18.1.15

La novela de Houellebecq

No es posible ignorarla. Soumission está ya en las librerías francesas. En Amazon, hacerse con su versión digital dura un par de segundos (y U$ 18.11). Vamos a ver que me deparan sus páginas, cómo serpentean por entre la realidad que le sirvió de premisa para tomar forma y es la misma en la que el pasado siete se cometió el atentado contra Charlie Hebdo. Si,  está impregna de sombras, unas inevitables, otras rebuscadas, puestas para la ocasión. A ver de que manera esta ficción remonta tan espesas aguas que no sabemos hacia donde corren.

Antes de volcarme en sus páginas he leído un par de artículos de opinión que los tengo en cuenta. Uno de Jorge Volpi, contextúa la figura y trayectoria polémica del autor (grato de leer, sobre todo, porque tengo una percepción distinta de MH). Otro de Bernard Henri-Levy, muy oportuno, para poner de entrada claras las reglas del juego y la posición de quienes lo llevan adelante.

__________________

Sobre Soumission en Liberation
Entrevista a MH en The Paris Review
Damian Tabarovsky en Revista Ñ
Sobre Sumisión y MH en ADN

16.6.13

Melville y Manuela

Cuando léimos El General en su laberinto, de García Márquez, hace muchos años ya (publicado en Oveja negra, en pasta dura), al llegar a sus páginal finales, el autor cita el encuentro de estos dos personajes, Herman Melville y Manuela Saenz, cuyas vidas también son parte de la representación que nos hacemos del tiempo. Diario El Comercio de este día, trae una nota de opinión, escrita por Oscar Vela, que reproduce esa anécdota y despierta la atención sobre las varias aluciones tejidas alrededor de este encuentro, bastante probable, por historiadores y fabuladores que gustan regrear a esa franja de la historia y los momentos de esas vidas.

3.6.13

Las citas de Charles Lewinsky

El periódico NZZ am Sonntag, semanal adscrito al Grupo NZZ, publica una vez al mes la revista de libros Bücher am Sonntag – una treintena de páginas en formato A4 dedicadas a comerciar libros y publicar ensayos breves, anuncios editoriales, comentarios y reseñas de libros publicados en el mes dejado atrás.

Charles Lewinsky, afamado y prolífico autor suizo de lengua alemana, mantiene una columna en estas páginas: "Leer citas", interesantísimas siempre, por lo que son en sí, por su poder de alusión, que dan cuenta del ojo que las selecciona y, en este caso, sirve de punto de partida a la interpretación que hace de ellas en el cuerpo textual.

La revista de la pasada semana, aparecida el 26 de mayo, trae una cita que me dejó intranquilo más alla de la lectura – por ello, como si hubiese visto la belleza, la sigo pensando una semana después - y pusó a mi subconciente a vagar por los recuerdos leídos en busca de respados similares o críticas que pudiesen echar al suelo lo que allí se sostiene.

La cita es esta:

He desperdiciado todo el santo día en un condenado soneto sin avanzar siquiera un paso. Y no porque me hayan faltado ideas. Estoy lleno de ellas. Tengo muchas.
- Pero Degas, no se hacen versos de ideas. Se los hace de palabras.*

                                        De Una conversación entre Edgar Degas y Sthéphane Mallarmé

A lo mejor algo suguiere a alguién. A ver que dicen los lectores de Wittgenstein y T.S. Eliott.


 ________________

*Ich habe meinen ganzen Tag mit einem verdammten Sonett verschwendet, ohne einen Schritt weiterzukommen. Und dabei fehl es mir nicht an Ideen. Ich bin voll davon. Ich habe zu viele.
- Aber, Degas, man macht Verse nicht aus Ideen. Man macht sie aus Worten.

                                     Ein Gespräch zwischen Edgar Degas und Sthéphane Mallarmé

______________________ 

P.S. El tema de la citas me trae a memoria unos textos luminosos de Gabriel Zaid a propósito de este tema, en verdad, el arte de la cita. Dispongo los enlaces a dos de sus textos aparecidos en Letras Libres hace años ya : Citas exóticas y Citas abusivas







8.7.12

1 entre mil millones

Folio, la revista que mes a mes publica el diario suizo Neuer Zürcher Zeitung (NZZ), tiene por tema en su número de julio las vacaciones, las ¡lindas vacaciones!: Schöne Ferien! Nunca dejan de llamar la atención los contenidos de este mensual (tampoco los de las otras publicaciones que la casa editorial, periódicamente, mientras el diario sigue su ruta, pone en el mercado como si nada, más que para debatir, para proseguir un diálogo de altura con los diferentes públicos que conforman la sociedad).
Como es habitual, Folio se interna el tema vacaciones desde distintas perspectivas. Por mi parte, al empezar a leer la publicación, me llamó la atención el editorial firmado por Barbara Klinbacher y titulado: 1 de 1 000 000 000: Mil millones de turistas viajaran de vacaciones este año. Pero nadie vendrá a donde Alejandro.

Alejandro es un indígena de la selva ecuatoriana que la redactora del artículo conoció hace 15 años en un poblado inexpugnable de la amazonía ecuatoriana. El recuerdo de ese viaje y los planes de Alejandro para impulsar un proyecto turístico son los ejes de reflexión de este texto. Los demás textos, de agradecer, como siempre.

8.6.12

América Ladina

La nota escrita por Manuel Vallejo (no, no se trata de mi tío que así también se llama) está firmada en Bogota, donde Yaron Avitov ha presentado su documental America Ladina, en el marco de la 25a Feria del Libro de Bogota. Su trabajo rastrea los vestigios de los sefardíes arribados a América en los siglos XVI y XVII por 16 paises de la región.

Leyendo esta crónica, he llegado a este fragmento:

... . En 2004 inicié mis averiguaciones sobre los marranos en Quito y durante ocho años el hilo de las mismas me llevó a entrevistas en nueve países de Latinoamérica. Paseándome por Zaruma (población en la zona montañosa del sur de Ecuador) era como estar en Jerusalén; tras dictar mi conferencia buen número de personas orgullosamente me comentaba por la calle: “Sabe, ¡yo también soy Sefardí!”.

Leer la crónica completa

6.6.12

Un título innegociable

Las razones de la ejemplaridad 

Javier Gomá Lanzón

Cuando en 2009 entregué el manuscrito de Ejemplaridad pública, los encargados de mercadotecnia del grupo editorial objetaron el título y me propusieron un cambio. Otros entendimientos más fértiles han logrado alumbrar un gran caudal de ideas, mientras que el mío, estéril y seco, sólo ha dado una, a la que he dedicado mi vida con devoción filosófica: la ejemplaridad, hilo conductor de mis tres primeros libros. El título, que respondía a un plan trazado desde antiguo, era innegociable y no se cambió. Aludo a los reparos editoriales para mostrar hasta qué punto en 2009 el concepto de ejemplaridad, a juicio de quienes saben, no estaba en el clima cultural del país. Tras publicarse, el libro conoció tres ediciones en pocos meses, lo que podría interpretarse como un éxito siempre que no se olvide la marginalidad del ensayo filosófico dentro del género ensayístico, el cual a su vez es minoritario comparado con la ficción. Con todo, se observó desde el principio que el concepto de ejemplaridad se iba introduciendo en ese clima en el que pocos conceptos caben y además por vía transversal, sin adscripciones ideológicas. En dos años se convirtió en moneda de curso corriente y, en un momento culminante de esta historia, recibió sanción regia cuando el Rey lo usó reiteradas veces en su discurso navideño de 2011. Entonces muchos medios de comunicación me interrogaron sobre las razones del éxito popular del concepto. Desestimando desde el primer minuto la hipótesis de que se debiera a la lectura de mi libro, circunscrito al exótico círculo de frecuentadores del ensayo filosófico, mi diagnóstico se orientó hacia la identificación de dos demandas sociales que los otros conceptos disponibles no satisfacían o no lo hacían suficientemente.

El Estado democrático moderno se ha asentado, entre otros, en dos principios. Primero, el respeto a la ley es condición suficiente para el establecimiento de una sociedad justa; en otras palabras, cumple la ley y haz lo que quieras. Segundo, la vida privada es parcela confiada exclusivamente al arbitrio del yo, quien no responde ante nadie mientras no perjudique a tercero. Normalmente los conceptos producidos por los intelectuales, enunciados en el cielo del pensamiento, progresan más rápido que la historia, frenada por resistencias materiales. En este caso aconteció al revés: las transformaciones sociales reclamaban unos conceptos que explicaran lo que estaba sucediendo y que el manadero intelectual no suministraba.

Y lo que estaba sucediendo era que determinados comportamientos de figuras notorias en España estaban siendo censurados por la sociedad incluso cuando formalmente se ajustaban a la ley. Había un duro reproche a conductas de personas que no eran procesadas o que, siéndolo, recibían luego la absolución del tribunal. Aunque no sancionables en Derecho, repugnaban a la percepción mayoritaria de lo decente y lo honesto. Se necesitaba una palabra que explicara ese plus extra-jurídico de exigencia moral a dichas figuras. En una sociedad justa —esta sería la conclusión— cumplir la ley es condición necesaria pero no suficiente.
Y respecto al segundo de los principios, la vida privada conforma uno de los derechos civiles más importantes conquistados por la modernidad, uno de los mayores regalos que el hombre se ha concedido a sí mismo. En virtud de ese derecho, la democracia reconoce a cada ciudadano, cuando alcanza la mayoría de edad, la prerrogativa de elegir el estilo de vida que prefiera sin interferencias ni tutelas públicas. Esto es y debe ser así, siempre que se distinga entre una concepción jurídica (la anterior) y otra ética de la vida privada. Desde una perspectiva ética, existe desde luego la intimidad, pero no estrictamente vida privada, si por tal se entiende un ámbito exento de influencia de ejemplos. Nuestra vida privada ofrece siempre el cuerpo de un ejemplo positivo o negativo para nuestro círculo de influencia y en este sentido inevitablemente produce un perjuicio a tercero (o beneficio), no un daño jurídicamente perseguible pero sí un daño moral (o un bien). La conciencia de este hecho hace nacer el siguiente imperativo de ejemplaridad: “Que tu ejemplo produzca en los demás una influencia civilizadora”.

El concepto de ejemplaridad satisface adecuadamente la doble demanda, de ahí su amplia recepción social. Por un lado, ejemplaridad sugiere ese plus de responsabilidad moral extra-jurídica, exigible a todos pero en especial a quienes se desempeñan en cargos financiados por el presupuesto público. Por otro, la ejemplaridad no admite una parcelación en la biografía entre los planos de lo privado o lo público —artificio válido en Derecho, no en la realidad— porque denota aquello que Cicerón denominó “uniformidad de vida”, una rectitud genérica que involucra todas las esferas de la personalidad. “Ejemplar” es un concepto que responde a la pregunta de cómo es, en general, alguien, y si parece o no digno de confianza. Cuando el Rey pronunció su célebre discurso navideño, quedó preso del concepto que escogió. Y cuando se aireó su safari en Botsuana, sintió sobre sí todo el peso de su elección. Porque su viaje de recreo no comportaba ninguna conducta ilícita y por añadidura pertenecía a la esfera privada y, sin embargo… el reproche social arreció tanto que hubo de pedir públicas disculpas.

Un concepto útil, pues, pero he de confesar que algo engorroso. Tras lanzarlo al aire, se ha vuelto también sobre mí como un bumerán. Apenas puedo hacer algo que se salga un poco de lo correcto —un comentario rijoso después de un gin-tonic, responder al móvil mientras conduzco— que no haya quien con mirada de pícara condescendencia me endilgue un “ay, ay, ay, la ejemplaridad pública”. Me está desacreditando delante de mis hijos, que constantemente me señalan la diferencia entre mi doctrina y mi ejemplo, y como algún día me pillen en algo feo seré el hazmerreír general. Por eso, me he decidido a cambiar drásticamente de rumbo y elegir un nuevo tema para mi próximo libro: Libertinajes sadomasoquistas. Una apología. Con ello confío en ganar un poco de margen y rebajar la insoportable presión.

Ejemplaridad pública, de Javier Gomá Lanzón, está publicado en Taurus.

Tomado de El País



17.2.12

Los gatos de Joyce

iOh sorpresa venir a dar con esta información en la prensa ecuatoriana!

"La imprenta Ithys Press publicó el cuento 'Los Gatos de Copenhague' del reconocido autor irlandés".

"La Fundación James Joyce de Zúrich, propietaria del cuento inédito del escritor irlandés, ha recibido "con sorpresa y decepción" la publicación sin su aprobación de este texto por parte de una pequeña editorial irlandesa. ..."

Hace unos años a mi amigo Fritz Senn, director de esta institución, y, quizá, el mayor especialista en el orbe en la obra joyceana, regalé para el fondo de la biblioteca la edición ecuatoriana publicada por Libresa de "El gato y el diablo". No sé si los editores ecuatorianos procedieron como sus colegas de Ithys Press. Puede que ello no importe demasiado al estar publicado en español, en cuyo mercado las reglas funcionan de otra forma (por cierto, hace unos meses, por dos francos suizos, pude hacerme con la aplicación de la versión digital en español de Ulises -el texto está completo pero no están registrados los datos del traductor, el año de la versión y demás datos que el lector agradece en todo tipo de publicación).

___________

The cats of Copenhagen
La versión de The Guardian sobre este asunto

12.2.12

Hans Ulrich Obrist

En el mundo del arte, del más global, es él una figura referencial, una de las más destacadas entre los curadores de arte contemporáneo, esa profesión de límites inciertos y, como sucede con la de los poetas, bastante difícil de definir y, peor aún profundizar en su espectro.
En el entorno que vive, no por casualidad, su nombre suena a menudo. Hoy más que antes. Y ello es bueno pues, como los antiguos viajeros que se alejaban a tierras desconocidas para aparecer luego de meses, barbados, cansados y en sus mulas, sacos llenos de novedades, él, y con él, siempre la estela de la novedad, aparecerá a menudo en la prensa zuriquesa. El 2012, al menos entre los lectores de Das Magazin, la revista semanal del Tageanzeiger, publicará semanalmente textos suyos relacionados con lo que a él le mueve, las cosas de la vida expresadas de la manera menos esperada, las palabras seleccionadas de personajes insospechables con los que ha tenido el privilegio de tratar o admirar sus trabajos.
He aquí el enlace a esos textos variados y ricos: Das Magazin

26.9.11

Gustavo Salazar

La columna semanal que publica Don Jorge Salvador Lara en Diario El Comercio de Quito, tiene esta vez por tema la serie "Cuadernos A pie de página". Se trata de trabajos publicados en Madrid, en verdad, desconocidos por el público lector. La serie, que se mantiene abierta a sorpresas futuras, está conformada hasta ahora por tres cuadernos, dedicado cada uno a un escritor ecuatoriano nacido alrededor del 1900. Estos trabajos han sido imaginados, escritos, financiados y editados por Gustavo Salazar – su presentación en Quito, en el Centro Cultural Benjamín Carrión, me entero leyendo la nota, se ha llevado a cabo la semana pasada.

Reflexivo, admirativo, es el sumario que hace Don Jorge de estos cuadernos y, puesto que muy pocos lo saben, de las publicaciones todas hechas hasta la fecha por nuestro autor-editor. En conjunto, se trata de trabajos de naturaleza poco común en el medio, esencialmente investigativos, ricos en datos, amparados en documentos que han sido salvados de bibliotecas y archivos, muchas de las veces, insospechados, lejanos entre sí, casi imposibles de recavar o de imaginar siquiera su existencia como la de los mismos documentos. Los resultados, sea en forma de libro o de cuaderno, como es el caso de estos tres que motivan la nota, comparten una constante: portan siempre en sí algo nuevo, algún material descuidado por la crítica, desconocido en la academia, olvidado por la mala lectura de las generaciones de lectores ecuatorianos transcurridas en los últimos sesenta años. Sus apariciones tienen la rara cualidad de ampliar perspectivas, alterar puntos de vista y visiones conocidas de la vida y obra del autor que trata o, simple, contundentemente, la de presentarnos y devolvernos a un autor cuya valía había sido omitida por las instituciones académicas, como sería el caso de César E. Arroyo. Como se podrá comprobar a continuación, nada comunes son estas publicaciones en el entorno de la literatura ecuatoriana, y quiza por esto mismo, no valoradas como debieran serlo, como suguiere Don Jorge o, desde otra perspectiva y otro entorno, lo hace el académico escocés Niall Binns.

He leído con gusto las palabras que Don Jorge dedica a Gustavo en el espacio de su columna semanal. Hace un par de meses, con sorpresa, leí las que Niall Binns pronunciara en la presentación hecha en Madrid de estos mismos cuadernos. Los escrúpulos me han impuesto la costumbre de jamás juntar en uno el territorio literario con el de la justicia; sin embargo, si estos pudiesen coincidir alguna vez, intuyó que la sensación que se experimentaría sería similar a la que he sentido leyendo el texto que Niall Binns dedicará a los trabajos de Gustavo Salazar.

Cuadernos a pie de página 1: Pablo Palacio
Cuadernos a pie de página 2: César Arroyo
Cuadernos a pie de página 3: Gonzalo Zaldumbide

P.S. Simón Espinosa sobre GS en Diario Hoy en Agosto 2012


-->
Gustavo Salazar y sus Cuadernos “a pie de página”: Gonzalo Zaldumbide


Niall Binns


Cuando conocí en Madrid, hace cuatro años, al novelista Javier Vásconez, me habló de un sabio que trabajaba en el Consulado de Ecuador. Tardaría un par de años en conocerlo en persona. Se refería, por supuesto, a Gustavo Salazar, el cerebro y el autor de estos cuadernos. Después de los libros anteriores, dedicados a Pablo Palacio y César E. Arroyo, esta misma semana Gustavo ha publicado su nueva entrega sobre el notable ensayista Gonzalo Zaldumbide.

Esta pequeña colección –porque si dos son pareja, tres son ya colección– se llama Cuadernos “A pie de página”. El título es curioso e intencionado. Dialoga, evidentemente, con las notas a pie de página que estamos acostumbrados a ver, y algunas veces a leer, en los libros eruditos. Pues en cierta medida, habría que leer estos tres cuadernos a pie de página como extensísimas notas a pie de página a todo lo que se ha dicho y todo lo que se ha escrito sobre Pablo Palacio, César E. Arroyo, y Gonzalo Zaldumbide.

Un prestigioso historiador de la Universidad de Princeton, Anthony Grafton, ha escrito un libro precisamente sobre el tema de las notas a pie de página. The Footnote. A curious history (1999), se llama, y ofrece, en efecto, una historia curiosa. Habla, por ejemplo, de la nota a pie de página más extensa de la historia, que va de la página 157 a la 322 en una historia del condado de Northumberland, publicada en 1840 por el inglés John Hodgson. 165 páginas de nota. Lo cierto, dice Anthony Grafton, es que la nota a pie de página se multiplica con las nuevas exigencias de rigor y objetividad que surgen con la modernidad. Se convierte en la marca inequívoca del investigador moderno, que considera su materia –aunque sea humanística: la historia o la filología– una ciencia. Es la herramienta que distingue al profesional del aficionado. Es la prueba de que el investigador ha hecho sus deberes, ha visitado los archivos necesarios, ha consultado los documentos clave, ha repasado exhaustivamente toda la bibliografía sobre el tema. Es la marca de su legitimidad, la garantía de su calidad.

La nota a pie de página puede ser, también, y así lo reconoce Grafton, algo antipático. Interrumpe el flujo de la lectura, obligando al lector a andar constantemente bajando y subiendo por la página, del texto a la nota, de la nota otra vez al texto: y luego ¿dónde estaba? ¿por dónde iba? Decía el dramaturgo inglés Noël Coward que leer una nota a pie de página es como cuando alguien toca el timbre mientras estás haciendo el amor, y tienes que levantarte de la cama, bajar por las escaleras, abrir la puerta, despachar a la visita, y cuando vuelves a subirte al dormitorio ya nada es igual. El historiador de Princeton ofrece otras analogías para señalar lo antipático que pueden ser las notas a pie de página. El zumbido de la erudición de las notas, dice, es como el chirrido de un taladro dental, algo molesto y persistente que hay que aguantar para que la ciencia funcione. O bien, dice Grafton: la nota a pie de página es tan fundamental a la vida civilizada como la alcantarilla. Sólo llama la atención cuando funciona mal, cuando la ciencia falla, cuando el investigador o el ingeniero no ha hecho sus tareas.

Creo que es en este sentido en el que hay que entender este título de Cuadernos “A Pie de Página”. Hay huecos, olvidos y tareas pendientes en lo que han escrito los investigadores sobre estos tres escritores ecuatorianos. Gustavo Salazar quiere suplir con su trabajo esas lagunas, esas fallas, esa falta –quizá– de rigor y objetividad, aportando una serie de documentos –artículos, reseñas, cartas y fotografías– que constituyen en su conjunto enormes y abigarradas notas a pie de página a lo que la crítica ha escrito sobre los tres autores.

Además, hay que decirlo, estos cuadernos son una prueba luminosa de que el rigor puede ser, no molesto ni antipático, sino realmente fascinante. Los textos reunidos en estos tres cuadernos permiten conocer, por una parte, el lado más humano de los escritores en su correspondencia con sus pares; permiten ver, en el caso de Arroyo y de Zaldumbide, el riquísimo diálogo que establecieron con grandes figuras de la intelectualidad española e hispanoamericana; y permiten conocer mejor el impacto de sus obras, tanto en Ecuador como en el resto del mundo hispano, mediante el intercambio epistolar y las reseñas de sus libros.

En este último cuaderno, me gustaría señalar algunas cosas que me han parecido particularmente interesantes. Están, por ejemplo, los dos pequeños textos sobre Zaldumbide de Rafael Cansinos Assens, maestro de la vanguardia en Madrid, que muestra que la relación entre los dos empezó con cierta frialdad, sobre todo –se intuye– por el atrevimiento que tuvo el ecuatoriano al matizar el valor de dos de sus libros: según Cansinos, Zaldumbide los encontró “demasiado modelados con piedras de la península”, demasiado “insulares”, y criticó en ellos la ausencia de la literatura extranjera. Es evidente que a Cansinos le desconcertó este hispanoamericano afrancesado, que lo visitó junto al venezolano Rufino Blanco Fombona. Así lo describía: “Este nuevo amigo, pequeñito, comedido, fino y lento, como metido en una urna de cristal finísimo, es todo lo contrario de este aborrascado Fombona y hace pensar en la América sin grandes volcanes, sin flora gigantesca ni largas tempestades, que es acaso la más verdadera América, pero que desencanta un poco”. Ese tipo de hombre frío y lleno de “prudente reserva”, que hablaba francés y tenía formación francesa, le resultaba muy ajeno a Cansinos y, sin duda, muy poco exótico... No obstante, a pesar de estas reticencias, es de reseñar que Cansinos no pudo dejar de elogiar la belleza y la inteligencia de los libros de Zaldumbide sobre Gabriel D’Annunzio y Henri Barbusse.

Cansinos no comulgaba, a nivel personal, con el galicismo mental de Zaldumbide, pero los hispanoamericanos que escribieron sobre él y su obra incidían una y otra vez en su calidez, y en la generosidad con la que los acogía en sus distintos destinos diplomáticos, desarmando así emocionalmente a los que llegaban –como el beligerante mexicano José Vasconcelos– cargados potencialmente de discrepancias y de antagonismo intelectual. Así, el colombiano Alejandro Vallejo, que lo entrevistó en 1927, comentaba hacia el final de su texto: “Gonzalo Zaldumbide es un hombre de una gran simpatía y una gran gentileza. Aunque no siempre sus palabras convencen, y a veces se siente uno al otro extremo de sus opiniones, no he querido yo discutirle. Primero porque no ha sido a discutir que yo he venido sino a tomarle opiniones para el público más que para mí. Pero sobre todo porque es tan cordial, tan extremadamente cordial, el ambiente en la casa de Zaldumbide, que una opinión contraria, aun sobre las más abstractas cuestiones, tendría allí cara de mal huésped”.

Muchos de los grandes intelectuales hispanoamericanos del comienzo del siglo compartían esta admiración hacia Zaldumbide. En este libro de Gabriel Salazar se encuentran los testimonios de José Enrique Rodó –sobre el que el ecuatoriano escribió uno de sus libros centrales–, y de muchos de los llamados “arielistas”: Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, José Vasconcelos, los hermanos Francisco y Ventura García Calderón. Zaldumbide es, con ellos, uno de los fundadores del pensamiento hispanoamericano moderno.

Por otra parte, están también en este cuaderno los comentarios sobre la obra de Zaldumbide, más matizados y marcados irremediablemente –como señala Gustavo Salazar en su prefacio– por sus diferencias ideológicas, de ecuatorianos como Joaquín Gallegos Lara, Alfredo Pareja Diezcanseco, Jorge Carrera Andrade y Humberto Salvador.

Antes de terminar, me gustaría señalar tres momentos que me parecen de un interés muy especial en este cuaderno. En primer lugar, el intercambio epistolar con Gabriela Mistral, que le pidió un prólogo para su libro Tala: un libro central, sin duda, en la decisión de concederle el Premio Nóbel en 1945. El libro de la Mistral se publicó al final sin prólogo, pero el simple hecho de pedírselo es una muestra en sí de la enorme estima que tenía la chilena por Zaldumbide. En segundo lugar, se reproduce aquí una poco conocida entrevista que le hizo en 1924 el gran César Vallejo, curiosa sobre todo por la forma lacónica y tartamudeante en que el poeta peruano articula su discurso. Y luego está la entrevista ya mencionada, del otro Vallejo –el colombiano Alejandro Vallejo–, en la que Zaldumbide toca temas centrales en sus ensayos –como el americanismo literario, que le parece una ridiculez, y el “descastamiento”– pero los toca, hablando, con un desparpajo muy entrañable. Daré un solo ejemplo. Cuando el colombiano le pregunta si cree que Rodó “ha calado en América” y si se han escuchado las palabras de Ariel, Zaldumbide responde lo siguiente:

Mejor que no... en ese concreto punto de Ariel. Es un reparo que tal vez no se le ha hecho a Rodó. Ese exceso de idealismo del Ariel estaba bueno para predicárselo a pueblos fenicios, a masas de traficantes. Por eso el Ariel debió escribirse en inglés, o mejor en yanqui. En los Estados Unidos hubiera estado muy bien. Pero a nosotros nos conviene lo contrario. Nuestras pequeñas repúblicas están pobladas de soñadores. Somos pueblos perezosos, enamorados de las quimeras, de manera que predicarnos más idealismo era inyectarnos la pereza, la inacción, el sopor que de sobra tenemos. A nosotros, se nos debe predicar lo contrario, el amor a la tierra sobre todo... Yo creo que el enriquecerse no es inmoral. La riqueza trae el bien. La necesidad más urgente para Hispano América es una instalación de material firme. Después vendrá lo demás. Siempre nos quedarán poetas de sobra. Los poetas no se mueren. Si el salchichero vive, el poeta puede vivir. Pero si el salchichero muere, ¿quién alimenta al poeta? Para ser idealista con eficacia hay que ser rico o fuerte.

Se trata, no cabe duda, de una perspectiva ajena a las ideas dominantes sobre la identidad hispanoamericana, y su conservadurismo y su extranjerismo bastan en sí para entender por qué Zaldumbide fue un autor incómodo para la mayoría de los intelectuales ecuatorianos del siglo XX. Sólo diría –para establecer un vínculo dentro de una nutrida línea de ensayistas conservadores–, que tienen mucho que ver estas palabras con un ensayo del chileno Jorge Edwards, titulado “La culpa de Rodó”, que cuenta precisamente lo que dice Zaldumbide, y critica en Hispanoamérica el exceso de idealismo, de vaguedad, de autocomplacencia y de palabrería.

Me gustaría terminar celebrando en Gustavo Salazar su envidiable sabiduría. Cada vez que converso con él vuelvo a casa con una nota mental de al menos media docena de libros que necesito, urgentemente, leer. Admiro su rigor, admiro esa labor detectivesca y sin duda obsesiva de ir peinando hemerotecas, registrando archivos, en busca de la siempre elusiva carta, libro o artículo. Y admiro su pasión, su hambre de conocimientos. Es un verdadero bibliófilo, o bien –podemos decirlo así, reivindicando la imagen–, un ratón de biblioteca, y en eso creo que me reconozco, por lo menos en parte, en él. Un ratón de biblioteca o como decimos en inglés, un bookworm: un gusano del libro. Qué curioso, cómo los enemigos del libro –los que miran con ojos suspicaces al que ha leído demasiado, al que sabe demasiado– han fijado en el imaginario popular estas imágenes. Porque los pequeños roedores y los insectos –gusanos, polillas, carcoma, pececitos de plata, termitas, se alimentan del libro destruyéndolos. En cambio, el ratón de biblioteca, el gusano de libros, se alimenta de libros para dar luz a otros nuevos libros.
 
Recordemos, para terminar, las palabras de Francis Bacon: “Some books are to be tasted, others to be swallowed, and some few to be chewed and digested”. Algunos libros son para probarlos, otros para devorarlos y unos pocos para masticarlos y digerirlos. Pues yo os recomiendo, con mucho fervor, el muy rico alimento de estos tres cuadernos “a pie de página” de Gustavo Salazar.

-->
-->

8.8.11

El sistema económico creativo de Gabriel Orozco

En no pocos asuntos de la vida pública –bueno, digamos más bien, en muchas fascetas de la comunicación – me es difícil no usurpar el título que Raymon Carver diera a uno de sus libros de relatos: De qué hablamos cuando hablamos de amor (What we Talk About When We Talk About Love ). Suelo asociar este enunciado, sobre todo, cuando leo comentarios y crónicas que reseñan exposiciones, obras de arte y posiciones artísticas. Los términos arte y arte contemporáneo, al menos en este plano, remplazan con holgura el término exasperado de Carver: ¿De qué hablamos cuando hablamos de arte contemporáneo?

Sí, hablamos de ello mismo, de lo uno y lo otro, de los límites definidos del primero y del todo vale del segundo, centellante en sus mejores momentos pero por lo general indiferente y, en gesto de fortaleza, desmemoriado. El arte sopesa y, amparado en códigos memoriosos, sospecha del desparpajo y las formas del segundo. El arte contemporáneo ríe, sonríe, coquetea, apurando los momentos, se va para aparecer en otro sitio con otro ropaje. Casi todo le vale lo mismo, salvo el precio y el valor de obras que ascienden a los cielos vistosas y fulgurantes, para esparcirse luego en guijarros ciegos por la noche infinita, sin dejar más pista que el recuerdo de su fulgor.

A pesar de la transparencia, la calidad y las demasiadas luces, no es fácil ver. No al menos palpar con los sentidos en pleno lo que se nos muestra como arte sin tener la impresión del embauco. Por ello me gusta escuchar, leer las palabras de los artistas, para, si no disipar mis dudas todas, darme apoyos para entender lo que voy viendo o no perderme del todo. En esas he estado o estoy siempre: en estas acabo de dar con una entrevista hecha a Gabriel Orozco hace poco, a propósito de las exposiciones antológicas de su obra expuestas en el Moma de Nueva York, el Centre Georges Pompidou de París, el Kunstmuseum de Basilea y la Tate Modern de Londres. Visité la muestra de Basilea curada por Bernhard Mendes Bürgi en abril del 2010. Ví entonces obras que no había visto antes, volví a encontrarme con otras, eché en falta algunas – por ejemplo la serie de videos hechos en Super8. Salí de la muestra alegre y falto de palabras. No supe cómo asirla en términos que fueran más alla de la impresión grata. Y continué mi camino, me fui por los días y las noches y otras muestras y olvidé valorar lo que allí ví. Hoy, repasando Letras Libres, doy con esta entrevista que, a riesgo de parecer excesivamente técnica, ha logrado aclarar mi visión de entonces.

 Entrevista con Gabriel Orozco


"El artista se posiciona con su obra entre las distintas fuerzas sociales y establece una estrategia de acción. Y en el establecimiento de su sistema económico, creativo y productivo está el germen de la distribución social de su trabajo. La posición del artista en el mercado, así como en lo político y en lo social, es resultado de la economía originaria de su trabajo como sistema de producción. Para mí fue muy importante entender esto y me parece indispensable para analizar cualquier tipo de arte que esté generando un diálogo público en el mundo del arte o en la academia, la vida política, la moda o el espectáculo. El sistema económico creativo que le dio origen a mis primeras prácticas ha generado su propia inercia de tránsito por diversos circuitos de intercambio social." G.O.

 

11.7.11

El arte quiteño



Crecimos con los cables cruzados. Lo tuvimos siempre al frente pero nos llegó de oídas. Las frases que van en una dirección se cruzan con conceptos que vienen de la otra, de otras partes, con vocablos que dan vueltas, sobrevuelan, se desplazan, borbotean sobre esa edad específica del arte que vivió este entorno social que hoy es la capital de los ecuatorianos: la Escuela de Quito, la Escuela Quiteña, el arte barroco andino, los maestros invisibles, anónimos, la colonia, el arte colonial, el catolicismo ortodoxo, la expresión, el Expresionismo, los mundos cerrados, jerarquizados en los que los artistas y artesanos pintaron, tallaron y cifraron cuidadosamente su huella, la de su huida – de la época que les tocó vivir, de las condiciones que les fueron impuestas para, a pesar de ello, dar forma a su arte. Fue todo un tiempo cuya hechura no ha dejado de perseguirnos quizá porque nos sugiere, nos habla e increpa.

Las obras de estos maestros las vimos de niños, adolescentes o jóvenes. Entrar a una iglesia era lo más normal del mundo, era como ver pasear un perro por una esquina. Por tanto, el recuerdo de lo visto, indiferente o referencial, ha estado siempre implícito en nuestros relatos, nos ha seguido por los años como un interrogante o, mejor, como la respuesta ejemplar a una pregunta que no acaba de escribirse porque no atinamos con la palabras que reflejen cuanto está ante nosotros.

Es la mañana de lunes 11 y estamos a punto de salir al convento de Santa Clara a ver la Exposición "El Arte Barroco de Quito". Voy preparado para ese encuentro. Ya compartiré mis impresiones de ello.

___________
Gloria del cielo en el arte de Quito
Sobre los constructores de la vieja ciudad
Escuela Quiteña


1.7.11

Yo aventuro una respuesta mejor que la suya

Desde el pasado jueves estoy en Quito, de paso. Vuelvo a esta ciudad que la identifíco también como mía –soy de Riobamba– a los dos años. Salvo por teléfono, no he podido aún saludar personalmente a mis amigos, a los que veré en los días que vienen. Un compromiso, por suerte, depachado ya, más minucias previstas e inesperadas, se han apropiado de casi todas mis horas. Sin embargo, entre salto y sentada, hojeo la prensa impresa, la que de normal leo a través de la red. Y en la del pasado domingo encontré algo que me llamó la atención, en el suplemento Familia de Diario El Comercio. Es un texto de preguntas planteadas por Doña Laura Jarrín que se cierra con una respuesta sugerida que a mi no convence del todo. Como el texto es corto, lo copio, y a continuación anoto mi respuesta – que en verdad no es mía, pues se trata de un verso dicho por un poeta nuestro, Paco Benavides. Entonces:



Yo me pregunto...¿Por qué es tan difícil llegar a acuerdos? ¿Por qué nos molesta tanto perder? ¿Por qué no podemos ceder jamás? ¿Por qué nos cuesta tanto perdonar? ¿Por qué no podemos decir lo que sentimos? ¿Por qué no aceptamos lo que nos dicen? ¿Por qué si nos gusta tanto criticar no podemos soportar la crítica? ¿Por qué culpamos a diestra y siniestra pero jamás aceptamos la culpa propia? ¿Por qué hablamos mal del prójimo pero nos enferma saber que alguien habla mal de nosotros? ¿Por qué mentimos sin rubor pero nos enojamos cuando nos damos cuenta de que alguien nos mintió? ¿Por qué damos consejos que no nos piden pero nos exaspera que alguien nos sugiera algo? ¿Por qué exigimos que nos crean pero no confiamos en nada de lo que nos dicen? ¿Por qué culpamos al resto de lo que nos sucede pero somos incapaces de aceptar nuestros errores? ¿Por qué, como dice ese sabio refrán, vemos siempre la paja en el ojo ajeno pero jamás la viga en el propio? ¿Es acaso nuestro ego el que impide que razonemos y aceptemos que somos simples mortales con fortalezas y debilidades, con aciertos y desaciertos?¿O se trata en el fondo de un complejo de inferioridad que nos agobia de manera tal que logra desubicarnos? "Vanidad de vanidades, todo es vanidad", esta cita del Libro de la Eclesiastés pudiera ser la respuesta.
La respuesta del poeta sería esta: Porque a mi me gusta hacer a los demás lo que no me gusta que los demás hagan conmigo.


22.1.11

Bill Viola

En el especial de Babelia por sus primeros 20 años, hay una serie de textos de lo más interesantes. Cada una de sus secciones, de sus convidados, desde su particular ámbito, celebra el tiempo transcurrido de este publicación dedicada a las letras y las artes echando una mirada al camino recorrido.
Mi lectura se detiene con especial interés en un texto del artista newyorkino Bill Viola, reflexivo y transparente. Admiro mucho sus trabajos; para el camino que hay que recorrer como público impenitente los considero propicios, pues nos sirven como referencia crucial para no perder el paso mientras nos adentramos por entre la selva, la inaudita selva de imágenes que poblan las horas de cualquier mortal conectado o desconectado a la hora del reloj planetario.
Cuando ví por primera vez uno de sus vídeos (Ancient of days, 1979), sin saber quién lo había imaginado y tramado y, peor aún, sospechar de la trayectoria de su creador, quedé punzado, perturbado y curioso por saber más de esa obra y el artista que la había imaginado o, sencilamente, en su busqueda, dado con ella: era la calidad de las imágenes y el tempo de la obra, su manera de contradecir el fluido temporal pero para volver sobre él pletórico de sospechas y sugerencias. Entonces, recuerdo, quedé ecantado como un niño feliz: había dado con una mina insospechada, una ruta, una posibilidad que me expresaba mientras miraba, mientrás intentaba adentrame, primero con los meros sentidos, luego con un vocabulario forzado de urgencia por entre sus segundos dilatados, sus imágenes tan perfectas como fantasmagóricas.
Viola no es un desconocido, no está demás, sin embargo, volverlo a visitar. Su texto magnífico nos da esa oportunidad. Y de paso, un video que nos resume su vida en 60 segundos:



-----------
Página oficial de Bill Viola

4.1.11

The Future of Art

Ha visto alguién ya este documental? Si no, a seguirle la pista, es prescindible desde luego, pero vale tomarlo en cuenta para tener una idea de esa vistuosa ruta que recorren muchos artistas y sirve de referencia a otros, sinde jar de ser exactamente eso, una ruta más.

2.1.11

Giacomo de nuevo

Acabo de dar con el Blog de Lydia Flemm, una escritora francesa que mucho admiro. Entre las entradas de su bitácora, encuentro un video y una serie de fotos en las que, junto a ella, posa sonreido mi estimado autor Philippe Sollers. Se trata de documentos registrados el pasado 9 de marzo de 2010, en la Bibliothèque Medicis. Les unía esa tarde o noche un asunto de interés compartido: El manuscrito original de "La histoira de ma vie" de Giacomo Casanova, que lo adquirió por esas fechas la Biblioteca Nacional de Francia por siete millones de Euros, el precio más caro, nunca antes pagado por documento alguno.

Euros aparte, me interesa el afan compartido de estos dos autores por el Caballero de Seingalt. Madame Flem publicó en 1995 Casanova ou l'exercice du bonheur, una hermosa biografía sobre el veneciano en la que, de la mejor manera posible -nunca mejor dispuesto el tacto, la observancia femeninas- intenta corregir el tremendo malentendido que pesa sobre la figura de nuestro veneciano de marras (Es castellano hay una versión del libro bajo el nombre Casanova, el hombre que amó de verdad a las mujeres). Desde otra perspectiva, pero apuntando en igual dirección, lo ha venido haciendo Philippe Sollers. Varios son los títulos dedicado a Casanova (ver aquí una lista), pero destaco uno aparecido en 1992 Casanova, l'admirable, que acaba de reeditarse en francés; lastimosamente, no tenemos una versión en nuestra lengua.
 


Empezar el año trayendo a mientes a estas dos personas es de mi completo agrado. A finales del 2011, si no se cruza nada inesperado en el camino, ellos serán de nuevo noticia. Monsieur Watzlawick, el editor de "L'intermédiaire des casanoviste" me comenta por mail que la Biblioteca Nacional de Francia prepara una gran exposición sobre el veneciano, a la que, paralelamente, se juntan los esfuerzos de Editorial Gallimard (Sollers es su director) que prepara su edición definitiva y anotada de la Historia de mi vida.

Lydia Flem et Philippe Sollers, (photo Thierry Sauvage)

9.12.10

Marcola: lúcido como si supiese la verdad

La columna periodística que don Simón Espinosa Cordero publica en Diario Hoy de Ecuador, trae en este día un texto cuyo título, Infierno, transcribe una entrevista hecha por el diario O Globo de Brasil a Marcos Camacho, conocido en su país con el alias de Marcola, máximo dirigente de la organización criminal de Sao Paulo denominada Primer Comando de la Capital (PCC), a la que se adjudica numerosos hechos de violencia.

Marcola está en prisión desde 2003; ha sido condenado a 29 años de reclusión por haber ordenado matar en marzo de ese año al juez Antonio Machado Dias.

Antes una cosa: el original en portugués de esta entrevista no lo he podido encontrar en ningún sitio: El buscador de O Globo no lo distingue; los datos más precisos sobre su veracidad anotan como fecha de publicación, el 23 de mayo de 2008, en el Editorial Segundo Cuaderno del diario en marras. Por las pistas que ha dejado Marcola en varios medios brasileños, no nos parece que este texto sea apócrifo.

En cualquier caso, su lectura inquieta, no sólo por el contundente análisis que hace de la realidad urbana, penetrante, lúcido, fatal, como si hubiese leído a Pessoa y, actualizándolo, lo pusiera a revisar la realidad social. Llama la atención sobre manera porque quien pinta con claras palabras una realidad tenebrosa, perfectamente distinguible y comprobable, no es un analista, un estudioso social o, suponiendo un caso feliz, un político preocupado de la sociedad en la que se mueve. No, quien escruta la realidad de la contemporaneidad urbana, con palabras pensadas y bien ordenadas, es un criminal cuya perspectiva mental, autoformada, por lo que se puede apreciar, está mejor dispuesta que la de los administradores y encargados de poner en orden la casa. No equivoco los adjetivos al suponerlo más agudo y sensible que los cuadros encargados de controlar el funcionamiento del Sistema, la maquina del Estado. Su perspectiva es simplemente otra; sabe que les lleva ventaja a los que miran desde el otro lado; o mejor dicho, a los que olvidaron que ese lado nada amable de la realidad, que él conoce a la perfección, pobre, peligroso por frágil, muy frágil, también existe y puede imponer las leyes que mejor le convengan. Para sobrevivir, para defenderse y sobrevivir. Si la política y la economía, embelesadas por sus propios afanes, para cuadrar sus cálculos, en teoría inclusivos, decidieron borrar de la realidad una franja importante de la sociedad, ésta, nos lo recuerda Marcola, no espera ni esperará a que las buenas artífices recobren su buena voluntad. Para vivir, primero deben sobrevivir, sencillamente; y se sobrevive sin pedir permiso a nadie y peor disculpas.

Marcola amplía el campo de bartalla. Es el criminal que argumenta y explica su lucha criminal por la sobrevivencia de una parte muy signifivante de la sociedad. Ha leído mucho más que muchos políticos, que varios presidentes en ejercicio del poder. Él cita en esta entrevista a Dante. Ha leído tres mil libros (cuando la entrevista estudia De la guerra, de Carl von Clausewitz). Encuentro en un perfil que le hicieran hace dos años que el libro que más le apasiona es "Assim falou Zaratustra" de Friedrich Nietzsche y que frecuenta las obras de Voltaire, Victor Hugo y Fiodor Dostoievski cuya novela "Recordações da Casa dos Mortos" la ha leído, quizá, en el sitio más propicio para entenderla a cabalidad, en prisión.

____________________

Entrevista publicada en Reporte 24, casi completa
Sobre Marcola en ISTOE

24.11.10

Gatsby, la crisis y Quiñonez

Leo un comentario literario de Manuel Rodríguez Rivero que nos recuerda a Fitzgerald y su legendaria novela El gran Gatsby. La crisis que todo lo topa es el resorte que impulsa al comentarista a recordarnos este libro que, por otra parte, como él lo dice, jamás estuvo fuera de circulación. Siguiendo el destino de los clásicos, este libro ha mantenido su actualidad más alla del tiempo y contexto histórico en el que fue escrito (por cierto, en La verdad de  las mentiras, Vargas Llosa le dedica un ensayo; para él El Grand Gatsby es una de las mejores novelas escritas en el siglo XX).

Fue entonces la crisis económica; esa era una, esta otra, pero, a la hora de la repartición de dolores, es la misma. Por ello la actualidad de esta novela, no lo dudo; sin embargo, esto me ha hecho recordar algo más cercano que también me interesa y se relaciona con el tema: Bodega Dreems, la novela que Ernesto Quiñonez publicara en el 2000 y fuera declarada por el New York Times como la mejor novela de ese año. Su trama y sus personajes son un implante logrado a la latina de El gran Gatsby. Alfaguara la publicó en castellano con el nombre Bodega de sueños. Habrá también que releer este libro. Y también indagar sobre los trabajos que habrá publicado entre tanto Ernesto Quiñonez, un ecuatoriano de Quevedo radicado desde niño en el East Harlem, New York.

14.11.10

Hans Magnus Enzensberger

En nuestra lengua no es un autor deconocido. Se lo identifica, sin embargo, es difícil dimencionar su actividad e importancia al interior de la cultura alemana; y más, a pesar que nos implica, su proyección en la contemporaneidad – esta que trenza a occidente con sus lenguas diversas, al globo con sus disimilitudes y la necesidad de interpretaciones amplias que exige el momento.

De espíritu inquieto, infatigable, poseido de multiples talentos, es a la vez lo que la mayoría, fijándose límites y reconcentrándose en su destino, no alcanza a ser a pesar de la dedicación que se impone: poeta, traductor, novelista, editor, redactor, ensayista, conferenciante, un espíritu, como se puede ver, abierto a la discusión que le salga al paso, al desafío que se le pongan al frente, dispuesto a arguir con los lenguajes que las circunstancias exijan lo que su experiencia y observaciones le suguieren expresar.

Su hora es la del momento. Su reloj camina con los temas que sacuden, aguzan o adormecen a las sociedades. Nada se le escapa a su sensibilidad; y, cuanto se nos escapa a nosotros, lectores, ciudadanos, paisanos de a pie, él nos lo recuerda con la claridad del caso y el tono a punto.

En tiempos difíciles, cuando los profetas, políticos y comunicadores nada tienen que decir frente a la cruda y dura realidad, pues sus palabras suenan huecas y con facilidad se las lleva el viento, son bienvenidas las de personas como este autor alemán, "fresco, claro y luminoso".

El pasado agosto, el suplemento especial del semanario hamburgués Die Zeit, venía ilustrado con su foto en la portada y un título prometedor, de periodismo innovativo ciertamente: 99 preguntas a HME, que se respondían en las páginas interiores y cuya gama alcanzaba el cielo y el infierno que compartimos.

Este día, la casualidad hace que dé con dos entradas que aluden en nuestra lengua al autor alemán. Una de diario El País, una entrevista llevada a cabo por Vicente Verdú; otra, un texto que Mario Vargas Llosa escribiese sobre la personalidad y obra de Enzensberger (lo leí en alemán en 1999, en el número 699 que la revista suiza Du - Das Magazin, dedicara al autor a propósito de su cumpleaños número 70) y que hoy lo rescata Letras Libres y lo publica en su número de este noviembre.

Un decálogo (otro)

Un ejercicio de osadía, llama el autor al decálogo que nos expone, propicio a los tiempos que corren, nacido al rumiar el "vaporoso tema de la felicidad". Con este título, sin duda, estaría esta enumeración mejor ubicada entre las guías de autoayuda y no entre los que ensayan su despegue reflexivo desde la seriedad – y, más aún, logran mantenerse en esa nube sin perder vuelo.

Al pie del artículo, junto a la firma de su autor se anota su profesión, editor. No es común que un editor aborde estos temas. Sin embargo, en este caso, es el más propicio: el editor considera, a quien va dirido este decálogo, nosotros, personas de lo más comunes y silvestres, autores de nuestras propias vidas, de la comedia o tragedia que vamos escribiendo día a día, minuto a minuto. Nos suguiere cómo editarla mejor, como demarcar sus capítulos y escenas para que ésta gane en claridad, definición y su resultado sea contundente. Valga de ejemplo la novena norma:

Novena. Tu vida es una novela que escribes con tus actos. Conoce a tu personaje y desarrolla tus potencias en función de las circunstancias y de tus sueños e ideales. Comprende tu realidad de escritor de la propia novela de tu vida, influye en el argumento de tu novela y concede mayor protagonismo a tu personaje. Podrás comprender tu camino en su conjunto.

Vale echarle un ojo a este texto. Nada sobra cuando de abordar "escrituras" se trata.

Schrödiger en Zúrich

Cada miércoles, la ciudad de Zúrich publica el Tagblatt , periódico municipal de distribución gratuita. En sus páginas uno se entera de los ...