11.10.06
Nuestro hombre en El País
Ha cambiado mucho el periódico en la última década. Por ejemplo, desde hace más o menos un lustro no es más "el periódico en sí" que era, ese medio "entero" que nació como tal el 4 de mayo de 1976, impulsado por el afan democrático de un grupo de jóvenes talentosos que no podían imaginar una España deseosa de ponerse a punto con el ritmo de Occidente sin un diario que la confrontará con su realidad de entonces, de sociedad en transición política, de país europeo fuera de la Comunidad Económica Europea.
Empresarialmente, El País no es no es más ese periódico solo de sus inicios; en la actualidad es parte del Grupo Prisa, nombre de una estructura empresarial transnacional que junta a un conglomerado de firmas cuyas actividades se centran en los medios de comunicación y la industria editorial en lengua hispana (y por las acciones que posee de Le Monde, vale decir, también francesa).
Periodísticamente, a pesar de las relaciones endogámicas propiciadas por las fusiones empresariales —recuerdo que en sus mismas páginas, elocuentemente, lo denunciara en su momento Juan Goytisolo— el periódico ha sabido mantener las bases que hicieron de él lo que sigue siendo en la actualidad, el diario más internacional de España, y para Latinoamérica, un punto de vista referencial cuando se trata de mirar con distancia objetiva las realidades políticas, económicas y sociales de los distintos países del continente.
Por el afan informativo, esclarecedor e internacionalista que propicia el diario, no es raro que estemos acostumbrados a leer en sus páginas noticias, crónicas, opiniones o reportajes sobre Latinoamérica o cualquier parte del mundo redactadas, así mismo, por escritores, profesores y periodistas latinoamericanos (son estos en verdad un nutrido grupo). Leo a todos con gusto pero suelo fijarme con interés en los que vienen de mi país, el Ecuador.
Puede que hierre, sin embargo, no será con desproporción si afirmo que los dedos de una mano bastarían para contar a las personas ecuatorianas que escriben en sus páginas.
Bueno, la edición de este día de El País nos trae un artículo de tribuna firmado por Jorge Benavides Solís, arquitecto ecuatoriano, colaborador regular de este diario en su versión internacional o, como es el caso en este día, comunitaria (Andalucía).
A varias personas interesará este artículo sobre protección de centros históricos. Para los ecuatorianos, para los quiteños en especial, es este tema de mucho interés. La ciudad como materia de reflexión es una constante en la producción intelectual de Jorge Benavides Solís; y desde luego, en ella Quito, con su centro histórico, el más grande de Sudamérica —declarado por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad (1978)—, ocupa un lugar especial. Como también lo es Sevilla, la ciudad en lá que reside, y de la que ha escrito una historia de ella.
Buscando datos en la red sobre JBS acabo de descubrir su página electrónica; no está terminada pero podemos leer en ella varios de sus trabajos.
3.10.06
Los libros de Francfort y Kunkel
1 La feria
Empieza este día la Frankfurter Buchmesse, la feria que más atención despierta en el mundo (al menos de esa parte del mundo que rinde culto a los libros y no sólo al Libro). Esta celebración anual tiene en esta versión a la India como país invitado de honor, cuyas diferentes literaturas, tejidas en por lo menos 22 lenguas, seran el centro alrededor del cual se desarrollaran en estos días una parte significativa de los eventos programados. En buena hora por los lectores del mundo, pues de seguro que algunos de sus tantos autores se veran luego de esta cita traducidos a lenguas en las que, hasta hace poco a lo mejor no se tenía notica alguna de ellos.
En el entorno en el que vivo, el rumor de la feria empezó a sentirse ya a finales de septiembre; periódicos, suplementos y semanarios empezarón a recordarnos la importancia de este acontecimiento y, como no, a sugerirnos y descubrirnos los nombres de quienes se hablará en estos días de letras, o para ser más exactos, de letras de cambio.
Así lo ha hecho también el semanario alemán Der Spiegel, que en su edición de ayer 2 de octubre, trae un recuento de la agenda a desplegarse en la feria, de la India y sus autores (una entrevista a Kiran Nagarkar) y, de manera especial, su redacción de cultura presenta a los lectores una lista de quince títulos que, según sus códigos de valoración, serían los más importantes de este otoño en esta plataforma del libro que descubre y catapulta nombres, expande títulos por las lenguas del mundo y matiene viva la llama de una tradición erigida a su alrededor.
Para hacernos una idea de ese panorama cuya visión del mundo en los tiempos que corren, son o seran compartidos por un público lector nutrido, distribuido en múltiples lenguas, copio a continuación sus nombres. Todos —salvo uno alemán— son más o menos conocidos en nuestra lengua:
Christoph Ransmayr, Walter Kempowski, Wiglaf Droste/ Nikolaus Heidelbach/ Vincent Klink, David Foenkinos, Benjamin Kunkel, T.C. Boyle, Shobhaa De, Tahar Ben Jelloun, Rick Moody, Robert Harris, Joan Didion, Ali Smith, John Banville, Elisabeth Noelle-Neumann, Ernst Pöppel.
(La lista de nombres viene acompañada en el semanario a las versiones alemanas de los libros últimos que estos autores presentan en Frankfurt. Algunos de ellos aparecieron en su lengua original, o en otras, ya en 2005 o a inicios de este año. Una constatación: este catálogo está compuesta por cuator autores de lengua alemana, dos de francesa y los nueve restantes de inglesa)
2 Un nombre
No habría podido perderme de sus señas de ninguna manera. Desde hace un par de semanas es difícil no leer comentarios en medios escritos diversos que hablen de él, Benjamin Kunkel, y de su opera prima “Indecisión”, a propósito de la presentación en estos días de las versiones alemana y francesa. Aparecida en los USA en 2005, esta novela constituyó en su medio la sorpresa del año —y no sólo por las ventas realizadas. Calificada por el New York Times como uno de los libros más notables de esa temporada, empezó en poco a ser considerada obra de culto por unos cuantos miles de lectores, mayoritariamente jóvenes newyorkinos, que identifican en sus páginas la voz de una generación que finalmente ha logrado ser interpretada. No parece ser este un fenómeno solamente americano; por lo que he podido leer, la obra ha empezado a despertar similar admiración entre los lectores de estos lares. No sé si esta vez también se reproduce un fénomeno vivido hace poco por sus colegas Jonathan Franzen, Jonathan Safran Foer y Dave Eggers, celebrados en su país con unanimidad, y con unanimidad confirmados en otras tradiciones.
Indecisión, aborda la vida de Dwight Wilmerding, un tipo inteligente y desilucionado de 28 años que va por los días dando tumbos, entre un empleo interesante en una firma farmacéutica, antiguos compañeros de universidad y la realidad que suponemos actual, trenzada por mails, desplazamientos mentales, cinismo moderado, vacíos emocionales y altos rendimientos de trabajo sofisticado. Wilmerling padece de una indecisión crónica que sus compañeros de vivienda suguieren tratar con medicamentos (abulinix). Entre tanto inicia a pensar en en voz alta continuamente, como para tratarse a sí mismo. Es en esta colección de pensamientos sonoros estratéjicamente estructurados donde brilla el lenguaje y la visión que nos propone el novelista. Dos son los referentes geográficos por los que se desliza esta trama: Manhatan y la selva ecuatoriana (hay sin embargo un vistazo breve de Quito).
Kunkel leyó en Zürich el pasado lunes 25 de setiembre. Como anunciaron los periodistas que lo habían entrevistado antes de su lectura, es él un tipo de lo más natural, en la palabra, el trato y el vestido —acá en todo caso no iba disfrazado de naturalidad—. Buen conversador, de respuestas paradógicas y rápidas. Me dio gusto saludarlo y decirle que vengo de la tierra por la que su personaje pasea “su desubicación”. Me dio gusto así mismo, a propósito de su interesantísimo ensayo “Ojos bien abiertos” — un texto sobre el terrorismo en las artes hasta antes del 11 de septiembre de 2001 — acercarle una cita de Stockhausen que desconocía sobre el atentado de las torres gemelas: la mayor obra de arte de Lucifer, el ángel caído que encarna la destrucción.
Algo más: Benjamin Kunkel (1974) es el editor de la revista de crítica y cultura n+1, una revista semestral con un tiraje de cinco mil ejemplares, referencial en la escena intelectual de la costa este, en la que aparecen con regularidad sus ensayos. Kunkel publica regularmente en el New York Times, Dissent, The Nation, The New Yorker Review of Books y el The New Yorker.
Una entrevista a Paul Virilio a propósito del atentado contra las torres que podría leerse como un contrapunto complementario al ensayo de Kunkel.
17.9.06
Palacio, Icaza, Vattimo, Baudrillard,...
Semana atareada e interesantísima la que vivirá Quito en estos días. Bajo su cielo se llevaran a cabo dos congresos internacionales, uno de literatura, otro de filosofía —o de pensamiento contemporaneo que es como a pesar de la redundancia se nombra mejor a esa disciplina que trabaja con la reflexión sobre las cosas visibles e invisibles que nos rodean.
Los dos eventos se llevaran a cabo en las instalaciones de la Universidad Andina Simón Bolivar.
El congreso de literatura tiene como centro las obras y personalidades de Jorge Icaza y Pablo Palacio, dos escritores ecuatorianos nacidos hace cien años cuyos trabajos, si bien gozan de momento de un reconocimiento académico referencial fuera de sus fronteras, en términos generales son apenas conocidos por los lectores interesados en la escritura latinoamericana.
No fue siempre así esa relación con la literatura ecuatoriana; al menos no con la obra de Jorge Icaza (1906-1978) que en sus mejores momentos, cuando el Indigenismo estaba en alza y el Boon Latinoamericano tejía sus escarpines tras el mostrador, llegó a ser traducida a más de una decena de lenguas (sobre todo Huasipungo, 1934, la novela que es sinónimo de Icaza, o de novela ecuatoriana, fuera de sus fronteras).
Pablo Palacio (1906-1947), su contemporáneo y artísticamente antípoda, no gozó jamás de un reconocimiento parecido al de Icaza. Como con la obra de Kafka, la de este ecuatoriano se despliega en un territorio subjetivo y se mueve según esas exigencias, a paso lento, “pastando abismos” en una noche cualquiera de una ciudad cualquiera del globo. Es su obra la que mejor ha entablado comunicación con los lectores desde hace ya algunas décadas. Esta no es voluminosa y ha sido reeditada varias veces en los últimos años. De lo que tengo entendido, hasta el momento existen dos ediciones de sus obras bastante esclarecedoras: la una, preparada por María del Carmen Fernández —que reedita con regularidad Libresa; la otra, aparecida hace un par de años en España en la colección Archivos de la Unesco, bajo el cuidado de Wilfrido Corral — Vila-Matas, el novelista barcelonés comentó en su día esta edición, agradecido por haber dado con ese “personaje escritor” llamado Palacio, tan en la línea de los de su catálogo marca Bartleby, como el mismo Kafka o Robert Walser.
Pero el tema que despierta la preocupación por la obra de estos escritores, siendo tan rico, deberá aplacar su interés para dar paso a los temas que se hablaran en el simposio de Desarrollo e interculturalidad.
Ha sido habitual desde hace varios lustros que los hacedores de pensamiento, en sus recorridos por Latinoamérica, apenas se dieran la oportunidad —o no se les ofreciese— para detenerse en el país andino. Mucho nos alegra que un grupo de pensadores, entre los que se encuentran Gianni Vattimo y Jean Baudrillard, lleguen a suelo quiteño, respiren su aire, observen, conversen y, como cuando pasó por allí Henry Michaux, se asombren de ver nubes “como perros falderos” de las montañas.
Por sí interesa a alguien materiales de estos pensadores, dispongo unos links con materiales de lectura
Gianni Vattimo:
La voluntad de poder como arte
Arte e identidad: sobre la actualidad de la estética de Nietzsche
La huella de la huella
De Jean Baudrillard:
Simulacro y simulaciones
La ilusión y la desilución estéticas
Duelo
P.S.
Entrevista de Hoy a Gianni Vattimo
10.9.06
El peso del mundo 2
Septiembre 11
No sé exactamente a cuantas ascienden hasta esta fecha el número de víctimas provocado por los ataques de Al Kaeda a los USA el 11 septiembre de 2001. No son sólo las que estuvieron en los aviones estrellados contra las torres gemelas y el pentágono, ni las personas que se hallaban en ese momento en el interior de esos edificios, ni las que minutos después fueron fulminadas cuando las torres se vinieron al suelo y el infierno tomó forma. Todos nos conmovimos, también ahora, porque la muerte se dejó ver entonces con un aspecto que lo suponíanos ya desaparecido: ese de frío cálculo, ese que hace suponer detrás a un pensamiento que discierne, planifica, decide y ejecuta, al más claro estilo de un manager de transnacional, ni más ni menos. No fue el fatum el que provocó ello. No ha sido el fatum tampoco el que planificó la respuesta a ese ataque —el que seleccionó y fijó los objetivos que deberían ser destruidos cuanto antes, para aplacar al enemigo, para desagraviar ese ataque primero.
Se empezó por las montañas de Afganistán, luego algunos de sus poblados, algunos poblados del mundo por los que circulaban fanáticos asociados —digo, congéneres, seres humanos con planes monstruosos, combustionados por un odio compartido, una fé extrema en su visión del mundo, y una necesidad de resarcirse, al costo que sea, de los ultrajes recibidos o imaginados, de las injusticias sufridas en carne propia o para el caso ajena.
Los fanáticos fueron un gran pretexto para arremeter en nombre de la sociedad libre contra otra sociedad que vivía de otra manera. En nombre de la libertad se amplió el campo de batalla y se inició una guerra contra Iraq cuyos motivos, según los reportes publicados por el congreso de los USA la semana pasada, fueron inventados. La guerra no ha terminado — comenzó en marzo de 2003. No terminó en el plazo que se supuso sería suficiente (tres meses al inicio); y a la fecha nadie sabe cuando hallará término. Solo una cosa la sabe todo el mundo (si ese mundo no está ya inmunizado a este tipo de noticias): en ese territorio en conflicto pierden sus vidas cada día alrededor de cien personas; ese país es un polvorín cuyo control es de momento improbable. Huelga decir que quienes allí mueren, son por lo general personas que nada tuvieron que ver con las razones que impulsaron el ataque de Al Qaeda a los USA ni el de los USA a Iraq.
Desde la semana pasada, los diarios, revistas y más medios de todo el mundo nos recuerdan ese día —desde puntos de vista imaginables y no, con deslumbrante material fotográfico y sesudos análisis alimentados por informaciones o circunstancias antes no conocidas se nos confronta con ese día y, nosotros, con una altiva ración de dolor, y seguros de que ese hecho no ha sido neutralizado en nuestra conciencia, regresamos con nuestros pensamientos a ese episodio trágico de la vida. No sé como regresaremos a él en 17 años.
Noviembre 6 y 7
Es una fecha dolorosa en la historia colombiana, pero también es un performance, una puesta en escena de sillas que se dejaron caer y colgar de los muros del Palacio de Justicia de Bogotá, Colombia, el 6 y 7 de noviembre de 2002. Su autora es Doris Salcedo, nacida en esa ciudad en 1958.
El evento inició a las 11.25 de la mañana del día 6 de noviembre. Una silla empieza a deslizarse por el muro lentamente. Los doce metros de cuerda que la sostienen demoran media hora en desenrrollarse.
A las 11.25 del 6 de noviembre de 1985, 17 años atrás, moría en ese mismo edificio, un guardia, el primero, que un comando del grupo gerrillero M-19 derribó a tiros al irrumpir con un camión en esas instalaciones. Ese día, y el siguiente de 1985, morirían muchas personas en ese edificio. Ese 6 y 7 de noviembre de 1985, Colombia se quedó practicamente sin justicia.
El tempo de la obra lo marca la reconstrucción que la autora hizo del tiempo real de la batalla entablada entre el ejercito y los guerrilleros. La guerra en pleno centro de la ciudad de Bogotá duró dos días. Sobre los muros de la fachada la autora deslizó sillas elementales en los momentos que, según los datos recabados en sus investigaciones, habían muerto las personas.
Nadie supo nada de este evento artístico sino hasta ese momento. Ni la prensa ni persona alguna relacionada con los medios de comunicación fueron puestos al tanto. Simplemente, a las 11.25 de la mañana del día 6 de noviembre empezaron a caer sillas por los muros del Palacio de Justicia. En camaralenta.
"La obra era un papel en blanco, un espacio vacío sobre el cual el espectador podía recordar. La obra en sí, lo que yo presenté, no narraba nada. El público hacía la obra al contemplarla". Dice la autora al respecto.
En los dos día que duro este performance cayeron 53 sillas
La obra de Doris Salcedo no es extensa pues avanza "lentamente", como ella lo dice. Sin embargo sus trabajos forman parte de las principales colecciones de Occidente, es conocido y reconocido por críticos y públicos de todas las tendencias.
He pensado este día en esta artista cuya obra deja por detrás los límites posibles con los que habitualmente tropeza el arte contemporaneo al enfrentar al público. Mirar sus sillas inválidas, alteradas, amontonadas, disfuncionales hasta la desesperación, me refieren el sitio del ser humano en la modernidad. Cuando ví por primera vez las fotografías de Noviembre 6 y 7, me deslumbró la idea. Cuando, a continuación supe la razón que movió a la artista a realizar ese performance, me ruboricé. La estética estaba allí presente todo el rato pero no para certificar belleza sino un algo más que por ahora lo dejamos allí.
8va. Bienal de Estambul (1550 sillas)
Una mirada de su obra
Una nota otra aparecida en el New York Times
29.8.06
La carta de Günter Grass
Mucha tinta y millones de bytes han hecho correr por todo lado las declaraciones que Günter Grass hiciese en la entrevista que el Frankfurter Allgemeine publicara el pasado 12 de agosto, a propósito de unas líneas contenidas en “Bein Häuten der Zwiebel”, sus memorias y más reciente libro publicado.
Grass, a sus 78 años, premio Nobel de Literatura 1999, hasta el día 11 de agosto de 2006, goza de una estatura intelectual y moral reconocida por gran parte del pueblo alemán y los lectores de todo el mundo. No en vano: en su obra y en su vida pública viene enfrentando con tenacidad desde hace cinco décadas a ese fantasma del pasado que no pocos alemanes (y personas de otras proveniencias) han querido revestirlo de silencio y hacer como si nunca hubiese existido o, en el mejor de los casos, confundirlo con el de la ópera, es decir, un personaje de la irrealidad. ¿Cómo es que, antes de la guerra, el Nacional Socialismo, impulsado por un loco criminal inconmensurable cautiva la atención del entonces pueblo más culto de Occidente y le abre el paso hacia el poder no sólo con facilidad sino, por lo que la historia va legando, con beneplácito? ¿Cómo es que esa gente de clase media, emprendedora, culta y de buena voluntad, se deja encandilar por una escuadra de fanáticos pensantes y les permite diseñar y ejecutar una catástrofe cuyas consecuencias no acaban de terminar? La obra de Grass aborda estos interrogantes; la voz con la que se abre paso, tanto en su prosa como en la discusión política, es una en las que se apoyara el pueblo alemán de la posguerra para nombrarse a sí mismo, para identificarse en ese tiempo destruido del que debió nuevamente levantarse con dignidad y no con la pretendida amnesia que para otros tantos —para el mismo poder— habría sido el camino a seguir; voz-espejo ésta que permitió a su sociedad mirarse, mirar alrededor y emprender el camino que debía. A cuestas con el peso incómodo de la memoria ciertamente, sin embargo, privilegiando insistentemente la dignidad humana, sin omitir el dolor propio y ajeno.
Transcurrido más de medio siglo, nuestro autor viene y nos comenta en una entrevista un fracmento de su juventud desconocido hasta ahora por sus lectores (pero no por el gobierno de los USA que lo sabía desde el 24 de abril de 1946), haber ingresado en las Waffen-SS cuando tenía 16 años y once meses y haber permanecido en ellas por siete meses.
Desde el 12 de agosto de 2006 la estatura moral e intelectual de Günter Grass está en entredicho. No para todo el mundo ciertamente, en cuya parte me sumo; si entre aquellos que discrepan de su visión política y no comparten en nada sus actitudes. Me atrevo a suponer que entre sus lectores, esta vuelta de tuerca en la memoria alemana que ha hecho brincar las alarmas en periódicos y revistas de todo el mundo, terminará multiplicándo el respeto a la personalidad y la obra de Grass que de momento parecería disminuido.
El pasado 23, el mismo Frankfurter Allgemeine traía entre sus páginas la carta que el autor alemán escribiera a Pawel Adamowicz, alcalde de Danzig, su ciudad natal, dándole su punto de vista sobre esta situación. Días antes, varios comunicados anunciaron que la ciudad iba a retirarle al autor su “ciudadanía de honor”. No se hizo tal cosa finalmente. Por otra parte, Lech Walesa, que al inicio se pronunció también en contra del autor, luego de leer la carta dirigida al alcalde de Danzig, retiró sus palabras y se sumó a la lista de los que lo defienden.
Puesto que he visto en varios periódicos y blogs alusiones a los contenidos de esta carta, cuya versión en español no la he encontrado hasta ahora, me permito alcanzarles una traducción provisional. Las personas que dominan la lengua alemana pueden darme una mano con las posibles imprecisiones que se puedan encontrar en mi versión (la carta original la coloco en la sección de comentarios).
Termino esta introducción con la visión que da de este asunto el profesor suizo Peter von Matt, reconocido germanista al que ya nos hemos referido antes en más de una ocasión.
Julian Schütt periodista del semanario Weltwoche, entre otras cosas, le pregunta los iguiente:
¿Qué es para usted escandaloso: la filiación a las Waffen-SS, la confesión tardía de esa filiación o el hecho de que Grass utilice a una de las organizaciones más criminales en la historia de la humanidad como instrumento publicitario de su Autobiografía?
....
¿Afecta la memoria culposa de Grass a su obra literaria y su rol como instancia moral en la posguerra o es que su gloria como Premio Nobel es tan grande que le permitirá salir de este afaire de manera intacta?
Con lo de la instancia moral se aguó la fiesta. El tambor de hojalata (1959), sin embargo permanece como una soberbia novela. Ella ventiló la literatura alemana —atrevida, poética, emocionante, empeñada en el placer, yerma y humana. En todo caso se tendrá que leer de nuevo su obra temprana. El gato y el ratón (1961), por ejemplo, se deja leer ahora de una manera emocionante. En verdad allí ya está todo. Sólo que entonces no se vió: trauma, estigma, autoacusación, autocastigo,... incluso aparece la chaqueta negra del uniforme (que es la que utilizaban los soldados de las Waffen-SS). Todo está cifrado, está desplazado como en un sueño. Pero está ahí. Me podría imaginar que ya entonces Grass aguardaba el debate que ha llegado solamente ahora.
Una última cosa que tiene que ver con la editorial en la que Grass publica sus libros: está no es una de las típicas contemporaneas que decide su política d edición en función del mercado y no de la calidad de los textos de sus autores. Recuerdo haber leído hace tiempo las razones por las que Grass abandonó hacia 1993 su editorial de entonces y se fue a una completamente desconocida cuyo editor, como en los viejos tiempos, se encarga de realizar en estos tiempos todo el trabajo.
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CARTA DE GÜNTER GRASS
Muy estimado señor Adamowiccz,
le agradezco mucho por su carta y la confianza que usted también me muestra ante la situación actual. Antes de que mi último libro “Beim Häuten der Zwiebel” (Pelando la cebolla), pudiera ser de dominio público, la noticia sobre algo ciertamente importante, pero para el contenido del libro, no el episodio dominante en el transcurso de mis años juveniles, ha desatado una controversia que, entre otros, en los vecinos de Danzig provoca inseguridad y a la vez, para mi, ha adquirido existencialmente proporciones amenazantes.
En mi libro, que abarca el rumbo de mi vida desde los doce años, hacia 1939, narrada descriptivamente, doy cuenta cómo en mi joven ofuscación, con casi quince años, quise enrolarme en la U-Boot-Waffe (los submarinos de guerra) pero no fui admitido. En su lugar, en septiembre de 1944, bordeando los17, fui enrolado sin mi intervención en las Waffen-SS. Esto le sucedió en aquel tiempo a no pocos de mi generación. A las dos semanas de acción militar, desde el inicio hasta aproximadamente finales de abril de 1945, sobreviví de casualidad.
En los años y décadas posteriores a la guerra, cuando me fueron revelados en sus espantosas proporciones los crimenes cometidos por las Waffen-SS, por vergüenza conservé para mi, pero no eliminé, ese corto pero pesado episodio de mis años juveniles. Solamente ahora, en esta edad, he encontrado la forma de dar cuenta de ello en un contexto más amplio. Este silencio puede ser valorado como un error —que es lo que está sucediendo— y ser juzgado. También debo aceptar que a causa de mi comportamiento mi distinción como ciudadano de honor está puesta en entredicho por muchos de los ciudadadnos de Danzig. No me corresponde a mi en esta situación llamar la atención sobre todo ello que conforma la obra de mi vida en cinco décadas, como escritor y ciudadano comprometido de la República Federal de Alemania; sin embargo quiero hacer válido para mí, haber comprendido las duras lecciones que me fueron dadas en mis años juveniles: mis libros y mi actividad política dan cuenta de ello.
Siento mucho haber impuesto a usted y a los ciudadanos de Danzig, ciudad con la que por ser su hijo me siento profundamente unido, el peso de una decisión que ciertamente sería más fácil de determinar si mi libro estuviese disponible en la versión polaca.
Para finalizar mi carta quiero dar las gracias a los vecinos de la ciudad suya y mía que en adelante me regalan su confianza. En una época temprana, hacia inicios de los cincuentas, debí comprender que la pérdida definitiva de mi ciudad natal, Danzig, fue por culpa alemana; añado, que esta dolorosa comprensión la he representado también públicamente y no por última vez en diciembre de 1970, cuando acompañé a Varsovia al entonces canciller alemán Willy Brand.
Desde entonces, gracias a la historia de posguerra de la ciudad de Danzig, esta pérdida ha sido más que mitigada pues, de su ciudad y la mía es de donde provienen las iniciativas políticas orientadoras, que en forma de movimientos obreros combativos unidos bajo el nombre de Solidaridad (Soloidarnosc) y Lech Walesa, entraron finalmente en la historia. Este proceso toma forma en mis libros de manera narrativa; y en mis textos políticos he valorado y señalado como ejemplar “la mesa redonda”, ese método de negociación que anula la violencia y se ejerció primeramente en Danzig. Tengo muchos motivos para estar orgulloso de mi antigua ciudad natal, de ella proviene una mentalidad que tuvo influencia en toda Europa, cuando se trató de poner término sin violencia al dominio dictatorial; así también en el caso del Muro de Berlín, contribuyendo a su derribo y abriendo las posibilidades para una verdadera democracia. Todo esto me infundió ánimo para insistir en las conversaciones reiteradamente interrumpidas entre Polonia y Alemania, Alemania y Polonia, una historia muy dolorosa de la que todos nosotros sacamos una enseñanza que permite el mutuo entendimiento.
Cordiales saludos
Günter Grass
P.S. del 10 de setiembre: encuentro en la prensa de este día una entrevista de Grass concedida a El País. Es un recuento de lo que se ha escrito sobre sus declaraciones que, sin embargo, no está nada mal leerla (aquí).
26.8.06
Estuario Guayaquil
Estuario Guayaquil
J. ERNESTO AYALA-DIP
BABELIA - 26-08-2006
El autor ecuatoriano Leonardo Valencia, afincado en Barcelona desde hace unos años, nos recuerda en su nueva novela, El libro flotante de Caytran Dölphin, una tendencia literaria europea de primera mitad del siglo veinte que entronca con Rainer Maria Rilke, Valéry Larbaud, Blaise Cendrars, entre otros. Una literatura de énfasis cosmopolita, de metaforización de la crisis de conciencia de las primeras décadas del siglo, de sutil itinerario de búsquedas estéticas. No es gratuito que en este libro un personaje secundario se llame Barnabooth, en clara alusión a la autobiografía novelada de Larbaud. Si los lectores han leído la novela anterior de Valencia, El desterrado (Debate, 2000, que por cierto lleva el mismo título que uno de los poemas más hermosos de Jorge Luis Borges), verán respecto a la que ahora reseñamos un propósito más experimental, sin que por ello se difumine la naturaleza esencial de la narrativa que lleva a cabo el escritor ecuatoriano. De manera más lineal, en aquélla se narraba la historia de tres generaciones de una familia: los Dalbona. Y su contexto histórico se movía alrededor del nacimiento del fascismo, focalizado en Roma. En la novela que ahora nos ocupa, Valencia vuelve a la anatomía de una familia, remarcando su carácter de desarraigo social y cultural, sólo que en esta larga historia se impone la proliferación de señas literarias, homenajes, alusiones y una extensa reflexión sobre el poder vivificante de los libros como búsqueda de nuestro ser.
El libro flotante de Caytran Dölphin es la historia de Iván Romano, el hijo de una familia judía italiana que emigra a Ecuador, exactamente a la ciudad de Guayaquil. Las múltiples referencias al agua hubieran hecho las delicias hermenéuticas de Gaston Bachelard. El relato en primera persona se concentra en la vida de los hermanos Fabbre: Ignacio y Guillermo, el que se hace llamar Caytran y el autor de un libro, Estuario, del cual Romano intenta deshacerse. Valencia no elude el juego autorial. Él mismo se introduce, como un ardid barroco, en la escena novelística. Y él mismo disimula, tras la autoría de Caytran, sus propios aforismos. Valencia alterna el relato lineal con la tradición literaria del fragmento. Para terminar, no quiero dejar pasar otra alusión que Leonardo Valencia nos ofrece, como de pasada, pero que creo que gravita sobre su magnífica novela. Me refiero a las referencias al poeta francés Edmond Jabès. Valencia toma prestado de Jabès su vocación especulativa en torno a las palabras y, no con menor intensidad, en torno al silencio.
22.8.06
De vuelta
Tiento este reinicio con un tema que, intensificado en las semanas últimas, pero sin solución desde 1948, no deja de parir y esparcir a raudales dolor y muerte: el problema árabe-israelí que, como todos saben, tiene de momento como foco principal, el territorio sur del Libano.
He seguido el desarrollo de esta guerra última a través de diarios y revistas diversos. Como casi todos (al menos losl de mis alrededores), he visto con no poca indignación el desafortunado papel jugado por la política europea a la hora de utilizar su poder de influencia para frenar esta desproporcionada guerra y forzar a sus actores al diálogo que hace falta. Ciertamente que es aquí donde las cosas se complican, sin embargo, no hay ni habrá manera otra alguna para plantar allí o donde sea esa delicada planta llamada paz. El jardín del método violento es sólo de flores de plástico.
Es este tema territorio minado en el que, por las demasiadas pruebas puestas sobre el tapete, al parecer, a la Razón, y de parte y parte, se le presta apenas atención. Aquí se apuesta por la fuerza, por la capacidad que esta tiene para desaparecer, o por lo menos, someter al rival a sus razones. Los caminos interpretativos que se hacen, y pueden hacerse, de su utilización se bifurcan a partir de este punto. Ningún alma de buena voluntad que quiera introducirse en esos meandros de dolor para entenderlos en perspectiva humanista, aspirando a una neutralidad necesaria, y se atreva luego a dar su versión, saldrá jamás bien parado. Muchas pruebas de esto nos las alcazó en vida Edward Said (1935-2003), el palestino de la Universidad de Columbia en New York, quien, por su manera de alumbrar estos problemas, nunca dejó de ser objeto de feroces críticas tanto de palestinos como israelíes. Le ha sucedido algo parecido a nuestro estimado novelista Vargas Llosa, quien, en un artículo publicado en El País justamente dos días antes del ataque israelí a Libano, a propósito de palabras suyas bien plantadas sobre este asunto, le llovieron luego las críticas, como él nos cuenta, en la prensa israelí y cartas de lectores allí publicadas en las que le tildaron incluso de “comunista”.
Recuerdo haber leído hace cosa de uno o dos años un artículo de Timothy Garton Ash en el que el historiador inglés, a partir del estado de cosas de ese momento, aventuraba un pasisaje futuro del mundo hacia el 2025 (¿o era hacia el 2050?). Muchos de los aspectos, instituciones, tradiciones, modas, geografías las suponía completamente diferentes a las de su estado y forma actuales, en algunos casos, incluso irreconocibles al cotejarlos. Sólo uno, sin embargo, permanecía invariable en ese catálogo del futuro, constante en sus contenidos y sus formas expresivas: el conflicto palestino-israelí.
Me es es muy arduo adentrame en este territorio sin dejar de sentirme limitado ante la comprensión de los elementos descisivos que allí habitan. Sé en todo caso, que lo que allí sucede lo deciden apenas un puñado de fanáticos con poder de lado y lado en cuyas visiones y representaciones del mundo nunca tiene ni tendrá cabida el otro, cualquier otro cuyas razones difieran de las suyas.
He dado todo este ruedo para conectarles a un texto que lo considero de interés. Les cuento.
El pasado 14, en un café de Gran Carajal, un hermoso y apasible pueblito en Fuerteventura (que es donde he pasado estas dos semanas últimas con mi familia), leyendo la prensa española dí con una noticia que me dejó triste: uno de los misiles disparados por Hizbolá alcanzó a un carro de combate israelí y mató en el acto a sus ocupantes. Uno de ellos era Uri Grossman, hijo de nuestro admirado novelista David Grossman, hombre de paz, defensor de lo justo, a costa de no ser muy bien visto por sus compatriotas de fé extrema y razones absolutas.
La edición de ayer de El País, en la sección de Opinión, trae un texto firmado por David Grossman cuya lectura me llegó hasta los huesos. Es una carta que el padre escribe a su hijo muerto el pasado 12. No he leído hasta ahora, entre lo mucho y valioso que se publica al respecto, algo que exprese con dolorosa claridad las coordenadas de este conflicto del que ha sido desterrada la política para que la muerte haga su verano.
16.7.06
El Sancho americano de Barrera Valverde
Jirones del 'Quijote' en ultramar
JAVIER APARICIO
BABELIA - 15-07-2006
De la Vida de Don Quijote y Sancho de Unamuno a Calvino, Auster o Barth se cuentan por docenas los autores que han destilado su narrativa en el alambique del Quijote. De un modo u otro, técnica y personajes de la obra maestra cervantina se han ido reencarnando una y otra vez en la literatura contemporánea. A esta larga lista habría ahora que añadirle la contribución del diplomático ecuatoriano Alfonso Barrera Valverde con Sancho Panza en América o la eternidad despedazada (Alfaguara Ecuador), que ha preferido alargarle la sombra a Sancho y no a su señor hidalgo. Barrera imagina las andanzas de Sancho en el Nuevo Mundo muchos años después, ante el pelotón de personajes que se le encaran por las callejuelas del casco antiguo de Quito. Sancho Panza en América no es una excusa para exhibir un dominio de la lengua áurea, ni el pretexto para una enésima reinterpretación, ni una reescritura ni un ejercicio de estilo sabiondo, ni siquiera un estallido de ingenio a propósito del Quijote, sino, como confesó en una entrevista su autor, "un ejercicio, en plan de juego, que realicé con un grupo de profesores de Literatura. Esta primera versión no pasaba de dos páginas, que ahora se han convertido en más de doscientas". El mencionado divertimento le da pie a Barrera a sumarse a los juegos cervantinos de la novela que ha inspirado su relato, la confusión libresca entre la realidad y la ficción, la travesura de travestir autores, narradores y editores de un manuscrito hallado , los anacronismos o el interés por redactar una 'Introducción' que dispone las cartas del texto sobre la mesa del lector. El autor disfruta asimismo con el ardid de sentar el Quijote a la mesa de la tradición junto a los autores contemporáneos que trae a colación, de Bryce Echenique a la Yourcenar o a Kundera, a los personajes de Rousseau y Voltaire que comparten con don Quijote veleidades viajeras, y a quienes comparten con Sancho la soledad, el analfabetismo, la inmortalidad o la cara grave de la vis cómica. Recorrerá el lector de este libro, de forma fragmentada y discontinua, como corresponde a la estructura con la que está compuesto, la historia de Ecuador desde el XVII y los modos y maneras del Siglo de Oro. Y recordará, sobre todo, que los textos nacen siempre de otros textos que los inspiran y que, para mal o para bien, como dejó dicho el maestro Ayala, en Cervantes y Quevedo, "en cierto modo, cuantos, después de Cervantes, han intentado novelas a lo largo de cuatro siglos y medio, han estado reescribiendo el Quijote". La manipulación cervantina que tenemos entre manos, Sancho Panza en América, es un juguete literario de altas miras y corto vuelo.
21.6.06
Ecuador
En latín, Aequator, -oris era el nombre de un aparato que se utilizaba para verificar el peso de las monedas, así como la calidad del metal de que estaban hechas.
También tomó este nombre el país del Pacífico sudamericano situado sobre esta línea, independizado de la Gran Colombia en 1830.
Esta definición, como la de otras palabras, la recibí este día en mi casilla electrónica. Si les interesa, pueden suscribirse a la palabra del día, un gratísimo servicio de la Página del idioma español
5.6.06
En Berlín con curadores
Perfilar una perspectiva in situ de la escena artística berlinesa fue el motivo que nos trasladó a esta ciudad a los que realizamos el posgrado de Curaduría en arte contemporaneo en la Scool of Art and Design Zürich.
Varios elementos sui generis articulan la escena berlinesa, en la que por igual y desde distintos flancos, escritores, músicos, cineastas, artistas plásticos y de toda la rama de contemporaneos, trabajan y discuten sus propuestas y las hacen públicas utilizando las más insospechadas maneras formales y alternativas. Ciudad prototipo, en verdad, un laboratorio de maquinaciones para la creación, producción, expresíon y difusión de obras de toda índole que danzan la danza de la creación y ejecución de proyectos. Habrá que añadir sin embargo una sospecha (con prejuicio, sin fundamentos): un laboratorio que quizá corre el riezgo de ser neutralizado —porque, como la luz, cuando es demasiada, no deja ver, aquí, la cantidad de artistas y creación impide que haya mentes que pueden abarcar en profundidad todo ese espectro creativo.
Nuestra visita de estudio tuvo varios capítulos.
I
En la noche del viernes 19 de mayo planeamos sobre un tema que habíamos tratado antes en clase desde distintos flancos, El arte en espacios comerciales. En el Atrium de los cines Arsenal —en Posdamerplatz, el símbolo arquitectónico de la nueva Berlín, ese hermoso y frío conjunto de cimetrías y cemento, de cristal salpicado de luces y logos de multinacionales—, Florian Zeyfang nos introdujo en las posibilidades que las actividades artísticas pueden emprender trabajando en asociación con capitales privados. No dejó de abordar los delicados límites a los que este tipo de relación puede conducir, o, en el otro sentido, la mala interpretación que a priori podría hacerse de ellos. Cómo puede imaginarse, es está una delicada sutura de intereses cuyos propósitos, no siempre apuntaran en la misma dirección. Se cerró la noche con un performance de Daria Martin trenzado por un film en 81/2, la lectura de unos textos que su abuela escribió mientras huía de los nazis, encontrados luego de su muerte, y los acordes suspensos de un acordeón: The wedding will not take place (2006, 24’).
II
A la mañana siguiente, en el Sparwasser HQ, en Berlín Mitte, un punto de encuentro de curadores y artistas que dirige una antigua profesora nuestra, Lisa Nellemann, que, por lo que he podido constatar, su presencia es vital entre artistas europeos. Allí, Alexander Koch, crítico y editor berlinés, nos hizo un detallado recuento de lo sucedido en la escena artística de la ciudad en la última década, del espacio citadino en sí luego de la caída del muro, los problemas económicos de la ciudad —literalmente en quiebra— y la parte positiva de esta sombra (es la ciudad más barata de Europa, y de Alemania, la más distendida), de las ramificaciones concebidas entre creadores y entre éstos y el mercado, de proyectos curatoriales, curadores, galeristas y galerías inventadas en este lapso, de los ciclos económicos en este mercado y de los clientes y coleccionistas de arte que en creciente número visitan esta ciudad en sus recorridos periódicos.
Este repaso fue un oportuno abrebocas a una interesantísima y extenuante jornada que, siempre bajo la guía de Alexander, nos llevaría a lo largo de ese día a visitar siete galerías cuyos modelos constitutivos, uno muy distinto de otro, nos serían expuestos y explicados por sus mismos propietarios o administradores. Al paso vale destacar, a pesar de que la idea no es nueva, esa figura organisativa creada para la creación y la venta de obras: La Galería de Productores, como es el caso de la Galerie AMERICA (a la que se le cayó del rótulo la A y la CA —quizá a propósito) creada por diez artistas, salidos todos de una misma universidad, para posicionar y vender su propia creación de forma directa, cosa que en los últimos seis años han conseguido pues gozan de momento de un nombre internacional al que con regularidad periódica asisten coleccionistas globalizados, sobre todo americanos, a hacerse de la obra que allí exponen únicamente estos diez cojurados. Amplio e interesante este tema en el que obras artísticas, posicionamiento, dinero y legitimización cruzan sus caminos. No es este el sitio para ahondar en tema tan interesante sin riezgo de perderme. Por ello, mejor me ciño a la agenda de recuento (que a estas alturas es ya de recuerdo).
III
El foco de nuestra visita a la capital alemana, tuvo lugar a la 16 horas, en la sede de la Cuarta Bienal de Arte Contemporaneo, el KW Institute for Contemporany Art, en el que Markus Müller, director de comunicación de la Bienal, nos hizo un recuento de las directrices seguidas por sus curadores en la organización del evento, las estratégias utilizadas para llegar al público y la recepción que el evento ha tenido entre la crítica y el público, provocativa esta vez por su polarización extrema: ha gustado y disgustado en partes iguales —para beneplácito de sus curadores y organizadores, digo yo, los reposados análisis de la indiferencia o el halago para referirse a este evento, han estado ausentes. Me detengo un poco en este evento.
Von Mäusen und Menschen / Of Mice and Men — De ratones y hombres, como el título de la novela que John Steinbeck publicará en 1937, es el que ha tomado esta Cuarta Bienal de Arte Contemporaneo de Berlín que cierra sus puertas este día cinco de junio.
¿Cuál ha sido esta vez el prósosito artístico de sus curadores?
Respondo con palabras del catálogo: “Mostrar la vida como una serie de traumas y al arte como un acertijo”.
¿Cuál ha sido la estrategia de la que se han valido para conseguir este propósito?
La de juntar obras de artistas que en gran parte reproducen atmósferas, o transparentan experiencias relacionadas al “miedo y (la) paranoya, la obscuridad impenetrable y un sentimiento amenazante de estar en suspenso”
Cierto, no hay que contradecir esta descripción hecha por sus tres curadores, Maurizio Cattelan, Massimiliano Gioni y Ali Subotnick que han juntado a setenta artistas hombres y mujeres y mostrado sus trabajos en doce sitios distintos ubicados todos a lo largo de una sóla calle, la Augustastrasse.
De estos doce puntos de exposición, la mayor parte podríamos considerar atípicos para exponer trabajos, instalaciones, videos, performances (¿cuáles serían los espacios títicos para mostrar obras de arte contemporaneo?). Así por ejemplo, la antigua escuela de muchachas judías, un descuidado bloque de cinco plantas en vistosas ruinas que en algunos casos, con su tremenda simbología, interfería más de la cuenta en la observación; o, a la inversa, han privilegiado de forma imponente la recepción de la algunos trabajos. O un container de lo más esencial dispuesto como un mini cine; una antigua caballeriza, una iglesia, un cementerio, un local llamado pomposamente Gagosian Gallery, Berlín, que parodia a la Gagosian de Nueva York, un símbolo comercial en el mercado del arte contemporaneo.
Estrafalario en un sentido, pero no con la lógica curatorial, ha sido la utilización de viviendas privadas —unas en la tercera o cuarta planta de antiguos edificios con apartamentos en los que la cuotidianidad ha desguido entre tanto su rumbo. Había que timbrar en el portal de la calle para acceder a estas viviendas—. ¿Pero qué se ha pretendido conseguir incorporando a los sitios de exibición estos emplazamientos no comunes? No lo sé, sin embrago puede que se haya querido reproducir la rutina de un artista en aprietos, una atmósfera de retiro, de apasible normalidad en la que se engendran proyectos artísticos “distintivos”, o transcurre la vida, en si misma distintiva, con la normalidad de un trolebus por las calles de Quito o las “aguas servidas” por las cañerías de cada ciudad. Puede que mi percepción, o mi apuro no me hayan hecho reparar en algún elemento clave posado en estos “apartamentos instalados” (no me pareció ésta una mala idea, sin embargo, allí algo no funcionó, o no fue pensado, por lo cual, como suele suceder con no pocas buenas ideas, aöl ser mal montadas, se trocan en guiño inconsecuentes, o bromas sin humor).
A Tino Sehgal no lo olvidarán con facilidad quienes vieron su performance en la Spiegelsaal, un antiguo y derruido salón de baile que deja ver aún su pasado esplendor: paredes altas semicubiertas con espejos incompletos y opacos, con flancos de colores sepias, obscuros de desidia y destiempo; en el techo, estucos con relieves resquebrajados, a su vera, casi en ángulo y lejanas al piso, unas vidrieras que dejan filtrar del exterior una tenue luz; en el medio de la sala, una pareja deja que sus cuerpos evolucionen movimientos sigilosos, calmos, que hablan con ese sitio y tensan en la memoria del espectador reminiscencias desconocidas, expandiendonos en el tiempo, involucrándonos en un tirual cuya naturaleza uno no alcanza a definir.
Podría detenerme en contemplaciones similares de obras y trabajos interesantes, desconcertantes o poco o nada cautivantes que se han mostrado en esta Bienal. Puesto que ya lo han hecho varios medios lo dejo de lado (dispongo para ello un par de links). Más interesante me resulta desempolvar un par de preguntas, rescartar otro de constatciones y, como las obras mismas que encadenadas al tiempo no dejan de interrogarlo, librar un par de hipótesis.
¿Cómo medir el éxito de un evento de esta naturaleza? Como en muchos otros, no hay manera de saberlo; o, no hay al menos parámetros fijos a partir de los cuales se pueda aplicar un juicio valorativo. Los elementos que entran en juego son varios y varían de ciudad en ciudad, como las obras que han hecho posible la atmósfera propuesta por sus curadores, lograda en este caso, gracias a los espacios dispuestos —imaginados antes, rescatados después—, en los que la interrogación que trae implicita la distinción de “ver arte”, al ser confrontada con tan fuerte simbología, se va rápidamente por los suelos.
“De ratones y hombres” no me fascinó —lo cual me tranquiliza pues me dio tiempo para repasarla en calma—; me fascinaron algunos trabajos allí mostrados, otros “me dieron que pensar” o me sembraron de dudas. Pensar la disposición espacial me ha hecho sonreir con alegría: ha sido una satisfacción administrada a gotas, nacida del caminar por la Augustastrasse entre muestra y muestra pensando sin habermelo propuesto la historia de la ciudad, bordada por el esplendor y la tragedia. Caminándola, uno se da cuenta que no hay como olvidar sus demasiados pasados sin dejar de cotejarlos con sus presentes varios, sus espacios de convivencia y creación tejidos como un tapiz en el que numerosas culturas tejen la cotidianidad y perfilan el futuro.
Epílogo
No había estado las veces anteriores en dos sitios que me parecieron gratos, el uno para desayunar, el Café Nola en la Veteranenstrasse, el otro, para apurar copas de manera poco común y agradable, el Münzclub, un hermoso salón para socios hipotéticos que funciona fuera de la ley y es frecuentado por artistas y, como yo, admiradores de arte, en la Münzstrasse 23 (hay que timbrar en el portón para acceder a sus instalaciones).
Caminé en buena compañía muchas calles de Berlín Mitte y otras cercanas a la Prenzlauer Allee, que es donde está ubicado el atellier de Diego Gortaire, poeta y artista plástico quiteño afincado en Berlín desde hace más de un lustro —por varias razones, nuestro representante no oficial en esa ciudad: por ejemplo, en la colección de osos pintados por artistas del mundo del municipio de la ciudad, el que representa al Ecuador, lleva su firma; en otro sentido, es él regularmente el interlocutor ecuatoriano no oficial al que los medios de prensa alemana acuden cuando recavan opiniones que tengan que ver con el país. Por él me entero de algo que siempre he echado en falta en tierra helvética: un ciclo de cine ecuatoriano como el que se había llevado a cabo hasta la primera semana de mayo, al final de siete consecutivas —por cierto, con buena asistencia de compatriotas e indigenas berlineses o alemanes, en todo caso.
(p.s. este texto lo escribí el cinco, sin embargo, hasta ponerlo a punto he demorado seis, por ello lo hago público sólo ahora)
4.6.06
Los once del patíbulo
Para los que nos gusta el fútbol, todo partido tiene algo definitivo. Días antes del encuentro, no importa si lo esperamos como jugadores o como espectadores, la realidad empieza a precipitarse hacia el gran evento y cuando faltan pocas horas nada de lo que venga más tarde parece posible. Es una especie de fin de mundo, el momento del pitazo inicial, porque la pasión ordena que los partidos sean a muerte, que en todos uno deje las piernas, la garganta, la vida. Claro que los noventa minutos pasan, incluso los que deciden un campeonato internacional o un mundial, y la espera de siete días o cuatro años vuelve a tomar su curso. Pero esta búsqueda del partido absoluto, el partido que lo decidirá todo, no es simple expresión de una utopía inalcanzable, sino también una especie de tributo a un partido verdaderamente definitivo, un partido que fue literalmente a muerte, tal vez el más dramático de la historia.
Tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial, entre un combinado del ejército nazi y el Dynamo Kiev de Ucrania. ... la historia continúa en este link
2.6.06
Handke y el premio Heine
No leí más al respecto, me fui de viaje. Transcurrió entre tanto una semana.
La fría mañana del 21 de mayo, a la vera de la Invalidenstrasse de Berlín, en el Volkspark am Weinbergsweg, me quede un largo rato observando el bronce que la ciudad dedica a Heinrich Heine. Dí con él de casualidad, mientras me dirigía a una cita con colegas curadores en un restaurant cuya terrasa colinda con este parque. Al bronce en el que un joven Heine sonríe a perpetuidad le acompaña una cita que me recordó una que me acompaña desde hace tiempo, de Heidegger: nosotros no vamos hacia los pensamientos; ellos vienen a nosotros. Una rosa invisible dedique a ese bronce (la lectura de Noches florentinas cometida hace tantos años me topó con murmullos). Y seguí mi ruta, alerta a los pensamientos que tardaban en llegar a mi cabeza.
De vuelta en Zürich, revisando en casa los periódicos que no pude hojear los días pasados, doy con una noticia feliz, esa que por premura no pude comentar la pasada semana: el 23 de mayo, la ciudad de Düsseldorf, otorgó a Peter Handke el prestigioso Premio Literario Heinrich Heine. El jurado que le adjudicó compuesto de doce personas, entre las cuales, profesionalmente, destacan Sigrid Löffler y Jean-Pierre Lefèbvre, argumenta que, "obstinado como Heine, Peter Handke persigue en su obra su camino hacia una verdad abierta. Handke orienta su visión poética hacia el mundo en contra de la opinión publica y sus rituales, sin la menor concesión". Pensé que este reconocimiento público le llegaba al austriaco en el mejor de los momentos. Las malas energías predispuestas en su contra desde hace tiempo, disparadas con insistencia unos pocos días antes, con ese premio iban a quedar sin piso, pensé. Pero pensé mal.
En el entorno alemán, no todos se han puesto contentos con esa noticia de distinción. Evidentemente, no sólo en Francia son numerosos los políticos e intelectuales que deploran la posición del autor austriaco. La noticia feliz de hace una semana, en estos pocos días ha inflamado voluntades y caracteres. Ha forzado a pensar límites de “entendimiento”, o quiza, el entendimiento de los límites.
Literatura y política otra vez contrapuestos. Los consejales de la ciudad de Düsseldorf, políticos que deben ratificar el premio y dar su visto bueno para extender el cheque de 50.000 euros que otorga el premio, se han pronunciado en contra de la decisión del jurado. No están de acuerdo en que éste sea entregado a un autor cuyas opiniones proserbias no comparten en punto alguno ni aceptan para nada. Handke, en una carta publicada hace dos días en el Süddeutsche Zeitung, sale al paso con palabras claras, calmas y precisas, que apenas han servido a la hora de evaluar esta incomoda situación en la que la libertad de expresión, la correción política, las palabras fugaces en los medios y de los medios, o el poder a secas, cruzan sus sables alrededor de una obra que por suerte, como el sonreido bronce que reproduce al joven Heine en el Volkspark de Berlín, permanece ya imperturbable.
Este día, en una carta extensa publicada en el Süddeutsche Zeitung, Sigrid Löffler (editora de Literaturen) y Jean-Pierre Lefèbvre (profesor de la École Normale Superieure de París), con palabras igualmente claras y precisas, hacen pública su dimisión como jurados de este afamado premio al que han prestado su contingente en las tres últimas entregas (éste se falla cada dos años; han sido premiados en las tres versiones por ellos precididas, W. G. Sebald, Elfriede Jelinek und Robert Gernhardt). Graves son las palabras que allí utilizan para signar el comportamiento de una parte de los jurados, no leídos, burocráticos, y sobre todo inmaduros para ejercer una función en la que las decisiones que se toman deben basarse en el conocimiento y ejercerse con confianza y respeto, no como ha sido el caso esta vez, en el que, a un autor, por su punto de vista disidente, se trata de callarlo y “aislarlo, humana y políticamente" y afectar su obra”. Casi al final de esta carta nos recuerdan los dos (ex) jurados: “Pero de una cosa no se puede discutir: Peter Handke es uno de los autores más importantes del presente. El programa de su vida es al mismo tiempo la ley de su escritura: el trabajo en un conciente cambio de visión del mundo. En sus textos sobre los Balcanes resalta esta aspiración a pensar y escribir sobre ello de una manera distinta a la del consenso formado por los periodistas, como se podría ver la guerra separatista jugoslava, como se podría juzgarla”
Para finalizar este recuento de alteraciones traduzco las palabras con las que el pasado 31 de mayo, Handke comienza su carta publicada en el Süddeursche Zeitung:
Tengo que ser riguroso y responder con tranquilidad a las recriminaciones que se me vienen haciendo desde hace muchos años, y hoy nuevamente a partir de la adjudicación ( y de la tramada no-asiganación) del Premio Heinrich Heine. Lo tengo que hacer por los lectores, por los lectores leales –por lo demás una tautología, pues un lector desleal o prejuiciado nunca es un lector...
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Diario El País sobre Caso Handke
Se solidarizan con Handke, entre otros, Botho Strauss, Win Wenders, Elfriede Jelinek, ...
Contra Handke, el premio Nobel Gao Xinjang, Marcel Reich-Ranicki, Daniel Cohn-Bendit, gran parte del Partido Verde Alemán, ...
28.5.06
Baudelaire de Campaña
Baudelaire
Juego sin triunfos
Mario Campaña 2006, Ed. Debate, 384 p.
Una biografía general que quiere evitar la hagiografía, la leyenda y el anecdotario. Así describe el poeta ecuatotiano Mario Campaña su libro sobre Baudelaire. Así lo describe y así es. Y además de ser una buena biografía del inventor de la poesía moderna, es decir, urbana, irónica, descreida, pegada a la vida y al margen del Dios, de la historia y de la naturaleza —este libro es un buen retrato de la primera mitad del siglo XIX, una época que nos ha hecho como somos.
Campaña se suma así a la cofradía de baudelarianos en lengua española, que no son pocos: ahí están, entre los vivos, Félix de Azúa —autor de un ensayo ya clásico—, Antonio Martínez Sarrión y José María Álvarez —traductores de sus poemas— o Pere Rovira —reciente traductor de la biografía que del poeta escribió su amigo Asselineau—.
No dice más la nota ni viene nombre alguno a su pie. La diagramación de la página, sin embargo, hace suponer que fue redactada por Miguel Á. Villena.
Por otra parte, en la prensa electrónica, al menos tres periódicos de Latinoamérica comentan este libro. La República de Lima, Mercurio de Chile y, el argentino Pagina 12, que el domingo 28 de mayo, en su sección libros, títula así:
El otro Baudelair
En una nueva biografía sobre Baudelaire, el traductor y poeta Mario Campaña trató de desarticular todos los tópicos que han etiquetado al enfant terrible de la poesía francesa. Que se jactaba de haber devorado los sesos de un chico y de descuartizar a su padre. O que tenía especial predilección por las prostitutas monstruosas, el opio y el ajenjo. Para Campaña, todo eso engrandece su leyenda de poeta maldito pero poco dice del hombre que sentó las bases de la poesía moderna desplazando al romanticismo francés. Tal vez por eso, el poeta y traductor Mario Campaña reconstruye en su biografía Juego sin triunfos la figura del poeta sin caer en el anecdotario ni en la leyenda negra. El autor mete mano en documentos que otros biógrafos no pudieron consultar, como su correspondencia privada, los manuscritos personales y la póstuma e inconclusa obra Pobre Bélgica. Y quiso concentrarse además en las posturas que tuvo Baudelaire con respecto a las tensiones entre el arte y el mercado. “Baudelaire creía que su literatura no iba a triunfar e hizo de su independencia una bandera”, añade Campaña. De hecho, el poeta disparó sus dardos contra “la literatura pedagógica de Victor Hugo”. “Baudelaire defendió con ímpetu la soberanía del arte frente al avance del mercado y en esa guerra su único aliado fue Poulet-Malassis, su editor de Las flores del mal”, concluyó el autor de la biografía.
Elocuente estas notas breves; pero también incompletas. Habrá que hacer una lectura detenida de esta biografía y comentarla in extenso; ello, sin olvidar la personalidad de su autor, Mario Campaña, que ya en 2004 publicara en la editorial española Bassarai, su traducción de las hasta entonces inéditas en nuestro idioma, Cartas de Charles Baudelaire.
15.5.06
Porchia y Aira
Como suele suceder con las reflexiones, con las constataciones concentradas en esplendor calmo, breves siempre y siempre sin prisa, no se dejan leer con facilidad cuando aparecen juntas en un libro. No al menos con esa que confunde concisión con ligereza. Estas proclamas autónomas frenan la susceción de la lectura, exigen a cambio, y continuamente, la interrupción, el salto hacia una página anterior, a una de otro libro, la equiparación con enunciados presentidos. O la suspensión del repaso hasta otro momento pues demandan ser caminadas.
Así es como he venido leyendo a Antonio Porchia en las diferentes publicaciones que me he procurado hasta ahora; fueron primero sus “Voces” (Alianza); despues “Voces nuevas”, y finalmente, hace un año, sus “Voces completas” —que incluyen “Voces diseminadas” y unas “Voces inéditas”. Porchia es lo que se llama un escritor tardío. Por otras razones, también atípico.
Hasta hace unas semanas era imposible encontrar en español una edición que juntara estos materiales completos. Por Babelia, me entero que Pre-textos acaba de sacar una al mercado. Hasta hace un año, estas existían sólo en una edición bilingüe hecha en Alemania, “Voces completas / Gesammelte Stimmen” (2005), de Tropen-Verlag, Berlín. Una hermosa edición que cierra con un ensayo de Laura Cerrato, un epílogo de sus editores y traductores, Juana y Tobías Burghardt, más un poema de Roberto Juarroz.
En el otoño de 2005, siguiendo la vena a un empeño, Alejandra Pizarnik (1936-1972), dí con una biografía y selección poética de la autora argentina hecha por César Aira (Ediciones Omega, serie Vidas literarias, Barcelona, 2001). Un librito de los más interesante en el que, indagando en las influencias que determinaron el estilo de esta poeta, consta esta parrafada imposible de obviar:
... (A Pizarnik le fue revelado su propio estilo en la obra de) Antonio Porchia. Conoció su obra en 1955 y casi de inmediato al poeta. Ya en 1956 escribió un artículo sobre él. Porchia era un viejo obrero jubilado (había nacido en 1886, murió en 1968), vivía muy alejado del mundo literario, y nadie se lo tomaba muy en serio, situación que ha persistido. Escribía lo que llamaba “Voces”; tal es el título de su único libro, ampliado en sucesivas ediciones hasta su muerte. Son algo así como aforismos (Pizarnik era muy estricta en llamarlos “poemas”) de aspecto sapiencial, lo que hizo su modesta popularidad entre un público no literario, y su correspondiente descrédito entre lectores más sofisticados. En realidad, las “Voces” no tienen nada de sapiencial sino que son pequeños mecanismos de lógica perversa. La mayoría se anula a sí mismo en un rizo lingüístico de intensa extrañeza. Como típica venganza argentina al descrédito local, las “Voces” de Porchia habían sido descubiertas por Roger Caillois en su paso por la Argentina en los años cuarenta, habían sido traducidas al francés, y André Breton terminó diciendo que era la mejor poesía de la que tenía conocimiento en lengua castellana”.
El discurso de Aira muestra en la suseción del texto la influencia de Porchia en Pizarnik y, como no, en Roberto Juarroz (todos sus libros se llaman Poesía Vertical, y van acompañados de un número — son catorce). Esto constituye sin embargo otra historia.
Cuando leí la categorización que hace Aira de las “Voces” de Porchia, pensé en la que yo he hecho a lo largo de los años, encantada y apenas provista para pinchar el bisturí en esas perfecciones concretas; sin duda soy parte de ese público que le brindó al autor “la modesta popularidad”; sin duda, poco he hecho para buscar razones que explicaran el entusiasmo que me movió a su lectura ¿cómo serán las razones que alejan a los lectores sofisticados de esta obra?. La intepretación que Aira hace de las “Voces”, al medir sus partes y desmontar el mecanismo que las mueve es una que no deja de llamar mi atención. No descarta su importancia. Hay un texto que Borges dedicó a las “Voces” de Porchia que alaga leerlo pero nada dice ante la lectura sofisticada de Aira.
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Los libros de A. Porchia
Roberto Juarroz sobre A. Porchia
Laura Cerrato sobre A. Porchia
Jorge Luis Borges sobre A. Porchia
10.5.06
Peter Handke en Pozarevac
Dice la nota breve que la obra dramática “El juego de las preguntas o el viaje al país sonoro”(*), que iba a ser representada del 17 de enero al 24 de febrero de 2007, en el Théàtre du Vieux-Colombier (uno de los tres que conforman la Comédie-Française), de París, ha sido retirada del programa. La razón: no le cayó nada bien a Marcel Bozonnet, administrador general del teatro, enterarse, leyendo una nota en el Nouvel Observateur del 6 de abril, que Handke estuvo presente en Pozarevac en el entierro de Slobodan Milosevic, ex presidente de la república Serbia (o dictador, o criminal de guerra, calificativos que suelen también acompañarse a su nombre), el pasado 18 de marzo.
En la edición del sábado del diario español El País viene esta misma noticia, ampliada con los nombres de algunos colegas de Handke que no comparten los temores del administrador del Vieux-Colombier y se solidarizan con el autor ante este acto de “censura a su obra”. Sin embargo ese reporte no deja ver con claridad la posición del escritor austriaco.
Hoy por la mañana he podido leer finalmente la versión fuente de este affaire, publicada en detalle en la edición de Le Monde del jueves 4 de abril (una página entera en la que se aborda este asunto desde tres puntos de vista).
A los hechos referidos arriba, sus antecedentes, los puntos de vista contrastados, se añaden las palabras indiganadas que Elfriede Jelinek, Premio Nobel 2004, dirigiera a este periódico acusando la actitud del señor Bozonnet y solidarizandose con su compatriota, como lo hacen, en una carta reproducida dos páginas atrás en esa misma edición, la señora Anne Weber y cuarenta colegas suyos; y está también lo que aquí me trae, las palabras que Handke pronunciara en el entierro de Milosevic el 18 de marzo pasado, publicadas en la revista alemana Focus el 27 del mes pasado y que el diario español traduce apenas una línea. Dicen:
“No habría querido ser el único escritor aquí, en Pozarevac, habría querido estar a lado de otro escritor, por ejemplo de Harold Pinter. El habría necesitado palabras fuertes; yo requiero palabras débiles. Pero la debilidad, ahora, aquí, será justa. Este es un día para las palabras fuertes pero también para las palabras débiles. (a partir de este punto Handke empieza a hablar en serbo-croata). El mundo, el pretendido mundo dice todo sobre Yugoslavia, sobre Serbia. El mundo, el pretendido mundo dice todo sobre Slobodan Milosevic. El pretendido mundo dice la verdad. Es por ello que el pretendido mundo hoy está ausente, y no solamente ahora, y no solamente aquí. El pretendido mundo no es el mundo. Yo sé que nada sé. No sé la verdad. Pero observo. Entiendo. Siento. Me acuerdo. Pregunto. Es por esto que estoy presente ahora, cerca de la Yugoslavia, de la Serbia de Slobodan Milosevic.”
En su texto publicado en Focus, hace un recuento de las palabras utilizadas por periodistas y políticos al referirse a los serbios y a Milosevic en estos tres lustros, pero especialmente, en el año último. Concluye así:
“ Es (el uso de un) lenguaje semenjante el que mi incitó a pronunciar en Pozarevac este mini-discurso — en primer y en último lugar este lenguaje. (...) No por lealtad a Slobodan Milosevic, sino por lealtad a este otro lenguaje que no es ese de los periodistas, que no es el lenguaje dominante.
(...) El motivo principal de mi viaje fue el de ser testigo. Testigo, no en el sentido de la acusación, ni tampoco en el de la defensa. ¿Es que hoy en día no querer ser el testigo de la acusación significa estar de parte del acusado? “Indudablemente” ¿de conformidad con una de las mejores formulas del lenguaje dominante?”
Quiza valga la pena recordar que la acusación a Handke como pro-serbio inició en 1996, a propósito de la publicación seriada hecha en Süddeutsche Zeitung, de su libro Un viaje de invierno por el Danubio, el Save, el Moravia y el Rina o Justicia para serbia (**). Fue grande entonces la polémica que este libro causara en los círculos intelectuales y mediáticos. El hecho que un artista de la talla de Handke saliese en defensa de los entonces (y también ahora) criminales de guerra serbios causó mucha indignación entre sus lectores, más aún entre sus detractores que terminaron juzgándolo de “terrorista”. Sin embargo, el móbil que empujó al austriaco a meterse en tan complicada situación tenía otras razones, desde luego incómodas para la política, pero necesarias para quienes de verdad quisieran acercarse a una realidad mucho más compleja de la que los lectores apenas podíamos divisar en los reportes de prensa y las imágenes televisivas (bueno, también en los textos de Juan Goytisolo y Susan Sontag).
Hoy no se sabe cómo juzgar la actitud de este escritor cuya obra, como diría la señora Weber “felizmente, no tiene necesidad de defenderse; ella ignora la opinión; ella está allí, rica y calma, vasta y viva”. Por mi parte, identifico en la actitud de este autor una invitación a repensar las cosas de la política con otro lenguaje, a ser mucho más cuidadosos a la hora de enfrentarnos a los hechos duros y difíciles que nos indignan, provocan y sacan de nosotros palabras comprometedoras que luego, a lo mejor, haciendo gala del mejor humanismo, puedan no ser tan humanas en el campo de los hechos.
En una entrevista concedida a Le Monde des Livres la semana pasada, pues acaban de publicarse en francés sus “Carnets”, aborda en un tramo este delicado tema y concluye con estas palabras: “Yo estoy solo; y cuando se está solo, se tiene tendencia a sentirse culpable (esta es la tendencia Kafka) o magnífico. Estos son los dos peligros. Yo no soy culpable ni tampoco un heroe. Soy el tercer hombre”.
* Das Spiel vom Fragen oder Die Reise zum sonoren Land. Frankfurt/M.: Suhrkamp, 1989.
** Eine winterliche Reise zu den Flüssen Donau, Save, Morawa und Drina oder Gerechtigkeit für Serbien. Frankfurt/M.: Suhrkamp, 1996.
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Escribir es un viaje nocturno: entrevista a Peter Handke
Comentario a La perdida de la imagen o por la sierra de Gredos, novela de PH
1.5.06
¿Conocen a un tal Stein?
De visita por el barrio virtual, he dado con un texto firmado por Leopoldo Alas “Clarín” en 1894. Un texto en el que comenta de libros y buenas formas lingüísticas, de nombres y malentendidos "intercontinentales" dados en el ámbito de las letras de esos años. Un acápite del texto lo dedica a la Revista Literaria de Cuenca del Ecuador, y en él, a uno de sus redactores, o quizá editor, Stein.
No había escuchado hablar nunca de esa revista que se publicaba en Cuenca hace 112 años. Los estudiosos de la literatura ecuatoriana de seguro sabrán de su existencia y su rol en aquellos años en este país , o en la lengua, por lo que hace notar el autor español.
Esta mención que hace Leopoldo Alas “Clarín” de Stein en el contexto ecuatoriano, sin embargo, por lo que allí dice de él (el texto viene líneas abajo), me dejó intrigado. Me pusé a indagar datos suyos en la British Library, cuyo catálogo podríamos considerar una memoria viva y exhaustiva del mundo pero, lamentablemente, no encontré nada que lo refiriese. Por otras rutas, sin embargo, he dado con dos textos que, por ser coincidentes, me han inquietado más: un homónimo de esos años.
En antiQbook, una web de anticuarios que ofrecen libros, revistas y más publicaciones antiguas, se ofrece en venta la siguiente revista:
Gran Alamanaque de El Mosquito para 1880, con más de cien caricaturas y dibujos por Stein. REVISTA Alemania, Franz Wolf, 1979. Cardboars. 8vo 40 + V pp ills Very good. ¶ Contamos con ejemplares de una tirada especial de trescientos. USD 15.00
Offered by: Librería de Antaño. Members of I.L.A.B. - Book number: AA22B000026
Stein sigue llamándose Stein a secas. El Mosquito, deduzco que es una publicación argentina que apenas tiene algo que ver con Revista Literaria de Cuenca, puesto que sus intereses parecen ser otros, lejanos entre sí. Pero ni modo. Dada la casualidad provocada por la lectura, me place esta pesquiza breve que me ha hecho tropezar con dos "piedras" de interés: el Stein ecuatoriano, del que jamás había escuchado hablar nada hasta este momento; y el Stein afinacado por esos años en la Argentina, que por cierto, parece haberse llamado Henri (o Enrique) y, por lo que cuenta una página, había sido uno de los primeros en incursionar en el mundo del comic en Latinoamerica.
Pero veamos lo que dice el autor de La Regenta:
La sandez intercontinental
Leopoldo Alas
Las Novedades. Nueva York (EEUU), 1894.
22 de noviembre, 1894
En la Revista Literaria de Cuenca (Ecuador) leo una serie de artículos firmados Stein, en que se trata con buena forma y excelente juicio de corregir suavemente la deplorable tendencia de muchos escritores jóvenes de América a imitar de modo servil y con ridículas extravagancias las rarezas de cierta parte de la modernísima literatura parisiense. Aquí mismo y en otras muchas partes he escrito yo, con la mejor intención del mundo, en el mismo sentido que Stein, el cual, por cierto, me honra apoyándose en mi opinión y citando mis palabras. Mucho me alegro de que haya por allá quien piense en esto como yo; así se verá que no es absurdo desdén metropolitano lo que mueve mi pluma en tal dirección, sino el óptimo deseo de que no se pierdan en un callejón sin salida pasos que el ingenio americano da con generosa y espontánea animación para progresar en las cosas del ingenio.
Imitar, como en otro tiempo hacían por ahí los más de los poetas y prosistas toda una cultura secular como era el clasicismo, y aun seguir las huellas de la menos duradera pero enérgica y graciosa exaltación romántica podían ser empresas más materiales que gloriosas, pero con mucho eran superiores a esta de repetir las muecas y contorsiones de una evidente pero muy limitada decadencia. Porque no se olvide que no son las sólidas y sanas letras francesas las que agonizan en esas chocheces de muchachos, que tienen puerilidades de viejos; lo que agoniza es el inútil esfuerzo de la medianía que quiere darse aires de excepcional grandeza; el genio atormentado por complicaciones cerebrales y del gran simpático.
No quiera Dios que los americanos vuelvan a tener a Baralt por gran poeta ni a imitar opportune atque importune a Espronceda... pero se puede admirar sin gran entusiasmo El Niágara de Heredia... sin tomar por genios a Richepin, ni a Rallinat ni por ingenio siquiera a los inventores de diabluras efímeras e incoherentes.
Debo advertir, y no por pueril vanidad, que los artículos de Stein los copia, y por lo visto hace suyos, El Diario de Caracas; y por su parte La Estrella de Panamá, refiriéndose a lo que en Las Novedades he dicho, y a las mismas palabras mías que citaba Stein, abunda en mi sentir y tiene a bien y no a mala voluntad contra la literatura americana mis desinteresados consejos a la juventud española (sí, española) de esa hermosa tierra dueña del porvenir.
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