28.2.06

Mirar a Dios

1
El pasado noviembre visité una exposición de arte contemporáneo que me gustó mucho, Gott sehen (Mirar a Dios), en Ittingen, un antiguo monasterio cartujo cuyos orígenes se remontan a 1461. Este espacio en la actualidad, con su renovado convento de paredes altas, un rosario de celdas vacías, que nos recuerdan la vida austera de los monjes de entonces, rodeadas de pequeños huertos, junto a una capilla diminuta y hermosa, un molino de agua, y a su otro frente, con un amplio jardín interpuesto, su afamado restaurante, forman un centro de encuentros culturales cuyo atractivo se lo debe en gran parte a sus dos museos, de historia el uno, el otro de arte contemporáneo, que fue el que esta vez concitó mi atención.

Antes de ingresar en sus instalaciones, mientras nos dirigíamos hacia allí desde la vía principal donde desembarcamos, conversaba con la amiga que me acompañó sobre el nombre de la exposición que vinimos a visitar y los sentidos que ese nombre despertaban en mi y, como no, los límites con los que, llegada a un punto, chocaba mi imaginación, excitada y confusa. Ver a Dios: en palabras este nombre que termina siendo una frase breve, es también, como si nada, espectacular, dice todo y nada. Pero no así, de forma tan tajante, si probamos a imaginar visualmente la sentencia. Ver a Dios ¿Cómo podrá representarse a Dios un artista? Recuerdo que le decía a mi amiga minutos antes de ingresar a la muestra, animado de antemano, mientras salpicaba la conversación con algunas frases sacrílegas del Wilde más encantador y de paso recordaba el título de un libro temprano de Vargas Llosa dedicado a su ex-amigo, García Márquez, historia de un deicida, que leí hace muchos años en la Biblioteca de la Universidad Central de Quito (el artista como suplantador de Dios, el artista confirmándonos su rol de creador de absolutos en su obra, pensé).

Son 25 las obras expuestas, trabajos de artistas de varias nacionalidades (un chino, un ruso, europeos del este, centro y oeste del continente, un camerunés, dos estadounidenses —ya en el recorrido de la muestra, nos decía Frau Dorothee Messmer, la curadora de esta exposición, que pese a los esfuerzos desplegados para contactar a más artistas made in USA que trabajen con el tema, ello no le fue posible: los artistas de los USA no se meten con Dios, sentenció: lo que de ellos aquí exponemos son apenas guiños, no obras que lo confrontan). Así:

De la afamada artista Louise Bourgeois (París 1911), como saludo, al iniciar el recorrido, una escultura en bronce, The Cross: una vara de metal de 1.84 m. de alto atravesada por un brazo de dos manos, o si se quiere, un brazo-madero que culmina a izquierda y a derecha en una mano (68,5 m.) —en verdad, una escultura imaginariamente previsible pero de mucho valor económico por el nombre de su creadora. Un trabajo de madame Bourgeois nunca estará demás!

Viene a partir de este punto, cuando las salas y pisos empiezan a multiplicarse, una serie de artefactos que incluyen video instalaciones, fotografías, lienzos, textos, montajes y escenificaciones. Describo aquí sin embargo sólo unos pocos trabajos que algo expresan el título de esta muestra:

Una pareja de italianos, Chiara Grandesso y Lionello Borean, nos proponen su Plug’n’Pray: una caseta de feria que ofrece programas de computadora como lo haría cualquier firma de esta línea de productos, llamese Microsoft o la que sea: el detalle, en paquetes presentados según la exigencia de punta del marketing al uso, los programas que aquí se ofrecen son religiones: Buddhist, Jewish, Christian, Hinduist, Ulster, Muslim, etc. Sí, claro que sí, las cajitas traen también impresos con indicaciones y modos de uso.

Del alemán Till Velten (1961), Weihe, un trabajo de investigación y localización de personas que se creen Dios o han vivido o viven la experiencia de serlo. Varias son las tácticas de las que se vale para llegar hasta ellos. Una de sus líneas investigativas las desplegó en España colocando anucios en la prensa en el que pedía lo contactaran si alguien se sentía aludido o sabía de algún otro que creyese ser la divinidad. Tuvo respuestas varias: su obra es la exibición de las cartas que recibió —más las descripciones con fotos y otras razones que muestra un delicado limite que a los espectadores nos deja sonreidos; o mejor, tambaleantemente sonreidos.

Del zuriqués Sam Keller (1971), Creator, un trabajo interactivo en el que se invita al espectador a ponerse “manos a la obra”. Empieza con una cita del Genesis 1, 27: “Y Dios dijó hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Una fotografía paralela al texto sirve de modelo para que demos forma allí mismo a un hombre de plastilina de estatura corriente que reposa en la mesa “de operaciones”.

De Justine Kurland (1969), de los USA, fotografías de comunidades utópicas que luego de los atentados de 2001 han empezado a formarse en diversos puntos de ese país. No son comunidades religiosas pero persiguen la armonía, el amor, la vida espiritual, en el campo, alejados totalmente del mundanal ruido y su moral, o su falta, según el caso.

La de Pavel Althamer (1967), de Polonia, Schedule of de crucifix, me impresionó y tentó —casí, casí me saque los pantalones: En el sótano del monasterio, a un extremo de la sala más grande, una portentosa cruz de madera enclavada a la pared; en el madero principal, a la altura de donde un crucificado posaría su trasero, una montura de biscicleta que sirve de asiento a quien allí quiera revivir esta parte de la experiencia de Jesus; asimismo, a cada extremo del madero transversal agarraderas y correas dispuestas para sujetar distendidamente sus manos. En el piso, en lo que podría llamarse púlpito o escenario, está habilitada una escalera que ayuda a trepar hasta la cruz; a su costado, un biombo tras el cual, el que revive la experiencia puede quitarse su ropa y calzarse la indumentaria de Jesus en la cruz, su corona de espinas y el manto que le cubra el sexo que cuelgan de una percha adjunta. Cada domingo, a las dos de la tarde, hay un performance de la crucifixión, sin embargo, para quien lo desee, el biombo, la corona de espinas, el manto y la cruz están a su disposición. No está prohibido tomar fotografías.

La exposición puede visitarse hasta el 23 de abril de 2006

2
A inicios de febrero el diario danés “Jyllands-Posten” publicó 12 caricaturas de Mahoma, un Dios o Profeta, a quien sus fieles honran con ritos y normas que apenas hemos visto y no conocemos, un nombre que conocemos pero nos resulta ajeno a gran parte de los que nos hemos criado en Occidente, en su centro y sus márgenes. Como todo el mundo lo sabe, esas caricaturas levantaron una ola de protestas airadas entre sus creyentes fanáticos y no fanáticos; en algunos sitios éstas se volvieron tan violentas que provocaron la muerte de varias personas y muchos daños materiales. En Occidente, en sus centros —en su márgenes no tanto, pues, por las razones que sean, la experiencia con reacciones similares es más o menos conocida—, nadie se esperaba una manifestación de tal naturaleza “a causa de unas caricaturas”. Al hecho se lo calificó de incomprensible, como son también las exigencias que los gobiernos de Arabia Saudita, Libia, Irán y Pakistan hicieran inmeditamente al gobierno danés, a saber, que expresará publicamente sus disculpas y sancionará a los editores responsables del sacrilegio cometido. El gobierno danés, con toda la razón del mundo occidental, no lo hizo porque, sencillamente, en un país libre, según las reglas de juego democráticas que lo rigen, no tiene, no tenía porque hacerlo.

Desde entonces ha corrido mucha tinta en periódicos, revistas y los medios de comunicación posibles. Intelectuales, periodistas, creadores de opinión con distintas formaciones y de distintas intensidades y talantes se han acercado al tema, confrontado, iluminado, tergiversado y, como suele suceder en casos similares, confundido más de lo que estaba al inicio. Todos ellos han dado, dan vueltas alrededor de un hecho, un punto límite que no se deja asir con facilidad y termina siempre escapándose de las manos, el derecho a la libre expresión en el Occcidente liberal (dentro de reglas de varia indole) frente a un Islam que la rechaza y la somete al juicio de sus lideres religiosos. Maniquea manera esta de formular las cosas, sin embargo, por ilustrativa, la que mejor se deja ver y más es utilzada para entrar en discusión.


3
Tariq Ramadan (1962), un suizo nacido en Ginebra, ulema, doctor en la ley musulmana por la universidad de El Cairo y en filosofía por la de Ginebra, profesor de estudios islámicos en Oxford y asesor del gobierno de Tony Blair constituye en sí el cruce de caminos hacia el que, al parecer, se encamina una parte importante de Europa. Como en su día el laico palestino Edward Said, denostado en vida por judíos y compatriotas suyos en iguales proporciones, la existencia de Ramadan se despliega a dos fuegos: es demasiado musulmán para Occidente y demasiado europeo para el mundo musulmán.

Este filósofo de padre y madre egipcios nos recordaba en una entrevista publicada en el Sonntagszeitung de Zürich del 5 de febrero, algo que habrá que tomar en cuenta al empezar a realizar el balance de esta encruncijada: lo que estas dos partes necesitan es entender que este no es un asunto de derecho. La libertad de expresión en Europa es un derecho protejido por la ley. Nadie puede ponerla en duda... . Es esto una demanda de responsabilidad y prudencia no de leyes y derechos... . Tenemos que propiciar un debate sobre el futuro de nuestra sociedad. Los musulmanes tienen que entender que Europa se rige por la libertad de expresión y punto. La otra parte debe entender que existen temas delicados que deben ser abordados con respeto y prudencia y no con provocaciones.
4
A Jean Daniel, el director de Le Nouvel Observateur, al llegar a este punto en un artículo suyo dedicado al tema, Una fribolidad trágica, concreta: Se trata de una diferencia de cultura que está muy próxima a la incopatibilidad de concepciones. Los unos han sacralizado la ley y los otros la fe.
Sin embargo, esta oposición se desvanece, pues el origen de este conflicto va más alla de la libertad de expresión. Lector atento del momento que atravezamos, dice Fernando Savater: Pero lo que más me extraña, lo que no he leído ni oído a nadie aunque esté implicito en bastantes comentarios es que lo amenazado en nuestras democracias no es sólo ni a mi juicio principalmente la libertad de expresión. No, lo que nos estamos jugando es precisamente la libertad religiosa...
5
Jan Assmann, afamado egiptólogo alemán profesor en la Universidad de Heidelberg: Con el Cristianismo el Islam puede vivir sin problemas pues él es en sí tolerante. El problema no es el Cristianismo sino la antireligiosidad, es decir el secularismo. A los ojos del mundo islámico, este se expande por el mundo como una tremenda fuerza destructora.
David S. Landes, profesor de historia económica en Harvard, autor de ese libro esclarecedor de los tiempos que nos atraviezan La riqueza y la pobreza de la naciones: La cultura en los países árabes está muy impregnada de conceptos como machismo, honor y vergüenza. No son allí modelos o ejemplos importantes a seguir los empresario o los industriales sino los generales y los burócratas de las altas esferas. Eso y no otra cosa es lo que la gente capaz de esos países quieren ser.
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¿Le falta al Islamismo la ilustración?
Jan Assmann: El Islamismo vivió su ilustración muy radical y muy tempranamente, en el siglo XII. Pero también muy temprano sufrió su contrareforma. De esa experiencia de tolerancia y pentración filosófica de la tradición religiosa se desarrrollaron muy pronto las correspondientes fuerzas antagónicas ortodoxas, o para decirlo de alguna manera, los anticuerpos requeridos para aplacar a la ilustración. Se agudizó la ortodoxia. Es por esto, porque ya vivió esas fases, que el mundo islamico dejó pasar de largo a la ilustración europea del siglo XVIII. A esto hay que sumar el rol que las fuerzas coloniales de Occidente desempeñaron en estos países: ellos hicieron todo lo posible para impulsar en el mundo islámico sus fuerzas más retrógradas —un pueblo inculto se deja colonizar mejor. Así obró Inglaterra, por ejemplo en Arabia Saudita, en el siglo XIX, apoyando irrestrictamente a los enemigos nativos de la ilustración de su pueblo, la secta de los Wahhabitas, que es de la que procede Bin Laden.
Por otra parte se olvida que el mundo islámico de los tiempos ilustrados estuvo muy por delante de Europa y que muchos de los avances que ésta llevó a cabo al finalizar la edad media fueron posibles sólo gracias a los progresos emprendidos mucho antes por ese Islam ilustrado.


7
David S. Landes: Medio oriente y la mayoría de los países musulmanes, desde hace siglos vienen perdiendo territorio continuamente al enfrentarse a regiones económicas de primer orden como los USA y Europa y, en los últimos años también frente a países como China y Asia. ¿Por qué? Con toda seguridad esto tiene que ver con la religión. En todo sitio el Islam se ha mezclado con la política y la economía impidiendo la innovación en estos frentes. Por razones teológicas, crear o inventar han sido puesto de lado pues temen que las innovaciones amenazcan la religión. Hay una sóla exepción: la innovación militar. Sin embargo, la innovación tecnológica y sus monstruosas consecuencias se llevaron a cabo sobre todo en Europa, porque allí había la libertad necesaria para hacerlo.

8
Jorge Luis Borges: Dios mueve al jugador, y éste la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?

9.2.06

La muerte en escena

... pero la de verdad, en serio. Acabo de encontrame con esta noticia en la web de la BBCMundo.com. Mientras la he leído, he recordado a un hombre que la pensó de manera poco habitual, Michel de Montaigne. ¿Qué pensará de esto Jodorowsky? me parece que este hecho cae en su campo, la sicomagia, pues la representación que Halasz tiene prevista para este fin de semana, creo, va más alla de la mera provocación o, en otro sentido, el montaje rutinario de una obra teatral. ¿Deberemos considerarlo como un performance mortal, o un evento artístico en el que vida y arte disuelven sus fronteras y "expresan" lo que cada una por su cuenta no lo podría? Bueno, lo que ello signifique no lo sabemos, apenas lo intuimos y escarbamos sentidos. Copio la noticia a continuación:


Director pondrá su muerte en escena

Un director de teatro húngaro que padece cáncer terminal se exhibirá durante una semana en un féretro para experimentar su propio funeral.
Peter Halasz, quien también es actor y escritor, se encuentra en las últimas etapas de un cáncer de hígado y a finales de esta semana aparecerá en un cajón abierto en un museo de arte de la capital húngara, Budapest.
"Tengo curiosidad por saber cómo se ve un funeral desde el otro lado", dijo Halasz a la BBC.
"Quiero ver a mis amigos, escuchar sus tributos y su último adiós".
"El evento por sí mismo es muy simple, pero creo que las reacciones serán interesantes, porque pocas veces la gente se enfrenta a esta situación", explicó el director.
Como Drácula
Halasz es uno de los directores más reconocidos del teatro húngaro aunque la mayoría de su carrera artística, que comenzó en los años 60, transcurrió en los Estados Unidos, país en el que se exilió hasta finales de la Guerra Fría.
Con respecto a su funeral escénico, Halasz dijo a la BBC que imagina una gran cantidad de asistentes por dos razones: "Tengo muchos conocidos, pero la razón principal es que la gente es curiosa".
"Será algo así como el regreso de Drácula", opinó el director, pero advirtió a los espectadores que no esperen más acción de la que está planteada originalmente.
Lo que sí anticipó es que ésta será su última aparición en un escenario.
"Después, en un par de días o de semanas, partiré".

28.1.06

Vásconez, el viajero de Quito

Verbo sur es una de las secciones fijas de Babelia, el suplemento de libros y arte que publica cada sábado El País, de España.

Es esta una ventana en la que escritores latinoamericanos emergentes y críticos literarios de prestigio presentan a autores de Latinoamerica cuya obra es determinante y esencial en la tradición de sus países pero que, por razones varias —entre las que cuenta el tamaño de los mercados y la misma estructura de sus sosciedades—, ésta no ha trascendido como debiera por los territorios enteros de la lengua; o, cuando sí, lo ha hecho con el sígilo que la admiración impone a los autores de culto, como ha sido hasta hace poco el caso de los argentinos César Aira y, sobre todo, con algo de retraso, el de Juan Filloy.

Verbo sur es una ventana indispensable que sus lectores seguimos, sábado a sábado con curiosidad, pues, de normal, en esa columna, si no nos los recuerdan, nos son revelados los nombres de autores cuya obra, a los que nos interesa el atlas narrativo que va trazando la lengua, nos trasmite información valiosísima; información que promete transformase en conocimiento.

Verbo sur trae esta semana un artículo firmado por Rafael Conte dedicado al novelista ecuatoriano Javier Vásconez, El viajero de Quito, a propósito de la publicación en el Ecuador de su último libro El retorno de las moscas.

Como he hecho ya otras veces, he dispuesto el enlace y, líneas abajo copio el artículo de marras (por cierto, Rafael Conte es el crítico que ha sabido seguir con mejor ojo la carrera literaria de Cesar Aira —quiero decir, que supo identificarlo mucho antes de que éste empezara a publicar en España y saltar a las otras lenguas. Otra cosa: en esta sección, apareció hace ya un par de años un artículo sobre Pablo Palacio firmado por Leonardo Valencia).

El viajero de Quito
Rafael Conte

QUITO ES una ciudad tan extraña que puede albergar toda clase de misterios, a los que el quiteño Javier Vásconez (1946) acude como las moscas a la miel, que vuelven una y otra vez con desolada y desoladora insistencia. Descendiente de próceres -su padre era diplomático y escritor y su madre de una gran familia de la colonia- es un gran viajero por Europa, Estados Unidos y toda América y un escritor de culto en su país donde ha recibido varios premios y ha sido objeto de numerosas críticas (véase una colección de ellas en El exilio interminable, Paradiso, Quito, 2002). Ecuador es un nombre ajeno, creado por la geografía de una situación, no es algo real, sino un "imaginario" repleto de montañas y volcanes que resume su historia colonial en su capital con un leve y simbólico "panecillo", coronado por una imagen encadenada sobre un minúsculo globo terráqueo, que domina los barrios de la Merced y San Francisco, llenos de iglesias barrocas, el mercado de Otavalo más allá, o el Museo del Oro al comienzo del barrio moderno.

Vásconez es autor de dos novelas importantes, El viajero de Praga (1996) y La sombra del apostador (1999), de las que la primera, de inspiración claramente germánica, es una especie de obra maestra y de una serie de relatos recogidos en diversos títulos Ciudad lejana (1982), El hombre de la mirada oblicua (1989), Café concert (1994), Un extraño en el puerto (1998) e Invitados de honor (2002), donde abundan las piezas magistrales, así como una serie de novelas cortas, entre las que destacan El secreto (1996) y esta reciente El retorno de las moscas. En verdad, Vásconez es un quiteño que ama y odia respectivamente a su ciudad, por lo que busca desesperadamente un exilio que siempre roza con los dedos, pero que siempre se le escapa. Nunca escribe de otro lugar, siempre trata de Quito, sus personajes hablan y viven en ella, o vuelven irremisiblemente, y aunque tratan de ella, la dotan de mar o de un puerto tan imaginarios como lo es el país del que surgen, un país -y una capital- que odia y ama a la vez pues vuelve a ellas continuamente. Amén de las citadas El viajero de Praga y La sombra del apostador, no es posible desconocer la obra aparentemente "menor" de Javier Vásconez, que empezó tardíamente como cuentista, recopilando primero sus relatos "anacrónicos" del pasado quiteño, pero que le permitieron obtener sus primeros premios, y que han dado paso después a cuatro libros de cuentos y novelas cortas, donde hay algunas pequeñas obras verdaderamente maestras. Su "imaginario" literario se ha plasmado en homenajes tanto irónicos como tiernos -y hasta lascivos, pues su sensualidad es evidente-, como los recogidos en Invitados de honor a Colette, Kafka, Nabokov, Conrad y Faulkner. (¡Admirable Tecla Teresina!, por ejemplo) y que desemboca ahora en esta novela corta, El retorno de las moscas, donde el autor cambia de inspiración y vuelve sus ojos hacia la novela de espionaje, la de John LeCarré y la novela británica, como dice expresamente en la nota final (sin olvidar otro crimen importante y puramente ecuatoriano, el de la novela corta El secreto, cuya extensión hace que algunos la consideren como una novela normal, donde explora el interior de un verdadero asesino).

Esta oscilación entre la novela larga, la corta y el cuento y el relato breve es una característica central en la obra de Vásconez, que culmina hoy con esta narración verdaderamente "intermedia", que es una suerte de "clonación" de algunas célebres novelas de John LeCarré, donde presenta al célebre personaje del espía George Smiley -y hasta le enfrenta con su propio autor en un precioso pasaje- ya jubilado y que va a Quito encargado de una nueva misión. Un espía doble, soviético y de los americanos a la vez, es hallado muerto en un parque quiteño y Smiley debe investigar en su pasado, recordando el suyo y las malhadadas aventuras con su esposa (y hasta se evoca a Haydon y a Karla) hasta resolver el caso que al final resulta ser un delito pasional y privado, que sin embargo le proporciona un texto precioso. Pues también en Quito, y a Quito, las moscas (que proceden de un sueño de Smiley) retornan irremediablemente. Como la literatura, a la que la suya vuelve sin parar una y otra vez.

20.1.06

Cuando fumar era un placer

A finales del año pasado, Fatima publicó un comentario sobre los fumadores y no fumadores. Es este un tema que va y viene y, mientras tanto, mata a muchos de cancer al pulmón y a otros, muchos menos en todo caso, de cólera. A su alrededor, en lucha desigual, han puesto sus bases una pesada artillería de argumentos en pro y contra de su práctica en público — y ahora también en privado.

El comentario referido puso en movimiento muchos más bites que los habituales. Opiné allí desde mi experiencia de fumador desmemoriado —puesto que si no estoy en un café o con amigos, olvido hacerlo. Pero allí no nombré, pues no cabía, algo que me vino a mientes, un recuerdo partícular, el de una escritora, una ex fumadora que, años después de haber dejado de encender cigarrillos y aspirar su humo —por salud, pues sino sencillamete moría—, habla aún de ellos con cariño y, por lo que allí cuenta, noltalgia.

De esta escritora he leído más bien poco; sin embargo, de ese poco, “Cuando fumar era un placer”, de Cristina Peri Rossi, fue un placer leerlo. Llegué a él por curiosidad, luego de encontrarme en la sección de libros del FAZ de Frankfurt, con un agradecido comentario a la versión alemana que entonces acababa de aparecer. Como en el medio millón de libros que tiene la Zentralbibliothek de Zürich, hay también unos cuantos miles en español, por si acaso, miré en su catálogo a ver si tenían la versión original. La tienen aún—por si acaso.

Hoy, dando una vuelta por el barrio, he dado con una entrevista a la autora uruguaya —un buen pretexto para ¿leerla?

12.1.06

Haruki Murakami

Por estos lados, hace ya unas horas que cayó la noche. En unas pocas más, concluirá el día, el día doce. En uno como este, en Kyoto, pero hacia 1949 nació un escritor cuyas historias leo con placer, Haruki Murakami. He empezado hace poco la lectura de Kafka am Strand (Kafka on the Shore, novela que el NY Times, por cierto, la pone en su lista de los diez mejores de 2005), hasta el momento, su última novela escrita —publicada en japonés en 2002, en alemán en 2004, en inglés en 2005—.

En cuestión de traducciones, y cuando de libros de importancia literaria o literaria-comercial se trata, el inglés da la pauta. Con las obras últimas de Murakami, como para confirmar la regla, esta práctica se ha alterado, pues ahora ellas aparecen antés en alemán. Resulta que por los lares donde campea la lengua de Thomas Bernhard y Robert Walser, el autor japonés es bastante conocido (para hacernos una idea, digamos que igual o más que Javier Marías, autor español, que de Corazón tan blanco ha vendido hasta la fecha en este mercado alrededor de un millón doscientos mil ejeplares).

Hay una razón por la que Murakami se hizo famoso en lengua germana (por cierto, la misma que hizo famoso a Javier Marías en este entorno), la televisión, concretamente, el programa Das Literarische Quartet, el cuarteto literario —espacio que ya no existe más—, donde comentaban novelas en directo cuatro personalidades de letras. El programa del 30 de junio de 2000, fue, es en la escena literaria (o literario-mediática) alemana, si no inolvidable, si al menos referencial. Aquella noche, capitaneada por Reich-Ranicki, el pope de la crítica alemana, se habló de la novela Gefährliche Geliebte de un escritor japonés entonces poco conocido (en español la tradujeron como “Al sur de la frontera, al oeste del sol “, y por lo que sé, circulan ejemplares también en el Ecuador). Reich-Ranicki elogió la novela en ponderados términos pero no así su contertulia, la crítica Sigrid Löffler que la señaló en cambio como un Fastfood literario adobado con escenas de amor pornográficas y sexistas. El público percibió que en ese desacuerdo había algo más personal que la apreciación de la novela de Murakami. Los siguientes días, los periódicos de Alemania, Austria y Suiza hicieron su trabajo mejor que nunca, comentaron el percance y la causa generosamente; en poco, el autor japonés andaba en boca de todo mundo.

Pero de esta desaveniencia nació no sólo la fama alemana de Murakami sino también Literaturen, la revista que la señora Löffler empezara a publicar unos meses después; como era de esperarse, luego de ese percance, ella renunció a seguir formando parte del Cuarteto literario (como alguna vez ya lo dije, Literaturen es la equivalente en alemán de lo que es Letras Libres en lengua hispana).

He comentado la obra de Murakami en otros espacios; esta vez, al paso, para retener algo del día, he traducido unas pocas frases que el autor pronunciara en una conferencia dada en Berkeley, la University of California, en febrero de 1992. Dicen algo, dejan ver algo, me parece.

(Para ubicarnos: tres aspecto que impregnan el estilo de este autor son el humor, la llaneza de su prosa y, lo que primero se nota, el ritmo) Entonces, dice él:

Mi estilo se resuelve en lo siguiente: primero, jamás pongo en una frase más significación que la estrictamente necesaria. Segundo, las frases tienen que tener un ritmo. Esto lo aprendí de la música, especialmente del jazz. En el jazz sobre todo, es posible derivar de un ritmo estupendo a una estupenda improvisación. Todo tiene que ver con el movimiento de los pies. Cuando se quiere conservar ese ritmo, no se debe incorporar a él ninguna carga superflua. Esto no significa que, de ninguna manera, no se deba añadir una carga. Sólo ninguna que no sea absolutamente necesaria. Tu tienes que arrancar la grasa.

(La carrera de Murakami como novelista inicia en 1978. Tiene su manera muy particular: no es el inicio típico de un escritor que durante su juventud se ha forjado entre lecturas, intentos, disciplina con las palabras. Es otra cosa. En esta conferencia —no publicada aún como libro—nos adelanta esos comienzos)

Tenía 29 cuando escribí mi primera novela Escucha al viento. En aquel tiempo administraba un pequeño Club de Jazz en Tokio. Luego de terminar mis estudios, no tenía ningunas ganas de emplearme en una empresa; entonces solicité un crédito al banco y abrí ese Club. Ya como estudiante había tenido un deseo indeterminado de escribir alguna cosa, sin embrago, no seguí ese deseo de la manera correcta y, cuando abrí el Club, había dejado de pensar más en ello, puesto que estaba muy ocupado de la mañana a la noche en ecuchar jazz y preparar coctails y sandwichs. Cada día tenía que picar una funda entera de cebollas. Gracias a esa experiencia puedo aún picar cebolla sin derramar una sóla lágrima. En aquel tiempo, casi todos mis amigos eran músicos de jazz, no escritores. Sin embargo, un día de abril de 1978, me llegó de pronto el placer para escribir una novela. Me acuerdo claramente de ese día…

(El texto sigue de largo, pero por ahora lo dejamos aquí)


P.S.1. Estas citas las he encontrado en el libro de su traductor al inglés, Jay Rubin, Haruki Murakami and the Music of Words (2002).

P.S.2. Al paso, he encontrado un magnífico texto del argentino Juan Forn sobre una novela importantísima del japonés (de normal, el murakamiano gaucho por exelencia, se supone que es Rodrigo Fresan, pero este texto de Forn es estupendo). De él entresaco estas palabras:

"Si la construcción de un estilo es la combinación de múltiples influencias que terminan dando como resultado una voz propia, Murakami ha sabido entretejer con endiablada habilidad su fascinación por Kafka, Lewis Carroll, Camus, Chandler y Pynchon (para citar sólo unas pocas de las influencias que resuenan en sus libros) con sus propias obsesiones. Autoproponiéndose como un puente entre Oriente y Occidente, su obra es igualmente excéntrica para ambos mundos: si la voz que narra sus historias suena al oído japonés como traducida de otra lengua, las reacciones de los personajes que pueblan sus ficciones son invariablemente sorprendentes para el lector no japonés. Curiosamente, lo que el lector occidental ve como contención, el lector japonés ve como transgresión: sea el tratamiento del sexo, los pasos de comedia imperturbable, la expiación de la culpa (colectiva e íntima) o el afán de un destino individual. Hay un detalle más que termina de explicar la paradoja de que un éxito “juvenil” en Japón despierte tan “seria” atención en Occidente: la rarísima limpidez de la voz de Murakami muestra siempre un mundo por descubrir, y descifrar, hermanando así a lectores novatos y experimentados en un hipnótico rito de iniciación (para unos, hacia la vida; para los otros, hacia el corazón literario del Japón actual)".

2.1.06

"El Comercio" en España

Celebro la decisión de diario "El Comercio" de Quito de publicar en las próximas semanas en España un semanario, un medio escrito pensado en ecuatoriano. Empresarialmente es esta la manera de mover las fichas, poner en circulación las ideas, colocar y multiplicar capitales.

Los compatriotas residentes en las distintas ciudades españolas (que oficialmente bordean el medio millón), podran disponer en pocas semanas de noticias e información producida y elaborada en España, bajo reglas de juego españolas, pero pensadas desde un punto de vista ajeno, otro. Recordemos que la objetividad, valida en las ciencias, en la prensa, por más puntillosa que sea, estará determinada por las necesidades de su público. La comunidad de ecuatorianos residentes en España, siendo numerosa, no ha tenido hasta la fecha, un medio impreso que tenga como eje principal sus afanes y necesidades comunales: no ha podido mirarse en un espejo que le devuelva una imagen más o menos fiel, acorde a lo que ella supone su circunstancia.

Sé que en España (como lo he visto en Milán, Venezia, Genova y Roma) han existido antes intentos editoriales parecidos a este en el que se ha embarcado El Comercio, que luego, por razones más bien obvias, han fracasado. Sin embargo, tomando en cuenta la profesionalidad del diario quiteño, esperamos que su oferta informativa en la penísula cubra esas demandas evidentes en la comunicación intercultural (vivir con un pie fuera y otro dentro) y no deje de lado la opinión crítica, necesaria en esta serie de procesos simultaneos llamados modernidad.

La paleta de problemas que tiene El Comercio-España al frente es varia; sólo un medio de esta naturaleza podrá crear puntos de encuentro entre su público, los ecuatorianos recien llegados, y los dueños de casa; la prensa española, por esencial punto de vista, tendría demasiados impedimentos para ejercer como cicerone en estas circunstacias.

Pongo a continuación un fragmento de la noticia que podran leerla entera en Periódico digital, donde en este mismo momento se está llevando a cabo un debate entre blogers adscritos a ese medio, que podría ser interesante sino fuese por la presencia en él de un ignoratón de origen español que apenas deja desarrollar ideas (he querido participar en él pero, lastimosamente, por no estar allí inscrito, he debido tragarme mi comentario ... y, también, unas gotas de vilis).

"El Comercio" de Quito viaja a España

(EFE, Quito).- El Comercio de Quito cumplió este 1 de enero su primer centenario y celebrará el centenario lanzando un semanario en España. Los editores del decano de prensa ecuatoriana tienen previsto publicar en Madrid un semanario destinado a emigrantes.
Guadalupe Mantilla, presidenta de El Comercio y miembro de la tercera generación de la familia que dirige el diario, no oculñta su satisfacción:

"Me siento orgullosa de constatar que hemos vencido todas las adversidades, guardando siempre los enunciados de mis antepasados. Después de cien años, El Comercio sigue siendo un diario independiente y al servicio de las grandes causas. Nos hemos identificado con los anhelos de toda la comunidad, y hemos luchado por las causas justas"
...

P.S. Por si no se puede acceder directo a la página donde consta el texto entero, lo copio en la sección comentarios.

31.12.05

Vuelta de hoja

Afuera hace un clima de “a perro” (ayer cayó un nevada de ensueño y fue el día más frío del año, algunas regiones no muy lejanas de Zürich registraron 15°ó 20° grados bajo cero). Ahora, mientras cometo estas letras, con la noche sobre los relojes —escapado por unos momentos del grupo—, en alegre espera, aguardamos con mi multiplicada familia la hora en la que chocaremos copas y confundiremos abrazos. Por las calles campea la expectante noche —a causa de la nieve que todo lo cobija, la obscuridad tiene esta vez un resplandor de una belleza poco frecuente —dispuesta a la vera del tiempo, a la espera de alguien capaz de obviar su frío.

No he querido dejar este día sin escribir, al menos como símbolo, una notita que de cuenta del año que fenece. Los temas que me han acompañado hasta ahora ponen en movimiento sus órbitas y apenas me dejan posibilad para discriminarlos entre sí: hay libros que he leído, libros que quise leer y no pude; personas, films, tramas, weblogs, muestras, instalaciones, creaciones que me han posibilitado fijar, fundir y confundir, mi atención con la de otras personas en una serie de imágenes, ideas, puntos, contrapuntos o corrientes. Como pretextos, esos envites varios —como le sucederá a cada uno— podrían desarrollarse, ... a lo mejor se desarrollan, pero, desde luego, en otro momento.

Hoy sólo tres cosas:

1) Una lectura cometida en septiembre sobre la que volveré en 2006: El chulla Romero y Flores, de Jorge Icaza. Noto que en varias de las novelas leídas a lo largo de los últimos cuatro o cinco años, a pesar del vivo interés que me acompañó mientras surcaba sus páginas, pasado un tiempo, sus recuerdos cristalizan en mí más como información que como experiencia —formal, textual, energizante y mítica, que es a lo que más se me acerca este tráfico con las narraciones—. Con la novela del quiteño, sin embargo, quizá por su(s) personaje(s) y el tema, el paisaje y los sitios que la novela recrea, o la lengua pringada de esa patina que los no ecuatorianos, entendiéndola, a duras penas podran degustarla, volví a experimentar esa crispación de lector que, sin reparar en ella, había echado en falta (¿sabían que en el Ecuador los niños no juegan a los vaqueros sino "a los chullitas"?).

2) Me esforcé hasta hace unas horas para concluir la lectura de una novela que, como me sucedió con la de Icaza, apenas me dio tiempo en los tres días últimos para realizar mis otras cosas: Tokio Blues (en japones y en inglés se llama Norwegian Wood, en alemán Naoko’s Lächeln), de Haruki Murakami (1949), que de a poco ha empezado a despertar la atención de los lectorers hispano-americanos (es él en las otras lenguas una entidad comparable sólo a la que en la nuestra representan Martin Amis, McEwan, Kundera, Philiph Roth, Lobo Antunes, Tabuchi, Boyle, Houellebecq y otros tantos de primera fila en el ahora mismo). Es la sexta novela de Murakami que leo y, de estas, con la que más me he sentido compenetrado (otra vez la historia, los personajes, la develación y propuesta de maneras). Tenemos que volver sobre su pista pero ello será sólo posible al virar la página.

3) Algo muy importante: a cada uno de ustedes les hago llegar un abrazo de buen año ¡Que tengan un magnifico 2006!

P.S. La edición de este día de Pagina 12 trae una lista de relecturas recomendadas. Seis autores nos suguieren títulos que re-leyeron en este año y consideran entrañables. Hemos tomado de esa lista el texto de Juan Forn y seguido la pista a su recomendado, un autor ruso del que hasta ahora mismo, nada sabía. El texto no es largo —los enlaces requeridos quedan activados:

El alma rusa

Juan Forn

Boris Pilniak había sido uno de los jóvenes dorados de la literatura rusa desde la aparición, en 1922, de El año desnudo, una novela que relataba con extraordinaria vividez y modernidad de recursos el efecto de la Revolución de Octubre en una ciudad de la estepa, durante los doce meses inaugurales del bolchevismo. Como Babel, como Maiacovski, Pilniak habría de sufrir durante los años siguientes el derrumbe de sus sueños, con el advenimiento de Stalin, hasta que fue a dar con sus huesos en la Lubjanka, donde fue ejecutado en algún momento entre 1931 y 1940. El comienzo de su caída en desgracia había tenido lugar en 1926 cuando publicó, a la vuelta de un viaje por Japón, un testimonio que no condecía con la línea del partido en cuanto a las relaciones ruso-niponas. Aun así, en 1929 dio a imprenta el más perfecto de sus libros, Caoba, un conjunto de cinco relatos que le ganó instantáneamente la prohibición de publicar, a causa de su “desviacionismo ideológico”. El primero de esos relatos insistía en el tema ruso-japonés con un atrevimiento sólo comparable a su destreza estilística. Se titula “Un cuento sobre cómo se escriben los cuentos” y, a la manera de las muñecas rusas, contiene una historia dentro de otra dentro de otra más, la última de las cuales anticipa en forma inequívoca el fin que Pilniak sabía que le esperaba.
En el consulado soviético de una ciudad portuaria japonesa, Pilniak descubre el legajo de una ciudadana rusa que pide la repatriación. Sofia Vassilievna, la dama en cuestión, conoció a un oficial japonés que revistaba en el ejército de ocupación nipón repelido por las fuerzas bolcheviques en el año ‘20. Antes de la retirada, y aun sabiendo de la prohibición de casarse con extranjeras, el oficial (amante de la literatura rusa) le pide a Sofia que se reúna con él en Japón y le deja dinero para costear el viaje. Sofia llega, es interrogada por las autoridades hasta que confiesa el nombre de su prometido. Tagaki es expulsado del ejército y desterrado a su aldea natal, donde debe esperar dos años hasta poder unirse con Sofia. Los amantes soportan la prueba y logran por fin su anhelo. Viven en feliz soledad hasta que comienzan a visitarlos periodistas y fotógrafos: Tagaki ha publicado una novela con enorme éxito y la prensa quiere retratar al autor junto a su esposa rusa, ambos en kimono de fiesta, contra el paisaje de fondo que contribuyó a su felicidad. Tagaki ama en Sofia a la literatura rusa, como si la encarnara en estado bruto. Sofia es como una Bovary que no ha leído siquiera un folletín. Las jornadas de felicidad se suceden hasta el día en que Sofia descubre que el libro de su marido la ha retratado en la más desnuda de las intimidades. Sin decir palabra, procede entonces a abandonarlo, marcha hasta el consulado soviético más cercano y pide ser repatriada a Vladivostok.
Pilniak describe todas las atrocidades históricas entre rusos y japoneses que Sofia y Takashi debieron ignorar para estar juntos, opone a estos hechos la versión del alma rusa que da Tagaki y la versión paralela que da Sofia en el relato autobiográfico que conforma su legajo. Y entonces escribe la más famosa frase de ese cuento y quizá de su obra entera: “Que sean otros quienes juzguen, no yo. Mi trabajo se reduce a meditar sobre las cosas. En particular, cómo pueden convertirse en cuentos”. Fueron, efectivamente, otros quienes juzgaron, condenaron y ejecutaron a Pilniak por su trabajo: el de meditar sobre cómo las cosas pueden convertirse en cuentos.
Todavía pueden conseguirse ejemplares de la única edición de Caoba que publicó Anagrama en 1987. Para quienes no lo consigan, se puede bajar gratuitamente de Internet el texto completo de “Un cuento sobre cómo se escriben los cuentos”. La traducción del relato y del libro completo es del gran Sergio Pitol. Leer la una o la otra es, además de la gloria dedescubrir a Pilniak, una hermosa manera de empezar a conocer a ese escritor secreto hasta ayer nomás y tan merecidamente premiado con el Cervantes hace unas semanas.

23.12.05

Theory's Empire

La edición del The Times Literary Suplement, TLS, del 2 de diciembre, trae entre sus páginas una lista de libros, la de los destacados en 2005, “TLS Books of the year”. Este catálogo anual está redactado por veintinueve colaboradores que, desde los diferentes flancos que cultiva esta publicación —ficción, poesía, crítica política, repaso de obras clásicas y de ciencias, así como la crítica de música, ópera, cine, teatro arte moderno y contemporaneo— nos acercan su elección.

Entre las 29 personalidades encargadas de elaborar este catálogo,hay nombres que conocemos: Nadime Gordimer, por ejemplo, recomienda a sus lectores This I Believe: An A to Z of a life (Bloomsbury), de Carlos Fuentes; Seamus Heaney, nos suguiere The Sea de John Banville y la nueva versión inglesa de 43 Poems de Attila József; Joyce Carol Oates hace por su parte una lista extensa de sus lecturas; contrariamente, Juan Joytisolo nos propone relecturas, las tres que ha hecho en este año: San Peterburgo de Andrey Bely, el Ulises de Joyce, y Alexanderplatz de Alfred Döblin.

Pero esta lista trae también una recomendación que nos interesa, la que hace Brian Vickers, y que es a la que se han referido en esta semana los diarios El Comercio de Quito y El Expreso de Guayaquil, a saber, la del libro Theory's Empire: An anthology of dissent (Columbia University Press), cuyos autores son la señora Daphne Patai and Will Corrall, ecuatoriano, profesor de literaruta latinoamericana en la California State University, en Sacramento.

El libro —se puede revisar aquí su contenido— es una antología de ensayos sobre teoría literaria que ponen en entredicho su propia práctica, o, por lo que se vislumbra, una de las formas como se ejerce la crítica y su estudio. Dice los autores en un artículo publicado hace tiempo atrás, en el que anunciaban entonces la publicación de esta obra: Nuestro principal objetivo es proveer al estudiante y al lector interesado de una herramienta intelectual que los ayude a redimir el estudio de la literatura como una actividad que vale la pena realizar. Al someter la Teoría a una constante crítica, ellos, pensamos, adquirirán un sentido más realista del lugar que ocupa la teoría en el mundo de las empresas intelectuales y creativas.


Algo de geografía editorial: el The Times Literary Suplement, TLS. Empezó a publicarse en 1902. Desde entonces, en sus páginas han aparecido las opiniones, juicios y creaciones de los nombres de primera fila de la literatura en el siglo XX. George Steiner califica a este medio como "único e imprescindible". Para el diario francés Le Monde "no tiene rival alguno". Noam Chomsky lo encuentra "provocativo, estimulante, irritante, informativo".

P.S. La opinión de Brian Vickers sobre el libro de marras pueden leerlo a continuación, haciendo un click en la carpeta de comentarios. Allí lo he puesto en su versión original. Si alguien se ánima a traducirlo, puesto que no es extenso, se lo agradeceré mucho.

Pipilotti en terciopelo

Los diarios de todos los sitios han empezado a publicar sus balances del año. Balances de las actividades humanas que más han dado que hablar, en sentido bueno y malo, a lo largo de 2005. Catálogos con hechos locales, regionales y mundiales que, siguiendo una ley que a cada momento se reescribe, se nos sugieren tomar en cuenta.

Balances, como temas, hay de todo tipo. Me llama la atención uno que trae la página de sociedad de la NZZ Sonntag, de Zürich, del domingo 18: el de los huespedes más deseados en los partys de la sociedad suiza.

(antes la definición de lo que es un buen party, según Ian Schrager, uno de los copropietarios del legendario Estudio 54: una buena fiesta es una mezcla de invitados con talento, belleza, dinero y poder).

La lista divide a estos codiciados invitados en tres categorías: economía, deportes y cultura. Me interesa la categoría última, cultura, compuesta de tres nombres cuya relevancia —como la de los que están en las otras categorías— va más alla de los Alpes Suizos: el primero es el de
Marc Foster (1969), director de cine enclavado en Hollywood que, lamentablemente —pero sólo para los hacedores de fiestas— no asiste casi a ninguna; el segundo, el de Samuel "Sam" Keller (1968), director de la feria de arte contemporaneo más prestigiosa en occidente, la Kunstmesse Art Basel, o Basilea, como diríamos en nuestra lengua (desde hace dos años con nueva sucursal en los USA: Art Basel Miami Beach); y el tercero, el nombre de Pipilotti Rist, artista cuya obra se despliega en video-instalaciones y que, como Marc, a pesar de la buena voluntad de los realizadores de partys, no asiste sino sólo a unos pocos.

El nombre de Pipilotti Rist (1962) desde inicios de la década de los 90 es no sólo notorio sino referencial en los circuitos internacionales de arte contemporaneo. Leyendo la revista dominical de El País, coincidencialmente, encuentro en sus páginas una entrevista a la artista suiza que deja considerarla bien en el entorno hispano. De alguna manera, digamos que por contrapunto, los sentidos que sus trabajos provocan o desatan tienen que ver con mi post anterior. ¿O a lo mejor no? Lo podran decir ustedes. Los enlaces quedan activados.

18.12.05

Duchamp a la calle

Por azarosas espinas el pasado viernes me ví de pronto conversando con un amigo sobre la vida de Marcel Duchamp. Habíamos asistido juntos a una muestra de "eventos artísticos mínimos", a los que caracterizaban la improvisación y la trivialidad de los materiales empleados. Economizo la enumeración de los motivos trenzados con anillos, tarjetas, esferos, billetes de tren, recortes de avisos mortuorios, piedras, corales y más chucherías expuestas bajo divertidas lógicas.

El amigo en marras es un jugador de ajedrés empedernido; bueno, a decir verdad, lo era, puesto que ahora ha conseguido regular su tendencia a imaginar que la vida es apenas una alegoría del tablero y sus piezas y puesto a hacer otras cosas que no sabría decir si en verdad son más interesantes.

Me resultó llamativo caer en cuenta en la naturaleza del viaje que este amigo está realizando: ha colgado el tablero de ajedrés y sus piezas para dedicarse a planear muestras de arte contemporaneo, Zeitgenössische Kunst, justamente lo opuesto a eso que Duchamp realizó hace casi un siglo, dejar de lado el arte y dedicarse por entero al ajedrés.

Pero ese abandonó fue progresivo: primero, hacia 1913, cuando contaba 25 años, tienta emigrar desde la "pintura-pintura" hacia la "pintura-idea". Es de este año su primer ready-made, Rueda de bicicleta, sin embargo, la historia lo recordará más por la, a estás alturas, ya célbre "Fuente", el urinario enviado a la exposición del Salón de los Independientes en Nueva York, en 1917. Hasta 1923 seguirá pintando, pero como vía para alejarse de los pinceles definitivamente y "concentrarse" en la "pintura-idea" que años más tarde, cuando lo deje todo por el tablero, si se quiere, será sólo idea.

Comentaba de estas cosas con mi amigo mientras mirabamos "una idea" hecha con corchos de vino dispuestos sobre un tablero imaginario que remitía al buen Duchamp. Pero esto, que fue apenas una constatación pescada al paso que, entre tantas cosas, al paso muere, he debido sacarla hoy a este tapete. Razón: Página 12 trae dos textos que a ello me remiten. Uno digno de imitación -puesto que nació de ello-, la galería montada en un poste de luz de la Av. Corrientes en Buenos Aires. El otro, un texto escrito por la ex esposa de Duchamp que, en este caso, siguiendo el hilo, deberíamos llamarlo quizá el marido desnudado por su ex-soltera, o algo por el estilo, como podran suponerlo.

He dispuesto los link a los dos textos, sin embargo, me permito colocar aquí el que nos remite al poste de extraña luz.

Pagina 12: Domingo, 18 de Diciembre de 2005

Una galería en un poste de la Av. Corrientes

Juguemos en el poste

Ante la eterna demora en la remodelación de la galería en el Centro Cultural Rojas, su curadora, Eva Grinstein, decidió emular la idea de unos artistas callejeros de Río y montó la galería en el poste de luz en la puerta sobre la Av. Corrientes. Con cinco obras en menos de un año, y el entusiasmo de los artistas por exponer en ese palo que acerca sus obras a los peatones, la Galería del Poste es uno de los espacios más originales y refrescantes del arte argentino.

Por Santiago Rial Ungaro

¿Será el cubo blanco en el que generalmente se instalan las exposiciones el ataúd de eso que conocemos como “el arte”? Por lo pronto, para la joven curadora Eva Grinstein y la artista Lucrecia Urbano, la larga remodelación que se está llevando a cabo en la galería de el Centro Cultural Rojas fue la oportunidad de llevar a cabo una nueva e inusual galería: la Galería del Poste. En su corta vida, este desprendimiento ya llevó a cabo 5 intervenciones que fueron “montadas” en un soporte mínimo e inusual: el poste de luz de la vereda del C. C. Rojas. Ahí, en plena calle Corrientes, expuesto a las miradas (y a los pies) de cualquiera que pase por ahí y rompiendo con el autismo de un circuito artístico que muchas (demasiadas) veces se limita únicamente a los marchands, los críticos y los artistas, los postes fueron cobrando vida. La propuesta de Lucrecia Urbano (responsable de convocar a los artistas) coincidía con la intención de Grinstein. Cuando asumió como coordinadora de artes visuales manifestó por mail su intención de, dadas las circunstancias, exceder los convencionalismos: “Me interesan otros espacios y los pienso como posibles contenedores de proyectos efímeros o permanentes, individuales o colectivos, locales o globales, disparatados o ultra racionales”, manifestó. Lo del poste es lo que se dice una buena idea que puede llegar a mirar otros espacios como potencialmente intervenibles. “En realidad (aclara Lucrecia Urbano), la idea la tomé de unos artistas callejeros de Río de Janeiro que empezaron a usar un poste de alumbrado público como soporte para realizar intervenciones artísticas efímeras.”

Al parecer, la iniciativa se fue extendiendo hacia otras ciudades y llegó a convertirse en una de las experiencias de arte público más interesantes de América latina. A escala local, con sólo 5 intervenciones, la Galería del Poste seguramente figura en el balance entre los proyectos más interesantes del año. Grinstein: “Creo que lo interesante es que la Galería del Poste es experimental y a la vez está en un lugar por el que pasa todo el mundo. El poste se puede ver desde el 60”.

Una de las preocupaciones de las curadoras era justamente lo impredecible de la propuesta: de hecho, por la noche, el poste-galería se queda solito. La ciudad está llena de espacios en los que se hace evidente que hay quienes perciben al vandalismo como forma de arte (pensar en el Instituto de Vandalismo Comparado de Asger Jorn). Sin embargo, la respuesta del público fue ejemplar: la gente se portó muy bien. “El riesgo al no estar destinado a un público especializado era que la gente sintiera que eso era una burla, que era una cámara oculta de Marcelo Tinelli o algo así. Lo bueno fue que ningún artista fue condescendiente con el público: cada uno confió en su lenguaje, hubo una actitud intelectual. Incluso no hubo ningún artista que decorara el poste, que era la opción más simple.”

Otra de las cuestiones era el desafío que implica para un artista usar como soporte un poste de luz. Urbano: “Nadie tiene guardado en su atelier obras para postes. Pero una muestra así le da a un artista cierta visibilidad. Ha habido artistas de carrera impresionante que nos han propuesto hacer algo en el poste. Para un artista, el desafío también es salir del circuito comercial convencional: acá los artistas le “ofrecen” la obra al público. No se puede vender la obra, ni siquiera conservarla, ya que está sujeta a las inclemencias del tiempo”. Otras preocupaciones eran de tipo burocráticas. Grinstein: “Al principio pensamos que, con el síndrome post-Cromañón, íbamos a tener muchas trabas, pero la verdad es que no hubo problema. Siempre se dice que no hay leyes para el espacio público, pero la verdad es que está todo reglamentado: lo único que hay que hacer es pedir la autorización a la persona correspondiente. Lo interesante de esta experiencia es que, a diferencia de lo que pasó en Brasil, acá tenemos un aval institucional. De alguna manera eso potenció el proyecto, ya que los artistas contaron con un presupuesto para trabajar. Está bueno que se haya legitimizado un proyecto altamente experimental. Eso no les quitó libertad a los artistas y a la vez cualquiera puede tomar los postes para hacer lo que quiera. Yo veo que en estos momentos el arte contemporáneo pasa por salir de ese cubo blanco: hay que buscar nuevos espacios, nuevas formas”.

1 - Estacionamiento
Al ser el primero de los postes, éste sirvió para marcar el perímetro de la Galería del Poste: un pequeño rectángulo que rodea el poste que periódicamente hay que volver a pintar por la cantidad de gente que pasa por la “Galería”. La intervención de Mauro Giaconi (1977) se basó en una de sus estrategias creativas preferidas: intervenir sutilmente en la funcionalidad de los objetos cotidianos sugiriendo así realidades diferentes. Aunque quizá lo mejor de todo fue el comentario de un transeúnte que les preguntó: “¿Pudieron enderezar la bicicleta esa?”.

2 - Hipertexto
Mariela Yeregui (1966) fue la única que eligió “vestir” el poste: “Cuando era chica, mi abuela me hacía tejer bolsas con un producto del reciclado de los sachets de leche, para guardar las verduras compradas en la feria. Construir a partir del desecho moderno, refuncionalizar el desecho a partir de la artesanía hogareña. Un gesto creador que se vale de lo desechable en las sociedades modernas para crear nuevos universos y recorridos textuales. El tema del tejido y de las palabras es un topos recurrente dentro de los relatos que aluden al génesis del mundo. El mundo se origina a través de la palabra, en las cosmologías tradicionales, se teje, se entrelaza, crea urdimbres de sentido”, escribió la artista.

3 - Valor de uso
Con cientos de billetes de euros falsos colgando, en esta intervención el poste se convirtió en una especie de altar callejero espontáneo. Interrogándose sobre la posibilidad de lograr la salvación a través de un deseo escrito sobre un euro, Uschi se basó en la vieja costumbre de escribir en los billetes para generar cadenas de deseos. “Cuando vi por primera vez un billete escrito con la cadena de San Cayetano, me llamó mucho la atención esa capacidad de poner un deseo en circulación continua. En esta intervención de la Galería del Poste, todos los billetes van a ser falsos. Lo único auténtico va a ser el deseo, escrito a mano por varios participantes”, escribió para la intervención Uschi Gröppel y fue tal cual: incluso hubo gente que en vez de llevarse los billetes dejaba billetes en el poste...

4 - Este-Oeste-Norte-Sur
Cuando Lorraine Green llegó de Bariloche (donde vive documentando la flora de la estepa patagónica), usó el poste de la galería para ver dónde estaba parada ella misma. Con una vieja brújula le dio al poste un uso tan simple como efectivo: marcó la dirección de los puntos cardinales. Les sirvió a muchos, entre otros a ella misma, para saber cómo escapar de la ciudad y volver de nuevo al sur. En palabras de Lorraine: “Cuando uno llega a la ciudad viniendo de otro lado, donde el horizonte natural es visible y donde se vive pendiente de los horarios del sol y las estaciones, busca instintivamente aquellos indicios que lo ubiquen en el territorio. Ubicar los puntos cardinales en esta ciudad es refrescar la visión del lugar donde estamos parados”. De todas formas, no faltaron los sabelotodos que, sin brújula en mano, protestaron porque el norte quedaba en el sur. Algunos pensaron que el norte estaba torcido a propósito por alguna razón “política”, pero no: un colectivero del 60 se subió al cordón y casi choca contra la galería del poste...

5 - El choclo interactivo
Martín Bonadeo (1975) es doctor en comunicación social y tiene una tesis sobre el sentido del olfato (se puede leer en www.martinbonadeo.com.ar). Su intervención fue poner centenares de choclos (en su mayoría híbridos) con algunas pocas variedades autóctonas ricas en forma y en color. ¿La idea? Averiguar qué criterios estéticos utiliza una paloma que anida en la cornisa de un edificio neoclásico a la hora de alimentarse. En la parte más alta del poste todavía quedan choclos, así que quedan avisados...

11.12.05

Atención a Beckenbauer

De visita por la sección deportiva del Frankfurter Allgemeine Zeitung – FAZ, encuentro en la edición de ayer, sábado 10 de diciembre, una entrevista a Franz Beckenbauer relacionada con la conformación de los grupos por países que disputarán en el torneo mundial de futbol de 2006. Se habla allí de varias cosas —prescindibles para nuestros intereses—. Sin embargo, hay unas líneas que a lo mejor interesan:
........
¿Qué opinión le merece el partido de apertura de la selección alemana contra Costa Rica?

Ellos pueden etar satisfechos, pues ¿quién tiene una vez la oportunidad de jugar ante un público compuesto por millones de espectadores? Esto es para Costa Rica algo bastante especial. Conozco el equipo costaricense que, entre otras cosas, sorprendió en el mundial de 1990 en Italia. En el marco de nuestras visitas a los países miembros de esta Copa del Mundo visitaré Costa Rica la tercera semana de Enero.

¿Cómo valora a los otros contrincantes de la selección alemana?

A Polonia no hay que subsestimar. Ellos han jugado una excelente clasificación en el grupo con Inglaterra y, sin embargo, se clasificaron con mucha seguridad. Ecuador ha sido continuamente el número tres en Sudamérica, detrás de Argentina y Brasil, pero por delante de Paraguay, Colombia y Urguay. Eso hay que tomarlo en cuenta, allí tenemos que tener cuidado.

6.12.05

Carta y nombres

La noche de ayer recibí en mi casilla electrónica un mail del señor Michel Pedrosa: su tema, la enredada polémica provocada por el artículo firmado por el profesor Humberto Robles aparecido en Babelia el 5 de noviembre pasado. Las palabras que él me dirije hacen dos líneas, las del inicio. Dicen:

Estimado señor,

Hace cosa de tres semanas mandé esta carta a la señora M. L. Blanco, responsable de Babelia.
Salud y fraternidad.

Viene luego la carta de una cuartilla. No conozco al señor Michel Pedrosa —hay en la web una referencia literaria suya, la de otra polémica alredeor de Savater, Orwell y Haro Tecglen—. No comparto la hipótesis que él adelanta en la carta sobre “los nombres olvidados”; sin embargo, admito, nos recuerda los de Alfredo Pareja Diezcanseco y Nelson Estupiñan Bass, que ciertamente no fueron nombrados hasta ahora.

He dudado antes de poner la misiva en esta ventana (no quiero hechar más leña al fuego; o mejor, astillada leña a un fuejo que a lo mejor, a estas alturas, es ya fatuo. De todas formas, puesto que mis narices se metieron en este asunto, pongo su contenido a disposición de las personas que suelen aparecerse por acá: a lo mejor se les ocurre comentarla, o alarme de las orejas).
Bueno, ... a la carta!


Estimada señora,

Pensaba que la ridícula actitud que consistía en ignorar en los años sesenta y setenta a Borges por parte de unos intelectuales de izquierda so pretexto que éste era un escritor de derechas, había desaparecido. He vivido unos años en Ecuador donde ocupaba el puesto de Agregado Lingüístico en la Embajada de Francia (soy ciudadano francés) y he tenido a bien y no solamente por cuestiones de trabajo sino por interés personal descubrir la cultura ecuatoriana. De allí, que me ha parecido monstruoso e indigno el artículo firmado por Humberto Robles en Babelia del 5/11. Más bien pienso que ese encargo por parte de “El País” se lo dio a un amigo ecuatoriano para que este lo escribiera. Y así se llegó a esta atroz injusticia. Un texto donde se menciona unos autores representativos de la literatura ecuatoriana y de sus obras y donde se olvidan (?) a otros que gusten o no gusten al autor del artículo, existieron o existen.

Que Pablo Palacio sea solo mencionado como si fuese uno màs, cuando constituye frente a los autores socio-realistas e indigenistas, cuyas novelas son de lectura algo monótona, uno de los iniciadores de vanguardia en América hispánica por su aporte original en las estructuras y contenidos narrativos.
-que no se mencione a Alfredo Pareja Diezcanseco,
-que no se mencione a Gonzalo Zaldumbide,
-que no se mencione la existencia de una literatura de la negritud y que sólo aparezca dos de sus representantes Adalberto Ortiz y Castaño Escobar, y no Estupiñán Bass,
- que no se mencione a Javier Vásconez, cuyo aporte a la literatura es tan importante como lo fue en mi opinión el de Benet, además este autor ha publicado cuatro libros en Alfaguara, dos en Punto de Lectura, varios en editoriales ecuatorianas, y dos de sus novelas están a punto de salir, y de quien el mismo “El País” publicó una entrevista intitulada “Los ecuatorianos somos invisibles”, no todos diría yo, el 22/10 del 2002, y varias reseñas, me deja pensar que este artículo es más bien un ajuste de cuentas que una presentación de la literatura ecuatoriana.Usted puede, si lo desea, remediar esta injusticia proponiendo a la crítica Mercedes Mafla o al Profesor Wilfrido Corral, de la Universidad de Davis, o al crítico y escritor Vladimiro Rivas a quienes sólo conozco por sus valiosos escritos sobre Pablo Palacio y a su perfecto conocimiento de la literatura ecuatoriana, para que se encarguen de escribir un artículo en donde fuera de todo ajuste de cuentas y favoritismos, se contemple realmente el aporte de la literatura ecuatoriana a la literatura hispánica.

Michel Pedrosa. Toulouse.

P.S. de V.Vallejo: Desconozco si la carta fue publicada en la sección Cartas al director del diario El País (no ha aparecido en todo caso en las ediciones de los últimos sábados y domingos, que son las únicas que compro). No apereció tampoco en las Babelias últimas, por la sencilla razón que el suplemento no tiene la sección de cartas.

4.12.05

Paco Benavides

Ya casi pasa el día, el día 4. En uno similar pero de 1875, nació en Praga Rainer María Rilke. Cien años después, en 1975, bajo cielo newyorkino, falleció Hanna Arend. Julio Ramón Ribeiro en 1994. En un día como hoy de 1964, nació en San Gabriel, el poeta quiteño Paco Benavides. Habría cumplido hoy 41, pero no. En este día sus amigos apenas podemos recordarlo. Paco falleció el 24 de junio de 2003, en Berna, la capital suiza.

De Joseph Brodsky, el poeta ruso, aprendió el ecuatoriano la costumbre de escribir año a año, en una misma fecha, un poema: el poeta ruso solía hacerlo cada 24 de diciembre —queda de esta costumbre su libro A Christmas Ballade, de 1962—. Paco solía hacerlo cada 4 diciembre.

A inicios de febrero de 1996, encabezado con una dedicatoria, me regaló el siguiente poema, escrito sobre lienzo con su puño y letra. Comparto su lectura con los amigos que lo conocieron; y los que no, a lo mejor, alguna vez se animan a leerlo. El poema no tiene título; sin embargo, podriamos llamarlo:

4 de diciembre de 1995

I

Treinta años y uno más:
otra vuelta de la noria.
Exacta es la cuenta que te llevan.
No quisiera abismarme tanto, tampoco.
Si te mueves, el hielo se triza.
Al menor movimiento, te tragan las arenas.

II

He visto muy poco y me ha sucedido
—si me comparo con Víctor, p. ej.—
casi nada. Paso en casa
mirando arder los fuegos fatuos.

III

Viajar: en cada ciudad busco
lo que en mi ciudad busqué:
caras conocidas.

IV

Con más años piensas más en antes.
Y por la noche no te dejan dormir
esas charlas tan amenas de los espectros.

V

Fue divertida la fiesta, me
enamoré de un cuello
de grulla. Compartí dos palabras,
y eso fue todo. Sin embargo
pasado tiempo, la escena,
la escena es en extremo recurrente.

VI


Quemar las naves:
el espectáculo es insólito:
arde la nada.

Paco Benavides
Berna, 4-XII-95

De bolsillo

La sección Equipaje de bolsillo, de la edición impresa de Babelia del día de ayer, trae una muestra de títulos que acaban de aparecer en edición de bolsillo: Jelinek, Auster, Graves, Bolaño, Muños Molina, Conan Doyle, Torrecilla y Javier Vásconez. Puesto que los comentarios breves que acompañan a estos nombres no están en la red, anoto el dedicado al compatriota.

Intriga ecuatoriana
La sombre del apostador y El viajero de Praga son las dos últimas novelas que ha publicado el ecuatoriano Javier Vásconez y que muestran la vitalidad de la literatura de su país. La intriga y el aroma a novela negra son algunos de los puntos en común de estas dos historias que indagan en el poder del poder y su busqueda. El lector se adentra así en una narrativa directa, aunque un poco cargada de descripciones y gestos. W.M.S.

En la contratapa de este suplemento español viene también un texto de Alberto Manguel, Arqueología del libro, del que he tomado este fracmento:

“... Nuestra edad es de oro sólo en el sentido comercial: nuestras actividades se valoran solamente según su rendimiento económico. Nuestras librerías son supermercados, nuestras editoriales, fábricas que producen objetos con fecha límite de venta. Un verdadero librero hoy es un prodigio, un verdadero editor, un milagrero, ambos pertenecen a especies en peligro que nadie se empeña en proteger. A medida que la mundialización avanza, se crean menos libros y se producen más objetos que imitan al libro, y para quienes fabrican estos "productos de venta" poco importan las consideraciones estéticas, éticas o intelectuales.”

2.12.05

Tres entradas

ESTÉTICA.
Hace décadas que el feísmo, la insolencia, la "desprolijidad" de las prácticas artísticas impiden definirla como ciencia de lo bello. A su vez, los estudios antropológicos y sociológicos de arte obligan a descreer de la estética como una actividad enteramente desinteresada, sin fines morales ni políticos ni mercantiles. Sin embargo, la reducción hecha por una parte de las ciencias sociales y los estudios culturales de lo estético a lo social, a diferencias étnicas o de género, a un tipo de discurso como cualquier otro, ha diluido la pregunta acerca de si las artes y la literatura tienen alguna especificidad.
La crítica sociológica y de los estudios culturales fue útil para deshacernos del idealismo estético. Reconocemos, así, que una parte de los bienes y mensajes artísticos puede ser conocida con los mismos instrumentos que usamos para cualquier otro proceso cultural. Pero ¿qué hacer con el excedente de sentido, la densidad semántica no capturada por esa estrategia culturalista o sociologizante? Algunos autores conjeturan que ese plus estético tiene algo que ver con formas de construir la distinción y la diferencia en las sociedades, y con la posibilidad de pensar críticamente en la sociedad (Bourdieu, Sarlo). Retoman así una corriente de larga duración que ha hablado del arte como lugar de transgresión e innovación, exasperación de los imaginarios sociales e individuales. Un lugar donde, por la atención que se presta a la polisemia, a la densidad simbólica, hay mayores posibilidades que en el vértigo de los medios de nombrar nuestras relaciones más profundas, radicales o complejas con la naturaleza, con la sociedad, con la muerte, esos temas artísticos mayores de todas la épocas. Es un territorio resbaladizo, cargado de riesgos, pero si tomamos en cuenta las críticas al idealismo estético podemos ir construyendo un espacio para pensar estas cuestiones. No es ningun lujo, me parece. Se trata de un campo de análisis e investigación importante para superar las homogeneizaciones fáciles del mercado y construir alternativas políticas desde un pensamiento crítico.


WALKMAN.
Artefacto que se le ocurrió al presidente de Sony, Akio Morita, en 1980, caminando por Nueva York. Suele usarse para acompañar caminatas en pedazos de naturaleza hallables dentro de la aglomeración urbana, para cultivar la soledad en las ciudades, sin dejar de conectarse con la cultura. "El walkman, como la radio de transmisores, la computadora portátil y, sobre todo, la tarjeta de crédito, es un objeto privilegiado del nomadismo contemporáneo...es tanto una máscara como un velo: una sigilosa puesta en escena de artificios teatrales localizados" (Chambers, 1995:75). Todo esto estimula a asociar los walkman con las políticas culturales.

ZAPPING.
Procedimiento poco útil para encontrar variedad en la televisión. Epistemología: procedimiento insuficiente para compatibilizar teorías y autores distintos. Los escasos avances reconocibles para superar el eclecticismo en esta época en que tantos procesos socioculturales desbordan a las disciplinas ocurren cuando los antropólogos se ocupan a la vez de la creatividad y de los cambios macrosociales, los sociólogos políticos de la heterogeneidad, y en general cuando los especialistas dudan de sus campos y se animan a meter las narices donde no estaban acostumbrados a que los llamaran. Pero buscando siempre cómo evitar los riesgos del zapping: la acumulación errática de escenas. Y desarrollando con más complejidad la estrategia del walkman para no privarse del asombro: encontrar una posición, dentro de la multitudinaria sociabilidad, que conduzca a la autonomía, no al autismo.


Estas tres entradas —y otras muy interesantes— constan en Para un diccionario herético de estudios culturales, un estudio que Néstor García Canclini publicó hacia el 2000, en Fractal, una interesantíma revistra trimestral en la que, entre otras sorpresas, he dado con tres texto de Niklas Luhman traducidos por su gran admirador Javier Torres Nafarrete.

17.11.05

Autocrítica

Albert Camus - Combat, 22 de noviembre de 1944.

Hagamos un poco de autocrítica. La profesión que consiste en definir todos los días, ante la actualidad, las exigencias del sentido común y de la simple honestidad de espíritu entraña cierto peligro. Por querer lo mejor, se dedica uno a juzgar lo peor y también a veces lo que sólo está menos bien. En una palabra, se puede adoptar la actitud sistemática del juez, del maestro de escuela o del profesor de moral. Desde esta profesión, para llegar a la jactancia o a la tontería no hay más que un paso.

Esperemos no haberlo dado. Pero no estamos seguros de haber escapado siempre al peligro de dar a entender que creemos tener el privilegio de la clarividencia y la superioridad de los que no se equivocan jamás. No es así, sin embargo. Tenemos el deseo sincero de colaborar en la obra común mediante el ejercicio periódico de algunas reglas de conciencia que la política, nos parece, no ha usado mucho hasta ahora.

Ésa es toda nuestra ambición y, por supuesto, si bien marcamos los límites de ciertos pensamientos o acciones políticas, también conocemos los nuestros. E intentamos únicamente remediarlos, recurriendo a dos o tres escrúpulos. Pero la actualidad es exigente, y la frontera que separa la moral del moralismo, incierta; por fatiga o por olvido, esta frontera se franquea.
¿Cómo escapar a este peligro? Por la ironía. Pero no estamos desgraciadamente en tiempos de ironía. Estamos todavía en tiempos de indignación. Sepamos conservar tan sólo, pase lo que pase, el sentido de lo relativo y todo se salvará.

Ciertamente, no podemos leer sin irritación, al día siguiente de la toma de Metz, y sabiendo lo que ha costado, un reportaje sobre la entrada de Marlene Dietrich en dicha ciudad. Y nos indignamos con razón. Pero eso no quiere decir que creamos que los periódicos deban ser aburridos a la fuerza. Simplemente no creemos que en tiempo de guerra los caprichos de una estrella sean necesariamente más interesantes que el dolor de los pueblos, la sangre de los ejércitos o el esfuerzo encarnizado de una nación para encontrar su verdad.

Todo esto es difícil. La justicia es a la vez una idea y un afán del alma. Sepamos tomarla en lo que tiene de humano, sin transformarla en esa terrible pasión abastracta que ha mutilado a tantos hombres. La ironía no nos es ajena y no es a nosotros a quienes tomamos en serio, sino a la indecible prueba que sufre este país y a la formidable aventura que hoy está obligado a vivir. Esta distinción dará al mismo tiempo su medida y su relatividad a nuestro esfuerzo cotidiano.
Nos ha parecido necesario hoy decirnos todo esto y decírselo a la vez a nuestros lectores para que sepan que en todo lo que escribimos, día tras día, no olvidamos que todo periodista tiene el deber de la reflexión y de la escrupulosidad. En una palabra, no olvidamos el esfuerzo de crítica que nos parece necesario en este momento.

He tomado este texto de La Insignia. Fue escrito en un contexto y época muy particulares pero, como sucede con los buenos textos, ya ven, se deja leer y nos recuerda principios, cosas que solemos olvidar, cuando leemos, cuando comunicamos.

15.11.05

"Retracción justa y necesaria"

Se llama así el mail que Willfrido Corral remite a Miguel Antonio Chávez quien, a su vez agilmente, lo ha trasmitido a una numerosa lista de direcciones entre las que —desde este mail— consta la mía.

La carta de Wilfrido Corral es oportuna y me parece regresa la discusión sobre literatura ecuatoriana a donde debiera estar, a su imaginadado centro, abierta a los diferentes puntos de vista, a los tipos de conversación y palabras que podrían enriquecerla. Es derecho de cada uno estar de acuerdo o disentir con un punto de vista —o con varios si los hay y si es posible.
En hora buena la carta que viene a continuación, por las palabras, las actitudes, la literatura.

Fecha: Mon, 14 Nov 2005 19:28:26 -0800 (PST)
Para: Miguel Antonio Chávez <
miplumalomato@yahoo.com>
Asunto: Retracción justa y necesaria
De: "Will H. Corral" <
whcorral@ucdavis.edu>

Estimado Miguel Antonio:

Le escribo con un pedido urgente, y se trata de que haga llegar inmediatamente este mensaje a las personas a las cuales remitió el anterior mío, en que me refería a Humberto Robles y la nota que publicó en BABELIA.

En mi reacción inmediata e impulsiva a esa nota me sobrepasé en forma y contenido, empleando un tono que no me caracteriza. En vez de concentrarme en el texto de Robles me concentré (sin razón) en su persona, y debo retractarme al respecto, porque no lo considero mediocre. Es más, cuando publiqué con la UNESCO la edición crítica de las obras completas de Pablo Palacio, él fue uno de los primeros críticos a quienes invité. Desde antes y hasta ahora, no tengo absolutamente nada contra su persona, aunque mis torpes comentarios probarían lo contrario. Ya le he escrito a Humberto tratando de explicar mi exabrupto.

Creo de caballeros pedirle disculpas a él públicamente, aunque sigo en total desacuerdo con lo que dice en su nota. Al decirle a usted que remitiera ese mensaje anterior como quisiera no pensé en los resultados nefastos de tal decisión. Humberto escribe sobre gente que admiro mucho, y el hecho es que yo también he escrito sobre ellos, aparte de que tenemos amigos mutuos. Pero sus omisiones eran tan evidentes que me ofusqué, en vez de dirigirme a por qué sus lagunas me parecen imperdonables.

Siento sobremanera haberme metido por primera vez en el tipo de chismografía que hace gran daño a nuestra vida literaria, y que añade a las divisiones que son el subtexto de la nota de Humberto. Siento aún más haber puesto en entredicho su persona. Tanto él como yo podemos escribir una nota mala, y como ecuatorianos que escribimos con largavistas nuestra opinión tal vez no importe. Así que espero que este mensaje, que le reitero remita a las personas que recibieron el anterior, pueda mitigar lo que dije y contribuya a una discusion más sensata del asunto.

Cordialmente, Wilfrido.

14.11.05

Humbero Robles, Babelia y su texto original

Las dos páginas que Babelia dedicó el 5 de noviembre a la literatura ecuatoriana ha producido en el Ecuador una descarga y circulación de beits poco acostumbrada —no sabemos en que medida pero las cadenas de mails dejan demasiadas pistas para así suponerlo.

De los dos artículos que trae la publicación, el que aborda la poesía, firmado por Mario Campaña, a pesar de las imprecisiones que muestra, ha sido apenas comentado. No así el que hace una sinopsis de la novelística y cuentística firmado por el profesor Humberto E. Robles.

Como a otros tantos lectores, también a mi me alarmó una omisión demasiado visible en los nombres allí citados en su artículo Narrativa: olvidos y presencias. Esa inquietud me incitó a escribir y colocar en esta ventana mi pasado post y, de paso, comó sé que los amigos ecuatorianos con los que suelo conversar de estas cosas aún no están embarcados en el mundo de los blogs, remitirles una copia de ese comentario por correo electrónico. Todos ellos estuvieron de acuerdo en que la omisión del nombre de J. Vásconez en el artículo del profesor Robles era en verdad lamentable —en otros puntos no tanto.

Ahora, acaban de llegarme a mi casilla electrónica dos textos que cuelgo a continuación y, les prevengo, exigen ser leídos. El primero es el artículo integro que el profesor Humberto E. Robles envío a Babelia y que, para su desgracia —pues sus lectores juzgamos a partir de lo que leemos— fue “editado” en la redacción del periódico español. La impresión que tenemos después de la lectura del texto integro apacigua nuestras preocupaciones. Allí están desarrollados otros aspectos que hechamos en falta en el artículo del suplemento literario y, para tranquilidad de muchos, no sólo se incluye el nombre de J. Vasconez sino que en algunos renglones se destaca su importancia.

El segundo texto, que es el que ha circulado en cadena y ha llegado a algunos de mis amigos, lleva la firma de Wilfrido H. Corral, ecuatoriano, destacado profesor y crítico de literatura radicado en los E.U., autor de una rica obra ensayística sobre narradores y narrativa hispanoamericana. Este texto, que supongo verdadero, fue remitido inicialmente al señor Miguel Antonio Chávez ( <miplumalomato@yahoo.com> ), a quien no conozco.

Lamento de verás que en el artículo aparecido en Babelia hayan sido “editados” —cortados— fragmentos importantes del texto original y que ahora, las personas que leyeron ese artículo, acatando lo allí expuesto, pongan en entredicho la seriedad del profesor Robles —por ejemplo, en la edición de El Universo de Guayaquil de este día 13, en un artículo sobre Pareja Diezcanseco, al paso se califica al profesor Robles de crítico desprevenido—. Por mi parte, luego de leer la versión integra, la indignación que me movió hace una semana a meter mis narices en este asunto, expuesta con el respeto que siempre exijo en mi trato con los demás, ha perdido piso.

Sin embargo, ahora me indignan otros asuntos paridos por este affaire:

El primero, imposible de obviar, es el calibre de las palabras utilizadas para referirse al profesor Robles y su texto “mal editado”. Otro, muy triste en verdad, el que los letra-heridos ecuatorianos agonicen sus comentarios en mails y conversaciones de trastienda, sin posibilidad —a lo mejor sin ánimo— de comentar en público el contenido de un texto que ha generado inconformidad —sólo murmullos se filtran, chismorreos, movimiento de fichas y peones pero en serio nada, solo el silencio, para curarse en sano, por si las moscas—.

Nada extraño en verdad si recordamos que el Ecuador es el único país en America del Sur cuyos principales diarios pueden prescindir de suplemento culturales o secciones de cultura y literatura que contengan estos términos (¡tiempos idos esos en que El Comercio y El Hoy tenía cada uno su Liebre Ilustrada y en Guayaquil, El Expreso o El Universo publicaba El Matapalo y algún otro suplemento — cierto que La Hora tiene el suplemento Artes pero allí, a decir verdad, la preocupación es el populismo literario). Una pena en verdad que carezcamos de medios que indaguen, hablen, cuestionen y legitimen nuestro entorno literario y artístico. Una pena que la importancia de las obras escritas y los comentarios que ellas se merecen tengan que definirse desde el extranjero.


Explicación de lectura: he puesto en negrita los fragmentos que no fueron publicados en Babelia; en letra azúl, los párrafos que fueron sacados del orden que el autor dio a su texto y fueron luego puestos en recuadro suprimiendo o introduciendo una conjunción, una palabra — resaltadas igualmnet en azul.


NARRATIVA ECUATORIANA: MITOS, PRESENCIAS Y OLVIDOS

El porqué los ecuatorianos de hoy salen en busca de nuevos horizontes económicos es fácil de precisarlo en vista de las circunstancias socioeconómicas que los impulsa a hacerlo a tantas latitudes, no solo a España. El porqué los escritores o la literatura ecuatoriana no emigra es mucho más complejo, y ello implicaría entrar en los vericuetos de la sociología del gusto literario.
El pueblo ecuatoriano en su mayoría no lee. La cultura ecuatoriana tiende a lo oral antes que a la letra. Predominan el diálogo, la pantalla y el son. Pregúntesele a casi cualquier ecuatoriano que recorre las calles de Madrid sobre las eliminatorias del Mundial de fútbol y seguro que responderá que su país está clasificado para el torneo a celebrarse en Alemania el 2006. Escasos serían, asimismo, los que no tararearían las melancólicas canciones asociadas con Julio Jaramillo.
Pregúnteseles sobre los cracks de la historia literaria del país y quizás, si acaso, lleguen a responder con nombres como los de José Joaquín de Olmedo, Juan León Mera y Juan Montalvo. Es probable que hayan leído algo de La victoria de Junín (1825), de Cumandá (1871), o de Capítulos que se le olvidaron a Cervantes (1895).

Pocos cuestionarían el valor de esas obras. Inculcarían incluso el alcance que tienen más allá de las fronteras patrias. La mayoría no estaría al tanto, sin embargo, de que en los años 30 del siglo pasado surgió en su país una generación de escritores que cuestionó esa tradición literaria por lo que ellos llamaban falta de autenticidad, de ecuatorianismo. No está claro eso del ecuatorianismo. Hoy por hoy, sin embargo, esa generación —representada por Jorge Icaza (1906), José de la Cuadra (1903) y Pablo Palacio (1906)— es la que resulta más vigente en términos de una tradición narrativa ecuatoriana.

La actualidad pronuncia esos nombres como emblemáticos de una todavía incipiente tradición novelística del Ecuador no solo por el valor intrínsico e innovador de su obra, sino porque remiten a su vez, por contigüidad, a un empedernido regionalismo que ha venido configurando el mapa literario del país: Sierra vs. Costa. Quito vs. Guayaquil. Diferencias de espacios geográficos y diferencias de climas culturales. Lo "autóctono" frente a lo "cosmopolita". Testimonio y alegato social frente a experimentalismo y Vanguardia. Los celos locales marchan mano a mano con la promoción y divulgación de la obra literaria. El libro de Guayaquil apenas se lo promulga en Quito, y viceversa. Mucho menos iban a cruzar fronteras internacionales.
***
Los manuales de literatura a menudo se refieren a la narrativa ecuatoriana de los años 30 como una de denuncia y protesta, tendenciosa. Se la identifica casi en exclusivo con Icaza y Huasipungo (1934). Se dice de esta novela indigenista que es un panfleto, que carece de valor estético. Se borra cualquier cualidad épica o lírica que se rezuma de más de una de sus páginas. No obstante, las obras más logradas del quiteño remiten a problemáticas actuales. El mestizaje, el cholo, la búsqueda de identidad, las farsas sociopolíticas, la presencia de lo grotesco, de incongruencias y normas —Valle Inclán y la Vanguardia no andan lejos —hallan cabida en obras como El chulla Romero y Flores (1958) y Atrapados (1972).Los Sangurimas. Novela montuvia (1934) es acaso el legado más perdurable del guayaquileño De la Cuadra a la narrativa actual de su país y allende. Se la parangona, y no sin fundamento, con Pedro Páramo (1955) de Juan Rulfo y Cien años de soledad (1967) de Gabriel García Márquez. Lo maravilloso, espacios míticos, referentes rurales, sagas familiares, patriarcas, curas y coroneles, el incesto, lo oral como recurso narrativo, el uso de fragmentos, innovación formal, eco de un ethos cultural, y el humor y la hipérbole cuentan entre posibles puntos de comparación.

La obra de Palacio, oriundo de Loja, cobra mayor interés y apogeo. El número de sus lectores aumenta. La narrativa de Vanguardia latinoamericana no puede prescindir ya de Un hombre muerto a puntapiés (1927), Débora (1927) y Vida del ahorcado (1932). De ellas se desprende una suerte de poética de las coordenadas que asociamos con su producción literaria: referente urbano, práctica metaliteraria, anti-novela, desintegración de la forma, sentido de lo ridículo y absurdo, humor cáustico, cuestionamientos de principios de retórica y sintaxis narrativa, de autoridad, de normas, de instituciones, de mitos y fórmulas en vigor.
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El resto del siglo constata al menos tres grupos de narradores. En primer lugar los nacidos entre guerras, en pleno ejercicio hoy de influencia y autoridad intelectual: Jorge Enrique Adoum (1926), Alicia Yánez Cossío (1928) y Miguel Donoso Pareja (1931). El exilio, el desarraigo, las largas estadías en el extranjero —Francia, Cuba, España, México—, la nostalgia, la vuelta al país de origen, los encuentros y desencuentros culturales, la atención a la sintaxis narrativa, a sus posibilidades experimentales, y el paso hacia coordenadas de interés que trascienden fronteras —desencantos, usurpaciones, melancolías, indignaciones y amarguras— serían algunos de los atributos que comparten estos tres escritores que coinciden con las producciones y omnipresencia del boom en el ámbito continental latinoamericano. Añádase que el oficio de escribir bien y de hacerlo con responsabilidad artística precisa el sentido de innovación y ruptura de sus obras. El mundo de indios, cholos y montuvios va quedando a la zaga. Prevalecerá la vivencia urbana.

(En) Adoum ha consolidado su nombre más allá de los linderos patrios. Lo cosmopolita y lo nacional, riqueza y miseria, informan las novelas Ciudad sin ángel (1995) y la galardonada Entre Marx y una mujer desnuda. Texto con personajes (1976). Libro denso éste, abierto a múltiples lecturas. Reflexión sobre el arte de novelar y la función del escritor; es también una penetrante revalorización del pasado social y literario del país.

Yánez Cossío irrumpe en el ámbito literario con una voz femenina auténtica, inusitada. Objeto de premios y traducciones, cuenta con un haber de relatos y novelas de admirable calidad y amplitud: Bruna, soroche y los tíos (1971), La cofradía del mullo del vestido de la Virgen Pipona (1985), El Cristo feo (1995), Y amarle pude . . . (2000), Sé que vienen a matarme (2001). Historia, recuerdos de familia, beatas, prostitutas, escritoras, presidentes, soldados, mitos, leyendas, ciencia ficción y realidades políticas confieren densidad y riqueza a sus narraciones, exponen con humor e ironía las tiranías y bufonadas de las instituciones y de un ethos cultural que han mantenido a la mujer despojada de derechos y de libertad ontológica.

Donoso Pareja, homenajeado en su país y en México, es autor de cuentos, novelas, ensayos, crítica, poesía. Todo lo que inventamos es cierto (1990) es su más reciente colección de relatos. Henry Black (1969), Día tras día (1976), Nunca más el mar (1981), Hoy empiezo a acordarme (1995), La muerte de Tyrone Power en el Monumental del Barcelona (2001) son sus novelas más elogiadas. En conjunto remiten a una sensación de crisis y exilio ante valores en transición que apuntan, a su vez, a una tenaz búsqueda de formas expresivas. La urbe, la majadería ciudadana, lo tragicómico, lo erótico, la memoria y el olvido se yuxtaponen y contrastan, cual en un montaje de móviles.
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Más que suficiente es que un pequeño país, parco en lectores, advierta un corpus de narradores de valía como el planteado, y ello dejando fuera a tantos como, e.g., a Adalberto Ortiz (1914-2003) y su canónico Juyungo: historia de un negro, una isla y otros negros (1943).El hecho es, no obstante, que una subsiguiente promoción de escritores abulta en nombres. Queda por verse la permanencia de muchos. Mi antojo advierte dos grupos. Uno, nacido en torno a los años 1940, que empieza a instituirse hacia los 80; y otro, más joven, cuya voz prorrumpe hacia los 90. Fútil abarcarlo todo. Cabe recurrir, cuando mucho, a motivos y tendencias.Por el sentido de ruptura y renovación, amén de visibilidad nacional o internacional, vienen reclamando autoridad e influencia, entre los ya maduros, Carlos Béjar Portilla, Jorge Dávila Vázquez, Iván Egüez, Eliécer Cárdenas, Modesto Ponce Maldonado, Raúl Pérez Torres, Hüilo Ruales, Abdón Ubidia, Javier Vásconez y Jorge Velasco Mackenzie.

La recuperación y fabulación de lo histórico y popular organizan La Linares (1976) de Egüez, María Joaquina en la vida y en la muerte (1977) de Dávila Vásquez, y Polvo y ceniza (1979) de Cárdenas. La mujer-leyenda, la dictadura y la picardía afloran en aquélla. Lo provinciano, imbricado en una exigente estructura, en la segunda. Lo mitopoético, el mundo del bandolero, en la última. Tambores para una canción perdida (1986) de Velasco Mackenzie incorpora lo mágico dentro de esta línea.

El humor y la farsa provinciana de factura policíaca se da en Háblanos Bolívar (1983) de Cárdenas. La rúbrica humorística ronda también en Cuentos inocentes (1996) de Egüez. Este autor se remoza constantemente. Su novela Pájara la memoria (1984) apunta corrientes neobarrocas y grotescas. El título de su Cuentos fantásticos (1996) remite a otra línea más de sus intereses. También aporta reflexiones en el campo de la teoría y la conceptualización de géneros. Ubidia y su relato "La gillette" y "El señor Wu" de Béjar Portilla encajarían aquí. La sombra de Palacio ronda en todos ellos.

La ciencia-ficción entra en la narrativa ecuatoriana vía Osa mayor (1970) y Samballah (1971) de Béjar Portilla, relatos visionarios que proponen distancias tecnológicas entre un ahora y un futuro, entre metrópoli y periferia: que impugnan la deshumanización que entraña la tecnología moderna.

Cuentista premiado es Pérez Torres. Musiquero joven, musiquero viejo (1977), "Solo cenizas hallarás"(1995), Los últimos hijos del bolero (1996) son títulos representativos de su autoría. Bolero y desencanto, el peso de las convenciones, la mezcla de lo sensual y la ternura, y la búsqueda de algún eslabón perdido, integrador, que supere la amargura de cierto desfallecido humor resuenan en sus relatos.Una apresurada modernización —legado del boom petrolero, de la globalización, de las migraciones, de la explosión en los medios de comunicación— instan al escritor a tomar el pulso de la ciudad y sus tragicomedias. La crisis del desarrollo, las expectativas burguesas, falsas, enajenantes, cruzadas de desengaños y melancolías las examina Ubidia en sus cuentos de Bajo el mismo extraño cielo (1979) y en Sueño de lobos (1986), novela. Los relatos de Javier Vásconez, Ciudad lejana (1982) y El hombre de la mirada oblicua (1989), recuperan la capitalina ciudad ancestral, solariega, que apenas subsiste en la nostalgia, que se revuelca en decadencia y aberraciones, incapaz de hacer frente a la modernidad y al cambio. Velasco Mackenzie, aporta el envés de esa vida urbana. Los tugurios, las cantinas, el lenguaje de marginados, confinados a cinturones guayaquileños de miseria, resaltan en El Rincón de los Justos (1986), novela. La desintegración, lo urbano recóndito, el acoso de un audaz lenguaje coloquial, eco de la lumpe, lo tremendo y la violencia sacuden y desquician al lector de Loca para la loca (1989) e Historias para la ciudad perdida (1997), cuentos de Ruales. El Palacio del Diablo (2005), flamante y aplaudida novela de Ponce Maldonado, también adentra en la ciudad y sus conflictos.
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Entre los integrantes de la promoción más joven, aquellos de uno u otro lado de los cuarenta años de edad, suman Carolina Andrade, Marcelo Báez, Aminta Buenaño, Juan Castaño Escobar, Yanna Hadatty, Gilda Holst, Sonia Manzano, Liliana Miraglia, Livina Santos, Edwin Ulloa, Leonardo Valencia, Raúl Vallejo, Marcela Vintimilla.Destacan Holst, Miraglia y Buenaño dentro de una robusta actividad narrativa que, con o sin feminismos, centra su interés en torno a la crisis que atraviesa la situación de la mujer en nuestras sociedades. Más ingeniosidad y sutileza en las primeras dos. Holst la de mayor producción y visibilidad. Sujetos en desasosiego, identidades posmodernas, el anhelo de centro, de dar con un encuentro vital, primario, delinean sus inquietudes y su sentido de humor en sus relatos, Más sin nombre que nunca (1989), Turba de signos (1995), y en su novela, Dar con ella (2000). Miraglia también recurre al humor. Una nota de misterio, de lo uncanny, de lo inasible e inexplicable, ronda sus narraciones de El lugar de las palabras (1986) y Un close up prolongado (1996). Nos suspenden con fogonazos de revelación inesperado, fuera de lo familiar, que primero nos inquietan y luego nos hacen sonreír, convirtiéndonos en cómplices de una irónica mirada tangencial, sugestiva. La otra piel (1994) de Buenaño apunta el arrebato erótico y corporal. Toques neobarrocos, la presencia de lo maravilloso, y de un vigoroso torbellino sensual reclamando vida empuja las vivencias de sus personajes femeninos. El referente femenino remite al ámbito de otros marginados actuales. Fiesta de solitarios (1992) de Vallejo, por ejemplo, destapa los anhelos y transgresiones de los homosexuales, sus ansias de ternura, sus choques con los usos en vigencia. El SIDA adquiere dimensiones metafóricas, expone cánceres sociales.

La cultura popular y los medios masivos de comunicación —música, cine, videos, Internet— se constituyen en otra de las directrices que forma e informa la narrativa de varios de este grupo. El mismo Vallejo, acaso el más disciplinado de su promoción, ha novelado en Acoso textual (1999) el espacio fragmentado, posmoderno, carente de espesor humano, que conlleva la comunicación electrónica. También sintomático de tendencias antisociales es Tan lejos / tan cerca (1997) de Báez, novela en la que la adicción a la imagen cinética borra el sentido de realidad, convierte al vivir en un simulacro. La levedad, la falta de comunicación, lo entretenido, lo gráfico, lo auditivo y lo efímero subrayan lo banal contemporáneo. Una excepción quizás provenga de referentes que remiten a grupos históricamente relegados, donde el empleo de lo popular es un instrumento para exigir derechos e identidades. En Así se compone un son (1999), Castaño Escobar recurre a la música para reclamar voz y conferir expresión a los personajes afroecuatorianos de sus relatos. Se suma así a una larga tradición.
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Para concluir, Velasco Mackenzie, Cárdenas, Ubidia y Ochoa han abordado, en tono menor, el asunto de las migraciones actuales. Falta aún, sin embargo, una narrativa que ahonde en las peripecias de los 2.5 millones de ecuatorianos que se han expatriado en la última década. Queda por novelar lo grotesco de sus experiencias en el extranjero. Ahora solo hay anécdotas, desperdigadas aquí y allá. El escritor actual cuenta allí con una rica mina por explotar. Por ahora, en ese sentido, la literatura pareciera marchar a la zaga de la realidad.

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Mail de Wilfrido Corral enviado a Miguel Antonio Chávez <miplumalomato@yahoo.com>, a propósito del texto publicado en Babelia


Estimado amigo Chávez:
He leído el texto de Mario, amigo mío, y me parece justo, necesario, y bien pensado, aunque no soy experto en nuestra poesía.

Desfortunadamente, no puedo decir lo mismo sobre el texto mezquino, mediocre, mal informado, y sobre todo transparente en sus prejuicios de Humberto Robles sobre la narrativa del Ecuador. Me parece una nota acrítica, típicamente dedicada a revelar sin inteligencia que se sigue dividiendo a nuestra literatura de acuerdo a la maligna y dañina dicotomía "costa versus sierra", basada en una ideología rancia. Es peor aun que salga de alguien que no vive en nuestro país, o en América Latina, y que revele implícitamente que el progresismo en nuestro país significa "progreso de uno mismo".

Por otro lado, y excluyéndome, hay muchos críticos en España, nuestro país, e Hispanoamérica mil veces más enterados que el que ha escogido Babelia, hecho que no entiendo, y sólo puedo especular sobre lo que hay detrás de las omisiones y patente amiguismo de esa nota cobarde. No pretendo ni quiero "salvar" o "instruir" a los jóvenes de nuestra tierra, pero hay ejemplos que uno simplemente no debe dar o seguir, y Robles ha terminado convirtiéndose en emblema de ellos. Lo siento por él, porque hasta ahora le tenía un moderado aprecio intelectual. Hay que ser más serio y por lo menos tratar de ser objetivo en unaevaluación que se hace para un público internacional, no enterado, en un momento crítico para nuestro país.

No obstante, me parece muy bien que mencione a algunos autores jóvenes cuya obra aprecio y sobre la cual he escrito. En fin, en algún momento espero escribir en detalle sobre el asunto, y por ahora distribuya este texto a su grupo, o como usted considere apropiado.

Saludos,
Wilfrido H. Corral

Schrödiger en Zúrich

Cada miércoles, la ciudad de Zúrich publica el Tagblatt , periódico municipal de distribución gratuita. En sus páginas uno se entera de los ...