4.11.10

Oscar Wilde vuelve





Nunca se fue. Es de los autores que tenemos más a mano. Los lectores ingresan en su obra, indiferentes de la edad que carguen y lo versados que sean o no en lecturas. Lo que encuentran en esas páginas les maravilla y, como no, les acompañará desde entonces para siempre. Recuerdo una frase de Borges que lo refiere: Wilde casi siempre tiene razón.

Repaso la edición impresa de The New York Review of Books; entre los interesantes ensayos, comentarios y catálogos de publicaciones recientes que ofrecen sus páginas, doy con uno firmado por Daniel Mendelson, Oscar Wilde, classics scholar. Comenta la lectura de dos títulos recientes; uno del mismo Wilde en verdad inédito, que empezó a escribirlo a los 22 años: The Women of Homer; el otro una biografía escrita por Thomas Wright: Built of Books: How Reading Defined the Life of OW

Compruebo con alegría que la versión electrónica del texto de Mendelson es de libre acceso; compruebo con asombro que la página-web Libros peruanos ha traducido a nuestra lengua este texto con inimaginable prontitud. No se lo pierdan.

3.11.10

Houellebecq y The Paris Review

Son célebres las "entrevistas de autor" aparecidas en The Paris Review. Desde 1953 vienen haciéndolas a autores que, a la hora sobre la que estamos embarcados, son todos clásicos (si nadie tiene algo en contra): Pound, Beckett, de Beauvoir, Nabokov, García Márquez y una larga lista de autores cuyos libros peturbaron y perturban la imaginación del lector.
El número de otoño de 2010 (No. 194) trae un extenta como interesante entrevista a Michel Houellebecq, de quien en francés acaba de publicarse su última novela: La Carte et le Territoire.

31.10.10

Oe, Duhamel, Cervantes



Volvemos a Cervantes, cuyo nombre, canalizado por la industria editorial y sus medios, ha sonado en estos días más de lo habitual - lo razonable en esa ola: por ser el clásico de lectura que es; lo circunstancial y oportuno, en cambio: por ser la marca y el símbolo más distinguido de la lengua que nos comunica; el marketing cultural, oficial y privado, que se hace al interior y fuera de la lengua, aprovecha al máximo las posibilidades del nombre. Y eso está bien a pesar que no nos guste la herramienta comercial que la impulsa (la lengua francesa descuidó este detalle y por ello en la actualidad pierde terreno fuera de sus fronteras).

Esto aparte, por la razón que sea, nombrarlo o leerlo, nos invitan a descubrir o volver a recorrer las impresas por él dejadas. Y no sólo en la Mancha, en su terrirorio contaminado.


Leo la sección opinión de Diario El País (ES); despierta mi interés el título de un artículo: La literatura, un viaje sin rumbo fijo, lo firma Kenzaburo Oe, autor conocido pero poco o nada frecuente en las páginas de este diario. El motivo de su artículo es una impresión de Cevantes, alrededor de la cual giran Javier Cercas, Erasmo, Kazuo Watanabe y Georges Duhamel. Las palabras interpretativas que éste último hiciera sobre el temperamento del creador de Don Quijote y el que debería habitar a quien quisiera adentrarse en este oficio, por lo que aquí nos cuenta, le fueron muy valiosas en su etapa de formación. Dicen así:

"Entonces, joven, vive la vida ante todo. Bebe abundante leche de la ubre de la vida para nutrir tus futuras creaciones. ¿Dices que quieres escribir buenas novelas? Hazme caso entonces y embárcate en algún puerto. Recorre el mundo ganándote el sustento con modestas ocupaciones, y soporta la pobreza. No te apresures a tomar la pluma. Sométete al dolor y al sufrimiento. Aprende con las miles de personas que encuentres a tu paso. Y cuando te doy estos consejos, quiero decir que jamás trates de esquivar la angustia que te ocasionen los demás o las adversidades que tengas que experimentar para hacerlos felices. (...) ¿Quieres escribir buenas novelas? ¡Óyeme bien, entonces! Antes que nada, trata de olvidar ese deseo. Emprende un viaje sin pensar en un rumbo fijo. Agudiza la vista, el oído, el olfato y el apetito. Espera con el corazón abierto. Tal como hizo...". Cervantes, por supuesto.


Creo que no hace falta añadir algo.
 ___________________________

Fracasa otra vez, un gratísimo texto de Vila-Matas que se acopla de maravilla a la cita destacada arriba

28.10.10

La Mancha de Goytisolo



En el bosque de las letras, sobre todo español, los premios compiten en número con los árboles; y tanto que, el ruido y murmullos que provocan, trastocan la razón primera por la que se pasta por entre sus veredas y troncos.

Sé apenas nada de la existencia del Premio Don Quijote de la Mancha, concedido este año a Juan Goytisolo y a la Gramática de la Lengua Española. Sin embargo, por haber leído a este último y a sus colegas encantados, me cuento entre los admiradores de Cervantes, su mundo y sus seguidores ubicuos e intemporales.

En hora buena esta distinción que nada añade a la obra de este barcelonés que "colecciona patrias". Sin embargo, por el nombre del premio, cargada de un símbolismo muy particular, celebro con sus muchos admiradores la gratísima conjunción de estos dos nombres. Nunca pudo haber calzado mejor este premio que al ser conferido a este caballero de escritura fina y largo alcance .

He aquí su discurso de agradecimiento; cervantino, sí, y no sólo por el tema.

_________

El Quijote interactivo, proyecto digital de la Biblioteca Nacional de España

8.7.10

Pipilotti Rist

El artículo empieza así: Decir que una exposición inspira buen rollo puede parecer poco serio, cierto, pero es lo primero que viene a la cabeza para definir la explosión de colores, sonidos y sensaciones de bienestar que provoca el trabajo de Pipilotti Rist (Grabs, Suiza, 1962), una de las mejores artistas de su generación.

Lo anota Catalina Serra, a propósito de los trabajos últimos de la artista suiza que se exponen en la Fundación Miro, en Barcelona, España.

Estas palabras son muy parecidas a las que escuchara decir hace poco al curador del Museum Langmatt, en cuyas instalaciones, en estos mismos días, y hasta noviembre, muestra la artista, igualmente, otra parte de sus últimos trabajos: Pipilotti Rist es una de las pocas artistas contemporáneas que no le tienen miedo a la belleza.

Algo tienen de cierto estas impresionadas palabras, parecidas a otras que se dejan escuchar aquí, allá y en otros tantos lugares, cuando se refieren a esta artista. Sin embargo, pese a la coincidencia, no dejan de ser raras, sobre todo en tiempos en los que su sóla mención, o la más leve presución de su existencia, levanta todo tipo de sospechas. La belleza, lo que se supone que ella denota o significa, nunca ha estado tan envuelta en malos entendidos como ahora. Sus peligrosas relaciones con el kitsch, el diseño y los productos de mercado autorizan la sospecha. Y tanto, que denostarla es todo un arte, omitirla una condición, transparentarla un grave error. Maltratarla, una carta de presentación.

Las imágenes trabajadas en video por los que fluyen colores y formas, si no sublimados, sí extrapolados, a veces dislocados o deslocalizados, sorprendentes siempre, con el murmullo y el sonido a cuestas, provocan alegría y estupor, sugieren recogimiento, con la mayor naturalidad, implican a quien se acerca, perturban a quien se detienen ante estos despliegues que nos recuerdan que lo bello, a pesar de todo y todas las razones, aún sigue siendo terrenal y podría redefinirse.
________
Pipilotti Rist en el Museum Langmatt
Video en el Museum Langmatt
Video at MoMa

13.4.10

Joyeux anniversaire! Monsieur Le Clézio


Sería como intentar seguirle sus pasos. A él, que, nacido en Nizza, pero de alguna forma también en la Isla de Mauritius, lo vemos ya a los ocho años en en Camerún, a los 18 en Thailandia, donde hiciera su servicio militar, luego aquí y allá, más tarde, tierra adentro, conviviendo con una comunidad indígena, de Panama una vez, otra, con una de México. Cuando el anuncio del Premio, estuvo de paso en Japón, rumbo a New York.

Pues sí, nos es bastante difícil seguirle las huellas - y me refiero a las que va dejando en páginas por las que transitan multiples y desconocidos mundos que tienen la virtud de no ser exóticos o, mejor, puesto que su escritura está conectada directamente con la vida, vale destarcarla como anti-exótica. Hasta ahora son como 40 los textos que ha publicado, de los cuales, en nuestra lengua, como sucede también en las otras, se han traducido hasta ahora una tercera parte. Es decir que tenemos Le Clézio para largo.

Pero no dejemos escapar la fecha. Jean-Marie Le Clezio nació el 13 de abril de 1940. En este día, celebra el autor francés su septuagésimo aniversario. Lo recordamos con gusto, y, juntándonos al festejo, con gusto nos acercamos de nuevo a su prosa, a lo que tenemos más a mano, el discurso que pronunciara hace poco más de un año al recibir el Premio Nobel 2008 que le concediera la Academia Sueca. La versión francesa la dejo aquí. Su traducción castellana acá.

11.4.10

Robert Walser


No he leído el tomo de Walser en el que se detiene mi atención. He leído sí una buena parte sus libros (en alemán, su obra completa está publicada en 20 tomos, sin contar los seis de sus Microgramme y los tres tomos posteriores que juntas textos sobre su ciudad, Biel, su prosa y poesía, hasta hace poco desconocidos más sus textos sobre la navidad).

Hace años ya, desde antes que Editorial Siruela empezara a traducirlos y difundirlos exitosamente, tomé contacto con su mundo. Accedí a él en las ediciones de la vieja editorial Alfaguara, la de pastas plomo-celestes, anterior al Grupo Prisa; luego, como no, con gusto continuué leyéndolo en las ediciones de Siruela, finalmente, en su lengua original, en ediciones de Suhrkamp, su editorial en alemán.

En 1994, entrevisté al escritor suizo Hugo Lötscher (1929-2009). Al preguntarle sobre los autores que apreciaba y que aún le imprecionaban, no dudó en nombrar a Robert Walser, figura que entonces, hacen apenas dos décadas, poco decía al público lector pero erá ya para quienes conocían sus libros, el gran secreto suizo.

Entre tanto, traducida, vuelta a traducir con generosidad a varias lenguas, por ello, leída desde varias perspectivas y tradiciones, la obra de Robert Walser no ha dejado de expander su influencia y levantar admiraciones. No son numerosas las ediciones que se hacen de sus libros, sin embargo, son siempre constantes. Su fantasma es habitual en los suplementos de periódicos y revistas literarias. No se deja de traducirlo ni de leerlo. En sus libros hay una clave que nos conecta con la realidad que nos cobija, con el tono que mueve el mundo y apenas se deja percibir. Es un Pessoa inverso, un Pessoa sin mar que deja de lado la taberna y se pierde por el bosque.

María Negroni nos lo recuerda mejor en el comentario que publica ADNCultur, a propósito de los 100 años de la publicación de Jakob von Gunten, la tercera novela que escribiera este autor entrañable.

Un dato -puede que interese a alguién: desde el año pasado funciona en Berna el Centro Robert Walser. Es una fundación que guarda sus archivos y administra todo lo relacionado con el autor suizo, sus escritos y lo que se ha escrito sobre él, los derechos de publicación y la información posible alrededor de su vida y obra. También detenta los derechos de su biografo Carl Seling, sin cuyo libro de conversaciones, nos habríamos perdido de un material de lo más valioso para configurarnos el cosmos de walseriano (por cierto, publicado en castellano también por Siruela).

6.4.10

HOLALA

A propósito de palabras dispuestas visualmente, el pasado 17 de marzo, salió a remate el poema-collage, "HOLALA", de Herta Müller.
Apoyando una buena causa, la de la organización Human Rights Watch, este texto espaciado a pesar de sus medidas (10 x 15 cm), arrancó la puja sobre una base de 500 Euros. Al final pagarón por él 13000 Euros (estoy seguro que si lo hubiese rematado una de las dos casas más afamadas en jugar con el martillo, el costo del poema habría deslizado por lo menos un cero más a la derecha- nada le pide a los collages textiles de Tracey Emin).
Esto aparte, en este caso, me gustan los tipos dispuestos, las palabras tejidas amparadas en lo visual:
Holala, ni una vez
sabe la Frida lo que
el día toma de
ella hasta (que)
viene el pájaro
y maulla hasta (que)
viene la gata y canta
y de sopetón
espolvea la canela

(¿puede alguien ayudarme con la traducción? im Abwärtsstrudel me da complicaciones)

5.4.10

Jenny Holzer: una relectura


El noviembre pasado, hasta el 24 de enero de este año, en Basilea, fue posible apreciar los trabajos de Jenny Holzer (1950), una de las más destacadas artistas de la actualidad. La muestra se llevó a cabo en la Fondation Beyeler, en cuyos espacios se expusieron también sus pinturas, esculturas, y claro, sus LED-displayed, que entre su producción, son los que, dando continuidad a un proyecto iniciado decadas atrás, sobresalen y definen a la artista que, en 1990 ganara el León de Oro de la Bienal de Venecia - letras, tipos de letras múltiples, textos que son versos, que no son versos, que conforman frases, ingeniosas si alcanzamos a descifrar su sentido, si logramos embarcarnos en el juego, en el fuego entrecruzado de palpitantes luces que cambian y distraen y exasperan con su ritmo y hacen que, instintivamente, el ojo aparte la atención de la particularidad del soporte y centre su busca en el sentido de la frase, del pensamiento realzado con tanta luminosidad y velocidad.

Paralela a esta muestra se proyectaron en lugares públicos de Basilea y Zúrich, sobre fachadas de edificios, textos de la poeta polaca, premio Nobel, Wisawa Szymborska - los texto que pude ver, al menos en Zúrich, bajo el cielo invernal traían ciertamente algo de luz pero, eso justamente, sólo los ví, no los pude leer - o quiza, a causa del formato, me negue a leerlos.

He recordado a esta artista y sus trabajos a propósito de un texto interesantantísimo sobre este arte ponderado y aplaudido por doquier aparecido en el Times de Londrés y traducido con premura por ADNCultur en su edición última.

25.2.10

Bloomsbury

En el tren que nos lleva desde el aeropuerto de Heathrow hasta Russell Square veo a una chica hipnotizada por las páginas de un libro. Me sorprende pero no demasiado pues he alcanzado a reconocer la portada que muestra su título y el nombre del autor: se trata de la versión inglesa –hermosa– de „Los hombres que no amaban a las mujeres“ de Stieg Larsson. Me alegra haberla descubierto en ese gesto. Ella es para mí una desconocida total, un planeta de otra galaxia, pero sé, sin que ella lo sospeche una millonésima de segundo siquiera, que esta noche y los próximos días no podrá dormir del todo tranquila; no al menos hasta terminar la lectura de ese libro y los dos que conforman la Trilogía Millennium (pobre, quizá no sabe aún que para leer el tercer tomo „La reina en el palacio de las corrientes de aire“ deberá esperar hasta mayo 2010 – cosa extraña en lengua inglesa, esta vez desfazada con lo sucedido en la francesa, italiana, alemana, española y la larga lista de idiomas por los que se han desparramado ya, completamente, las vidas y milagros de Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist).

A la salida de la estación de Russell Square nos aguarda una garúa. Es leve, desistimos de los paraguas y nos enrumbamos por Marchmont Street hasta nuestro hotel, el Harlingford, a sólo 300 metros de donde acabamos de salir. Sé que estamos en el barrio que hiciera célebre Virginia Woolf a inicios del siglo pasado, el Bloomsbury, el mismo que diera nombre al grupo que ella, su hermana, otros intelectuales y artistas conformaran para sortear los pesados modos victorianos, para repensar y replantear las prácticas literarias y artísticas. Sé de antemano que parte importante de ese grupo fue John Maynar Keynes, economista (como pocos, atravezado, a lo mejor iluminado, por los discursos literarios y artísticos, por regla común, ajenos, o más bien opuestos a los profesionales de esta ciencia social de la que, sin mucho optimismo, también formo parte). Y se nos fue la tarde y la noche.


Pero hoy, luego de la visita obligada a la Tate modern (eso es otra historia) y el devaneo encantado por calles y buses, por negocios y la red subterranéa de trenes, regresamos de nuevo al hotel, a paso distraído, a pesar de la garúa. En el camino hemos pescado dos direcciones, sorpresas, sobre todo la una, que nos recuerda a la canción cantada por el Jefe, Daniel Santos „La escuela de la vida“.


Pues sí, sin que mujer o yo nos hubiésemos propuesto, „The School of Life“, ese interesantísimo proyecto desarrollado por Alain de Botton, imitado con razón en Zúrich por la gente del Magazin del Tagesanzeiger y el teatro Neuemarkt, comentado con detalle en las páginas del semanario „Die Zeit“, y hace poco en las de El País, está ubicado casí al frente de nuestro hotel, a 50 metros. Hemos pasado para visitarlo (a las 18.30) pero no pudimos ingresar pues el horario al público va hasta las 18.00 horas (pero dentro, en los salone de atrás, había actividad, se estaba llevando a cabo el seminario „How to make love last“). Pues ni modo, cambiamos de vereda y probamos a encontrar mesa en el restaurant que queda al frente, el Balfour. A mitad de la cena, al solicitar algo más de pan para las salsas, el mesero me responde en castellano; pactada en un segundo la confianza que da lengua, me pregunta que de donde vengo. Él es de origen italiano pero criado en Bogota a donde piensa regresar en tres o cuatro años. Al despedirnos le digo que volveremos mañana, a la hora del té o, mejor dicho, del tintico.

Salimos, ha escampado, pero no sabemos por cuanto tiempo. Antes de regresar de nuevo al hotel, caminamos tres cuadras, hasta Gordon Square, en busca del número 46. Es ya de noche, el parque que queda al frente apenas se deja distinguir. La llovizna vuelve. Sí, esa es la casa, el 46 de Gordon Square, donde vivieran por un tiempo Virginia Woolf y su hermana Vanessa Bell, donde, luego de comprarla, se pasara allí a vivir, hasta su muerte John Maynar Keynes, el economista cuyas teorías, si bien con las adaptaciones que exigen los tiempos necesariamente, estan de vuelta y sirven de apoyo, nuevamente, a la investigación económica – al menos para el corto plazo. Para el largo plazo, como él lo díria, no importa mucho pues todos estaremos muertos. YA volveremos por acá con la luz del día, digo a mujer y retomamos nuestros pasos rumbo al hotel.


P.S. En la sección deportiva de The Guardian de este día 24, viene una foto gigante de un efusivo Wayne Rooney extiendo sus brazos para abrazar a su colega Antonio Valencia, quien le agilitara el pase para el el primer gol del 3 a cero que propiciara al West Ham

24.2.10

Nieve

No pude hacer una gravación aceptable de la nieve, del deslizamiento sobre la nieve bajo un sol radiante, pero al menos, en el intento, no me fui contra el planeta



13.2.10

Rever Bolaño


Acaba de aparecer la versión inglesa del libro de relatos de Roberto Bolaño "La literatura nazi en America", publicado en lengua española hacia 1996. En The Guardian, Alberto Manguel comenta el libro, y va más alla –para algunos, por lo que allí se anota, podrá incluso considerarse un sacrilegio: intenta situar con objetividad la literatura y estatura del autor chileno.

A Manguel, lector, de los que casi desaparen del todo, no hay como dejarlo de lado. Vale la pena tomar en cuenta su comentario, por la literatura en sí, por Bolaño, cuyos libros corren el riesgo de, podría decirse, leerse mal.

Cioran, refiriéndose a los libros de Borges luego de su muerte dijo algo así (cito de memoria): que desgracia, sus libros se lean hasta en las universidades: ese destino no lo deseo ni al peor de mis enemigos!

10.2.10

Tomás Eloy Martínez


La noticia de su muerte hizo que muchos de sus lectores lo volvieramos a pensar, esta vez de otra manera.

En el entorno en el que inicié mis lecturas su nombre no nos fue conocido sino hasta después de la publicación de Santa Evita, cuyo éxito nos posibilitó el acercamiento a sus libros anteriores y, desde entonces, a sus artículos y crónicas periodísticas, ensayos y comentarios sobre política, literatura y autores. Guíados por su prosa empezamos a conocerlo mejor y, por ello, poner a prueba nuestra percepción de la lectura, de los límites entre periodismo y creación. No nos ha sido difícil encontrarlo: bien en las páginas de La Nación (AR), El País (ES) o en las de El Espectador (CO), para citar solo a tres de los periódicos que reproducían sus textos habitualmente.

Al autor argentino nos será difícil volverlo mero recuerdo. Por la agudeza de sus observaciones y la forma como las presentó deberemos volver a sus tus textos - en ellos hay una enseñanza que los tiempos demandan.

Por su importancia, su muerte ha puesto en movimiento a casi todas las redacciones de los periódicos y revistas serias –mucho más allá de la lengua castellana–. Radar de Página 12, periódico entrañable al escritor, nos trae en su última edición un homenaje en tres textos que, si no los han leído ya, vale la pena hacerlo (uno, entrañable, lo firma Juan Forn, quien, de paso, nos pone al tanto de las etapas que atravezó la escritura, negociación, edición y publicación, de Santa Evita).
------
Aquí la edicción que le dedica ADNCultura

27.1.10

Le Corbusier

Le Corbusier es una referencia constante en la cuotidianidad de quienes vivimos en Suiza. Conciente o inconcientemente. No sólo porque sus ideas, representadas en formas, ambientes, muebles y paisajes se dejen ver y percibir en la arquitectura, los espacios públicos, atmósferas de interiores y una serie de objetos por él diseñados. Con naturalidad ganada, a casi medio siglo de su muerte, las ideas y propuestas nada convencionales que impulsó en su tiempo, forman parte hoy de eso que comunmente identificamos como moderno, constantemente moderno.


Charles Edouard Jeanneret (1887-1965), que es el nombre con el que fue inscrito al nacer en La Chaux-de-Fonds, en la Suiza de habla francesa, tiene presencia empedernida en su país por otras razones. El es medio de intercambio. Las 24 horas del día él va de mano en mano y, por el valor que porta, es uno de los que más circula. La serie actual de billetes del franco suizo es así: 10, 20, 50, 100, 200 y 1000 francos. Le Corbusier da valor simbólico al billete de SFr. 10.00

No sabemos cuanta vigencia logre en el tiempo la figura de Le Corbusier. La de sus ideas, al ser acogidas de a poco por la normalidad, si no ha sucedido ya, terminaran fundiéndose al torrente anónimo de creatividad humana. En todo caso a su valor simbólico en el billete de SFr. 10.00 no le queda mucha vida - sólo un par de años más. El Banco Central Suizo (SNB), como lo hace cada 15 años, ha puesto ya en marcha un plan para renovar la serie de billetes actuales que honra a unos pocos de sus mejores valores - con precios simbólicos:

En el de Sfr. 20, a Arthur Honegger (1982-1955) uno de los más destacados compositores suizos.
En el de Sfr. 50, a Sophie Taeuber-Arp (1889-1943), artista abstracta cuya obra, si no conocida por el gran público, ha sido y es emprescindible entre los especialistas (fue esposa de Jean Arp).
El de SFr. 100 es en sí otra institución: Alberto Giacometti (1901-1966), pintor, escultor que, en términos artísticos a escala mundial, mucho dice a quienes vinieron después y pudieron, podemos apreciar su obra.
El de SFr. 200 está dedicado al poeta de habla francesa
Charles Ferdinand Ramuz (1878-1947). No son más que cinco años quiza que su obra fue publicada en esa colección francesa esclusivísima que es La Pléiade, catálogo reservado a los imprescindibles de la literatura mundial (fue el primer autor suizo en aparecer en esas ediciones).
El de SFr. 1000, el más caro, es para
Jacob Burckhardt (1818-1887), historiador, quiza el más importante entre los modernos pues fue él quien nos recuperó el Renacimiento Italiano con los parámetros que hasta ahora utilizamos - en todo Occidente.

Cada billete contiene en filigrana un microtexto que alude a la figura representada. En el de SFr. 10 vienen estas palabras: Le Corbusier, arquitecto, urbanista, pintor y teórico, ha aplicado ideas visionarias y revolucionarias a la construcción y el urbanismo.

¿Y por qué es que de pronto me he puesto a recordar cosas relacionadas con este personaje suizo que luego fuera también francés y muriera en Mónaco? A propósito de una muestra que, en colaboración con el Centre Le Corbusier de Zúrich, se hace de sus trabajos en Punta del este, Uruguay, y que ADN Cultura, que es donde me informo del evento, reseña detenidamente.

Junto a esa crónica informativa, viene una pequeña, El poeta de la aqrquitectura, a la que acompañan un par de fotos. Una es de la casa que él diseñara en Zúrich, junto al lago, sitio de peregrinación imprescindible con las visitas que se interesan en la arquitectura o, sencillamente, en la capacidad creativa del ser humano.

14.7.09

Mark Twain en Hartford


La casona tiene una hermosa vista. En el tiempo que la habitó la bordeaba el río de Connecticut. Esas aguas se desviaron alguna vez y riegan en la actualidad otras orillas. En lo que fuera antes un tramo del río, estan dispuestos ahora los parqueaderos de la casa-museo. La terraza es espaciosa y se abre al sol de la tarde. Dentro ya, la luz es tenue y forja a imaginar los tiempos en que viviera aquí, en Hardfort, hace mas de 100 años Samuel Langhorne Clemens, Mark Twain, el muchacho feliz de las historias que corren por el Mississippi.

Recorremos las habitaciones, nos detenemos junto a las ventanas y los objetos que nos llevan hacia esas épocas en que Samuel L. Clemens viviera y escribiera en esta atmósfera, nos detenemos en los estantes de libros y pasamos revista a los títulos, y estando en esas, mientras observo con interés los sillones que reposan junto a las ventanas, como si nada, mi hijo me susurra al oído un comentario al que debo responder, para mi sorpresa, afirmativamente, me dice si no me ha cobijado ya una brazada de envidia ante ese espacio dispuesto para la vida en lectura.





"El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hay sol y nos lo exige cuando empieza a llover."

"Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar."

"De todas las cosas que he perdido la que más extraño es mi cordura."

1.7.09

Los 100 años de Juan Carlos Onetti

Dos fotos que nos muestran al escritor en diferentes momentos, en cada una aparece con la misma expresión, con ese gesto que de alguna forma nos sugirió años atrás a volcarnos en sus libros, en su mundo, su Santa María y los autores que a él lo habitaron - Faulkner en primera línea, luego Arlt y Céline, Grahan Greene, Navokov, Joyce y una lista que empata con otros nombres del mismo barrio.
Las fotos las he tomado de los dos diarios en alemán que he revisado este día y traen sesudos artículos dedicados al escritor uruguayo y su obra. No en vano, su editor en alemán, Suhrkamp, saca en homenaje a su centenario, un libro temprano que en lengua germana ha permanecido inédito hasta el momento, "Für diese Nacht"(Para esta noche, 1942).

Aquí lo que nos recuerda el diario español El País sobre el autor uruguayo. Y aquí, Página 12 de Argentina





Die NZZ sobre Onetti
Die FAZ sobre Onetti







Y a propósito de las fotos, unos fragmentos en los que autor se acerca a su imagen. Autoretrato, que viene a continuación, encabeza Requien por Faulkner y otros artículos, arca/calicanto, 1975. De este mismo volumen copio líneas abajo algunas anotaciones fijadas en el libro en la parte IV. Entevistas (1966-1975), bajo el título La literatura: ida y vuelta.
El Decálogo más uno lo he tomado de una página dedicada al autor uruguayo bastante completa y, para mi sorpresa, bilingüe, en castellano y alemán.

Autoretrato
Montevideo, 5 de enero de 1970

En algún papel leí, hace años, que el infierno estaba minuciosamente conformado por los ojos ocupados en mirarnos. La frase, entonces, no era de Borges ni de Sábato ni de Sartre ni mía. [...]
En cuanto a mí, hace años que aprendí el arte de afeitarme al tacto, para evitar la opinión del espejo, para acudir al trabajo sin el peso de otra depresión.
Es que mi imagen – ustedes me lo muestran – avanza, desde hace tiempo, separada de mí.
Mientras yo permanezco adolescente, calmo, interesado en lo que importa, bondadoso y humilde por indiferencia y por la asombrosa seguridad de que no hay respuestas, ella, mi cara, ha envejecido, se ha puesto amarga y tal vez esté contando o invente historias que no son mías sino de ella. [...]
Claro está que no reniego de mi cara; y los lazos sanguíneos y legales que nos unen me obligaran siempre a salir en su defensa, con justicia o no. [...]


La literatura: ida y vuelta.

Creo que toda la gente tiene una zona de pureza. A veces, se le murió para siempre. A veces, misteriosamente, renace.

La gran mayoría de nuestros escritores trata de alcanzar el triunfo. Y a esto se llega de manera incidental y nunca deliberada. Si alcanzamos el exito nunca seremos artistas plenamente. El destino del artista es vivir una vida imperfecta: el triunfo, como un episodio; el fracaso, como verdadero y supremo fin.

Sólo la pereza me ha impedido scribi más o mejor.

Mi obra sería infinitamente más amplia y rica si yo me sintiera capaz de someterme a una disciplina. Pero no puedo.

El que pretenda dirigirse a la humanidad o es un tramposo o está equivocado. La pretendida comunicación se cumple o no; el autor no es responsabile, ella se da o no por añadidura. El que quiera enviar un mensaje —como se ha reiterado ya tantas veces que encargue esta tarea a una mensajería.

Escribir bien no e salgo que el auténtico escritor se propone. Le es tan inevitabile como su cara y su conducta. [...]

Prefiero La vida breve. Es la que tiene más pretensiones de profundidad y la que rinde más derechos de autor.

La literatura jamás debe ser « comprometida ». Simplemente debe ser buena literatura. La mía sólo está comprometida conmigo mismo. Que no me guste que exista la pobreza es un problema aparte.


Decálogo más uno, para escritores principiantes

I. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.
II. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.
III. No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.
IV. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.
V. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
VI. No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.
VII. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.
VIII. No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?
IX. No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.
X. Mientan siempre.
XI. No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer."

10.4.09

Fanesca

El Diccionario de la lengua española, en la definición que brinda de este término, subrayado como ecuatorianismo e inexistente en las demás latitudes del idioma, pues sencillamente, aparte de los ecuatorianos, nadie más en el continente tiene un plato de tales características, anota con parquedad lo siguiente: 

Guiso que se toma especialmente en Viernes Santo, consiste en pescado, granos tiernos, leche y huevo, acompañado de plátano frito y otros aderezos.

Cada ecuatoriano o persona de otra nacionalidad que vive o ha vivido en el Ecuador o, al ritmo de los tiempos, fronteras para afuera, convive o convivido con ecuatorianos por un par de años o más, encontrará muy pobres las palabras dedicadas a este plato de los ecuatorianos*. 

Sin embargo la definición da una pista de lo qué es la fanesca –una comida–, pero, lamentablemente, poco nos dice de lo qué es en verdad en términos culinarios y nada nos cuenta de su significado social –ni de su poder metafórico, regado por doquier en las conversaciones entre ecuatorianos–. Sí, es una comida, pero no un menú más. Se lo come no sólo en Viernes Santo sino, dependiendo, en alguno de los días de esa semana – al menos en los restaurantes que la ofrecen. Entre la causas varias para que así sea, hay una que mucho importa: los granos tiernos que se utilizan en su preparación, sembrados a inicios de octubre, se ponen a punto sólo en estos días.

Este menú es un ritual en la mesa ecuatoriana; en la del pobre y en la del rico, en la de los que crecieron con el calor o el espanto de la familia, en la de los que cultivan aún el entorno familiar  y en la de aquellos que, por destino o elección, la comen en el restaurant solos o en compañía de amigos. La fanesca es una síntesis de la geografía ecuatoriana y de su historia. Los ingredientes que se utilizan en su preparación vienen de la Sierra, Costa y Oriente ecuatorianos. 

"Los pueblos se alimenta de lo que tienen. Las viandas que elaboran, además de sus jugos nutritivos, descubren su modo de vivir, su apreciación del paisaje y los antecedentes que han configurado su espíritu" anota el poeta Julio Pazos, en la introducción a su inolvidable libro Recetas criollas, cocinemos lo nuestro (Quito, 1991). Es de este texto, publicado en la colección Biblioteca Ecuatoriana de la Familia, de donde copio la receta que viene a continuación (un poema, en verdad). 

FANESCA
20 ó 25 porciones
1/2 lb. de choclo tierno cocinado con pisca de sal y escurrido
1/2 lb. de mote pelado
1 lb. de alverja cocinada sin sal y escurrida
1 lb. de lenteja cocinada sin sal y escurrida
1/2 lb. de fréjol blanco, tierno, cocinado sin sal y sin escurrir
1/2 lb. de fréjol rojo, tierno cocinado sin sal, escurrido
1 taza de arroz cocinado
1 lb. de habas tiernas cocinadas sin sal y escurridas
1 lb. de chochos pelados
4 tazas de sambo, picado en cuadraditos, muy cocinado en abundante agua, sin escurrir.
1/2 lb. de mellocos cocinados sin sal y escurridos.

Para sazonar

2 lbs. de pescado seco salado, remojado en agua durante cinco o seis horas y escurrido
1 lb. de cebolla blanco picada finamente
1 taza de ajo molido finamente con algo de comino
Mitad de un ají sin semilla
1/2 taza de aceite
1/2 lb. de mantequilla
Un poco de achiote
Sal al gusto
1/2 cucharada de azúcar
1 taza de maní tostado y molido con leche
1/2 taza de crema de leche sin batir
4 yemas de huevo

Para cocinar:

dos litros de leche

Para adornar: 

1 taza de perejil picado
1 taza de pimiento rojo picado en pluma
1 taza de pimiento verde picado en pluma
1 queso de comida, rallado
3 plátanos maduros fritos y cortados en finas rodajas
Frituras de harina con leche, sal y huevo
2 huevos duros cortados en rodajas
1/2 lb. de pescado que se retiró antes de incorporar los ingredientes.

1. En una cacerola de hierro enlozado haz el refrito con aceite, mantequilla achiote, cebolla, ajo molido con comino, ají; agrega el pescado cortado en trozos hasta que se pase en el refrito; aparta una porción de pescado con leche; agrega el maní molido y la mitad del perejil. Deja hervir la mezcla hasta cuando la leche tome el sabor del pescado.
2. Incorpora el zambo y el zapallo. Deja hervir. Paulatinamente se agregan todos los granos. Si la mezcla resulta muy espesa se aumenta leche hasta lograr la consistencia que deseas.
3. Corrige el sabor de la fanesca con la sal.
4. En el último momento, antes de servir, añade cuatro yemas batidas, la crema y la media cucharada de azúcar.
5. Sirve en plato hondo y grande; una vez puesta la fanesca en el plato adórnala con pequeñas porciones de frituras, plátano, pescado desmenuzado, picadura de pimiento rojo y verde, queso, rodajas de huevo duro y perejil.

_____________
*Del profesor Segundo E. Moreno Yánez, un texto muy informativo sobre este plato, el origen de su nombre y la primera mención que se hace del término hacia 1815.

14.3.09

Tres. El tríptico en la modernidad

Un Retablo clásico da la bienvenida al visitante. Diminuto en ese contexto, es sin embargo la reliquia que mejor introduce al visitante en el tema de la muestra y lo previene sobre lo que va a ver: trabajos de artistas modernos y contemporáneos, descreídos todos, que nada tienen que ver con la religión y sus dominios pero que, en la construcción de su obra, en algún momento de su trayecto, hicieron uso de ese formato eminentemente cristiano y litúrgico, el tríptico – que es y no es el retablo, nombre con el que suele trocarse; que es y tampoco es el altar, a pesar de la mutua proyección que mantienen entre sí.

En la historia del arte, el tríptico es una píntura, gravado o relieve compuesto de tres partes u hojas donde las dos laterales se doblan sobre la del centro. Una particularidad lo distingue de cualquier otra representación, digamos, un díptico, políptico, friso o serie: en el tríptico, la hoja central domina sobre las laterales y otorga a lo representado una cierta dignidad. A las obras de arte clásico que utilzan este formato, no es posible acceder, como en la lectura, de izquierda a derecha o visceversa: no, la mirada primera del observador al abordar un tríptico recae sobre la hoja central y sólo a partir de ese contacto, en donde el observador reconoce el acceso y procede consecuentemente, la dirijirá a diestra o siniestra en busca de las pautas que mejor le expliquen el conjunto abordado.

Las razones para que el observador proceda de esa manera, instintivamente, ante el tríptico se remontan al pasado (Jakob Burckhardt nos lo cuenta detalladamente en „Das Altarbild“, en el tomo VI de sus obras completas, Verlag C.H.Beck, 2000), y son mucho más antiguas que la tradición cristiana; sin embargo, son sus ritos a lo largo de la historia los que despliegan las posibilidades de este modo expresivo y, entendiblemente, la vuelven dependiente de ella. La „santísima trinidad“ enuncia ya el tema, y, entre otros móviles semejantes, las maneras de construir iglesias en la antigüedad, con altares mayores y naves, principales y paralelas en cuya sóla disposición estaba ya significado el programa del cristianismo, jeráquico en su relación con la espiritualidad y humildad que pretendía fomentar.

Medido al ojo, el retablo de maderas azules que da la bienvenida al visitante, se corresponde con las medidas que le caracterizaron entre los viajeros de la edad media, 32 por 26 cm. Por los colores, el motivo y las formas, podría ser uno de los altares portátiles que llegaron a América con los aventureros españoles. En la América Andina este formato expresivo viviría su apogeo en los siglos XVIII, XIX y en la primera mitad del siglo XX – en el Ecuador, son sus ejecutores los artesanos que conforman la Escuela Quiteña; en el Perú, los del Cuzco y, sobre todo, los artesanos de Ayacucho, que también son los que mejor han sabido cultivar este arte, a estas alturas también por alla, con una blanda sombra cristiana.

A la vera del diminuto y festivo retablo llama la atención un „altar gótico“ belicoso, de Niki de Saint Phalle, Tir (Schiessbild) de 1970, trenzado con pistolas y otras armas a las que les cubre una capa de “pan de oro“ (llamará la atención esta obra a quienes conozcan la obra de esta artista a la que se relaciona con las graciosas y coloridas esculturas que se dejan ver en plazas, parques y estaciones de varias ciudades europeas). En este mismo espacio, un imponente panel de Katharina Sieverding, Steigbild X, tres fotografías inmensas, complementan y alteran la forma de un craneo de vaporoso rojo. La obra y los nombres de los artistas que empiezan a mostrarse en las salas siguientes son numerosos y, después de verlos y repasarlos en conjunto mentalmente, vale utilizar el término, sorprendentes: Otto Dix (este museo es el que preserva la mayor colección en el mundo de sus obras), Oskar Kokoschka, Max Beckmann, Francis Bacon, Jonathan Meese, Ricarda Roggan, Antoni Tàpies, Franz Gertsch, Jürgen Klauke, Neo Rauch, Bjørn Melhus tanto como Gerhard Richter, Robert Longo, Bill Viola o el mismísimo Damien Hirst entre otros tantos.

No es una novedad que el tríptico como formato, al menos en Europa, haya sobrevivido a la revolución francesa y las redes tejidas por por la „Aufklärung“ a partir del siglo XVIII. Su dependencia y procedencia cristiana, no impidió que artistas modernos-clásicos y modernos, como Max Beckmann y Francis Bacon hayan frecuentado, ampliado y alterado sus posibilidades hasta volverlo casi un género aparte. Es por ello llamativa su relación con los artistas modernos y contemporáneos (en la pintura de Tapies y Richter, en los videos de Mehlus y Bill Viola, en los objetos de Damien Hirst).
Pero aquí sucede un cambio. Sus trípticos se dejan ver de otra forma. La definición clásica que hasta ahora hemos venido utilizando, de pronto, ha quedado en suspenso, o, mejor dicho, funciona aún pero sólo en parte. El mecanismo perceptivo del observador, mientras mira y analiza, se permite otros movimientos, se da cuenta que la jerarquía en algunas composiciones ha sido aniquilada, quizá propositivamente, quizá porque el artísta refleja de esa manera el pulso de los tiempos. „Altares sin dios“, es lo que va viendo, formatos sobre los que parece haberse operado una cirugía que une contrapuestos, por un lado, la del formato como expresión rescatable de un arte que ya no va más, que cronológicamente, nada tendría que ver con la modernidad-clásica y la modernidad-contemporánea y, por otro lado, la de la radicalidad de las propuestas contemporáneas que „sensiblemente“ han sabido apropiarse con sus métodos de algo que en primera instancia habría parecido lejano a su incumbencia.

Esta exposición tiene lugar en el Kunstmuseum de Sttutgart. Se inauguró el pasado 7 de febrero, y se la puede visitar hasta el 14 de junio de 2009

20.2.09

Que tan lejos II

Ayer por la noche, para dirigirme a la casa de un amigo mexicano que ofreció una fiesta por su cumpleaños, debí caminar por una ruta que está en el centro de la pequeña Zúrich pero no en la que habitualmente sigo por mis días. Desembarqué del tren que me trae a Zúrich desde Horgen en la estación de Wiedikon y tomé la salida norte, por la que hay que caminar un buen trecho hasta conectar con la vía de buses; estaba de buen ánimo, con grata soledad a mi alrededor y silenciosa nieve que apenas registraba el paso de mis pasos, iba escuchando en mis audífonos, por segunda vez, un Podcast en el que habla un teórico y curador de arte contemporáneo cuyos trabajos y desplazamientos sigo con la atención que me es posible brindarle. Cuauhtemoc Medina es su nombre y, por lo que tengo entendido, en el entorno de lengua castellana y en el continente americano, sus conocimientos y sus reflexiones sobre este campo son de alguna manera pioneros y, a quien lo dude, puede comprobarlo al repasar parte de su actividad o, al vuelo, al escuchar sus palabras en el registro auditivo de marras – que está a disposición en la página web de Letras libres y forma parte de la edición de febrero dedicada en gran parte a la percepción del arte contemporáneo en América del sur. Hay en este fascículo materiales variados y muy ricos que abordan a este ogro de terciopelo y mil formas llamado arte contemporáneo a los que vale la pena echarles más que un ojo.

Mientras esperaba al bus 31 que debía tomar para recorrer las dos paradas que aún me aguardaban, debí apagar el podcats para repasar con sorpresa los carteles publicitarios del Cine que está a la vera de esa parada de buses, el Uto, probablemente el más antiguo de la ciudad y el que, como si se tratará de un eslabón final, muestra las sesiones últimas de los films que han sido ya exhibidos antes en las salas convencionales de la ciudad. Las paredes y las ventanas de promoción del cine publicitan en gran formato afiches de "Qué tan lejos", el film ecuatoriano que iniciara su exhibición el pasado noviembre y se ha mantenido en cartelera por más de tres meses.

En casa del amigo mexicano me encontré con conocidos y amigos que veo con cierta regularidad pero también con algunos que volvía a ver pasados algunos años; entre trago y conversa, risotadas y coqueteo, conocí a personas simpáticas, suizos y latinos del centro y sur del continente. Cuatro de ellos, al enterarse de mi procedencia, no dudaron en referirme inmediatamente su experiencia con la película de Tania Hermida. Un español sorprendido por la diversidad que el Ecuador muestra en la cinta, inimaginable para él hasta antes de ver el film; un suizo, agradecido por la historia y sorprendido por el paisaje que la cinta permite ver me cuenta que ha organizado sus próximas vacaciones para pasarlas en el Ecuador pues la cinta, si bien es ficción, da cuenta metafóricamente de algo que existe en la realidad.

Al despedirme de la fiesta y rehacer el camino de vuelta a casa pude repasar mis conversaciones y el salto dado por mis pensamientos y mis palabras, entre el arte contemporáneo, México, las palabras de Medina y los comentarios que venía de escuchar y atizar sobre el film ecuatoriano. Hoy he intentado compartirlos y sobre todo, puesto que por allí va el tema, acercarles otras palabras al repecto, tan elocuentes como equilibradas, que las escribiera Fernando Iwasaki en noviembre de 2006 y, si no me las hubiese alcanzado él mismo hace un par de semanas, las habría pasado por alto. Cito un fragmento del texto publicado en ABC de España donde el novelista peruano nos refiere su experiencia con el film: 
 
" ... en unos multicines de Quito he descubierto una película maravillosa, tanto por su guión como por su impecable factura. Me refiero a «Qué tan lejos» de la cineasta ecuatoriana Tania Hermida (1968). Hace años que no veía una película tan original y divertida, que no renuncia a ser crítica y debeladora.

«Qué tan lejos» no deja títere con cabeza, pues con humor e inteligencia Tania Hermida ridiculiza el machismo latino, la historia nacional, las tradiciones culturales, el populismo político y sobre todo las relaciones con España en puntos tan sensibles como la inmigración, el choque cultural y la herencia colonial. ¿Y cómo lo consigue? A través del encuentro casual de dos chicas: una universitaria ecuatoriana progre que quiere impedir la boda de su novio pijo y una progre mochilera catalana (hija de emigrantes andaluces) a quien todo le parece «guay» y todo el tiempo «flipa» porque Ecuador se le antoja un país «demasiado». ..."

Lucerna, retorno a Carmina Burana

No nos queda lejos de casa, y sin embargo cada visita al KKL Luzern conserva algo de rito. Uno entra con cierta reserva —como si ya supiera...