31.10.10

Oe, Duhamel, Cervantes



Volvemos a Cervantes, cuyo nombre, canalizado por la industria editorial y sus medios, ha sonado en estos días más de lo habitual - lo razonable en esa ola: por ser el clásico de lectura que es; lo circunstancial y oportuno, en cambio: por ser la marca y el símbolo más distinguido de la lengua que nos comunica; el marketing cultural, oficial y privado, que se hace al interior y fuera de la lengua, aprovecha al máximo las posibilidades del nombre. Y eso está bien a pesar que no nos guste la herramienta comercial que la impulsa (la lengua francesa descuidó este detalle y por ello en la actualidad pierde terreno fuera de sus fronteras).

Esto aparte, por la razón que sea, nombrarlo o leerlo, nos invitan a descubrir o volver a recorrer las impresas por él dejadas. Y no sólo en la Mancha, en su terrirorio contaminado.


Leo la sección opinión de Diario El País (ES); despierta mi interés el título de un artículo: La literatura, un viaje sin rumbo fijo, lo firma Kenzaburo Oe, autor conocido pero poco o nada frecuente en las páginas de este diario. El motivo de su artículo es una impresión de Cevantes, alrededor de la cual giran Javier Cercas, Erasmo, Kazuo Watanabe y Georges Duhamel. Las palabras interpretativas que éste último hiciera sobre el temperamento del creador de Don Quijote y el que debería habitar a quien quisiera adentrarse en este oficio, por lo que aquí nos cuenta, le fueron muy valiosas en su etapa de formación. Dicen así:

"Entonces, joven, vive la vida ante todo. Bebe abundante leche de la ubre de la vida para nutrir tus futuras creaciones. ¿Dices que quieres escribir buenas novelas? Hazme caso entonces y embárcate en algún puerto. Recorre el mundo ganándote el sustento con modestas ocupaciones, y soporta la pobreza. No te apresures a tomar la pluma. Sométete al dolor y al sufrimiento. Aprende con las miles de personas que encuentres a tu paso. Y cuando te doy estos consejos, quiero decir que jamás trates de esquivar la angustia que te ocasionen los demás o las adversidades que tengas que experimentar para hacerlos felices. (...) ¿Quieres escribir buenas novelas? ¡Óyeme bien, entonces! Antes que nada, trata de olvidar ese deseo. Emprende un viaje sin pensar en un rumbo fijo. Agudiza la vista, el oído, el olfato y el apetito. Espera con el corazón abierto. Tal como hizo...". Cervantes, por supuesto.


Creo que no hace falta añadir algo.
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Fracasa otra vez, un gratísimo texto de Vila-Matas que se acopla de maravilla a la cita destacada arriba

28.10.10

La Mancha de Goytisolo



En el bosque de las letras, sobre todo español, los premios compiten en número con los árboles; y tanto que, el ruido y murmullos que provocan, trastocan la razón primera por la que se pasta por entre sus veredas y troncos.

Sé apenas nada de la existencia del Premio Don Quijote de la Mancha, concedido este año a Juan Goytisolo y a la Gramática de la Lengua Española. Sin embargo, por haber leído a este último y a sus colegas encantados, me cuento entre los admiradores de Cervantes, su mundo y sus seguidores ubicuos e intemporales.

En hora buena esta distinción que nada añade a la obra de este barcelonés que "colecciona patrias". Sin embargo, por el nombre del premio, cargada de un símbolismo muy particular, celebro con sus muchos admiradores la gratísima conjunción de estos dos nombres. Nunca pudo haber calzado mejor este premio que al ser conferido a este caballero de escritura fina y largo alcance .

He aquí su discurso de agradecimiento; cervantino, sí, y no sólo por el tema.

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El Quijote interactivo, proyecto digital de la Biblioteca Nacional de España

8.7.10

Pipilotti Rist

El artículo empieza así: Decir que una exposición inspira buen rollo puede parecer poco serio, cierto, pero es lo primero que viene a la cabeza para definir la explosión de colores, sonidos y sensaciones de bienestar que provoca el trabajo de Pipilotti Rist (Grabs, Suiza, 1962), una de las mejores artistas de su generación.

Lo anota Catalina Serra, a propósito de los trabajos últimos de la artista suiza que se exponen en la Fundación Miro, en Barcelona, España.

Estas palabras son muy parecidas a las que escuchara decir hace poco al curador del Museum Langmatt, en cuyas instalaciones, en estos mismos días, y hasta noviembre, muestra la artista, igualmente, otra parte de sus últimos trabajos: Pipilotti Rist es una de las pocas artistas contemporáneas que no le tienen miedo a la belleza.

Algo tienen de cierto estas impresionadas palabras, parecidas a otras que se dejan escuchar aquí, allá y en otros tantos lugares, cuando se refieren a esta artista. Sin embargo, pese a la coincidencia, no dejan de ser raras, sobre todo en tiempos en los que su sóla mención, o la más leve presución de su existencia, levanta todo tipo de sospechas. La belleza, lo que se supone que ella denota o significa, nunca ha estado tan envuelta en malos entendidos como ahora. Sus peligrosas relaciones con el kitsch, el diseño y los productos de mercado autorizan la sospecha. Y tanto, que denostarla es todo un arte, omitirla una condición, transparentarla un grave error. Maltratarla, una carta de presentación.

Las imágenes trabajadas en video por los que fluyen colores y formas, si no sublimados, sí extrapolados, a veces dislocados o deslocalizados, sorprendentes siempre, con el murmullo y el sonido a cuestas, provocan alegría y estupor, sugieren recogimiento, con la mayor naturalidad, implican a quien se acerca, perturban a quien se detienen ante estos despliegues que nos recuerdan que lo bello, a pesar de todo y todas las razones, aún sigue siendo terrenal y podría redefinirse.
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Pipilotti Rist en el Museum Langmatt
Video en el Museum Langmatt
Video at MoMa

13.4.10

Joyeux anniversaire! Monsieur Le Clézio


Sería como intentar seguirle sus pasos. A él, que, nacido en Nizza, pero de alguna forma también en la Isla de Mauritius, lo vemos ya a los ocho años en en Camerún, a los 18 en Thailandia, donde hiciera su servicio militar, luego aquí y allá, más tarde, tierra adentro, conviviendo con una comunidad indígena, de Panama una vez, otra, con una de México. Cuando el anuncio del Premio, estuvo de paso en Japón, rumbo a New York.

Pues sí, nos es bastante difícil seguirle las huellas - y me refiero a las que va dejando en páginas por las que transitan multiples y desconocidos mundos que tienen la virtud de no ser exóticos o, mejor, puesto que su escritura está conectada directamente con la vida, vale destarcarla como anti-exótica. Hasta ahora son como 40 los textos que ha publicado, de los cuales, en nuestra lengua, como sucede también en las otras, se han traducido hasta ahora una tercera parte. Es decir que tenemos Le Clézio para largo.

Pero no dejemos escapar la fecha. Jean-Marie Le Clezio nació el 13 de abril de 1940. En este día, celebra el autor francés su septuagésimo aniversario. Lo recordamos con gusto, y, juntándonos al festejo, con gusto nos acercamos de nuevo a su prosa, a lo que tenemos más a mano, el discurso que pronunciara hace poco más de un año al recibir el Premio Nobel 2008 que le concediera la Academia Sueca. La versión francesa la dejo aquí. Su traducción castellana acá.

11.4.10

Robert Walser


No he leído el tomo de Walser en el que se detiene mi atención. He leído sí una buena parte sus libros (en alemán, su obra completa está publicada en 20 tomos, sin contar los seis de sus Microgramme y los tres tomos posteriores que juntas textos sobre su ciudad, Biel, su prosa y poesía, hasta hace poco desconocidos más sus textos sobre la navidad).

Hace años ya, desde antes que Editorial Siruela empezara a traducirlos y difundirlos exitosamente, tomé contacto con su mundo. Accedí a él en las ediciones de la vieja editorial Alfaguara, la de pastas plomo-celestes, anterior al Grupo Prisa; luego, como no, con gusto continuué leyéndolo en las ediciones de Siruela, finalmente, en su lengua original, en ediciones de Suhrkamp, su editorial en alemán.

En 1994, entrevisté al escritor suizo Hugo Lötscher (1929-2009). Al preguntarle sobre los autores que apreciaba y que aún le imprecionaban, no dudó en nombrar a Robert Walser, figura que entonces, hacen apenas dos décadas, poco decía al público lector pero erá ya para quienes conocían sus libros, el gran secreto suizo.

Entre tanto, traducida, vuelta a traducir con generosidad a varias lenguas, por ello, leída desde varias perspectivas y tradiciones, la obra de Robert Walser no ha dejado de expander su influencia y levantar admiraciones. No son numerosas las ediciones que se hacen de sus libros, sin embargo, son siempre constantes. Su fantasma es habitual en los suplementos de periódicos y revistas literarias. No se deja de traducirlo ni de leerlo. En sus libros hay una clave que nos conecta con la realidad que nos cobija, con el tono que mueve el mundo y apenas se deja percibir. Es un Pessoa inverso, un Pessoa sin mar que deja de lado la taberna y se pierde por el bosque.

María Negroni nos lo recuerda mejor en el comentario que publica ADNCultur, a propósito de los 100 años de la publicación de Jakob von Gunten, la tercera novela que escribiera este autor entrañable.

Un dato -puede que interese a alguién: desde el año pasado funciona en Berna el Centro Robert Walser. Es una fundación que guarda sus archivos y administra todo lo relacionado con el autor suizo, sus escritos y lo que se ha escrito sobre él, los derechos de publicación y la información posible alrededor de su vida y obra. También detenta los derechos de su biografo Carl Seling, sin cuyo libro de conversaciones, nos habríamos perdido de un material de lo más valioso para configurarnos el cosmos de walseriano (por cierto, publicado en castellano también por Siruela).

6.4.10

HOLALA

A propósito de palabras dispuestas visualmente, el pasado 17 de marzo, salió a remate el poema-collage, "HOLALA", de Herta Müller.
Apoyando una buena causa, la de la organización Human Rights Watch, este texto espaciado a pesar de sus medidas (10 x 15 cm), arrancó la puja sobre una base de 500 Euros. Al final pagarón por él 13000 Euros (estoy seguro que si lo hubiese rematado una de las dos casas más afamadas en jugar con el martillo, el costo del poema habría deslizado por lo menos un cero más a la derecha- nada le pide a los collages textiles de Tracey Emin).
Esto aparte, en este caso, me gustan los tipos dispuestos, las palabras tejidas amparadas en lo visual:
Holala, ni una vez
sabe la Frida lo que
el día toma de
ella hasta (que)
viene el pájaro
y maulla hasta (que)
viene la gata y canta
y de sopetón
espolvea la canela

(¿puede alguien ayudarme con la traducción? im Abwärtsstrudel me da complicaciones)

5.4.10

Jenny Holzer: una relectura


El noviembre pasado, hasta el 24 de enero de este año, en Basilea, fue posible apreciar los trabajos de Jenny Holzer (1950), una de las más destacadas artistas de la actualidad. La muestra se llevó a cabo en la Fondation Beyeler, en cuyos espacios se expusieron también sus pinturas, esculturas, y claro, sus LED-displayed, que entre su producción, son los que, dando continuidad a un proyecto iniciado decadas atrás, sobresalen y definen a la artista que, en 1990 ganara el León de Oro de la Bienal de Venecia - letras, tipos de letras múltiples, textos que son versos, que no son versos, que conforman frases, ingeniosas si alcanzamos a descifrar su sentido, si logramos embarcarnos en el juego, en el fuego entrecruzado de palpitantes luces que cambian y distraen y exasperan con su ritmo y hacen que, instintivamente, el ojo aparte la atención de la particularidad del soporte y centre su busca en el sentido de la frase, del pensamiento realzado con tanta luminosidad y velocidad.

Paralela a esta muestra se proyectaron en lugares públicos de Basilea y Zúrich, sobre fachadas de edificios, textos de la poeta polaca, premio Nobel, Wisawa Szymborska - los texto que pude ver, al menos en Zúrich, bajo el cielo invernal traían ciertamente algo de luz pero, eso justamente, sólo los ví, no los pude leer - o quiza, a causa del formato, me negue a leerlos.

He recordado a esta artista y sus trabajos a propósito de un texto interesantantísimo sobre este arte ponderado y aplaudido por doquier aparecido en el Times de Londrés y traducido con premura por ADNCultur en su edición última.

25.2.10

Bloomsbury

En el tren que nos lleva desde el aeropuerto de Heathrow hasta Russell Square veo a una chica hipnotizada por las páginas de un libro. Me sorprende pero no demasiado pues he alcanzado a reconocer la portada que muestra su título y el nombre del autor: se trata de la versión inglesa –hermosa– de „Los hombres que no amaban a las mujeres“ de Stieg Larsson. Me alegra haberla descubierto en ese gesto. Ella es para mí una desconocida total, un planeta de otra galaxia, pero sé, sin que ella lo sospeche una millonésima de segundo siquiera, que esta noche y los próximos días no podrá dormir del todo tranquila; no al menos hasta terminar la lectura de ese libro y los dos que conforman la Trilogía Millennium (pobre, quizá no sabe aún que para leer el tercer tomo „La reina en el palacio de las corrientes de aire“ deberá esperar hasta mayo 2010 – cosa extraña en lengua inglesa, esta vez desfazada con lo sucedido en la francesa, italiana, alemana, española y la larga lista de idiomas por los que se han desparramado ya, completamente, las vidas y milagros de Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist).

A la salida de la estación de Russell Square nos aguarda una garúa. Es leve, desistimos de los paraguas y nos enrumbamos por Marchmont Street hasta nuestro hotel, el Harlingford, a sólo 300 metros de donde acabamos de salir. Sé que estamos en el barrio que hiciera célebre Virginia Woolf a inicios del siglo pasado, el Bloomsbury, el mismo que diera nombre al grupo que ella, su hermana, otros intelectuales y artistas conformaran para sortear los pesados modos victorianos, para repensar y replantear las prácticas literarias y artísticas. Sé de antemano que parte importante de ese grupo fue John Maynar Keynes, economista (como pocos, atravezado, a lo mejor iluminado, por los discursos literarios y artísticos, por regla común, ajenos, o más bien opuestos a los profesionales de esta ciencia social de la que, sin mucho optimismo, también formo parte). Y se nos fue la tarde y la noche.


Pero hoy, luego de la visita obligada a la Tate modern (eso es otra historia) y el devaneo encantado por calles y buses, por negocios y la red subterranéa de trenes, regresamos de nuevo al hotel, a paso distraído, a pesar de la garúa. En el camino hemos pescado dos direcciones, sorpresas, sobre todo la una, que nos recuerda a la canción cantada por el Jefe, Daniel Santos „La escuela de la vida“.


Pues sí, sin que mujer o yo nos hubiésemos propuesto, „The School of Life“, ese interesantísimo proyecto desarrollado por Alain de Botton, imitado con razón en Zúrich por la gente del Magazin del Tagesanzeiger y el teatro Neuemarkt, comentado con detalle en las páginas del semanario „Die Zeit“, y hace poco en las de El País, está ubicado casí al frente de nuestro hotel, a 50 metros. Hemos pasado para visitarlo (a las 18.30) pero no pudimos ingresar pues el horario al público va hasta las 18.00 horas (pero dentro, en los salone de atrás, había actividad, se estaba llevando a cabo el seminario „How to make love last“). Pues ni modo, cambiamos de vereda y probamos a encontrar mesa en el restaurant que queda al frente, el Balfour. A mitad de la cena, al solicitar algo más de pan para las salsas, el mesero me responde en castellano; pactada en un segundo la confianza que da lengua, me pregunta que de donde vengo. Él es de origen italiano pero criado en Bogota a donde piensa regresar en tres o cuatro años. Al despedirnos le digo que volveremos mañana, a la hora del té o, mejor dicho, del tintico.

Salimos, ha escampado, pero no sabemos por cuanto tiempo. Antes de regresar de nuevo al hotel, caminamos tres cuadras, hasta Gordon Square, en busca del número 46. Es ya de noche, el parque que queda al frente apenas se deja distinguir. La llovizna vuelve. Sí, esa es la casa, el 46 de Gordon Square, donde vivieran por un tiempo Virginia Woolf y su hermana Vanessa Bell, donde, luego de comprarla, se pasara allí a vivir, hasta su muerte John Maynar Keynes, el economista cuyas teorías, si bien con las adaptaciones que exigen los tiempos necesariamente, estan de vuelta y sirven de apoyo, nuevamente, a la investigación económica – al menos para el corto plazo. Para el largo plazo, como él lo díria, no importa mucho pues todos estaremos muertos. YA volveremos por acá con la luz del día, digo a mujer y retomamos nuestros pasos rumbo al hotel.


P.S. En la sección deportiva de The Guardian de este día 24, viene una foto gigante de un efusivo Wayne Rooney extiendo sus brazos para abrazar a su colega Antonio Valencia, quien le agilitara el pase para el el primer gol del 3 a cero que propiciara al West Ham

24.2.10

Nieve

No pude hacer una gravación aceptable de la nieve, del deslizamiento sobre la nieve bajo un sol radiante, pero al menos, en el intento, no me fui contra el planeta



13.2.10

Rever Bolaño


Acaba de aparecer la versión inglesa del libro de relatos de Roberto Bolaño "La literatura nazi en America", publicado en lengua española hacia 1996. En The Guardian, Alberto Manguel comenta el libro, y va más alla –para algunos, por lo que allí se anota, podrá incluso considerarse un sacrilegio: intenta situar con objetividad la literatura y estatura del autor chileno.

A Manguel, lector, de los que casi desaparen del todo, no hay como dejarlo de lado. Vale la pena tomar en cuenta su comentario, por la literatura en sí, por Bolaño, cuyos libros corren el riesgo de, podría decirse, leerse mal.

Cioran, refiriéndose a los libros de Borges luego de su muerte dijo algo así (cito de memoria): que desgracia, sus libros se lean hasta en las universidades: ese destino no lo deseo ni al peor de mis enemigos!

10.2.10

Tomás Eloy Martínez


La noticia de su muerte hizo que muchos de sus lectores lo volvieramos a pensar, esta vez de otra manera.

En el entorno en el que inicié mis lecturas su nombre no nos fue conocido sino hasta después de la publicación de Santa Evita, cuyo éxito nos posibilitó el acercamiento a sus libros anteriores y, desde entonces, a sus artículos y crónicas periodísticas, ensayos y comentarios sobre política, literatura y autores. Guíados por su prosa empezamos a conocerlo mejor y, por ello, poner a prueba nuestra percepción de la lectura, de los límites entre periodismo y creación. No nos ha sido difícil encontrarlo: bien en las páginas de La Nación (AR), El País (ES) o en las de El Espectador (CO), para citar solo a tres de los periódicos que reproducían sus textos habitualmente.

Al autor argentino nos será difícil volverlo mero recuerdo. Por la agudeza de sus observaciones y la forma como las presentó deberemos volver a sus tus textos - en ellos hay una enseñanza que los tiempos demandan.

Por su importancia, su muerte ha puesto en movimiento a casi todas las redacciones de los periódicos y revistas serias –mucho más allá de la lengua castellana–. Radar de Página 12, periódico entrañable al escritor, nos trae en su última edición un homenaje en tres textos que, si no los han leído ya, vale la pena hacerlo (uno, entrañable, lo firma Juan Forn, quien, de paso, nos pone al tanto de las etapas que atravezó la escritura, negociación, edición y publicación, de Santa Evita).
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Aquí la edicción que le dedica ADNCultura

27.1.10

Le Corbusier

Le Corbusier es una referencia constante en la cuotidianidad de quienes vivimos en Suiza. Conciente o inconcientemente. No sólo porque sus ideas, representadas en formas, ambientes, muebles y paisajes se dejen ver y percibir en la arquitectura, los espacios públicos, atmósferas de interiores y una serie de objetos por él diseñados. Con naturalidad ganada, a casi medio siglo de su muerte, las ideas y propuestas nada convencionales que impulsó en su tiempo, forman parte hoy de eso que comunmente identificamos como moderno, constantemente moderno.


Charles Edouard Jeanneret (1887-1965), que es el nombre con el que fue inscrito al nacer en La Chaux-de-Fonds, en la Suiza de habla francesa, tiene presencia empedernida en su país por otras razones. El es medio de intercambio. Las 24 horas del día él va de mano en mano y, por el valor que porta, es uno de los que más circula. La serie actual de billetes del franco suizo es así: 10, 20, 50, 100, 200 y 1000 francos. Le Corbusier da valor simbólico al billete de SFr. 10.00

No sabemos cuanta vigencia logre en el tiempo la figura de Le Corbusier. La de sus ideas, al ser acogidas de a poco por la normalidad, si no ha sucedido ya, terminaran fundiéndose al torrente anónimo de creatividad humana. En todo caso a su valor simbólico en el billete de SFr. 10.00 no le queda mucha vida - sólo un par de años más. El Banco Central Suizo (SNB), como lo hace cada 15 años, ha puesto ya en marcha un plan para renovar la serie de billetes actuales que honra a unos pocos de sus mejores valores - con precios simbólicos:

En el de Sfr. 20, a Arthur Honegger (1982-1955) uno de los más destacados compositores suizos.
En el de Sfr. 50, a Sophie Taeuber-Arp (1889-1943), artista abstracta cuya obra, si no conocida por el gran público, ha sido y es emprescindible entre los especialistas (fue esposa de Jean Arp).
El de SFr. 100 es en sí otra institución: Alberto Giacometti (1901-1966), pintor, escultor que, en términos artísticos a escala mundial, mucho dice a quienes vinieron después y pudieron, podemos apreciar su obra.
El de SFr. 200 está dedicado al poeta de habla francesa
Charles Ferdinand Ramuz (1878-1947). No son más que cinco años quiza que su obra fue publicada en esa colección francesa esclusivísima que es La Pléiade, catálogo reservado a los imprescindibles de la literatura mundial (fue el primer autor suizo en aparecer en esas ediciones).
El de SFr. 1000, el más caro, es para
Jacob Burckhardt (1818-1887), historiador, quiza el más importante entre los modernos pues fue él quien nos recuperó el Renacimiento Italiano con los parámetros que hasta ahora utilizamos - en todo Occidente.

Cada billete contiene en filigrana un microtexto que alude a la figura representada. En el de SFr. 10 vienen estas palabras: Le Corbusier, arquitecto, urbanista, pintor y teórico, ha aplicado ideas visionarias y revolucionarias a la construcción y el urbanismo.

¿Y por qué es que de pronto me he puesto a recordar cosas relacionadas con este personaje suizo que luego fuera también francés y muriera en Mónaco? A propósito de una muestra que, en colaboración con el Centre Le Corbusier de Zúrich, se hace de sus trabajos en Punta del este, Uruguay, y que ADN Cultura, que es donde me informo del evento, reseña detenidamente.

Junto a esa crónica informativa, viene una pequeña, El poeta de la aqrquitectura, a la que acompañan un par de fotos. Una es de la casa que él diseñara en Zúrich, junto al lago, sitio de peregrinación imprescindible con las visitas que se interesan en la arquitectura o, sencillamente, en la capacidad creativa del ser humano.

14.7.09

Mark Twain en Hartford


La casona tiene una hermosa vista. En el tiempo que la habitó la bordeaba el río de Connecticut. Esas aguas se desviaron alguna vez y riegan en la actualidad otras orillas. En lo que fuera antes un tramo del río, estan dispuestos ahora los parqueaderos de la casa-museo. La terraza es espaciosa y se abre al sol de la tarde. Dentro ya, la luz es tenue y forja a imaginar los tiempos en que viviera aquí, en Hardfort, hace mas de 100 años Samuel Langhorne Clemens, Mark Twain, el muchacho feliz de las historias que corren por el Mississippi.

Recorremos las habitaciones, nos detenemos junto a las ventanas y los objetos que nos llevan hacia esas épocas en que Samuel L. Clemens viviera y escribiera en esta atmósfera, nos detenemos en los estantes de libros y pasamos revista a los títulos, y estando en esas, mientras observo con interés los sillones que reposan junto a las ventanas, como si nada, mi hijo me susurra al oído un comentario al que debo responder, para mi sorpresa, afirmativamente, me dice si no me ha cobijado ya una brazada de envidia ante ese espacio dispuesto para la vida en lectura.





"El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hay sol y nos lo exige cuando empieza a llover."

"Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar."

"De todas las cosas que he perdido la que más extraño es mi cordura."

1.7.09

Los 100 años de Juan Carlos Onetti

Dos fotos que nos muestran al escritor en diferentes momentos, en cada una aparece con la misma expresión, con ese gesto que de alguna forma nos sugirió años atrás a volcarnos en sus libros, en su mundo, su Santa María y los autores que a él lo habitaron - Faulkner en primera línea, luego Arlt y Céline, Grahan Greene, Navokov, Joyce y una lista que empata con otros nombres del mismo barrio.
Las fotos las he tomado de los dos diarios en alemán que he revisado este día y traen sesudos artículos dedicados al escritor uruguayo y su obra. No en vano, su editor en alemán, Suhrkamp, saca en homenaje a su centenario, un libro temprano que en lengua germana ha permanecido inédito hasta el momento, "Für diese Nacht"(Para esta noche, 1942).

Aquí lo que nos recuerda el diario español El País sobre el autor uruguayo. Y aquí, Página 12 de Argentina





Die NZZ sobre Onetti
Die FAZ sobre Onetti







Y a propósito de las fotos, unos fragmentos en los que autor se acerca a su imagen. Autoretrato, que viene a continuación, encabeza Requien por Faulkner y otros artículos, arca/calicanto, 1975. De este mismo volumen copio líneas abajo algunas anotaciones fijadas en el libro en la parte IV. Entevistas (1966-1975), bajo el título La literatura: ida y vuelta.
El Decálogo más uno lo he tomado de una página dedicada al autor uruguayo bastante completa y, para mi sorpresa, bilingüe, en castellano y alemán.

Autoretrato
Montevideo, 5 de enero de 1970

En algún papel leí, hace años, que el infierno estaba minuciosamente conformado por los ojos ocupados en mirarnos. La frase, entonces, no era de Borges ni de Sábato ni de Sartre ni mía. [...]
En cuanto a mí, hace años que aprendí el arte de afeitarme al tacto, para evitar la opinión del espejo, para acudir al trabajo sin el peso de otra depresión.
Es que mi imagen – ustedes me lo muestran – avanza, desde hace tiempo, separada de mí.
Mientras yo permanezco adolescente, calmo, interesado en lo que importa, bondadoso y humilde por indiferencia y por la asombrosa seguridad de que no hay respuestas, ella, mi cara, ha envejecido, se ha puesto amarga y tal vez esté contando o invente historias que no son mías sino de ella. [...]
Claro está que no reniego de mi cara; y los lazos sanguíneos y legales que nos unen me obligaran siempre a salir en su defensa, con justicia o no. [...]


La literatura: ida y vuelta.

Creo que toda la gente tiene una zona de pureza. A veces, se le murió para siempre. A veces, misteriosamente, renace.

La gran mayoría de nuestros escritores trata de alcanzar el triunfo. Y a esto se llega de manera incidental y nunca deliberada. Si alcanzamos el exito nunca seremos artistas plenamente. El destino del artista es vivir una vida imperfecta: el triunfo, como un episodio; el fracaso, como verdadero y supremo fin.

Sólo la pereza me ha impedido scribi más o mejor.

Mi obra sería infinitamente más amplia y rica si yo me sintiera capaz de someterme a una disciplina. Pero no puedo.

El que pretenda dirigirse a la humanidad o es un tramposo o está equivocado. La pretendida comunicación se cumple o no; el autor no es responsabile, ella se da o no por añadidura. El que quiera enviar un mensaje —como se ha reiterado ya tantas veces que encargue esta tarea a una mensajería.

Escribir bien no e salgo que el auténtico escritor se propone. Le es tan inevitabile como su cara y su conducta. [...]

Prefiero La vida breve. Es la que tiene más pretensiones de profundidad y la que rinde más derechos de autor.

La literatura jamás debe ser « comprometida ». Simplemente debe ser buena literatura. La mía sólo está comprometida conmigo mismo. Que no me guste que exista la pobreza es un problema aparte.


Decálogo más uno, para escritores principiantes

I. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.
II. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.
III. No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.
IV. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.
V. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.
VI. No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.
VII. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.
VIII. No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?
IX. No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.
X. Mientan siempre.
XI. No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer."

10.4.09

Fanesca

El Diccionario de la lengua española, en la definición que brinda de este término, subrayado como ecuatorianismo e inexistente en las demás latitudes del idioma, pues sencillamente, aparte de los ecuatorianos, nadie más en el continente tiene un plato de tales características, anota con parquedad lo siguiente: 

Guiso que se toma especialmente en Viernes Santo, consiste en pescado, granos tiernos, leche y huevo, acompañado de plátano frito y otros aderezos.

Cada ecuatoriano o persona de otra nacionalidad que vive o ha vivido en el Ecuador o, al ritmo de los tiempos, fronteras para afuera, convive o convivido con ecuatorianos por un par de años o más, encontrará muy pobres las palabras dedicadas a este plato de los ecuatorianos*. 

Sin embargo la definición da una pista de lo qué es la fanesca –una comida–, pero, lamentablemente, poco nos dice de lo qué es en verdad en términos culinarios y nada nos cuenta de su significado social –ni de su poder metafórico, regado por doquier en las conversaciones entre ecuatorianos–. Sí, es una comida, pero no un menú más. Se lo come no sólo en Viernes Santo sino, dependiendo, en alguno de los días de esa semana – al menos en los restaurantes que la ofrecen. Entre la causas varias para que así sea, hay una que mucho importa: los granos tiernos que se utilizan en su preparación, sembrados a inicios de octubre, se ponen a punto sólo en estos días.

Este menú es un ritual en la mesa ecuatoriana; en la del pobre y en la del rico, en la de los que crecieron con el calor o el espanto de la familia, en la de los que cultivan aún el entorno familiar  y en la de aquellos que, por destino o elección, la comen en el restaurant solos o en compañía de amigos. La fanesca es una síntesis de la geografía ecuatoriana y de su historia. Los ingredientes que se utilizan en su preparación vienen de la Sierra, Costa y Oriente ecuatorianos. 

"Los pueblos se alimenta de lo que tienen. Las viandas que elaboran, además de sus jugos nutritivos, descubren su modo de vivir, su apreciación del paisaje y los antecedentes que han configurado su espíritu" anota el poeta Julio Pazos, en la introducción a su inolvidable libro Recetas criollas, cocinemos lo nuestro (Quito, 1991). Es de este texto, publicado en la colección Biblioteca Ecuatoriana de la Familia, de donde copio la receta que viene a continuación (un poema, en verdad). 

FANESCA
20 ó 25 porciones
1/2 lb. de choclo tierno cocinado con pisca de sal y escurrido
1/2 lb. de mote pelado
1 lb. de alverja cocinada sin sal y escurrida
1 lb. de lenteja cocinada sin sal y escurrida
1/2 lb. de fréjol blanco, tierno, cocinado sin sal y sin escurrir
1/2 lb. de fréjol rojo, tierno cocinado sin sal, escurrido
1 taza de arroz cocinado
1 lb. de habas tiernas cocinadas sin sal y escurridas
1 lb. de chochos pelados
4 tazas de sambo, picado en cuadraditos, muy cocinado en abundante agua, sin escurrir.
1/2 lb. de mellocos cocinados sin sal y escurridos.

Para sazonar

2 lbs. de pescado seco salado, remojado en agua durante cinco o seis horas y escurrido
1 lb. de cebolla blanco picada finamente
1 taza de ajo molido finamente con algo de comino
Mitad de un ají sin semilla
1/2 taza de aceite
1/2 lb. de mantequilla
Un poco de achiote
Sal al gusto
1/2 cucharada de azúcar
1 taza de maní tostado y molido con leche
1/2 taza de crema de leche sin batir
4 yemas de huevo

Para cocinar:

dos litros de leche

Para adornar: 

1 taza de perejil picado
1 taza de pimiento rojo picado en pluma
1 taza de pimiento verde picado en pluma
1 queso de comida, rallado
3 plátanos maduros fritos y cortados en finas rodajas
Frituras de harina con leche, sal y huevo
2 huevos duros cortados en rodajas
1/2 lb. de pescado que se retiró antes de incorporar los ingredientes.

1. En una cacerola de hierro enlozado haz el refrito con aceite, mantequilla achiote, cebolla, ajo molido con comino, ají; agrega el pescado cortado en trozos hasta que se pase en el refrito; aparta una porción de pescado con leche; agrega el maní molido y la mitad del perejil. Deja hervir la mezcla hasta cuando la leche tome el sabor del pescado.
2. Incorpora el zambo y el zapallo. Deja hervir. Paulatinamente se agregan todos los granos. Si la mezcla resulta muy espesa se aumenta leche hasta lograr la consistencia que deseas.
3. Corrige el sabor de la fanesca con la sal.
4. En el último momento, antes de servir, añade cuatro yemas batidas, la crema y la media cucharada de azúcar.
5. Sirve en plato hondo y grande; una vez puesta la fanesca en el plato adórnala con pequeñas porciones de frituras, plátano, pescado desmenuzado, picadura de pimiento rojo y verde, queso, rodajas de huevo duro y perejil.

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*Del profesor Segundo E. Moreno Yánez, un texto muy informativo sobre este plato, el origen de su nombre y la primera mención que se hace del término hacia 1815.

14.3.09

Tres. El tríptico en la modernidad

Un Retablo clásico da la bienvenida al visitante. Diminuto en ese contexto, es sin embargo la reliquia que mejor introduce al visitante en el tema de la muestra y lo previene sobre lo que va a ver: trabajos de artistas modernos y contemporáneos, descreídos todos, que nada tienen que ver con la religión y sus dominios pero que, en la construcción de su obra, en algún momento de su trayecto, hicieron uso de ese formato eminentemente cristiano y litúrgico, el tríptico – que es y no es el retablo, nombre con el que suele trocarse; que es y tampoco es el altar, a pesar de la mutua proyección que mantienen entre sí.

En la historia del arte, el tríptico es una píntura, gravado o relieve compuesto de tres partes u hojas donde las dos laterales se doblan sobre la del centro. Una particularidad lo distingue de cualquier otra representación, digamos, un díptico, políptico, friso o serie: en el tríptico, la hoja central domina sobre las laterales y otorga a lo representado una cierta dignidad. A las obras de arte clásico que utilzan este formato, no es posible acceder, como en la lectura, de izquierda a derecha o visceversa: no, la mirada primera del observador al abordar un tríptico recae sobre la hoja central y sólo a partir de ese contacto, en donde el observador reconoce el acceso y procede consecuentemente, la dirijirá a diestra o siniestra en busca de las pautas que mejor le expliquen el conjunto abordado.

Las razones para que el observador proceda de esa manera, instintivamente, ante el tríptico se remontan al pasado (Jakob Burckhardt nos lo cuenta detalladamente en „Das Altarbild“, en el tomo VI de sus obras completas, Verlag C.H.Beck, 2000), y son mucho más antiguas que la tradición cristiana; sin embargo, son sus ritos a lo largo de la historia los que despliegan las posibilidades de este modo expresivo y, entendiblemente, la vuelven dependiente de ella. La „santísima trinidad“ enuncia ya el tema, y, entre otros móviles semejantes, las maneras de construir iglesias en la antigüedad, con altares mayores y naves, principales y paralelas en cuya sóla disposición estaba ya significado el programa del cristianismo, jeráquico en su relación con la espiritualidad y humildad que pretendía fomentar.

Medido al ojo, el retablo de maderas azules que da la bienvenida al visitante, se corresponde con las medidas que le caracterizaron entre los viajeros de la edad media, 32 por 26 cm. Por los colores, el motivo y las formas, podría ser uno de los altares portátiles que llegaron a América con los aventureros españoles. En la América Andina este formato expresivo viviría su apogeo en los siglos XVIII, XIX y en la primera mitad del siglo XX – en el Ecuador, son sus ejecutores los artesanos que conforman la Escuela Quiteña; en el Perú, los del Cuzco y, sobre todo, los artesanos de Ayacucho, que también son los que mejor han sabido cultivar este arte, a estas alturas también por alla, con una blanda sombra cristiana.

A la vera del diminuto y festivo retablo llama la atención un „altar gótico“ belicoso, de Niki de Saint Phalle, Tir (Schiessbild) de 1970, trenzado con pistolas y otras armas a las que les cubre una capa de “pan de oro“ (llamará la atención esta obra a quienes conozcan la obra de esta artista a la que se relaciona con las graciosas y coloridas esculturas que se dejan ver en plazas, parques y estaciones de varias ciudades europeas). En este mismo espacio, un imponente panel de Katharina Sieverding, Steigbild X, tres fotografías inmensas, complementan y alteran la forma de un craneo de vaporoso rojo. La obra y los nombres de los artistas que empiezan a mostrarse en las salas siguientes son numerosos y, después de verlos y repasarlos en conjunto mentalmente, vale utilizar el término, sorprendentes: Otto Dix (este museo es el que preserva la mayor colección en el mundo de sus obras), Oskar Kokoschka, Max Beckmann, Francis Bacon, Jonathan Meese, Ricarda Roggan, Antoni Tàpies, Franz Gertsch, Jürgen Klauke, Neo Rauch, Bjørn Melhus tanto como Gerhard Richter, Robert Longo, Bill Viola o el mismísimo Damien Hirst entre otros tantos.

No es una novedad que el tríptico como formato, al menos en Europa, haya sobrevivido a la revolución francesa y las redes tejidas por por la „Aufklärung“ a partir del siglo XVIII. Su dependencia y procedencia cristiana, no impidió que artistas modernos-clásicos y modernos, como Max Beckmann y Francis Bacon hayan frecuentado, ampliado y alterado sus posibilidades hasta volverlo casi un género aparte. Es por ello llamativa su relación con los artistas modernos y contemporáneos (en la pintura de Tapies y Richter, en los videos de Mehlus y Bill Viola, en los objetos de Damien Hirst).
Pero aquí sucede un cambio. Sus trípticos se dejan ver de otra forma. La definición clásica que hasta ahora hemos venido utilizando, de pronto, ha quedado en suspenso, o, mejor dicho, funciona aún pero sólo en parte. El mecanismo perceptivo del observador, mientras mira y analiza, se permite otros movimientos, se da cuenta que la jerarquía en algunas composiciones ha sido aniquilada, quizá propositivamente, quizá porque el artísta refleja de esa manera el pulso de los tiempos. „Altares sin dios“, es lo que va viendo, formatos sobre los que parece haberse operado una cirugía que une contrapuestos, por un lado, la del formato como expresión rescatable de un arte que ya no va más, que cronológicamente, nada tendría que ver con la modernidad-clásica y la modernidad-contemporánea y, por otro lado, la de la radicalidad de las propuestas contemporáneas que „sensiblemente“ han sabido apropiarse con sus métodos de algo que en primera instancia habría parecido lejano a su incumbencia.

Esta exposición tiene lugar en el Kunstmuseum de Sttutgart. Se inauguró el pasado 7 de febrero, y se la puede visitar hasta el 14 de junio de 2009

20.2.09

Que tan lejos II

Ayer por la noche, para dirigirme a la casa de un amigo mexicano que ofreció una fiesta por su cumpleaños, debí caminar por una ruta que está en el centro de la pequeña Zúrich pero no en la que habitualmente sigo por mis días. Desembarqué del tren que me trae a Zúrich desde Horgen en la estación de Wiedikon y tomé la salida norte, por la que hay que caminar un buen trecho hasta conectar con la vía de buses; estaba de buen ánimo, con grata soledad a mi alrededor y silenciosa nieve que apenas registraba el paso de mis pasos, iba escuchando en mis audífonos, por segunda vez, un Podcast en el que habla un teórico y curador de arte contemporáneo cuyos trabajos y desplazamientos sigo con la atención que me es posible brindarle. Cuauhtemoc Medina es su nombre y, por lo que tengo entendido, en el entorno de lengua castellana y en el continente americano, sus conocimientos y sus reflexiones sobre este campo son de alguna manera pioneros y, a quien lo dude, puede comprobarlo al repasar parte de su actividad o, al vuelo, al escuchar sus palabras en el registro auditivo de marras – que está a disposición en la página web de Letras libres y forma parte de la edición de febrero dedicada en gran parte a la percepción del arte contemporáneo en América del sur. Hay en este fascículo materiales variados y muy ricos que abordan a este ogro de terciopelo y mil formas llamado arte contemporáneo a los que vale la pena echarles más que un ojo.

Mientras esperaba al bus 31 que debía tomar para recorrer las dos paradas que aún me aguardaban, debí apagar el podcats para repasar con sorpresa los carteles publicitarios del Cine que está a la vera de esa parada de buses, el Uto, probablemente el más antiguo de la ciudad y el que, como si se tratará de un eslabón final, muestra las sesiones últimas de los films que han sido ya exhibidos antes en las salas convencionales de la ciudad. Las paredes y las ventanas de promoción del cine publicitan en gran formato afiches de "Qué tan lejos", el film ecuatoriano que iniciara su exhibición el pasado noviembre y se ha mantenido en cartelera por más de tres meses.

En casa del amigo mexicano me encontré con conocidos y amigos que veo con cierta regularidad pero también con algunos que volvía a ver pasados algunos años; entre trago y conversa, risotadas y coqueteo, conocí a personas simpáticas, suizos y latinos del centro y sur del continente. Cuatro de ellos, al enterarse de mi procedencia, no dudaron en referirme inmediatamente su experiencia con la película de Tania Hermida. Un español sorprendido por la diversidad que el Ecuador muestra en la cinta, inimaginable para él hasta antes de ver el film; un suizo, agradecido por la historia y sorprendido por el paisaje que la cinta permite ver me cuenta que ha organizado sus próximas vacaciones para pasarlas en el Ecuador pues la cinta, si bien es ficción, da cuenta metafóricamente de algo que existe en la realidad.

Al despedirme de la fiesta y rehacer el camino de vuelta a casa pude repasar mis conversaciones y el salto dado por mis pensamientos y mis palabras, entre el arte contemporáneo, México, las palabras de Medina y los comentarios que venía de escuchar y atizar sobre el film ecuatoriano. Hoy he intentado compartirlos y sobre todo, puesto que por allí va el tema, acercarles otras palabras al repecto, tan elocuentes como equilibradas, que las escribiera Fernando Iwasaki en noviembre de 2006 y, si no me las hubiese alcanzado él mismo hace un par de semanas, las habría pasado por alto. Cito un fragmento del texto publicado en ABC de España donde el novelista peruano nos refiere su experiencia con el film: 
 
" ... en unos multicines de Quito he descubierto una película maravillosa, tanto por su guión como por su impecable factura. Me refiero a «Qué tan lejos» de la cineasta ecuatoriana Tania Hermida (1968). Hace años que no veía una película tan original y divertida, que no renuncia a ser crítica y debeladora.

«Qué tan lejos» no deja títere con cabeza, pues con humor e inteligencia Tania Hermida ridiculiza el machismo latino, la historia nacional, las tradiciones culturales, el populismo político y sobre todo las relaciones con España en puntos tan sensibles como la inmigración, el choque cultural y la herencia colonial. ¿Y cómo lo consigue? A través del encuentro casual de dos chicas: una universitaria ecuatoriana progre que quiere impedir la boda de su novio pijo y una progre mochilera catalana (hija de emigrantes andaluces) a quien todo le parece «guay» y todo el tiempo «flipa» porque Ecuador se le antoja un país «demasiado». ..."

1.2.09

El atlas de Borges

La Nación de Argentina publicó en días pasados dos artículos sobre El atlas de Borges, una exposición que se muestra en estos días en Ginebra, hasta el 12 de febrero. 130 fotografías que dejan ver a Jorge Luis Borges en diferentes puntos del planeta hechas casi todas por su viuda, María Kodama.
Los artículos que dan cuenta de esta muestra, firmados por Susana Reinoso, son elocuentes. El primero nos informa de la exposición en sí y el acto de inauguración llevado a cabo el pasado 15 de enero; en el segundo, paseamos con María Kodama por las calles de Ginebra, la ciudad en la que Borges hiciera sus estudios secundarios y eligiera para morir y ser enterrado. Dijo de ella alguna vez: "De todas las ciudades del planeta, de las diversas e íntimas patrias que el hombre ha buscado y merecido en el decurso de los viajes, Ginebra me parece la más propicia a la felicidad".

La lectura de estas notas me animaron a ir a Ginebra, a visitar la muestra L’Atlas de Borges en la UNI-Dufour, en la rue du Général Dufour 24.

No sé si recuerdo o sólo imagino haber visto hace muchos años una edición con estas fotos y textos de Borges. Algunas imágenes me son conocidas —quizá las ví en el libro que sirve a la muestra de base o, muy probablemente, en algún anuncio de prensa que las hiciera públicas hace algún tiempo, a propósito de esta misma muestra, expuesta en otros lugares. El espectador se percata inmediatamente que estos materiales no son profesionales pero que ese detalle apenas importa; a cambio, las imágenes dejan ver al curioso a un Borges contemplativo y central, risueño y, de alguna forma, por la influencia siempre presente de sus textos, reencontrado en sitios de conocida u olvidada trascendencia. Extraña impresión del espectador: la sóla presencia del anciano en cada uno de estos lugares, nos los deja apreciar de otra forma, como si volviese
verosímil la historia que guardan y los dotara por un congelado instante de dimensión actual, perceptible y tendiendo puentes con el presente. Creta es otra cuando vemos a Borges desceder por las escaleras de unas ruinas que nos recuerdan al Minotauro; o en, Izumo, ver su mano posada sobre antiguos carácteres japoneses –canji– cuyo contenido ni siquiera sospechamos pero, luego de ese gesto, por abuso de confianza, lo suponemos de nuestra incumbencia y le dotamos de n sentido secreto; ver al amable anciano inquisitivo ante las pirámides de Egipto; verlo converesar en Santiago de Compostela con Gonzalo Torrente Ballester y en Mexico con —quiero así creerlo— Juan José Arreola, o verlo posar a la entrada de Estambul, junto a una placa de saludo a los turistas, que nos recuerda a la antigua Constantinopla que transcurre por uno de sus cuentos.
Abandoné la muestra con las manos vacías, sin recuerdo material alguno que llevar (suelo coleccionar billetes, impresos, informaciones que hablan de los eventos visitados). No pude adquirir el libro que supuse estaría a disposición del público porque la edición española está agotada desde hace algunos años (deduzco por un artículo de prensa en la web, que hay una edición argentino; indagando luego con mi librero, me entero que está agotada también la versión francesa pero que Gallimard prepara una reedición para esta primavera).

Algo que llamó mi atención: en el hall donde se exponen estas fotos, junto al restaurante universitario —la entrada es gratuita—, no había quien diera cuenta de nada. Salvo un afiche que indica que la muestra está organizada por el gobierno argentino y la Fundación J.L.Borges, colocado junto al aparato de video paralizado, no había ni catálogo, afiches o información impresa alguna que informe al visitante sobre la muestra o su itinerario transnacional — iniciado en Mendoza, Argentina, expuesta luego en Madrid y París, luego de Ginebra, pasará luego a Berlín y Munich, antes de cerrar el recorrido en Frankfurt, donde su exposición coincidirá con la Feria del libro en el próximo octubre, la Frankfurt Messe, que tiene este año como país invitado a la Argentina.
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El atlas de Borges, fotos varias
Daniel Molina sobre Atlas

24.1.09

En un país remoto

1
La edición del pasado 10 de enero del Frankfurter Allgemeine Zeitung, tiene en su abultado número de fín de semana, una página entera dedicada al Ecuador. El texto lo firma Paul Ingendaay, corresponsal en España del diario alemán, y está ilustrado con la imagen de una pastora en los páramos chimboracenses captada por Erich Lawie — que sigue a estas líneas.El texto es una crónica literaria y está impreso en la contraportada de la sección cultural del diario (p. 36), el Feuilleton, las páginas donde este periódico documenta las manifestaciones culturales posibles de dentro y fuera del entorno alemán o, continuadamente, anima las polémicas y discuciones que inspiran la actividades artísticas e intelectuales en sus amplios espectros.

Pues sí, para mi sorpresa, el entorno ecuatorial del que provengo, era esta vez abordado de nuevo pero no en la sección de noticias de política y economía internacional o en la de viajes, que son las páginas habituales dónde, por la naturaleza de sus abruptos pérfiles históricos, organizativos y geográficos, suelen publicarse con alguna frecuencia notas y artículos que guían la atención del lector alemán o centro europeo hacia el Ecuador — con poca comprensión y ninguna paciencia para su política y su economía, con verdadero interés por su geografía: a Galápagos, reiteradamente, a la avenida de los volcanes en la sierra ecuatorial o a su selva amazónica, con menor frecuencia.

En un país remoto, se titula la crónica de Herr Ingendaay y está relacionada con la Feria internacional de la cultura y el libro llevada a cabo en las ciudades de Quito y Guayaquil a finales de noviembre de 2008, a la que asistiera en calidad de invitado. Por la prensa y blogs ecuatorianos estaba al tanto de estas jornadas que, si no me equivoco, tenían, y tienen, entre sus objetivos, insuflar energía al espectro literario que vive mal que bien en el país y, de paso y con ese paso, promover el conocimiento mutuo de obras entre autores y lectores indígenas y foráneos.

En el corto plazo, los beneficios de este proyecto, como la mayoría de los que nacen y se llevan a cabo a partir de una necesidad imperiosa pero poco perceptible por la urgencia social, son imposibles de medir, al menos de forma objetiva. Los beneficios que esta iniciativa y sus acciones le traigan al país seran medibles sólo en el largo plazo y estarán siempre relacionados con, en lo temporal, la repetición sostenida del evento, para que, año a año vaya tejiéndose una tradición que apunte a volverse un rito cultural; en lo ejecutorio, del cuidado que se ponga en la realización del evento, del peso cierto y no sólo mediático de sus asistentes, de la calidad de los temas que se proponga abordar cada vez y su capacidad para medirle el pulso al mundo, en su diversidad de problemas, desafíos e intereses, desde el contexto en el que el evento se lleva a cabo, uno de los puntos medios entre el sur y el norte del planeta. En hora buena que este proyecto ambicioso se haya llevado a cabo y apunte largo y para largo.

Pero volvamos a la crónica del FAZ, cuya lectura me resultó muy interesante pues me permitió acercarme a una visión del Ecuador hecha por ojos ajenos, y por lo que comprobe al leerlo, sensibles y neutrales al describirlo. El artículo del señor Irgendaay es rico en detalles y matices que a un ecuatoriano jamás se le ocurriría nombrar o dedicarle atención (de los 1600 pájaros distintos que tiene el Ecuador él pudo escuchar el canto sólo de dos o tres, no vio ni una orquidea, de los 3500 tipos existentes, tampoco ninguno de los 4100 tipos de mariposas).

Con destreza de narrador, mientras nos da cuenta de la situación política y social ecuatoriana, nos pone al tanto de sus desplazamientos por estas dos ciudades y las personas con las que coincide o comparte la mesa de discusión ese día o aquella tarde (la mayor parte de convidados son colegas venidos, casi todos, de los diferentes países que conforman Latinoamérica, más unos pocos de los USA). Nombres de sitios, poetas y circunstancias trenzan la voz de ese árticulo. Así por ejemplo, el cronista aporta en la Universidad Católica datos a la discución sobre los inmigrantes ecuatorianos asentados en España, idos para ese país cuando la economía los requería y hoy, cuando la crisis financiera mundial expande su abrazo, enfrentados a la encrucijada del regreso, participa en mesas redondas en el Centro Eugenio Espejo (antiguo hospital militar) y en el Museo de Antropología ubicado en Malecón de Guayaquil , toma unos tragos en el Pobre Diablo (Armen Teufel, en el artículo), habla con Pablo Cubi sobre la gestión del presidente Correa, se pone al tanto de los caprichos de la política ecuatoriana en el último siglo y la debacle del sistema financiero ecuatoriano ocurrida hace una década, mide la hipótesis sobre la lectura y los niños con el poeta colombiano Luís Darío, descubre entre el público a un poeta entrado en años, Carlos Artáuz, con quien conversa sobre los temas que le inspiranan a su poesía o, contenidamente, escucha los testimonios de sus colegas ecuatorianos del Diario El Telégrafo, sobre la corrupción en el ejercicio periodístico en el Ecuador. Todo estos detalles se trenzan mientras el cronista pasea por las calles de las dos ciudades, lee los diarios que allí se imprimen, descanza en una banca del Paque Seminario en Guayaquil (Parque de la Iguanas) o, desde el borde del cráter del volcán Pululahua, en las cercanías de Quito, ve cómo las nubes, en un abrir y cerrar de ojos, se apropian del paisaje y de quienes lo miran. El artículo se cierra con un asombro: mientrás el cronista bebe cerveza con sus cólegas ecuatorianos, en Guayaquil, les conversa que la noche anterior él disfrutó mucho de un concierto —de Los nietos— en el Pobre Diablo, en Quito, a 500 kilómetros de distancia, del que, Max y Paco, sus amigos, estaban al tanto en todos sus detalles, pero ¿cómo es que se enteraron de ese evento más bien pequeño y no reportado en la prensa? Les pregunta el cronista: En Ecuador te enteras siempre de todo, le responden sus amigos. Respuesta con la que ustedes como yo, estaran perfectamente de acuerdo.

2
El 20 de marzo de 2007, el municipio de la ciudad de Zúrich inauguró una exposición sobre la novelista norteamericana Patricia Higsmith. El acto de presentación de esta muestra se hizo en el edificio principal del municipio, a pocas calles del Museo Strauhof, el pequeño emplazamiento zuriqués dedicado a la literatura como hecho visual y sitio dónde se mostraron en esa ocación algunos originales de Ms Highsmith, fotos suyas en diferentes edades, entornos y compañías, carteles y fragmentos de films inspirados en sus novelas, citas ampliadas sacadas de su diario en las que ella habla de sí misma y los gatos, la justicia y el miedo, la locura y la literatura, America y Suiza.

Patricia Higsmith vivió y murió en Suiza. Vivió en la parte italiana del país, primero en Aurigeno, en el Valle de la Maggia, luego en Tegna, desde 1982 hasta su muerte, en el hospital de Locarno, el 4 de febrero de 1995 (en otro sitio dí cuenta de mi visita a estos pueblos siguiendo sus huellas).
Para que el municipio de la ciudad organizará esa exposición dedicada a la escritora norteamericana existen dos razones, motivos al fin que dan cuenta de su relación con la vieja Helvetia. La primera: su legado literario reposa en el Archivo literario suizo; la otra, Daniel Keel, capitan de Diogenes Verlag, de Zúrich, ha sido no sólo su editor en alemán sino su agente para todas las demás lenguas.

Esa noche del 20 de marzo de 2007, animada con música de Brahms (Walzer op. 39 para piano a 4 manos), y la exposición auspiciada por el municipio, Diogenes Verlag presentó las obras completas de Patricia Higmith, una primicia, pues está es la hasta ahora, única colección completa de la obra de la escritora americana — hacen 34 títulos, si no me equivoco. El editor encargado de coordinar este ambicioso proyecto fue Paul Irgendaay, quien hizó la presentación oficial de la colección e introdujó a los allí presentes en varios aspectos de la obra de la autora norteamericana, desde el de la escritura de sus libros hasta el rol y significancia de su obra, primero en el contexto norteamericano —donde “por suerte”, según Herr Irgendaay, la escritora no ha sido reconocida por las instituciones académicas sino hasta hace poco tiempo— y luego en del contexto de la literatura universal y el más popular, el del cine, pues algunos de los 12 films inspirados en sus libros, han llegado a ser muy populares.
Escuché esa noche a Herr Irgendaay con atención, recordando la admiración de al menos tres amigos quiteños por la obra y la personalidad de esta autora. Luego me acerqué a saludarlo y, como soy uno de sus agradecidos lectores, a felicitarle por sus artículos regulares en el FAZ. Nos quedamos charlando más de la cuenta, sobre mis compatriotas en Madrid, dónde él reside y a los que él, entonces, estaba acostumbrado a ver pero no tratar, y yo de los suyos, mis vecinos alemanes asentados en Zúrich, la ciudad dónde él, me decía con sorpresa, jamás hubiera sospechado que iba a encontrarse con un ecuatoriano, economista, que leía con regularidad sus artículos publicados en la prensa alemana.

Entre tanto, a más de los artículos que Paul Irgendaay publica con regularidad en el FAZ, he leído tres escritos suyos de lo más interesantes, su Gebrauchsanweisung für Spanien (2002), una guía de viajes para alemanes que van por España, interesantísimo libro que un crítico de Babelia sugiriera su traducción cuanto antes a nuestra lengua (a lo mejor se lo hizó ya), y su selección e introducción a los textos sobre fútbol escritos por Javier Marías (en castellano, Salvajes y sentimentales) Alle unsere frühen Schlachten: Fußball-Stücke del año 2000. Su novela Warum du mich verlassen hast? (¿Por qué me abandonasté?, 2006), que fue recibida con muy buena crítica, aguarda en mi librero su momento para ser leída. En nuestra lengua, he leído de autor alemán un texto (Dulces horas: mis inolvidables experiencias con las fiestas españolas) que forma parte de la antología coordinada por Werner Herzog “Vaya País, cómo nos ven los corresponsales de prensa extranjera” (punto de lectura, 2007).

3
No sé si la Feria internacional de libro y la lectura, llevada a cabo en Quito y Guayaquil el pasado mes de noviembre habrá sido comentada en los medios de otros países. No sé cómo se tejen las relaciones culturales al interior de nuestra lengua. En todo caso me alegra saber que un gran lector y escritor contemporáneo como es Paul Irgendaay estuvo por los Andes ecuatoriales, para leer, ver, conversar y, por los hechos aquí descritos, contarlo luego con lujo de detalles en el Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Schrödiger en Zúrich

Cada miércoles, la ciudad de Zúrich publica el Tagblatt , periódico municipal de distribución gratuita. En sus páginas uno se entera de los ...