertemente mi atención y me puso en alerta. Enjundia y sorpresa me causaron los primeros ensayoss que leí en ese tramo; luego, un extrañamiento que veo haberse desprendido de la admiración.

Es que, entre tantos escritores, intelectuales, filósofos, observadores, artistas y críticos inteligentes que este incipiente siglo junta a nuestro alrededor —con una facilidad nunca antes tan a la mano—, dar con una voz que prueba a nombrar fenómenos que andan por allí como cables sueltos, o los relaciona con otros no menos inverosímiles, es un suceso difícil de echar de lado como una noticia o referencia más. Partir de una base argumentativa en la que San Pablo, el fundador de la iglesia católica, se entrecruza con Lenin; el marqués de Sade con Marx, el gozo —lo que suponemos que este significante denota— choca con el placer —otro significante— y las drogas dan la mano a la ética prometiéndose mutuamente al menos una conversación racional de sus contenidos y posibilidades resulta sumamente estimulante.

Esta vez, finalmente, a Eslavoj Zizek, el filósofo esloveno nacido en Lubliana en 1949, Babelia —que casi casi equivale a decir la prensa española—, acaba de dedicarle su portada, más una entrevista y un comentario, a propósito de la publicación casi simultanea en España de cuatro de sus libros (Bienvenidos al desierto de lo real, Akal, 2005; Arriesgar lo imposible, Trotta, 2006; El títere y el enano, Paidós, 2006; Lacrimae rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio, Debate, 2006)

En la Argentina sin embargo, como saben sus lectores en castellano, el filosofo esloveno es bastante conocido. No son pocas las entrevistas y comentarios publicados en los medios de ese país al que viaja a menudo y donde gran parte de sus libros aparecen casi seguidamente a sus primeras ediciones —hechas en inglés.

Entre la variedad de textos que la web ofrece sobre Zizek, o sobre su obra, hay al menos dos blogs (Rizomas y El bosque) que han dispuesto una generosa selección de links a materiales de este autor que valen la pena visitar.

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Cuatro modos del mal político, de Eslavoj Zizek, para leerlo en clave ecuatoriana, a propósito de las protestas que "van por las calles".

25.3.06

El Ecuador & The Economist

The Economist es el semanrio quizá más prestigioso del mundo. Es un medio ampliamente conocido no solamente entre personas ligadas a las finanzas y la política, sino, por la variedad e imparcialidad que le caracteriza, por todo tipo de lector que quiera tener y mantener una idea más o menos cábal de los rumbos por los que va el mundo. Un precio deben pagar los redactores que trabajan para este semanario consultado por los lideres de la economía y política de todo el mundo: el anonimato. Los artículos que se publican en esta revista no están firmados por tal o cual especialista en tema x o y. Sin embargo, se sabe que las personas que colaboran en esta revista son todos investigadores, intelectuales y periodistas del más alto nivel. Fernando H. Cardoso, ex presidente de Brasil, por ejemplo.
La primera edición de este semanario inglés salió al mercado en 1843.

Esta brevísima aclaración, sólo para dar una pista de la procedencia del artículo que a continuación copio, aparecido en la edición de este día 24, en el que se da cuenta de los sucesos que ahora mismo están sucediendo en el Ecuador. Triste la frase final con la que cierra este breve artículo. Triste porque sobre todo es cierta.

(el original en inglés, para los que deseen leerlo —y de paso corregir mi apurada e imprecisa traducción— lo pongo en la columna de comentarios)


Tensión pre-electoral

Desafíos a un gobierno débil


EN 2002, Lucio Gutiérrez, un ex-coronel del ejército a la cábeza de una alianza política que incluía al movimiento indigena entones bastante fuerte, fue elegido presidente del Ecuador. En abril de 2005, el señor Gutiérrez fue expulsado de su cargo y el movimiento indígena, del que él había tomado distancia con aterioridad, está ahora dividido. Pero incluso así, y de distintas maneras, ambos le están haciéndo la vida difícil al gobierno interino del Ecuador.

El desafío más inmediato viene de los grupos indígenas. El 21 de marzo, luego de varias jornadas de protesta y enfrentamientos, el gobierno declaró el estado de emergencia en cinco provincias de la sierra. El movimiento indígena más numeroso, la CONAIE, amenazó con tomarse Quito, la capital del país. El gobierno dice que utilizará la fuerza para derribar las barricadas.

Aparentemente las protestas tienen por objetivo impedir las negociaciones del acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. Dice la CONAIE que este acuerdo amenaza la subsistencia de los agricultores. Desea que se haga un referendum sobre este tema. Pero hay en juego una razón más importante para los líderes locales que tienen ante sí unas elecciones a realizarse el próximo octubre. Presionar y conseguir un poco de dinero del gobierno es una buena manera de asegurarse los cargos a los que aspiran.

A lo largo del país, protestas violentas similares organizadas por políticos locales de diferentes tendencias han conseguido mil millones adicionales del gobierno de Alfredo Palacio. Los manifestantes saben que las arcas oficiales están repletas con los ingresos inesperados por la exportación de petróleo. También saben que, a pesar de las aspiraciones iniciales del Dr. Palacio, hoy ya lejanas, de no limitarse a ejercer su cargo sólo como un vigilante, él es débil y la legitimidad de su gobierno es cuestionable. Un cardiólogo que fue vicepresidente del coronel Gutiérrez, puesto en su función por el Congreso y los manifestantes aireados que depusieron a Gutiérrez luego de que éste dilsolviese el Tribunal Supremo. De vuelta al país el pasado octubre, luego de un breve exilio, Gutiérrez fue encarcelado por sedición.

Conocido su desprecio por la independencia judicial, fue irónico que una corte liberase este mes al Sr. Gutiérrez, a pesar de estar aún inculpado por otros asuntos. Puntulamente acaba de lanzar su candidatura para la presidencia. Las encuestas le otorgan el 6%, colocándose con esto entre los cinco primeros candidatos en un terreno apretado. Es poco probable que él gane. Pero su presencia en la campaña, junto con las barricadas indígenas, nos recuerda que el gobierno del Ecuador carece de autoridad, y que es apenas algo más que una máquina de dinero efectivo. Desgraciadamente, la elecciones no podrán cambiar esto.

19.3.06

Franco Maria Ricci y La Biblioteca de Babel

El semanrio francés L’Express del 23 de febrero pasado, entre sus atareados temas de actualidad política local y mundial, trae una entrevista breve pero interesante al editor de la célebre Biblioteca de Babel, la colección de treinta tomos de literatura fantástica seleccionada y prologada por Jorge Luis Borges hacia inicios de los años setentas.

FMR, siglas con las que mejor se conoce a este legendario editor parmesano, empezó su carrera como tal hacia 1965, con un desafío —en verdad, por el interés nulo conque sus afines consideraban el proyecto, una quijotada equivalente a echar el dinero por la ventana: reconstituir el mítico Manual tipográfico armado por su compatriota Giambattista Bodoni (1740-1813), que juntó en un grueso tomo todos los caracteres y tipos de letras inventados hasta ese entonces. De esta obra de Bodoni, de publicación postuma, se imprimieron sólo cien ejemplares de cuya existencia la modernidad hasta los sesentas apenas sabía nada. Por azar uno de esos ejemplares llegaría a manos del entonces joven FMR que, deslumbrado, se propuso reeditarlo a cómo de lugar y al costo que fuese necesario, a sabiendas que nadie pagaría por esos ejemplares ni un centavo. Dos años de trabajo intenso y 70 millones de liras le costó llevar a la realidad su caprichosa empresa. Tenía la esperanza, más como formalidad, de poder vender cada ejemplar a 50 dolares —se imprimieron 400—; sin embargo, por incomprensible error, imputable quizá a los tipos de cambio dolar/lira y las matemáticas de los linotipistas, donde debió imprimirse el precio de 50 dólares, se imprimió 500. Para asombro de su editor, ese errado precio no espantó a los compradores; vendió prontamente esos 400 ejemplares impresos y debió reimprimir inmediatamente otros 500. En la actualidad, los tomos de esa primera impresión y reimpresión se comercian en el mercado de anticuarios a precios que oscilan entre los quince mil dólares.

Al empeño de este mismo editor debemos también la ya mítica y (al menos en castellano) desperdigada Biblioteca de Babel. Pues fue FMR quien propuso a Borges (y convenció) de dirigir una colección de literatura fantástica, seleccionada y prologada por él. Al mismo tiempo, fue también (anecdóticamente interesante) el primero en presentar en público, al menos al de Italia y Francia, a ese autor que ya entonces era un mito viviente al que gran parte de lectores de Europa querían conocer, ver, saludar.

Cuenta FMR que Borges, hacia 1970, invitado por él, pasó dos meses en Italia, entre Parma y Milán, y que eso fue una verdadera locura:
“las gentes se peliaban delante de mi puerta; los periodistas me rogaban organizar recepciones. Yo estaba agotado. ¡Toda Italia quería tocarlo como a la virgén de Guadalupe! Sólo la izquierda bien pensante se rehusaba a recibirlo. Los escritores como Moravia le reprochavan su odio contra Perón, a quien ellos consideraban de izquierda. Y sobretodo, no le perdonaban haber recibido una medalla de manos de Pinochet. Pero Borges había recibido esa distinción sin medir la dimensión política de su gesto. Ciego, el vivía separado del resto del mundo, sin radio ni televisión, entregado a la literatura. El no hablaba jamás ni de cenas ni de dinero, que son casi los únicos temas de discusión de la mayor parte de escritores que conozco. El era 100% literatura....
...Dos meses antes de su muerte, tumbado en la cama del hospital, tomándome de la mano, me suplicó que convenciera a su compañera, María Kodama, de casarse con él. Ella rehusaba hacerlo temerosa de que se le acusará de que se casaba por interés. Cuando finalmente ella aceptó, él me dijo: muero feliz”.

La selección borgeana, de seguirse sus preferencias, debió llamarse Colección del hombre y no Biblioteca de Babel, que es como la conocemos, propuesto por el editor desde el inicio y que al escritor, no le cuadraba: “no me gusta”, dice FMR que repetía insistentemente el argentino cada vez que abordaban este asunto. Sin embargo, como lectores, no podríamos encontrar un término mejor que defina a este escritor. Biblioteca, Babel, laberinto, espejo, ... son términos que inconcientemente relacionamos con Borges.

Cota
En mi biblioteca de Yaruquíes, en Riobamba tengo dos ejemplares de esta serie (El diablo enamorado, de Jacques Cazotte; y El cardinal Napellus de Gustav Meyrinck). Su lectura la recuerdo con gusto; pero también su materialidad: como objeto estos libros siempre me parecieron hermosos. Mucho tiempo pensé que esa colección existía sólo en español. Años despues, en Roma, revisando los estantes de la librería Feltrinelli, encontré la colección entera de La Biblioteca de Babel —en formato, caracteres, diseño, papel, similar, salvo por la lengua, a la de español que entonces suponía única. Leyendo la entrevista de L’express a FMR, me entero que esas singulares ediciones que circularón sobre todo en los ochenta, se imprimieron casi a la vez en italiano, español y francés, y que, salvo por los idiomas y los nombres de los impresores, son idénticas todas ellas en sus más nimios detalles.

La entrevista publicada en el semanario francés tiene un motivo: en Francia acaba de salir al mercado la reedición de dos de estos ejemplares (con éditions Panama). Es un proyecto de reedición que durará cinco años, a seis títulos por año.
Para los cazadores de objetos de lectura especiales que viven en Ecuador, por si acaso, una voz: en Librimundi de Quito, quedan aún unos pocos ejemplares de esta colección.
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Un ensayo de Beatriz Sarlo sobre Borges y la tradición, ...la tradición que se inventa

17.3.06

Premio Franz Kafka

En diario El Comercio (EC) de este día (y también en notas de agencias de otros diarios) encuentro la siguiente noticia referida a nuestro estimado escritor japones:

Haruki Murakami recibe Premio Franz Kafka
Praga, DPA
El autor japonés de bestsellers Haruki Murakami fue distinguido hoy con el Premio Franz Kafka de Literatura, dotado con 10 000 dólares (unos 8 000 euros).
La distinción le será entregada a fines de octubre en la capital checa, comunicó la Asociación Franz Kafka. El jurado internacional eligió a Murakami, de 57 años, entre veinte candidatos.Murakami es autor de "Hear the Wind Sing" (1979), "Pinball 1973" (1979), "La caza del carnero salvaje" (1982), "Baila Baila Baila" (1988), "The Elephant Vanishes" (1993) y "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo" (1995), entre otras.
El año pasado, este premio fue para el dramaturgo británico Harold Pinter.
El premio lleva el nombre del escritor checo de habla alemana Franz Kafka (1883-1924), autor de "La metamorfosis".

No es esta una noticia que sorprenda pues, si se quiere, diríamos que distinciones de esa naturaleza le seguiran llegando; sin embargo, agrada saberla. Sus libros, best sellers por exelencia en la multiplicidad de lenguas asiáticas, y en Occidente, también en inglés y alemán, no se confunden con los que normalmente traen este calificativo, que por lo general son relatos gratos y olvidables. A las historias de Haruki Murakami les mueven también otros resortes, más artísticos, muy de su manera al imaginar en ellas un orden invisible de la modernidad que a lo mejor ayuda a explicarla, en el que la vida interior de sus personajes, por azar o porque les llegó la hora, siguiendo alguna ley antigua que contradice a lo visible, a la forma de deslizarse por las horas, se revelan sin que apenas ese orden externo se de por aludido. No hay drama, sin embargo lo que sucede es dramático. Todo pasa en algún sitio del ser, en algún punto que tiene la cualidad de volver al estoicismo trivial y a la memoria una sospecha, un peso.

El último libro publicado por Murakami es Kafka on the Shore, la historia de un adolescente que el día de su décimo quinto aniversario se va de casa. En el camino decide llamarse Kafka; es otro y es el mismo, comienza allí el viaje hacia sí mismo de este joven, que es un deliberado homenaje a Salinger y a su El guardian en el centeno. Como lo habíamos comentado en otro post anterior, esta novela estuvo en la lista de las diez mejores de NYT del pasado año.

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Pagina oficial de Haruki Murakami

12.3.06

Valle de lobos

1
Los films nominados y premiados este año con los oscars no fueron del agrado de los norteamericanos; digo, del gran público que llena sus salas de proyección. Con datos en mano, hace un par de semanas, un intraquilo representante del sector cinematográfico, aclamaba en un podio televisivo norteamericano que lo que se estaba mostrando esta vez como cine, en verdad, no era cine hollywoodense. El señor ponía el grito en el cielo por los temas y contenidos de estos films que, según sus razones, habían espantado a su público habitual de las salas de proyección. La cifras le daban la razón: las películas nominadas este año, por sus temas muy humanos y poco espectaculares, han generado pérdidas económicas en este sector fundamental de la economía y política norteamericana. Muchos de sus espectadores, por estar en desacuerdo con esas temáticas, habían desistido de ir a verlas. Faltó acción, habitual acción en la ficción cinematográfica. Y los films se acercan con puntilloso silencio a temas que poblan la realidad circundante y exigen opiniones embarazosas, palabras a las que no se está habituado y podrían fastidiar "la comunicación".

2
El pasado dos de marzo se llevó a cabo en Berlín una rueda de prensa esperada con espectación. Raci Sasmaz (32), y Bahadir Özdener (31), productor y libretista turcos, reponsables del último fenómeno cinematográfico que corre por las salas alemanas, "Kurtlar Vadisi-Irak", Valle de lobos – Irak, respondieron a las preguntas que los periodistas occidentales les formularon esa noche a propósito de su película, la más cara en la historia cinematográfica turca (diez millones de dólares) y, por el interés despertado desde el primer momento, también la más polémica, dentro de casa pero, sobre todo, fuera.

Valle de lobos - Irak es un film de acción, de muchísima acción —esa que justamente se ha echado en falta este año en Hoollywood—, en el que los buenos y los malos alteran en la ficción sus roles habituales. Un Rambo turco marcha por un Irak en guerra para cobrar cuenta a su manera de las injusticias y abusos cometidos por el ejercito norteamericano contra hombres de Turquía. El protagonista tiene una espina clavada en el corazón (el suicidio de un colega suyo que no soportó la ignominia a la que los militares norteamericanos sometieron a once de sus hombres) y, porque sabe cómo, resuelve sacársela.

La cinta está en exibición, en Turquía desde el 3 de febrero pasado, en Alemania desde el 9. En este lapso, un film que no viene de Hollywood ha logrado que en su país lo vean más de cuatro millones de espectadores (su población ronda los setenta millones de habitantes) y en Alemania, país de la Unión European con el mayor número de inmigrantes turcos, más de cuatrocientos mil. Ha provocado, así mismo, que algunos políticos encendieran sus alarmas y retornaran al campo de discusión un tema que no acaba aún de marcharse, el fallido multiculturalismo, las caricaturas de Mahoma y la censura que, llegado el caso, como en este, no se sabe dónde colocarla. Así por ejemplo, el primer ministro de Baviera, Edmund Stoiber, exhortó a los administradores de salas de cine en Alemania a "retirar de inmediato esta película racista y anti-occidental que incita al odio" (No pocos recensores del film, de los que quedan fuera los de Die Zeit y la NZZ— lo han abordado y considerado con guantes de terciopelo, de innecesario terciopelo).

Una de esas voces en desacuerdo con el filmes la de la FSK, la institución voluntaria de autocontrol de la industria cinematográfica, que la sometió a revisión y acaba de dictar una sentencia este 10 de marzo: a partir de esta fecha no podrán verla los menores de 18 años. No afectará en mucho al film esta decisión; sin embargo, el gesto de haber sometido a control un film de acción y violencia como muchos otros que se proyectan cuotidianamente deja una puerta abierta a malas interpretaciones —de la libertad de expresión y la tolerancia.

3
En el SonntagsZeitung de este día Roger de Weck dedica su habitual columna dominical a este tema pero relacionado con la Casa Blanca e Irán: lo titula Rambo, Parte 4, y, a sus siempre esclarecedores análisis, suma esta vez una estadística que cito a continuación: “En Rambo 3, del año 1988, el heroe pelea del lado de los valerosos talibanes que entonces se enfretan a los soviéticos. En 97 minutos vemos 228 actos de violencia, donde mueren 108 personas. Valle de lobos no supera este record. Comparadola con este film la “Weltpolitik”, la política mundial, parece más primitiva que nunca. Ciertamente es mucho mejor el Rambo, cuarta parte, que se ejecuta de momento y se llama “Guerra santa”. A dónde nos conduce esta rambomanía nos los muestra Irak. El país se unde en una guerra civil....”

4
Irak, la vallée des loups está en cartelera en Francia desde el 1 de marzo. La edición de Le monde del 3 de marzo, dedica entera la página 3 a comentar la presentación de este film denominado anti-norteamericano en quince salas francesas. Para exibirse en Francia sus productores tuvieron que procurarse antes “una autorisación excepcional de proyección” concedida por la CNC (Centro nacional de la cinematografía) que previene además a los menores de 12 años, que no podrán mirala. En la proyección inaugural, cuenta Thomas Sotinel, el responsable de este reporte, que asistieron muchos ciudadanos de origen turco. Concluyé su artículo así: “Durante la proyección, la sala apenas reacciona. A la salida, la mayor parte de espectadores se dispersa rapidamente. Sólo un grupo discute a un lado de la vereda: esto es una mierda, dice uno de ellos. En el film, el americano dice que los turcos son unos jactanciosos, pero eso no tiene nada de malo ¡eso es verdad!” Luego, el tipo, riéndose, asiente que quizá su dictamen no es del todo imparcial puesto que él es kurdo.


5
No he visto aún el film que supongo no tardará en llegar a las salas suizas, donde sus periódicos han reportado este asunto con puntualidad y bastante equilibrio. No hay en inglés mucho sobre este “colosal suceso del cine turco”; sin embargo, si quieren ver unas pocas imágenes pueden visatarlas en esta página alemana que promociona el film en estos territorios. Ah, por cierto, los derechos de distribución de esta película en salas norteamericanas han sido ya adquiridos. Estoy espectante por leer las reacciones de su público ante este film de acción, de habitual y entretenida acción "que aleja al público cómodamente de la realidad circundante".

Schrödiger en Zúrich

Cada miércoles, la ciudad de Zúrich publica el Tagblatt , periódico municipal de distribución gratuita. En sus páginas uno se entera de los ...