15.5.06

Porchia y Aira

Hace un par de semanas, a propósito de un comentario de prensa, volví a repasar los pensamientos concisos de un escritor admirado a cuya obra, desde hace años ya, he vuelto con interminetencias, Antonio Porchia.

Como suele suceder con las reflexiones, con las constataciones concentradas en esplendor calmo, breves siempre y siempre sin prisa, no se dejan leer con facilidad cuando aparecen juntas en un libro. No al menos con esa que confunde concisión con ligereza. Estas proclamas autónomas frenan la susceción de la lectura, exigen a cambio, y continuamente, la interrupción, el salto hacia una página anterior, a una de otro libro, la equiparación con enunciados presentidos. O la suspensión del repaso hasta otro momento pues demandan ser caminadas.

Así es como he venido leyendo a Antonio Porchia en las diferentes publicaciones que me he procurado hasta ahora; fueron primero sus “Voces” (Alianza); despues “Voces nuevas”, y finalmente, hace un año, sus “Voces completas” —que incluyen “Voces diseminadas” y unas “Voces inéditas”. Porchia es lo que se llama un escritor tardío. Por otras razones, también atípico.

Hasta hace unas semanas era imposible encontrar en español una edición que juntara estos materiales completos. Por Babelia, me entero que Pre-textos acaba de sacar una al mercado. Hasta hace un año, estas existían sólo en una edición bilingüe hecha en Alemania, “Voces completas / Gesammelte Stimmen” (2005), de Tropen-Verlag, Berlín. Una hermosa edición que cierra con un ensayo de Laura Cerrato, un epílogo de sus editores y traductores, Juana y Tobías Burghardt, más un poema de Roberto Juarroz.

En el otoño de 2005, siguiendo la vena a un empeño, Alejandra Pizarnik (1936-1972), dí con una biografía y selección poética de la autora argentina hecha por César Aira (Ediciones Omega, serie Vidas literarias, Barcelona, 2001). Un librito de los más interesante en el que, indagando en las influencias que determinaron el estilo de esta poeta, consta esta parrafada imposible de obviar:

... (A Pizarnik le fue revelado su propio estilo en la obra de) Antonio Porchia. Conoció su obra en 1955 y casi de inmediato al poeta. Ya en 1956 escribió un artículo sobre él. Porchia era un viejo obrero jubilado (había nacido en 1886, murió en 1968), vivía muy alejado del mundo literario, y nadie se lo tomaba muy en serio, situación que ha persistido. Escribía lo que llamaba “Voces”; tal es el título de su único libro, ampliado en sucesivas ediciones hasta su muerte. Son algo así como aforismos (Pizarnik era muy estricta en llamarlos “poemas”) de aspecto sapiencial, lo que hizo su modesta popularidad entre un público no literario, y su correspondiente descrédito entre lectores más sofisticados. En realidad, las “Voces” no tienen nada de sapiencial sino que son pequeños mecanismos de lógica perversa. La mayoría se anula a sí mismo en un rizo lingüístico de intensa extrañeza. Como típica venganza argentina al descrédito local, las “Voces” de Porchia habían sido descubiertas por Roger Caillois en su paso por la Argentina en los años cuarenta, habían sido traducidas al francés, y André Breton terminó diciendo que era la mejor poesía de la que tenía conocimiento en lengua castellana”.

El discurso de Aira muestra en la suseción del texto la influencia de Porchia en Pizarnik y, como no, en Roberto Juarroz (todos sus libros se llaman Poesía Vertical, y van acompañados de un número — son catorce). Esto constituye sin embargo otra historia.

Cuando leí la categorización que hace Aira de las “Voces” de Porchia, pensé en la que yo he hecho a lo largo de los años, encantada y apenas provista para pinchar el bisturí en esas perfecciones concretas; sin duda soy parte de ese público que le brindó al autor “la modesta popularidad”; sin duda, poco he hecho para buscar razones que explicaran el entusiasmo que me movió a su lectura ¿cómo serán las razones que alejan a los lectores sofisticados de esta obra?. La intepretación que Aira hace de las “Voces”, al medir sus partes y desmontar el mecanismo que las mueve es una que no deja de llamar mi atención. No descarta su importancia. Hay un texto que Borges dedicó a las “Voces” de Porchia que alaga leerlo pero nada dice ante la lectura sofisticada de Aira.

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Los libros de A. Porchia
Roberto Juarroz sobre A. Porchia
Laura Cerrato sobre A. Porchia
Jorge Luis Borges sobre A. Porchia

10.5.06

Peter Handke en Pozarevac

Leí en la edición impresa del periódico suizo NZZ (Neue Zürcher Zeitung) del viernes 6 de abril una notita de agencia internacional que aludía a Peter Handke (1942), el prestigioso autor austriaco —admirador reverente de Julio Cortazar.

Dice la nota breve que la obra dramática “El juego de las preguntas o el viaje al país sonoro”(*), que iba a ser representada del 17 de enero al 24 de febrero de 2007, en el Théàtre du Vieux-Colombier (uno de los tres que conforman la Comédie-Française), de París, ha sido retirada del programa. La razón: no le cayó nada bien a Marcel Bozonnet, administrador general del teatro, enterarse, leyendo una nota en el Nouvel Observateur del 6 de abril, que Handke estuvo presente en Pozarevac en el entierro de Slobodan Milosevic, ex presidente de la república Serbia (o dictador, o criminal de guerra, calificativos que suelen también acompañarse a su nombre), el pasado 18 de marzo.

En la edición del sábado del diario español El País viene esta misma noticia, ampliada con los nombres de algunos colegas de Handke que no comparten los temores del administrador del Vieux-Colombier y se solidarizan con el autor ante este acto de “censura a su obra”. Sin embargo ese reporte no deja ver con claridad la posición del escritor austriaco.

Hoy por la mañana he podido leer finalmente la versión fuente de este affaire, publicada en detalle en la edición de Le Monde del jueves 4 de abril (una página entera en la que se aborda este asunto desde tres puntos de vista).

A los hechos referidos arriba, sus antecedentes, los puntos de vista contrastados, se añaden las palabras indiganadas que Elfriede Jelinek, Premio Nobel 2004, dirigiera a este periódico acusando la actitud del señor Bozonnet y solidarizandose con su compatriota, como lo hacen, en una carta reproducida dos páginas atrás en esa misma edición, la señora Anne Weber y cuarenta colegas suyos; y está también lo que aquí me trae, las palabras que Handke pronunciara en el entierro de Milosevic el 18 de marzo pasado, publicadas en la revista alemana Focus el 27 del mes pasado y que el diario español traduce apenas una línea. Dicen:

“No habría querido ser el único escritor aquí, en Pozarevac, habría querido estar a lado de otro escritor, por ejemplo de Harold Pinter. El habría necesitado palabras fuertes; yo requiero palabras débiles. Pero la debilidad, ahora, aquí, será justa. Este es un día para las palabras fuertes pero también para las palabras débiles. (a partir de este punto Handke empieza a hablar en serbo-croata). El mundo, el pretendido mundo dice todo sobre Yugoslavia, sobre Serbia. El mundo, el pretendido mundo dice todo sobre Slobodan Milosevic. El pretendido mundo dice la verdad. Es por ello que el pretendido mundo hoy está ausente, y no solamente ahora, y no solamente aquí. El pretendido mundo no es el mundo. Yo sé que nada sé. No sé la verdad. Pero observo. Entiendo. Siento. Me acuerdo. Pregunto. Es por esto que estoy presente ahora, cerca de la Yugoslavia, de la Serbia de Slobodan Milosevic.”

En su texto publicado en Focus, hace un recuento de las palabras utilizadas por periodistas y políticos al referirse a los serbios y a Milosevic en estos tres lustros, pero especialmente, en el año último. Concluye así:

“ Es (el uso de un) lenguaje semenjante el que mi incitó a pronunciar en Pozarevac este mini-discurso — en primer y en último lugar este lenguaje. (...) No por lealtad a Slobodan Milosevic, sino por lealtad a este otro lenguaje que no es ese de los periodistas, que no es el lenguaje dominante.
(...) El motivo principal de mi viaje fue el de ser testigo. Testigo, no en el sentido de la acusación, ni tampoco en el de la defensa. ¿Es que hoy en día no querer ser el testigo de la acusación significa estar de parte del acusado? “Indudablemente” ¿de conformidad con una de las mejores formulas del lenguaje dominante?”

Quiza valga la pena recordar que la acusación a Handke como pro-serbio inició en 1996, a propósito de la publicación seriada hecha en Süddeutsche Zeitung, de su libro Un viaje de invierno por el Danubio, el Save, el Moravia y el Rina o Justicia para serbia (**). Fue grande entonces la polémica que este libro causara en los círculos intelectuales y mediáticos. El hecho que un artista de la talla de Handke saliese en defensa de los entonces (y también ahora) criminales de guerra serbios causó mucha indignación entre sus lectores, más aún entre sus detractores que terminaron juzgándolo de “terrorista”. Sin embargo, el móbil que empujó al austriaco a meterse en tan complicada situación tenía otras razones, desde luego incómodas para la política, pero necesarias para quienes de verdad quisieran acercarse a una realidad mucho más compleja de la que los lectores apenas podíamos divisar en los reportes de prensa y las imágenes televisivas (bueno, también en los textos de Juan Goytisolo y Susan Sontag).

Hoy no se sabe cómo juzgar la actitud de este escritor cuya obra, como diría la señora Weber “felizmente, no tiene necesidad de defenderse; ella ignora la opinión; ella está allí, rica y calma, vasta y viva”. Por mi parte, identifico en la actitud de este autor una invitación a repensar las cosas de la política con otro lenguaje, a ser mucho más cuidadosos a la hora de enfrentarnos a los hechos duros y difíciles que nos indignan, provocan y sacan de nosotros palabras comprometedoras que luego, a lo mejor, haciendo gala del mejor humanismo, puedan no ser tan humanas en el campo de los hechos.

En una entrevista concedida a Le Monde des Livres la semana pasada, pues acaban de publicarse en francés sus “Carnets”, aborda en un tramo este delicado tema y concluye con estas palabras: “Yo estoy solo; y cuando se está solo, se tiene tendencia a sentirse culpable (esta es la tendencia Kafka) o magnífico. Estos son los dos peligros. Yo no soy culpable ni tampoco un heroe. Soy el tercer hombre”.


* Das Spiel vom Fragen oder Die Reise zum sonoren Land. Frankfurt/M.: Suhrkamp, 1989.
** Eine winterliche Reise zu den Flüssen Donau, Save, Morawa und Drina oder Gerechtigkeit für Serbien. Frankfurt/M.: Suhrkamp, 1996.

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Escribir es un viaje nocturno: entrevista a Peter Handke
Comentario a La perdida de la imagen o por la sierra de Gredos, novela de PH

1.5.06

¿Conocen a un tal Stein?

Me anticipo: yo, no. Y hasta hace una hora ni sabía que ese nombre iba a interesarme.

De visita por el barrio virtual, he dado con un texto firmado por Leopoldo Alas “Clarín” en 1894. Un texto en el que comenta de libros y buenas formas lingüísticas, de nombres y malentendidos "intercontinentales" dados en el ámbito de las letras de esos años. Un acápite del texto lo dedica a la Revista Literaria de Cuenca del Ecuador, y en él, a uno de sus redactores, o quizá editor, Stein.

No había escuchado hablar nunca de esa revista que se publicaba en Cuenca hace 112 años. Los estudiosos de la literatura ecuatoriana de seguro sabrán de su existencia y su rol en aquellos años en este país , o en la lengua, por lo que hace notar el autor español.

Esta mención que hace Leopoldo Alas “Clarín” de Stein en el contexto ecuatoriano, sin embargo, por lo que allí dice de él (el texto viene líneas abajo), me dejó intrigado. Me pusé a indagar datos suyos en la British Library, cuyo catálogo podríamos considerar una memoria viva y exhaustiva del mundo pero, lamentablemente, no encontré nada que lo refiriese. Por otras rutas, sin embargo, he dado con dos textos que, por ser coincidentes, me han inquietado más: un homónimo de esos años.

En antiQbook, una web de anticuarios que ofrecen libros, revistas y más publicaciones antiguas, se ofrece en venta la siguiente revista:

Gran Alamanaque de El Mosquito para 1880, con más de cien caricaturas y dibujos por Stein. REVISTA Alemania, Franz Wolf, 1979. Cardboars. 8vo 40 + V pp ills Very good. ¶ Contamos con ejemplares de una tirada especial de trescientos. USD 15.00
Offered by: Librería de Antaño. Members of I.L.A.B. - Book number: AA22B000026

Stein sigue llamándose Stein a secas. El Mosquito, deduzco que es una publicación argentina que apenas tiene algo que ver con Revista Literaria de Cuenca, puesto que sus intereses parecen ser otros, lejanos entre sí. Pero ni modo. Dada la casualidad provocada por la lectura, me place esta pesquiza breve que me ha hecho tropezar con dos "piedras" de interés: el Stein ecuatoriano, del que jamás había escuchado hablar nada hasta este momento; y el Stein afinacado por esos años en la Argentina, que por cierto, parece haberse llamado Henri (o Enrique) y, por lo que cuenta una página, había sido uno de los primeros en incursionar en el mundo del comic en Latinoamerica.

Pero veamos lo que dice el autor de La Regenta:


La sandez intercontinental

Leopoldo Alas


Las Novedades. Nueva York (EEUU), 1894.
22 de noviembre, 1894


En la Revista Literaria de Cuenca (Ecuador) leo una serie de artículos firmados Stein, en que se trata con buena forma y excelente juicio de corregir suavemente la deplorable tendencia de muchos escritores jóvenes de América a imitar de modo servil y con ridículas extravagancias las rarezas de cierta parte de la modernísima literatura parisiense. Aquí mismo y en otras muchas partes he escrito yo, con la mejor intención del mundo, en el mismo sentido que Stein, el cual, por cierto, me honra apoyándose en mi opinión y citando mis palabras. Mucho me alegro de que haya por allá quien piense en esto como yo; así se verá que no es absurdo desdén metropolitano lo que mueve mi pluma en tal dirección, sino el óptimo deseo de que no se pierdan en un callejón sin salida pasos que el ingenio americano da con generosa y espontánea animación para progresar en las cosas del ingenio.

Imitar, como en otro tiempo hacían por ahí los más de los poetas y prosistas toda una cultura secular como era el clasicismo, y aun seguir las huellas de la menos duradera pero enérgica y graciosa exaltación romántica podían ser empresas más materiales que gloriosas, pero con mucho eran superiores a esta de repetir las muecas y contorsiones de una evidente pero muy limitada decadencia. Porque no se olvide que no son las sólidas y sanas letras francesas las que agonizan en esas chocheces de muchachos, que tienen puerilidades de viejos; lo que agoniza es el inútil esfuerzo de la medianía que quiere darse aires de excepcional grandeza; el genio atormentado por complicaciones cerebrales y del gran simpático.

No quiera Dios que los americanos vuelvan a tener a Baralt por gran poeta ni a imitar opportune atque importune a Espronceda... pero se puede admirar sin gran entusiasmo El Niágara de Heredia... sin tomar por genios a Richepin, ni a Rallinat ni por ingenio siquiera a los inventores de diabluras efímeras e incoherentes.

Debo advertir, y no por pueril vanidad, que los artículos de Stein los copia, y por lo visto hace suyos, El Diario de Caracas; y por su parte La Estrella de Panamá, refiriéndose a lo que en Las Novedades he dicho, y a las mismas palabras mías que citaba Stein, abunda en mi sentir y tiene a bien y no a mala voluntad contra la literatura americana mis desinteresados consejos a la juventud española (sí, española) de esa hermosa tierra dueña del porvenir.

16.4.06

Interlunio y "moscas"

Como la mayoría de personas que trato cotidianamente, disfruto estos días de un feriado prolongado que por estas tierras va hasta el lunes. Sólo el martes regresaremos a nuesros sitios de trabajo —los niños y adolescentes, que asisten a escuelas y colegios, lo haran sin embargo el 2 de mayo; en el cantón de Zürich, las dos semanas que vienen corresponden a las vacaciones de primavera; por cierto, nada alegres esta vez pues, en los días últimos, anoche, o en este mismo momento, no deja la lluvia de recordarnos su presencia, a ratos insistente, de manera fugaz otros, a la mano, en todo caso cuando alzamos la vista y damos con un cielo plomizo—. Estas horas de clima poco amable nos disponen a permanecer en casa, relajadamente, donde las posibilidades de descanso y disipación, de entretenimiento, se muestran más generosas que si nos asomásemos a la intemperie. A mi, de buen agrado, me sirven para poner papeles en orden, rever cosas pendientes u olvidadas, clasificarlas, deshacerse de algunas; es decir, para aligerar el equipaje con el que vamos por los días. De cabeza en este afán doy con “recortes varios”, de prensa y revistas, pezcados aquí y allá, puestos en el portapapeles con alguna nota al margen y la promesa de ser tratados en serio y dedicado el tiempo que se merecen “más adelante”. Como es de suponer, ese “más adelante” se prolonga cada vez más, mientras la realidad trepida y pare sin pausa nuevos asuntos, por lo general, igual de interesantes que esos que empiezan a alejarse en el tiempo “y no fueron tratados con la calma y tiempo debido”. Uno de esos papelitos, a punto de caer en la papelera, acaba de romper mi afan ordenador y, puesto que me rodea la distención, empujarme hasta el escritorio —vamos a ver qué cosa sale de ello.

Pero antes de pasar a ese asunto pendiente, una notita, que a lo mejor interesa a alguién: el profesor Eduardo Becerra, catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Madrid, ha escrito un comentario a la novela última de Javier Vásconez, El retorno de las moscas, que vale la pena revisar.

11.4.06

San Martín y The Economist

Hace poco hice aquí una alusión al semanario británico The Economist, a propósito del comentario hecho en sus páginas del paro de labores impulsado por los movimientos indígenas ecuatorianos (una nota anterior daba cuenta de las características especiales de las rosas ecuatorianas, su producción y comercialización en los mercados internacionales). Como quedó dicho entonces, esta revista comenta de manera ejemplar los asuntos del mundo. En estos días, sin embargo, sucede lo contrario, el semanario es “el tema” entre los medios que trabajan con seriedad la información y los análisis de los suscesos que estructuran y amenazan el mundo. Hay una razón, su director, Bill Emmott, acaba de dejar el cargo. Se va, sin embargo, con los aplausos y la admiración de al menos un millón de personas, que sería el número de sus lectores si nos remitiésemos al tiraje de esta revista. No es de extrañar tanta distinción. En un mundo empapelado de diarios, semanarios, periódicos y publicaciones de todo tipo, dar con una que cultiva cualidades en baja, como es tener un punto de vista independiente y riguroso, no supeditado al poder —político, monetario, social, etc— y las tendencias de la naturaleza que sean, sube el ánimo de todo lector que tengan como valores a defender y seguir las libertad de los individuo y las sociedades.

Acabo de leer un artículo en ABC, de Eduardo San Martín quien define con amplitud y agradecimiento lo que este semanario le significa al mundo. Lo copio a continuación y, de paso, dispongo el link a un análisis que complementa esta visión, escrita hace un par de meses por Angel Arrece.
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A quien interese, he dispuesto en la sección comentarios la carta de despedida de Bill Emmott, A long goodbye (como el título de la hermosa novela de Raymond Chandler).


ABC, de España
Lunes 10 de abril de 2006
El mejor periodismo
Eduardo San Martín

«TRES cuartas partes de descripción de los hechos y una parte de opinión sólidamente construida y de análisis argumentado». Esta es la sencilla (¿o no lo es tanto?) fórmula que ha convertido a un venerable semanario liberal, originariamente nada preocupado por su difusión, en la publicación tal vez más influyente del mundo y, en todo caso, en una de las más respetadas. Desde 1843 hasta nuestros días, la historia de The Economist constituye el relato de una adhesión intransigente a esos principios. Y así la recuerda en su despedida el último director de la revista, Bill Emmott, que deja el cargo, en el ecuador de la cincuentena, después de una gestión de trece años en la que la revista ha experimentado una expansión que jamás podrían haber soñado sus fundadores, el escocés James Wilson, sombrerero y librecambista, y su yerno Walter Bagehot, auténtico inspirador del espíritu de la publicación.
Ciento sesenta años de perseverancia en unos principios y, como recompensa, el reconocimiento general. ¡Qué ejemplo para quienes, muy cerca de nosotros, tratan de conseguir apenas una brizna de esa misma influencia en el cortísimo plazo, utilizando en ese empeño el atajo de informaciones compuestas por tres cuartas partes de una opinión ramplona escasamente construida y plagada de argumentos ad personam desprovistos de toda piedad, y apenas una parte de hechos previamente filtrados a través del tamiz de sus propios juicios de intenciones!
No existen atajos en la conquista de la excelencia. Después de la Segunda Guerra Mundial, es decir, un siglo después de su fundación, The Economist seguía siendo una revista de minorías. Sólo entonces pasaría de los 18.000 a los 55.000 ejemplares, y no alcanzaría los 100.000 hasta 1970. Hoy, apenas 35 años más tarde, la revista vende un millón de ejemplares, cuenta con uno de los departamentos de publicaciones especializado en Economía y Política Internacional más prestigiosos del mundo y constituye la referencia obligada del pensamiento liberal contemporáneo.
Además de ese liberalismo intransigente que le ha llevado a ser la única publicación de su rango que viene defendiendo desde hace más de tres lustros la legalización controlada de las drogas, otras tres virtudes han contribuido a crear la aureola que envuelve al mito The Economist. La primera, la audacia. Reputada de manera muy simplista como publicación «conservadora», la revista se ha adelantado a su tiempo en asuntos que comportaban no pocos riesgos para un publicación del Reino Unido, desde la defensa de la introducción del sistema métrico hasta su matizado apoyo al euro, pasando por la propuesta de un referéndum sobre la corona británica, de la que el propio Emmott llegó a afirmar que se trataba de «una idea cuyo tiempo ha pasado».
El anonimato es la segunda. Estoy seguro de que la inmensa mayoría de los lectores del semanario nos hemos enterado de que Emmott era el director cuando hemos leído su Despedida la semana pasada, un raro privilegio —el de firmar públicamente un artículo— que casi sólo se concede a los directores salientes. Ninguna otra información se signa, con excepción de los dossiers especiales. Escritores anónimos pero no periodistas cualesquiera: el espía Kim Philby y tres políticos que llegarían a primeros ministros en su países —Asquith, FitzGerald y Einaudi— formaron parte de esa discretísima nómina.
Finalmente, la humildad. La que se manifiesta, frente al virus de la soberbia que infecta los periódicos de todo el mundo, en un permanente reconocimiento de los errores propios. O la que lleva a Emmott a explicar la posición de la revista favorable a la invasión de Irak con el gallardo argumento de que «incluso cuando se opta entre lo malo y lo peor, uno está obligado a elegir». La columna «Mrs. Moneypenny» del Financial Times le despedía así: «Aunque su modestia le llevará a rechazar la descripción, desde su puesto en The Economist debe de haber sido uno de los hombres más influyentes del mundo desarrollado y, posiblemente, también del que está en vías de desarrollo». Desde el anonimato y la humildad. Una lección.

7.4.06

Crónicas

Letras Libres de abril, en la columna Diábolos dedicada a Artes y medios, donde se comenta de manera suscinta películas y videos considerados destacables en el mes, trae un comentario poco encantado de Crónicas, del director ecuatoriano Sebastián Cordero. No habrá que poner en entredicho los calificativos de Mauricio Montiel Figuieras, el escritor que firma la nota, buen mirador de cine. Sin embargo, me habría gustado leer un texto más amplio, con una argumentación mejor dispuesta —pero ni modo, formatos son formatos. Para observar mejor el punto de vista y gustos del reseñista copio también uno de sus comentarios anteriores, el de diciembre 05 dedicado al film de Jarmusch.

Crónicas, de Sebastián Cordero
Por Mauricio Montiel Figueiras

Nacido en Quito en 1972, Cordero escribe y dirige su segundo largometraje –lo antecede Ratas, ratones, rateros– con el apoyo de Alfonso Cuarón y Jorge Vergara. Tibia crítica al poderío de la televisión, Crónicas cuenta con un reparto bilingüe (John Leguizamo y Alfred Molina, Leonor Watling y José María Yazpik) que nunca logra transmitir la fuerza del tema: la caza del Monstruo de Babahoyo, asesino en serie que funge como trasunto ecuatoriano de Andrei Chikatilo, el homicida ruso que cobró más de cincuenta víctimas jóvenes entre 1978 y 1990. Lo mejor del filme es Damián Alcázar, que encarna a un vendedor ambulante que puede o no ser el criminal; lo peor, que la duda se despeja demasiado pronto. ~


Flores rotas, de Jim Jarmusch

Como no es común que las almas gemelas coincidan en un mismo proyecto, sobre todo en el cine estadounidense contemporáneo, este filme, ganador del Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes, asombra y conmueve justo gracias al cruce de dos talentos hermanados por la contención dramática y la ironía melancólica. El dúo Jarmusch—Bill Murray ofrece una reinvención del mito de Don Juan en la que campean los elementos típicos tanto del director, que ha redefinido el minimalismo, como del actor, que ha relevado a Buster Keaton. Disfrazada de road movie, la película es en el fondo una triste reflexión sobre la pérdida y los afectos inconclusos, que merece desde ahora un sitio de honor en el panteón del siglo xxi. Inmejorables las cuatro actrices que dan vida a las ex amantes del seductor en decadencia. -

2.4.06

Milton Hatoum

Esta tarde he pasado leyendo y corrigiendo el comentario escrito de un amigo a la novela última de Milton Hatoum, Cinzas do norte (Companhia de Letras, São Paulo 2005). Bueno, en verdad no fue un texto sino que fueron dos: el original escrito por mi amigo en alemán, su lengua materna, y la versión en castellano traducida (o reescrita) por él mismo. Más allá de la admiración que me causó su destreza con una lengua ajena, pensé a ratos, en los tramos difíciles, que, antes que corregir ese comentario, habría sido mejor traducirlo del original directamente. Pero ni modo, hicé lo que debí y ahora el trabajo ha quedado hecho (acabo de remitirlo) y, pese a ello, o consecuentemente, me he puesto intranquilo pues me atraparon de pronto las ganas de leer cuanto antes la novela al que se refiere el comentario de marras.

Hace más de una década, un lunes a inicios de octubre, desayuné con Milton Hatoum (Manaos 1952) en un hotel del centro de Zürich. Quería entrevistarlo. Él estaba de paso por la ciudad, venía de Francfort, de presentar la versión alemana de su entonces primera novela, Relato de un cierto oriente, publicada por la prestigiosa editorial Suhrkamp. Entonces, apenas sabía yo algo de la literatura de Brasil. De los narradores, conocía a Machado de Asís, Guimaraes Rosa, Jorge Amado y ese duro y magnífico escritor de relatos, Ruben Fonseca, autor de Feliz cumpleaños y la novela El gran arte. De sus narradoras a Clarice Lispector y Nélida Piñon. Un puñado en verdad exiguo si uno quiere hacerse una idea de las realidades múltiples que conforman el vasto Brasil. Con la poesía me pasaba algo parecido: salvo los poemas de unos pocos de sus poetas, de Cabral de Melo Neto, de Ferreira Gullar, autor del legendario Poema sucio, y Haroldo de Campos (cuyo poema Galaxias lo tradujo a nuestra lengua el ecuatoriano Paco Benavides), nada sabía.

Durante ese desayuno hablamos de los autores del Boon latinoamericano, Rabelais y Rulfo, de Juan Montalvo y Euclides da Cunha, autor de ese clásico brasileño, Los Sertones, libro en el que se basó Vargas Llosa para escribir su Guerra del fin del mundo. Antes de despedirme de Milton, intercambiamos direcciones y le desee un buen viaje de retorno a su país. La entrevista planeada se transformó en diálogo y, a decir verdad, se malogró. Sin embargo, salí del hotel de buen ánimo, me perdí por las callecillas del casco viejo de la ciudad, repasando la conversación y la buena impresión que me causó este brasileño que estudió alguna vez arquitectura y literatura, primero en su país, luego en Madrid y París. Salí con vivas referencias de unos pocos nombres que luego me serían familiares, como el de Raduan Nassar, por ejemplo —el Rulfo brasileño, como lo llama Hatoum—, autor de Labor arcaica (1975), una novela breve (publicada hace más de dos decadas en la vieja Alfaguara, esa de portadas plomo-moradas) u Osman Lins, autor de Avalovara.

Con tres novelas hasta la fecha, Milton Hatoum es uno de los escritores brasileños vivos más importantes de su país. Pero, en otro sentido, es también uno de esos escritores cuyos libros corretean por lenguas diversas, con destinos incomparables entre sí; paradógicos, en verdad: pues, mientras en lengua germana, sin ser un best seller, es un autor de reconocido prestigio (su dos novelas anteriores, las publicó Suhrkamp Verlag, primero en pasta dura, luego en ediciones de bolsillo), como lo es en Francia —donde las ha publicado Seuil, conocida casa editorial—, un poco menos en el mundo de lengua inglesa (lo publica Bloomsbury), en nuestra lengua es apenas conocido; o peor aún, es un desconocido célebre a pesar de los esfuerzos hechos por Akal, su casa editora que ha publicado hasta ahora Relato de un cierto oriente e Historia de dos hermanos.

Es obvio que el tamaño que una casa editorial tiene en el mercado influye directamente en el conocimiento que puede procurar o no a sus lectores sobre una obra o un autor. Desde el punto de vista comercial, ello es irrebatible; sin embargo, sabemos también que este condicionante, cuando se trata de una buena obra, puede quebrase y dejar de ser un impedimento para llegar a oídos de algún lector atento. Quisiera pensar que es esto lo que sucede con la obra de Hatoum en lengua hispana, y que en cualquier momento, ésta llegará a un par de críticos solventes cuya voz se deja escuchar mejor en el ámbito de nuestra lengua y nos persuade con buenas armas. Quisiera pensar esto último, pero me viene a mientes una frase de Octavio Paz escrita hace más de tres décadas, en Puertas al campo: en Latinoamerica, la lengua castellana da las espaldas a sus vecinos brasileños; vivimos de espaldas a una realidad que también nos contiene. A la inversa no.

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Textos de Milton Hatoum
El continente de la literatura brasileña
La travesía del lenguaje, Pasión y delirio en Clarice Lispector

26.3.06

Clarice Lispector

Un relato de la autora brasileña:
Amor
fracmentos de:
La hora de la estrella
y un poema:
Estrela perigosa

Eslavoj Zizek, finalmente

Han transcurrido un par de años desde que leí en Schnitt, esa exaustiva y múltiple revista de cine alemana, una triada de textos muy sugestivos sobre Matrix, el film que fascina por igual a niños, adolecentes, cinéfilos, aburridos y personas otras que se preguntan sobre el tiempo y el espacio desde diferentes disciplinas y experiencias de vida. Más que interesante me resultó la lectura de esos tres textos —que al citarlos este momento, su recuerdo se abre paso con asombrosa facilidad por entre una maraña de impresiones y vivencias que conforman mi yo hasta este punto. Estos textos fueron, son, La ironía cibernética, de Peter Sloterdijk; Filmar la filosofía, de Boris Groys; y Las dos caras de la perversión, de Slavoj Zizek, nombre éste último que nada me decía entonces pero que en esa lectura, por la manera de apropiarse del tema, o si se quiere, de irrumpir en él, con un lenguaje y una argumentación que de normal no se usa en esos campos, llamó fuertemente mi atención y me puso en alerta. Enjundia y sorpresa me causaron los primeros ensayoss que leí en ese tramo; luego, un extrañamiento que veo haberse desprendido de la admiración.

Es que, entre tantos escritores, intelectuales, filósofos, observadores, artistas y críticos inteligentes que este incipiente siglo junta a nuestro alrededor —con una facilidad nunca antes tan a la mano—, dar con una voz que prueba a nombrar fenómenos que andan por allí como cables sueltos, o los relaciona con otros no menos inverosímiles, es un suceso difícil de echar de lado como una noticia o referencia más. Partir de una base argumentativa en la que San Pablo, el fundador de la iglesia católica, se entrecruza con Lenin; el marqués de Sade con Marx, el gozo —lo que suponemos que este significante denota— choca con el placer —otro significante— y las drogas dan la mano a la ética prometiéndose mutuamente al menos una conversación racional de sus contenidos y posibilidades resulta sumamente estimulante.

Esta vez, finalmente, a Eslavoj Zizek, el filósofo esloveno nacido en Lubliana en 1949, Babelia —que casi casi equivale a decir la prensa española—, acaba de dedicarle su portada, más una entrevista y un comentario, a propósito de la publicación casi simultanea en España de cuatro de sus libros (Bienvenidos al desierto de lo real, Akal, 2005; Arriesgar lo imposible, Trotta, 2006; El títere y el enano, Paidós, 2006; Lacrimae rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio, Debate, 2006)

En la Argentina sin embargo, como saben sus lectores en castellano, el filosofo esloveno es bastante conocido. No son pocas las entrevistas y comentarios publicados en los medios de ese país al que viaja a menudo y donde gran parte de sus libros aparecen casi seguidamente a sus primeras ediciones —hechas en inglés.

Entre la variedad de textos que la web ofrece sobre Zizek, o sobre su obra, hay al menos dos blogs (Rizomas y El bosque) que han dispuesto una generosa selección de links a materiales de este autor que valen la pena visitar.

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Cuatro modos del mal político, de Eslavoj Zizek, para leerlo en clave ecuatoriana, a propósito de las protestas que "van por las calles".

25.3.06

El Ecuador & The Economist

The Economist es el semanrio quizá más prestigioso del mundo. Es un medio ampliamente conocido no solamente entre personas ligadas a las finanzas y la política, sino, por la variedad e imparcialidad que le caracteriza, por todo tipo de lector que quiera tener y mantener una idea más o menos cábal de los rumbos por los que va el mundo. Un precio deben pagar los redactores que trabajan para este semanario consultado por los lideres de la economía y política de todo el mundo: el anonimato. Los artículos que se publican en esta revista no están firmados por tal o cual especialista en tema x o y. Sin embargo, se sabe que las personas que colaboran en esta revista son todos investigadores, intelectuales y periodistas del más alto nivel. Fernando H. Cardoso, ex presidente de Brasil, por ejemplo.
La primera edición de este semanario inglés salió al mercado en 1843.

Esta brevísima aclaración, sólo para dar una pista de la procedencia del artículo que a continuación copio, aparecido en la edición de este día 24, en el que se da cuenta de los sucesos que ahora mismo están sucediendo en el Ecuador. Triste la frase final con la que cierra este breve artículo. Triste porque sobre todo es cierta.

(el original en inglés, para los que deseen leerlo —y de paso corregir mi apurada e imprecisa traducción— lo pongo en la columna de comentarios)


Tensión pre-electoral

Desafíos a un gobierno débil


EN 2002, Lucio Gutiérrez, un ex-coronel del ejército a la cábeza de una alianza política que incluía al movimiento indigena entones bastante fuerte, fue elegido presidente del Ecuador. En abril de 2005, el señor Gutiérrez fue expulsado de su cargo y el movimiento indígena, del que él había tomado distancia con aterioridad, está ahora dividido. Pero incluso así, y de distintas maneras, ambos le están haciéndo la vida difícil al gobierno interino del Ecuador.

El desafío más inmediato viene de los grupos indígenas. El 21 de marzo, luego de varias jornadas de protesta y enfrentamientos, el gobierno declaró el estado de emergencia en cinco provincias de la sierra. El movimiento indígena más numeroso, la CONAIE, amenazó con tomarse Quito, la capital del país. El gobierno dice que utilizará la fuerza para derribar las barricadas.

Aparentemente las protestas tienen por objetivo impedir las negociaciones del acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. Dice la CONAIE que este acuerdo amenaza la subsistencia de los agricultores. Desea que se haga un referendum sobre este tema. Pero hay en juego una razón más importante para los líderes locales que tienen ante sí unas elecciones a realizarse el próximo octubre. Presionar y conseguir un poco de dinero del gobierno es una buena manera de asegurarse los cargos a los que aspiran.

A lo largo del país, protestas violentas similares organizadas por políticos locales de diferentes tendencias han conseguido mil millones adicionales del gobierno de Alfredo Palacio. Los manifestantes saben que las arcas oficiales están repletas con los ingresos inesperados por la exportación de petróleo. También saben que, a pesar de las aspiraciones iniciales del Dr. Palacio, hoy ya lejanas, de no limitarse a ejercer su cargo sólo como un vigilante, él es débil y la legitimidad de su gobierno es cuestionable. Un cardiólogo que fue vicepresidente del coronel Gutiérrez, puesto en su función por el Congreso y los manifestantes aireados que depusieron a Gutiérrez luego de que éste dilsolviese el Tribunal Supremo. De vuelta al país el pasado octubre, luego de un breve exilio, Gutiérrez fue encarcelado por sedición.

Conocido su desprecio por la independencia judicial, fue irónico que una corte liberase este mes al Sr. Gutiérrez, a pesar de estar aún inculpado por otros asuntos. Puntulamente acaba de lanzar su candidatura para la presidencia. Las encuestas le otorgan el 6%, colocándose con esto entre los cinco primeros candidatos en un terreno apretado. Es poco probable que él gane. Pero su presencia en la campaña, junto con las barricadas indígenas, nos recuerda que el gobierno del Ecuador carece de autoridad, y que es apenas algo más que una máquina de dinero efectivo. Desgraciadamente, la elecciones no podrán cambiar esto.

19.3.06

Franco Maria Ricci y La Biblioteca de Babel

El semanrio francés L’Express del 23 de febrero pasado, entre sus atareados temas de actualidad política local y mundial, trae una entrevista breve pero interesante al editor de la célebre Biblioteca de Babel, la colección de treinta tomos de literatura fantástica seleccionada y prologada por Jorge Luis Borges hacia inicios de los años setentas.

FMR, siglas con las que mejor se conoce a este legendario editor parmesano, empezó su carrera como tal hacia 1965, con un desafío —en verdad, por el interés nulo conque sus afines consideraban el proyecto, una quijotada equivalente a echar el dinero por la ventana: reconstituir el mítico Manual tipográfico armado por su compatriota Giambattista Bodoni (1740-1813), que juntó en un grueso tomo todos los caracteres y tipos de letras inventados hasta ese entonces. De esta obra de Bodoni, de publicación postuma, se imprimieron sólo cien ejemplares de cuya existencia la modernidad hasta los sesentas apenas sabía nada. Por azar uno de esos ejemplares llegaría a manos del entonces joven FMR que, deslumbrado, se propuso reeditarlo a cómo de lugar y al costo que fuese necesario, a sabiendas que nadie pagaría por esos ejemplares ni un centavo. Dos años de trabajo intenso y 70 millones de liras le costó llevar a la realidad su caprichosa empresa. Tenía la esperanza, más como formalidad, de poder vender cada ejemplar a 50 dolares —se imprimieron 400—; sin embargo, por incomprensible error, imputable quizá a los tipos de cambio dolar/lira y las matemáticas de los linotipistas, donde debió imprimirse el precio de 50 dólares, se imprimió 500. Para asombro de su editor, ese errado precio no espantó a los compradores; vendió prontamente esos 400 ejemplares impresos y debió reimprimir inmediatamente otros 500. En la actualidad, los tomos de esa primera impresión y reimpresión se comercian en el mercado de anticuarios a precios que oscilan entre los quince mil dólares.

Al empeño de este mismo editor debemos también la ya mítica y (al menos en castellano) desperdigada Biblioteca de Babel. Pues fue FMR quien propuso a Borges (y convenció) de dirigir una colección de literatura fantástica, seleccionada y prologada por él. Al mismo tiempo, fue también (anecdóticamente interesante) el primero en presentar en público, al menos al de Italia y Francia, a ese autor que ya entonces era un mito viviente al que gran parte de lectores de Europa querían conocer, ver, saludar.

Cuenta FMR que Borges, hacia 1970, invitado por él, pasó dos meses en Italia, entre Parma y Milán, y que eso fue una verdadera locura:
“las gentes se peliaban delante de mi puerta; los periodistas me rogaban organizar recepciones. Yo estaba agotado. ¡Toda Italia quería tocarlo como a la virgén de Guadalupe! Sólo la izquierda bien pensante se rehusaba a recibirlo. Los escritores como Moravia le reprochavan su odio contra Perón, a quien ellos consideraban de izquierda. Y sobretodo, no le perdonaban haber recibido una medalla de manos de Pinochet. Pero Borges había recibido esa distinción sin medir la dimensión política de su gesto. Ciego, el vivía separado del resto del mundo, sin radio ni televisión, entregado a la literatura. El no hablaba jamás ni de cenas ni de dinero, que son casi los únicos temas de discusión de la mayor parte de escritores que conozco. El era 100% literatura....
...Dos meses antes de su muerte, tumbado en la cama del hospital, tomándome de la mano, me suplicó que convenciera a su compañera, María Kodama, de casarse con él. Ella rehusaba hacerlo temerosa de que se le acusará de que se casaba por interés. Cuando finalmente ella aceptó, él me dijo: muero feliz”.

La selección borgeana, de seguirse sus preferencias, debió llamarse Colección del hombre y no Biblioteca de Babel, que es como la conocemos, propuesto por el editor desde el inicio y que al escritor, no le cuadraba: “no me gusta”, dice FMR que repetía insistentemente el argentino cada vez que abordaban este asunto. Sin embargo, como lectores, no podríamos encontrar un término mejor que defina a este escritor. Biblioteca, Babel, laberinto, espejo, ... son términos que inconcientemente relacionamos con Borges.

Cota
En mi biblioteca de Yaruquíes, en Riobamba tengo dos ejemplares de esta serie (El diablo enamorado, de Jacques Cazotte; y El cardinal Napellus de Gustav Meyrinck). Su lectura la recuerdo con gusto; pero también su materialidad: como objeto estos libros siempre me parecieron hermosos. Mucho tiempo pensé que esa colección existía sólo en español. Años despues, en Roma, revisando los estantes de la librería Feltrinelli, encontré la colección entera de La Biblioteca de Babel —en formato, caracteres, diseño, papel, similar, salvo por la lengua, a la de español que entonces suponía única. Leyendo la entrevista de L’express a FMR, me entero que esas singulares ediciones que circularón sobre todo en los ochenta, se imprimieron casi a la vez en italiano, español y francés, y que, salvo por los idiomas y los nombres de los impresores, son idénticas todas ellas en sus más nimios detalles.

La entrevista publicada en el semanario francés tiene un motivo: en Francia acaba de salir al mercado la reedición de dos de estos ejemplares (con éditions Panama). Es un proyecto de reedición que durará cinco años, a seis títulos por año.
Para los cazadores de objetos de lectura especiales que viven en Ecuador, por si acaso, una voz: en Librimundi de Quito, quedan aún unos pocos ejemplares de esta colección.
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Un ensayo de Beatriz Sarlo sobre Borges y la tradición, ...la tradición que se inventa

17.3.06

Premio Franz Kafka

En diario El Comercio (EC) de este día (y también en notas de agencias de otros diarios) encuentro la siguiente noticia referida a nuestro estimado escritor japones:

Haruki Murakami recibe Premio Franz Kafka
Praga, DPA
El autor japonés de bestsellers Haruki Murakami fue distinguido hoy con el Premio Franz Kafka de Literatura, dotado con 10 000 dólares (unos 8 000 euros).
La distinción le será entregada a fines de octubre en la capital checa, comunicó la Asociación Franz Kafka. El jurado internacional eligió a Murakami, de 57 años, entre veinte candidatos.Murakami es autor de "Hear the Wind Sing" (1979), "Pinball 1973" (1979), "La caza del carnero salvaje" (1982), "Baila Baila Baila" (1988), "The Elephant Vanishes" (1993) y "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo" (1995), entre otras.
El año pasado, este premio fue para el dramaturgo británico Harold Pinter.
El premio lleva el nombre del escritor checo de habla alemana Franz Kafka (1883-1924), autor de "La metamorfosis".

No es esta una noticia que sorprenda pues, si se quiere, diríamos que distinciones de esa naturaleza le seguiran llegando; sin embargo, agrada saberla. Sus libros, best sellers por exelencia en la multiplicidad de lenguas asiáticas, y en Occidente, también en inglés y alemán, no se confunden con los que normalmente traen este calificativo, que por lo general son relatos gratos y olvidables. A las historias de Haruki Murakami les mueven también otros resortes, más artísticos, muy de su manera al imaginar en ellas un orden invisible de la modernidad que a lo mejor ayuda a explicarla, en el que la vida interior de sus personajes, por azar o porque les llegó la hora, siguiendo alguna ley antigua que contradice a lo visible, a la forma de deslizarse por las horas, se revelan sin que apenas ese orden externo se de por aludido. No hay drama, sin embargo lo que sucede es dramático. Todo pasa en algún sitio del ser, en algún punto que tiene la cualidad de volver al estoicismo trivial y a la memoria una sospecha, un peso.

El último libro publicado por Murakami es Kafka on the Shore, la historia de un adolescente que el día de su décimo quinto aniversario se va de casa. En el camino decide llamarse Kafka; es otro y es el mismo, comienza allí el viaje hacia sí mismo de este joven, que es un deliberado homenaje a Salinger y a su El guardian en el centeno. Como lo habíamos comentado en otro post anterior, esta novela estuvo en la lista de las diez mejores de NYT del pasado año.

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Pagina oficial de Haruki Murakami

12.3.06

Valle de lobos

1
Los films nominados y premiados este año con los oscars no fueron del agrado de los norteamericanos; digo, del gran público que llena sus salas de proyección. Con datos en mano, hace un par de semanas, un intraquilo representante del sector cinematográfico, aclamaba en un podio televisivo norteamericano que lo que se estaba mostrando esta vez como cine, en verdad, no era cine hollywoodense. El señor ponía el grito en el cielo por los temas y contenidos de estos films que, según sus razones, habían espantado a su público habitual de las salas de proyección. La cifras le daban la razón: las películas nominadas este año, por sus temas muy humanos y poco espectaculares, han generado pérdidas económicas en este sector fundamental de la economía y política norteamericana. Muchos de sus espectadores, por estar en desacuerdo con esas temáticas, habían desistido de ir a verlas. Faltó acción, habitual acción en la ficción cinematográfica. Y los films se acercan con puntilloso silencio a temas que poblan la realidad circundante y exigen opiniones embarazosas, palabras a las que no se está habituado y podrían fastidiar "la comunicación".

2
El pasado dos de marzo se llevó a cabo en Berlín una rueda de prensa esperada con espectación. Raci Sasmaz (32), y Bahadir Özdener (31), productor y libretista turcos, reponsables del último fenómeno cinematográfico que corre por las salas alemanas, "Kurtlar Vadisi-Irak", Valle de lobos – Irak, respondieron a las preguntas que los periodistas occidentales les formularon esa noche a propósito de su película, la más cara en la historia cinematográfica turca (diez millones de dólares) y, por el interés despertado desde el primer momento, también la más polémica, dentro de casa pero, sobre todo, fuera.

Valle de lobos - Irak es un film de acción, de muchísima acción —esa que justamente se ha echado en falta este año en Hoollywood—, en el que los buenos y los malos alteran en la ficción sus roles habituales. Un Rambo turco marcha por un Irak en guerra para cobrar cuenta a su manera de las injusticias y abusos cometidos por el ejercito norteamericano contra hombres de Turquía. El protagonista tiene una espina clavada en el corazón (el suicidio de un colega suyo que no soportó la ignominia a la que los militares norteamericanos sometieron a once de sus hombres) y, porque sabe cómo, resuelve sacársela.

La cinta está en exibición, en Turquía desde el 3 de febrero pasado, en Alemania desde el 9. En este lapso, un film que no viene de Hollywood ha logrado que en su país lo vean más de cuatro millones de espectadores (su población ronda los setenta millones de habitantes) y en Alemania, país de la Unión European con el mayor número de inmigrantes turcos, más de cuatrocientos mil. Ha provocado, así mismo, que algunos políticos encendieran sus alarmas y retornaran al campo de discusión un tema que no acaba aún de marcharse, el fallido multiculturalismo, las caricaturas de Mahoma y la censura que, llegado el caso, como en este, no se sabe dónde colocarla. Así por ejemplo, el primer ministro de Baviera, Edmund Stoiber, exhortó a los administradores de salas de cine en Alemania a "retirar de inmediato esta película racista y anti-occidental que incita al odio" (No pocos recensores del film, de los que quedan fuera los de Die Zeit y la NZZ— lo han abordado y considerado con guantes de terciopelo, de innecesario terciopelo).

Una de esas voces en desacuerdo con el filmes la de la FSK, la institución voluntaria de autocontrol de la industria cinematográfica, que la sometió a revisión y acaba de dictar una sentencia este 10 de marzo: a partir de esta fecha no podrán verla los menores de 18 años. No afectará en mucho al film esta decisión; sin embargo, el gesto de haber sometido a control un film de acción y violencia como muchos otros que se proyectan cuotidianamente deja una puerta abierta a malas interpretaciones —de la libertad de expresión y la tolerancia.

3
En el SonntagsZeitung de este día Roger de Weck dedica su habitual columna dominical a este tema pero relacionado con la Casa Blanca e Irán: lo titula Rambo, Parte 4, y, a sus siempre esclarecedores análisis, suma esta vez una estadística que cito a continuación: “En Rambo 3, del año 1988, el heroe pelea del lado de los valerosos talibanes que entonces se enfretan a los soviéticos. En 97 minutos vemos 228 actos de violencia, donde mueren 108 personas. Valle de lobos no supera este record. Comparadola con este film la “Weltpolitik”, la política mundial, parece más primitiva que nunca. Ciertamente es mucho mejor el Rambo, cuarta parte, que se ejecuta de momento y se llama “Guerra santa”. A dónde nos conduce esta rambomanía nos los muestra Irak. El país se unde en una guerra civil....”

4
Irak, la vallée des loups está en cartelera en Francia desde el 1 de marzo. La edición de Le monde del 3 de marzo, dedica entera la página 3 a comentar la presentación de este film denominado anti-norteamericano en quince salas francesas. Para exibirse en Francia sus productores tuvieron que procurarse antes “una autorisación excepcional de proyección” concedida por la CNC (Centro nacional de la cinematografía) que previene además a los menores de 12 años, que no podrán mirala. En la proyección inaugural, cuenta Thomas Sotinel, el responsable de este reporte, que asistieron muchos ciudadanos de origen turco. Concluyé su artículo así: “Durante la proyección, la sala apenas reacciona. A la salida, la mayor parte de espectadores se dispersa rapidamente. Sólo un grupo discute a un lado de la vereda: esto es una mierda, dice uno de ellos. En el film, el americano dice que los turcos son unos jactanciosos, pero eso no tiene nada de malo ¡eso es verdad!” Luego, el tipo, riéndose, asiente que quizá su dictamen no es del todo imparcial puesto que él es kurdo.


5
No he visto aún el film que supongo no tardará en llegar a las salas suizas, donde sus periódicos han reportado este asunto con puntualidad y bastante equilibrio. No hay en inglés mucho sobre este “colosal suceso del cine turco”; sin embargo, si quieren ver unas pocas imágenes pueden visatarlas en esta página alemana que promociona el film en estos territorios. Ah, por cierto, los derechos de distribución de esta película en salas norteamericanas han sido ya adquiridos. Estoy espectante por leer las reacciones de su público ante este film de acción, de habitual y entretenida acción "que aleja al público cómodamente de la realidad circundante".

28.2.06

Mirar a Dios

1
El pasado noviembre visité una exposición de arte contemporáneo que me gustó mucho, Gott sehen (Mirar a Dios), en Ittingen, un antiguo monasterio cartujo cuyos orígenes se remontan a 1461. Este espacio en la actualidad, con su renovado convento de paredes altas, un rosario de celdas vacías, que nos recuerdan la vida austera de los monjes de entonces, rodeadas de pequeños huertos, junto a una capilla diminuta y hermosa, un molino de agua, y a su otro frente, con un amplio jardín interpuesto, su afamado restaurante, forman un centro de encuentros culturales cuyo atractivo se lo debe en gran parte a sus dos museos, de historia el uno, el otro de arte contemporáneo, que fue el que esta vez concitó mi atención.

Antes de ingresar en sus instalaciones, mientras nos dirigíamos hacia allí desde la vía principal donde desembarcamos, conversaba con la amiga que me acompañó sobre el nombre de la exposición que vinimos a visitar y los sentidos que ese nombre despertaban en mi y, como no, los límites con los que, llegada a un punto, chocaba mi imaginación, excitada y confusa. Ver a Dios: en palabras este nombre que termina siendo una frase breve, es también, como si nada, espectacular, dice todo y nada. Pero no así, de forma tan tajante, si probamos a imaginar visualmente la sentencia. Ver a Dios ¿Cómo podrá representarse a Dios un artista? Recuerdo que le decía a mi amiga minutos antes de ingresar a la muestra, animado de antemano, mientras salpicaba la conversación con algunas frases sacrílegas del Wilde más encantador y de paso recordaba el título de un libro temprano de Vargas Llosa dedicado a su ex-amigo, García Márquez, historia de un deicida, que leí hace muchos años en la Biblioteca de la Universidad Central de Quito (el artista como suplantador de Dios, el artista confirmándonos su rol de creador de absolutos en su obra, pensé).

Son 25 las obras expuestas, trabajos de artistas de varias nacionalidades (un chino, un ruso, europeos del este, centro y oeste del continente, un camerunés, dos estadounidenses —ya en el recorrido de la muestra, nos decía Frau Dorothee Messmer, la curadora de esta exposición, que pese a los esfuerzos desplegados para contactar a más artistas made in USA que trabajen con el tema, ello no le fue posible: los artistas de los USA no se meten con Dios, sentenció: lo que de ellos aquí exponemos son apenas guiños, no obras que lo confrontan). Así:

De la afamada artista Louise Bourgeois (París 1911), como saludo, al iniciar el recorrido, una escultura en bronce, The Cross: una vara de metal de 1.84 m. de alto atravesada por un brazo de dos manos, o si se quiere, un brazo-madero que culmina a izquierda y a derecha en una mano (68,5 m.) —en verdad, una escultura imaginariamente previsible pero de mucho valor económico por el nombre de su creadora. Un trabajo de madame Bourgeois nunca estará demás!

Viene a partir de este punto, cuando las salas y pisos empiezan a multiplicarse, una serie de artefactos que incluyen video instalaciones, fotografías, lienzos, textos, montajes y escenificaciones. Describo aquí sin embargo sólo unos pocos trabajos que algo expresan el título de esta muestra:

Una pareja de italianos, Chiara Grandesso y Lionello Borean, nos proponen su Plug’n’Pray: una caseta de feria que ofrece programas de computadora como lo haría cualquier firma de esta línea de productos, llamese Microsoft o la que sea: el detalle, en paquetes presentados según la exigencia de punta del marketing al uso, los programas que aquí se ofrecen son religiones: Buddhist, Jewish, Christian, Hinduist, Ulster, Muslim, etc. Sí, claro que sí, las cajitas traen también impresos con indicaciones y modos de uso.

Del alemán Till Velten (1961), Weihe, un trabajo de investigación y localización de personas que se creen Dios o han vivido o viven la experiencia de serlo. Varias son las tácticas de las que se vale para llegar hasta ellos. Una de sus líneas investigativas las desplegó en España colocando anucios en la prensa en el que pedía lo contactaran si alguien se sentía aludido o sabía de algún otro que creyese ser la divinidad. Tuvo respuestas varias: su obra es la exibición de las cartas que recibió —más las descripciones con fotos y otras razones que muestra un delicado limite que a los espectadores nos deja sonreidos; o mejor, tambaleantemente sonreidos.

Del zuriqués Sam Keller (1971), Creator, un trabajo interactivo en el que se invita al espectador a ponerse “manos a la obra”. Empieza con una cita del Genesis 1, 27: “Y Dios dijó hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Una fotografía paralela al texto sirve de modelo para que demos forma allí mismo a un hombre de plastilina de estatura corriente que reposa en la mesa “de operaciones”.

De Justine Kurland (1969), de los USA, fotografías de comunidades utópicas que luego de los atentados de 2001 han empezado a formarse en diversos puntos de ese país. No son comunidades religiosas pero persiguen la armonía, el amor, la vida espiritual, en el campo, alejados totalmente del mundanal ruido y su moral, o su falta, según el caso.

La de Pavel Althamer (1967), de Polonia, Schedule of de crucifix, me impresionó y tentó —casí, casí me saque los pantalones: En el sótano del monasterio, a un extremo de la sala más grande, una portentosa cruz de madera enclavada a la pared; en el madero principal, a la altura de donde un crucificado posaría su trasero, una montura de biscicleta que sirve de asiento a quien allí quiera revivir esta parte de la experiencia de Jesus; asimismo, a cada extremo del madero transversal agarraderas y correas dispuestas para sujetar distendidamente sus manos. En el piso, en lo que podría llamarse púlpito o escenario, está habilitada una escalera que ayuda a trepar hasta la cruz; a su costado, un biombo tras el cual, el que revive la experiencia puede quitarse su ropa y calzarse la indumentaria de Jesus en la cruz, su corona de espinas y el manto que le cubra el sexo que cuelgan de una percha adjunta. Cada domingo, a las dos de la tarde, hay un performance de la crucifixión, sin embargo, para quien lo desee, el biombo, la corona de espinas, el manto y la cruz están a su disposición. No está prohibido tomar fotografías.

La exposición puede visitarse hasta el 23 de abril de 2006

2
A inicios de febrero el diario danés “Jyllands-Posten” publicó 12 caricaturas de Mahoma, un Dios o Profeta, a quien sus fieles honran con ritos y normas que apenas hemos visto y no conocemos, un nombre que conocemos pero nos resulta ajeno a gran parte de los que nos hemos criado en Occidente, en su centro y sus márgenes. Como todo el mundo lo sabe, esas caricaturas levantaron una ola de protestas airadas entre sus creyentes fanáticos y no fanáticos; en algunos sitios éstas se volvieron tan violentas que provocaron la muerte de varias personas y muchos daños materiales. En Occidente, en sus centros —en su márgenes no tanto, pues, por las razones que sean, la experiencia con reacciones similares es más o menos conocida—, nadie se esperaba una manifestación de tal naturaleza “a causa de unas caricaturas”. Al hecho se lo calificó de incomprensible, como son también las exigencias que los gobiernos de Arabia Saudita, Libia, Irán y Pakistan hicieran inmeditamente al gobierno danés, a saber, que expresará publicamente sus disculpas y sancionará a los editores responsables del sacrilegio cometido. El gobierno danés, con toda la razón del mundo occidental, no lo hizo porque, sencillamente, en un país libre, según las reglas de juego democráticas que lo rigen, no tiene, no tenía porque hacerlo.

Desde entonces ha corrido mucha tinta en periódicos, revistas y los medios de comunicación posibles. Intelectuales, periodistas, creadores de opinión con distintas formaciones y de distintas intensidades y talantes se han acercado al tema, confrontado, iluminado, tergiversado y, como suele suceder en casos similares, confundido más de lo que estaba al inicio. Todos ellos han dado, dan vueltas alrededor de un hecho, un punto límite que no se deja asir con facilidad y termina siempre escapándose de las manos, el derecho a la libre expresión en el Occcidente liberal (dentro de reglas de varia indole) frente a un Islam que la rechaza y la somete al juicio de sus lideres religiosos. Maniquea manera esta de formular las cosas, sin embargo, por ilustrativa, la que mejor se deja ver y más es utilzada para entrar en discusión.


3
Tariq Ramadan (1962), un suizo nacido en Ginebra, ulema, doctor en la ley musulmana por la universidad de El Cairo y en filosofía por la de Ginebra, profesor de estudios islámicos en Oxford y asesor del gobierno de Tony Blair constituye en sí el cruce de caminos hacia el que, al parecer, se encamina una parte importante de Europa. Como en su día el laico palestino Edward Said, denostado en vida por judíos y compatriotas suyos en iguales proporciones, la existencia de Ramadan se despliega a dos fuegos: es demasiado musulmán para Occidente y demasiado europeo para el mundo musulmán.

Este filósofo de padre y madre egipcios nos recordaba en una entrevista publicada en el Sonntagszeitung de Zürich del 5 de febrero, algo que habrá que tomar en cuenta al empezar a realizar el balance de esta encruncijada: lo que estas dos partes necesitan es entender que este no es un asunto de derecho. La libertad de expresión en Europa es un derecho protejido por la ley. Nadie puede ponerla en duda... . Es esto una demanda de responsabilidad y prudencia no de leyes y derechos... . Tenemos que propiciar un debate sobre el futuro de nuestra sociedad. Los musulmanes tienen que entender que Europa se rige por la libertad de expresión y punto. La otra parte debe entender que existen temas delicados que deben ser abordados con respeto y prudencia y no con provocaciones.
4
A Jean Daniel, el director de Le Nouvel Observateur, al llegar a este punto en un artículo suyo dedicado al tema, Una fribolidad trágica, concreta: Se trata de una diferencia de cultura que está muy próxima a la incopatibilidad de concepciones. Los unos han sacralizado la ley y los otros la fe.
Sin embargo, esta oposición se desvanece, pues el origen de este conflicto va más alla de la libertad de expresión. Lector atento del momento que atravezamos, dice Fernando Savater: Pero lo que más me extraña, lo que no he leído ni oído a nadie aunque esté implicito en bastantes comentarios es que lo amenazado en nuestras democracias no es sólo ni a mi juicio principalmente la libertad de expresión. No, lo que nos estamos jugando es precisamente la libertad religiosa...
5
Jan Assmann, afamado egiptólogo alemán profesor en la Universidad de Heidelberg: Con el Cristianismo el Islam puede vivir sin problemas pues él es en sí tolerante. El problema no es el Cristianismo sino la antireligiosidad, es decir el secularismo. A los ojos del mundo islámico, este se expande por el mundo como una tremenda fuerza destructora.
David S. Landes, profesor de historia económica en Harvard, autor de ese libro esclarecedor de los tiempos que nos atraviezan La riqueza y la pobreza de la naciones: La cultura en los países árabes está muy impregnada de conceptos como machismo, honor y vergüenza. No son allí modelos o ejemplos importantes a seguir los empresario o los industriales sino los generales y los burócratas de las altas esferas. Eso y no otra cosa es lo que la gente capaz de esos países quieren ser.
6
¿Le falta al Islamismo la ilustración?
Jan Assmann: El Islamismo vivió su ilustración muy radical y muy tempranamente, en el siglo XII. Pero también muy temprano sufrió su contrareforma. De esa experiencia de tolerancia y pentración filosófica de la tradición religiosa se desarrrollaron muy pronto las correspondientes fuerzas antagónicas ortodoxas, o para decirlo de alguna manera, los anticuerpos requeridos para aplacar a la ilustración. Se agudizó la ortodoxia. Es por esto, porque ya vivió esas fases, que el mundo islamico dejó pasar de largo a la ilustración europea del siglo XVIII. A esto hay que sumar el rol que las fuerzas coloniales de Occidente desempeñaron en estos países: ellos hicieron todo lo posible para impulsar en el mundo islámico sus fuerzas más retrógradas —un pueblo inculto se deja colonizar mejor. Así obró Inglaterra, por ejemplo en Arabia Saudita, en el siglo XIX, apoyando irrestrictamente a los enemigos nativos de la ilustración de su pueblo, la secta de los Wahhabitas, que es de la que procede Bin Laden.
Por otra parte se olvida que el mundo islámico de los tiempos ilustrados estuvo muy por delante de Europa y que muchos de los avances que ésta llevó a cabo al finalizar la edad media fueron posibles sólo gracias a los progresos emprendidos mucho antes por ese Islam ilustrado.


7
David S. Landes: Medio oriente y la mayoría de los países musulmanes, desde hace siglos vienen perdiendo territorio continuamente al enfrentarse a regiones económicas de primer orden como los USA y Europa y, en los últimos años también frente a países como China y Asia. ¿Por qué? Con toda seguridad esto tiene que ver con la religión. En todo sitio el Islam se ha mezclado con la política y la economía impidiendo la innovación en estos frentes. Por razones teológicas, crear o inventar han sido puesto de lado pues temen que las innovaciones amenazcan la religión. Hay una sóla exepción: la innovación militar. Sin embargo, la innovación tecnológica y sus monstruosas consecuencias se llevaron a cabo sobre todo en Europa, porque allí había la libertad necesaria para hacerlo.

8
Jorge Luis Borges: Dios mueve al jugador, y éste la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?

9.2.06

La muerte en escena

... pero la de verdad, en serio. Acabo de encontrame con esta noticia en la web de la BBCMundo.com. Mientras la he leído, he recordado a un hombre que la pensó de manera poco habitual, Michel de Montaigne. ¿Qué pensará de esto Jodorowsky? me parece que este hecho cae en su campo, la sicomagia, pues la representación que Halasz tiene prevista para este fin de semana, creo, va más alla de la mera provocación o, en otro sentido, el montaje rutinario de una obra teatral. ¿Deberemos considerarlo como un performance mortal, o un evento artístico en el que vida y arte disuelven sus fronteras y "expresan" lo que cada una por su cuenta no lo podría? Bueno, lo que ello signifique no lo sabemos, apenas lo intuimos y escarbamos sentidos. Copio la noticia a continuación:


Director pondrá su muerte en escena

Un director de teatro húngaro que padece cáncer terminal se exhibirá durante una semana en un féretro para experimentar su propio funeral.
Peter Halasz, quien también es actor y escritor, se encuentra en las últimas etapas de un cáncer de hígado y a finales de esta semana aparecerá en un cajón abierto en un museo de arte de la capital húngara, Budapest.
"Tengo curiosidad por saber cómo se ve un funeral desde el otro lado", dijo Halasz a la BBC.
"Quiero ver a mis amigos, escuchar sus tributos y su último adiós".
"El evento por sí mismo es muy simple, pero creo que las reacciones serán interesantes, porque pocas veces la gente se enfrenta a esta situación", explicó el director.
Como Drácula
Halasz es uno de los directores más reconocidos del teatro húngaro aunque la mayoría de su carrera artística, que comenzó en los años 60, transcurrió en los Estados Unidos, país en el que se exilió hasta finales de la Guerra Fría.
Con respecto a su funeral escénico, Halasz dijo a la BBC que imagina una gran cantidad de asistentes por dos razones: "Tengo muchos conocidos, pero la razón principal es que la gente es curiosa".
"Será algo así como el regreso de Drácula", opinó el director, pero advirtió a los espectadores que no esperen más acción de la que está planteada originalmente.
Lo que sí anticipó es que ésta será su última aparición en un escenario.
"Después, en un par de días o de semanas, partiré".

28.1.06

Vásconez, el viajero de Quito

Verbo sur es una de las secciones fijas de Babelia, el suplemento de libros y arte que publica cada sábado El País, de España.

Es esta una ventana en la que escritores latinoamericanos emergentes y críticos literarios de prestigio presentan a autores de Latinoamerica cuya obra es determinante y esencial en la tradición de sus países pero que, por razones varias —entre las que cuenta el tamaño de los mercados y la misma estructura de sus sosciedades—, ésta no ha trascendido como debiera por los territorios enteros de la lengua; o, cuando sí, lo ha hecho con el sígilo que la admiración impone a los autores de culto, como ha sido hasta hace poco el caso de los argentinos César Aira y, sobre todo, con algo de retraso, el de Juan Filloy.

Verbo sur es una ventana indispensable que sus lectores seguimos, sábado a sábado con curiosidad, pues, de normal, en esa columna, si no nos los recuerdan, nos son revelados los nombres de autores cuya obra, a los que nos interesa el atlas narrativo que va trazando la lengua, nos trasmite información valiosísima; información que promete transformase en conocimiento.

Verbo sur trae esta semana un artículo firmado por Rafael Conte dedicado al novelista ecuatoriano Javier Vásconez, El viajero de Quito, a propósito de la publicación en el Ecuador de su último libro El retorno de las moscas.

Como he hecho ya otras veces, he dispuesto el enlace y, líneas abajo copio el artículo de marras (por cierto, Rafael Conte es el crítico que ha sabido seguir con mejor ojo la carrera literaria de Cesar Aira —quiero decir, que supo identificarlo mucho antes de que éste empezara a publicar en España y saltar a las otras lenguas. Otra cosa: en esta sección, apareció hace ya un par de años un artículo sobre Pablo Palacio firmado por Leonardo Valencia).

El viajero de Quito
Rafael Conte

QUITO ES una ciudad tan extraña que puede albergar toda clase de misterios, a los que el quiteño Javier Vásconez (1946) acude como las moscas a la miel, que vuelven una y otra vez con desolada y desoladora insistencia. Descendiente de próceres -su padre era diplomático y escritor y su madre de una gran familia de la colonia- es un gran viajero por Europa, Estados Unidos y toda América y un escritor de culto en su país donde ha recibido varios premios y ha sido objeto de numerosas críticas (véase una colección de ellas en El exilio interminable, Paradiso, Quito, 2002). Ecuador es un nombre ajeno, creado por la geografía de una situación, no es algo real, sino un "imaginario" repleto de montañas y volcanes que resume su historia colonial en su capital con un leve y simbólico "panecillo", coronado por una imagen encadenada sobre un minúsculo globo terráqueo, que domina los barrios de la Merced y San Francisco, llenos de iglesias barrocas, el mercado de Otavalo más allá, o el Museo del Oro al comienzo del barrio moderno.

Vásconez es autor de dos novelas importantes, El viajero de Praga (1996) y La sombra del apostador (1999), de las que la primera, de inspiración claramente germánica, es una especie de obra maestra y de una serie de relatos recogidos en diversos títulos Ciudad lejana (1982), El hombre de la mirada oblicua (1989), Café concert (1994), Un extraño en el puerto (1998) e Invitados de honor (2002), donde abundan las piezas magistrales, así como una serie de novelas cortas, entre las que destacan El secreto (1996) y esta reciente El retorno de las moscas. En verdad, Vásconez es un quiteño que ama y odia respectivamente a su ciudad, por lo que busca desesperadamente un exilio que siempre roza con los dedos, pero que siempre se le escapa. Nunca escribe de otro lugar, siempre trata de Quito, sus personajes hablan y viven en ella, o vuelven irremisiblemente, y aunque tratan de ella, la dotan de mar o de un puerto tan imaginarios como lo es el país del que surgen, un país -y una capital- que odia y ama a la vez pues vuelve a ellas continuamente. Amén de las citadas El viajero de Praga y La sombra del apostador, no es posible desconocer la obra aparentemente "menor" de Javier Vásconez, que empezó tardíamente como cuentista, recopilando primero sus relatos "anacrónicos" del pasado quiteño, pero que le permitieron obtener sus primeros premios, y que han dado paso después a cuatro libros de cuentos y novelas cortas, donde hay algunas pequeñas obras verdaderamente maestras. Su "imaginario" literario se ha plasmado en homenajes tanto irónicos como tiernos -y hasta lascivos, pues su sensualidad es evidente-, como los recogidos en Invitados de honor a Colette, Kafka, Nabokov, Conrad y Faulkner. (¡Admirable Tecla Teresina!, por ejemplo) y que desemboca ahora en esta novela corta, El retorno de las moscas, donde el autor cambia de inspiración y vuelve sus ojos hacia la novela de espionaje, la de John LeCarré y la novela británica, como dice expresamente en la nota final (sin olvidar otro crimen importante y puramente ecuatoriano, el de la novela corta El secreto, cuya extensión hace que algunos la consideren como una novela normal, donde explora el interior de un verdadero asesino).

Esta oscilación entre la novela larga, la corta y el cuento y el relato breve es una característica central en la obra de Vásconez, que culmina hoy con esta narración verdaderamente "intermedia", que es una suerte de "clonación" de algunas célebres novelas de John LeCarré, donde presenta al célebre personaje del espía George Smiley -y hasta le enfrenta con su propio autor en un precioso pasaje- ya jubilado y que va a Quito encargado de una nueva misión. Un espía doble, soviético y de los americanos a la vez, es hallado muerto en un parque quiteño y Smiley debe investigar en su pasado, recordando el suyo y las malhadadas aventuras con su esposa (y hasta se evoca a Haydon y a Karla) hasta resolver el caso que al final resulta ser un delito pasional y privado, que sin embargo le proporciona un texto precioso. Pues también en Quito, y a Quito, las moscas (que proceden de un sueño de Smiley) retornan irremediablemente. Como la literatura, a la que la suya vuelve sin parar una y otra vez.

20.1.06

Cuando fumar era un placer

A finales del año pasado, Fatima publicó un comentario sobre los fumadores y no fumadores. Es este un tema que va y viene y, mientras tanto, mata a muchos de cancer al pulmón y a otros, muchos menos en todo caso, de cólera. A su alrededor, en lucha desigual, han puesto sus bases una pesada artillería de argumentos en pro y contra de su práctica en público — y ahora también en privado.

El comentario referido puso en movimiento muchos más bites que los habituales. Opiné allí desde mi experiencia de fumador desmemoriado —puesto que si no estoy en un café o con amigos, olvido hacerlo. Pero allí no nombré, pues no cabía, algo que me vino a mientes, un recuerdo partícular, el de una escritora, una ex fumadora que, años después de haber dejado de encender cigarrillos y aspirar su humo —por salud, pues sino sencillamete moría—, habla aún de ellos con cariño y, por lo que allí cuenta, noltalgia.

De esta escritora he leído más bien poco; sin embargo, de ese poco, “Cuando fumar era un placer”, de Cristina Peri Rossi, fue un placer leerlo. Llegué a él por curiosidad, luego de encontrarme en la sección de libros del FAZ de Frankfurt, con un agradecido comentario a la versión alemana que entonces acababa de aparecer. Como en el medio millón de libros que tiene la Zentralbibliothek de Zürich, hay también unos cuantos miles en español, por si acaso, miré en su catálogo a ver si tenían la versión original. La tienen aún—por si acaso.

Hoy, dando una vuelta por el barrio, he dado con una entrevista a la autora uruguaya —un buen pretexto para ¿leerla?

12.1.06

Haruki Murakami

Por estos lados, hace ya unas horas que cayó la noche. En unas pocas más, concluirá el día, el día doce. En uno como este, en Kyoto, pero hacia 1949 nació un escritor cuyas historias leo con placer, Haruki Murakami. He empezado hace poco la lectura de Kafka am Strand (Kafka on the Shore, novela que el NY Times, por cierto, la pone en su lista de los diez mejores de 2005), hasta el momento, su última novela escrita —publicada en japonés en 2002, en alemán en 2004, en inglés en 2005—.

En cuestión de traducciones, y cuando de libros de importancia literaria o literaria-comercial se trata, el inglés da la pauta. Con las obras últimas de Murakami, como para confirmar la regla, esta práctica se ha alterado, pues ahora ellas aparecen antés en alemán. Resulta que por los lares donde campea la lengua de Thomas Bernhard y Robert Walser, el autor japonés es bastante conocido (para hacernos una idea, digamos que igual o más que Javier Marías, autor español, que de Corazón tan blanco ha vendido hasta la fecha en este mercado alrededor de un millón doscientos mil ejeplares).

Hay una razón por la que Murakami se hizo famoso en lengua germana (por cierto, la misma que hizo famoso a Javier Marías en este entorno), la televisión, concretamente, el programa Das Literarische Quartet, el cuarteto literario —espacio que ya no existe más—, donde comentaban novelas en directo cuatro personalidades de letras. El programa del 30 de junio de 2000, fue, es en la escena literaria (o literario-mediática) alemana, si no inolvidable, si al menos referencial. Aquella noche, capitaneada por Reich-Ranicki, el pope de la crítica alemana, se habló de la novela Gefährliche Geliebte de un escritor japonés entonces poco conocido (en español la tradujeron como “Al sur de la frontera, al oeste del sol “, y por lo que sé, circulan ejemplares también en el Ecuador). Reich-Ranicki elogió la novela en ponderados términos pero no así su contertulia, la crítica Sigrid Löffler que la señaló en cambio como un Fastfood literario adobado con escenas de amor pornográficas y sexistas. El público percibió que en ese desacuerdo había algo más personal que la apreciación de la novela de Murakami. Los siguientes días, los periódicos de Alemania, Austria y Suiza hicieron su trabajo mejor que nunca, comentaron el percance y la causa generosamente; en poco, el autor japonés andaba en boca de todo mundo.

Pero de esta desaveniencia nació no sólo la fama alemana de Murakami sino también Literaturen, la revista que la señora Löffler empezara a publicar unos meses después; como era de esperarse, luego de ese percance, ella renunció a seguir formando parte del Cuarteto literario (como alguna vez ya lo dije, Literaturen es la equivalente en alemán de lo que es Letras Libres en lengua hispana).

He comentado la obra de Murakami en otros espacios; esta vez, al paso, para retener algo del día, he traducido unas pocas frases que el autor pronunciara en una conferencia dada en Berkeley, la University of California, en febrero de 1992. Dicen algo, dejan ver algo, me parece.

(Para ubicarnos: tres aspecto que impregnan el estilo de este autor son el humor, la llaneza de su prosa y, lo que primero se nota, el ritmo) Entonces, dice él:

Mi estilo se resuelve en lo siguiente: primero, jamás pongo en una frase más significación que la estrictamente necesaria. Segundo, las frases tienen que tener un ritmo. Esto lo aprendí de la música, especialmente del jazz. En el jazz sobre todo, es posible derivar de un ritmo estupendo a una estupenda improvisación. Todo tiene que ver con el movimiento de los pies. Cuando se quiere conservar ese ritmo, no se debe incorporar a él ninguna carga superflua. Esto no significa que, de ninguna manera, no se deba añadir una carga. Sólo ninguna que no sea absolutamente necesaria. Tu tienes que arrancar la grasa.

(La carrera de Murakami como novelista inicia en 1978. Tiene su manera muy particular: no es el inicio típico de un escritor que durante su juventud se ha forjado entre lecturas, intentos, disciplina con las palabras. Es otra cosa. En esta conferencia —no publicada aún como libro—nos adelanta esos comienzos)

Tenía 29 cuando escribí mi primera novela Escucha al viento. En aquel tiempo administraba un pequeño Club de Jazz en Tokio. Luego de terminar mis estudios, no tenía ningunas ganas de emplearme en una empresa; entonces solicité un crédito al banco y abrí ese Club. Ya como estudiante había tenido un deseo indeterminado de escribir alguna cosa, sin embrago, no seguí ese deseo de la manera correcta y, cuando abrí el Club, había dejado de pensar más en ello, puesto que estaba muy ocupado de la mañana a la noche en ecuchar jazz y preparar coctails y sandwichs. Cada día tenía que picar una funda entera de cebollas. Gracias a esa experiencia puedo aún picar cebolla sin derramar una sóla lágrima. En aquel tiempo, casi todos mis amigos eran músicos de jazz, no escritores. Sin embargo, un día de abril de 1978, me llegó de pronto el placer para escribir una novela. Me acuerdo claramente de ese día…

(El texto sigue de largo, pero por ahora lo dejamos aquí)


P.S.1. Estas citas las he encontrado en el libro de su traductor al inglés, Jay Rubin, Haruki Murakami and the Music of Words (2002).

P.S.2. Al paso, he encontrado un magnífico texto del argentino Juan Forn sobre una novela importantísima del japonés (de normal, el murakamiano gaucho por exelencia, se supone que es Rodrigo Fresan, pero este texto de Forn es estupendo). De él entresaco estas palabras:

"Si la construcción de un estilo es la combinación de múltiples influencias que terminan dando como resultado una voz propia, Murakami ha sabido entretejer con endiablada habilidad su fascinación por Kafka, Lewis Carroll, Camus, Chandler y Pynchon (para citar sólo unas pocas de las influencias que resuenan en sus libros) con sus propias obsesiones. Autoproponiéndose como un puente entre Oriente y Occidente, su obra es igualmente excéntrica para ambos mundos: si la voz que narra sus historias suena al oído japonés como traducida de otra lengua, las reacciones de los personajes que pueblan sus ficciones son invariablemente sorprendentes para el lector no japonés. Curiosamente, lo que el lector occidental ve como contención, el lector japonés ve como transgresión: sea el tratamiento del sexo, los pasos de comedia imperturbable, la expiación de la culpa (colectiva e íntima) o el afán de un destino individual. Hay un detalle más que termina de explicar la paradoja de que un éxito “juvenil” en Japón despierte tan “seria” atención en Occidente: la rarísima limpidez de la voz de Murakami muestra siempre un mundo por descubrir, y descifrar, hermanando así a lectores novatos y experimentados en un hipnótico rito de iniciación (para unos, hacia la vida; para los otros, hacia el corazón literario del Japón actual)".

2.1.06

"El Comercio" en España

Celebro la decisión de diario "El Comercio" de Quito de publicar en las próximas semanas en España un semanario, un medio escrito pensado en ecuatoriano. Empresarialmente es esta la manera de mover las fichas, poner en circulación las ideas, colocar y multiplicar capitales.

Los compatriotas residentes en las distintas ciudades españolas (que oficialmente bordean el medio millón), podran disponer en pocas semanas de noticias e información producida y elaborada en España, bajo reglas de juego españolas, pero pensadas desde un punto de vista ajeno, otro. Recordemos que la objetividad, valida en las ciencias, en la prensa, por más puntillosa que sea, estará determinada por las necesidades de su público. La comunidad de ecuatorianos residentes en España, siendo numerosa, no ha tenido hasta la fecha, un medio impreso que tenga como eje principal sus afanes y necesidades comunales: no ha podido mirarse en un espejo que le devuelva una imagen más o menos fiel, acorde a lo que ella supone su circunstancia.

Sé que en España (como lo he visto en Milán, Venezia, Genova y Roma) han existido antes intentos editoriales parecidos a este en el que se ha embarcado El Comercio, que luego, por razones más bien obvias, han fracasado. Sin embargo, tomando en cuenta la profesionalidad del diario quiteño, esperamos que su oferta informativa en la penísula cubra esas demandas evidentes en la comunicación intercultural (vivir con un pie fuera y otro dentro) y no deje de lado la opinión crítica, necesaria en esta serie de procesos simultaneos llamados modernidad.

La paleta de problemas que tiene El Comercio-España al frente es varia; sólo un medio de esta naturaleza podrá crear puntos de encuentro entre su público, los ecuatorianos recien llegados, y los dueños de casa; la prensa española, por esencial punto de vista, tendría demasiados impedimentos para ejercer como cicerone en estas circunstacias.

Pongo a continuación un fragmento de la noticia que podran leerla entera en Periódico digital, donde en este mismo momento se está llevando a cabo un debate entre blogers adscritos a ese medio, que podría ser interesante sino fuese por la presencia en él de un ignoratón de origen español que apenas deja desarrollar ideas (he querido participar en él pero, lastimosamente, por no estar allí inscrito, he debido tragarme mi comentario ... y, también, unas gotas de vilis).

"El Comercio" de Quito viaja a España

(EFE, Quito).- El Comercio de Quito cumplió este 1 de enero su primer centenario y celebrará el centenario lanzando un semanario en España. Los editores del decano de prensa ecuatoriana tienen previsto publicar en Madrid un semanario destinado a emigrantes.
Guadalupe Mantilla, presidenta de El Comercio y miembro de la tercera generación de la familia que dirige el diario, no oculñta su satisfacción:

"Me siento orgullosa de constatar que hemos vencido todas las adversidades, guardando siempre los enunciados de mis antepasados. Después de cien años, El Comercio sigue siendo un diario independiente y al servicio de las grandes causas. Nos hemos identificado con los anhelos de toda la comunidad, y hemos luchado por las causas justas"
...

P.S. Por si no se puede acceder directo a la página donde consta el texto entero, lo copio en la sección comentarios.

Schrödiger en Zúrich

Cada miércoles, la ciudad de Zúrich publica el Tagblatt , periódico municipal de distribución gratuita. En sus páginas uno se entera de los ...